Políticas de la Memoria
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La escuela de la incomodidad: un impulso thompsoniano
In this text I review the impact of E.P. Thompson's work in Argentina in the light of my own experience as a historian interested in the analysis of the world of work, gender relationships and workers’ cultures. His work constitutes a great impulse to the school of uncomfortableness to study the past, to live the present and to project the future. I argue that Thompson is a heterological and decentered historian, beyond his English localism. I partially revisit several texts to discuss some problems related to customs, the position of women and the relationship between the rural and urban world, because I consider that Thompson made history against conventionalisms, his texts were woven in the continuous and confrontational dialogue between idea, reality —as experience and living situation—, concept and evidence.En este texto reviso el impacto de la obra de E.P. Thompson en Argentina a la luz de mi propia experiencia como historiadora interesada en el análisis del mundo del trabajo, la relaciones de género y las culturas obreras. Su obra constituye un gran impulso a la escuela de la incomodidad tanto para estudiar el pasado, como para vivir el presente y proyectar el futuro. Sostengo que Thompson es un historiador heterológico y descentrado, más allá de su localismo inglés. Recorro parcialmente varios textos para plantear algunos problemas relacionados con las costumbres, la posición de las mujeres y la relación entre mundo rural y urbano pues considero que Thompson hacía historia contra los convencionalismos, sus textos se tejían en el diálogo continuo y confrontativo entre idea, realidad —como experiencia y situación vivida—, concepto y evidencia
A propósito de Sebastián Rivera Mir, Ningún revolucionario es extranjero. Intercambios educativos y exilios latinoamericanos en el México Cardenista, Zinacantepec, Estado de México, El Colegio Mexiquense, 2023, 272 p.
Gran parte de nuestros intereses de investigación está cruzada por experiencias académicas. La búsqueda de nuevos programas de estudio, la postulación a becas o la publicación de artículos y libros son algunos de los elementos con los que convivimos a diario y que hemos terminado por normalizar a lo largo de nuestra trayectoria vital. Ningún revolucionario es extranjero toca esta fibra de la vida universitaria. A partir de un excelente trabajo de fuentes, el autor explica desde dónde parten las políticas públicas educativas de las cuales los investigadores hacemos uso y nos muestra el complejo proceso en el que se definen las dimensiones y características de una beca financiada por un país extranjero o una institución nacional. Este libro no solo rastrea los intercambios educativos o identifica qué hicieron los exiliados latinoamericanos en el México cardenista, sino que se adentra en las entrañas del sistema burocrático mexicano para mostrar cómo las políticas educativas y académicas comenzaron a formar parte elemental de una proyección internacional como zona de influencia continental con los demás países de Latinoamérica.
A partir de las investigaciones realizadas por Pablo Yankelevich, Alexandra Pita y Adriana Minor, entre otros autores, que iniciaron los estudios sobre las políticas internacionales enfocadas en exportar el modelo revolucionario mexicano a otros países latinoamericanos, Sebastián Rivera Mir centra su atención en la educación socialista llevada a cabo por Lázaro Cárdenas durante la década de 1930. Es en este proyecto transformador en el cual el autor destaca un nuevo eje de proyección internacional que, con todas las representaciones, mitificaciones y proyecciones políticas que significaron en Latinoamérica desde diversas perspectivas ideológicas, cumplían con la función de expandirse por la región. En palabras del autor: “la educación socialista que atraía a estos militantes correspondía más bien a una especie de pulsión, de espejismo mediático, de resultado de la propaganda en los medios de la izquierda” (p.177). De ese modo, el trabajo se sostiene en dos aristas centrales respecto a la proyección de la imagen país de México. En primer lugar, “consolidar a México como un espacio central en la construcción de conocimiento” en el continente; y, en segundo lugar, “presentar las propuestas educativas como experiencias vanguardistas en pos de la construcción al socialismo” (p.14).
Una de las principales características a tener en cuenta de este libro es su cariz metodológico de interpretar los procesos educativos como una forma de hacer política. Es ahí donde se utiliza como concepto operante “activismo académico”. Es decir, los docentes o estudiantes de intercambio “buscaban transformarse desde su espacio educativo en gestores de nuevas formas de comprender el conocimiento, cuestionando su contexto político” (p. 18). Con ello, se podría comprender el contexto en el que nacieron algunas teorías críticas de las humanidades y ciencias sociales como la opción decolonial, la teoría de la dependencia o la historia feminista.
Más que seguir la estructura de 8 capítulos presentada por Rivera Mir, se optará por rescatar tres propuestas analíticas que se observan de manera transversal a lo largo del texto y que podrían aportar una nueva lectura de este libro.
La primera propuesta sería comprender la academia en perspectiva transnacional o, como lo señala el autor, como una forma de “diplomacia cultural”. Para esto, el autor entrega una nueva agencia a la docencia, sobre la que observa los viajes de intercambio, la producción intelectual y las prácticas políticas de difusión ideológica como parte de una batería de opciones que se vinculan a una política de relaciones bilaterales y proyección de influencia internacional. El modelo del “nacionalismo posrevolucionario” debía entrar en un proceso a dos bandas. Mientras propiciaba el desarrollo local, debía dialogar con “la necesidad de insertar internacionalmente la producción de conocimiento” (p. 65). Parte de estas políticas de intercambio dejó distintas huellas en el continente. La creación de Institutos culturales binacionales (Instituto Chileno-Boliviano de 1937) o instituciones educativas nacionales (la Escuela Nacional de Enfermería en Colombia de 1937) nacieron gracias al prestigio de profesores extranjeros que entregaron su capital simbólico para consolidar una institución nueva.
Este tipo de análisis presenta otro desafío metodológico que el autor aborda con gran habilidad: combinar distintas escalas, materialidades y fuentes para comprender experiencias colectivas. En este libro, se pueden observar informes ministeriales, cartas formales e informales, peticiones de beca y memorias literarias, junto con prensa y revistas. Esto evidencia la conformación de un espacio mucho más complejo que el que se presentaría si el investigador solo se centrara en la parte burocrática y legal de una beca. Además, complejiza la idea de la diplomacia cultural, mostrándola como un intercambio que nunca fue un proceso homogéneo. Incluso, si se observa desde una perspectiva Sur-Sur, se impusieron condiciones, influencias y conveniencias al momento de otorgar becas y llevar profesores. Al señalar los casos de Bolivia y Chile, el autor demuestra una idea central: el sur no es homogéneo y no puede ser considerado en su totalidad como el “sur global”. A veces son espacios periféricos pero conectados, que tienen sus propias fortalezas, intereses y debilidades.
La segunda propuesta analítica de este trabajo es la conceptualización de “beca”. En una primera instancia, el libro analiza las características de quienes están encargados de hacer y pensar las reglas y protocolos de entrega de becas. Para ello, el autor analiza el caso de Moisés Sáenz, Embajador de México en Perú, quien esbozó los primeros lineamientos de este beneficio, los cuales no se alejan demasiado de cómo se comprenden hoy. Es decir, entregar estas oportunidades a trayectorias académicas e intelectuales reconocidas y retribuir al país con conferencias o publicaciones sobre México (p. 67). A su vez, la beca también se transformó en una herramienta sutil para mantener las relaciones internacionales. Por ejemplo, ante la dictadura de Somoza en Nicaragua, el gobierno mexicano mantuvo una relación expectante mediante el otorgamiento de becas. El objetivo fue mantener un canal de contacto con el país latinoamericano sin la necesidad de mostrarse a favor o en contra del gobierno autoritario, pero otorgando una ayuda educativa que no requería gran gasto del erario y no significaba mayor exposición pública.
La otra instancia era investigar sobre los solicitantes a becas, ¿Quiénes eran? ¿De dónde venían? ¿Qué querían estudiar? Todas estas preguntas Rivera Mir las responde y apunta a un nuevo foco de atención. ¿Qué representa México para estos becados? ¿Quiénes debían ser becados? Para esto habría de considerar dos elementos clave: las estrategias discursivas para convencer a quienes deciden y la capacidad del sujeto para presentar estas opciones desde la perspectiva más relevante. Lo más destacado es dar cuenta del espacio para negociar con el Estado y entablar un diálogo a través de canales burocráticos que reflejen la agencia desde abajo hacia arriba. Este proceso se observa en cartas que transmiten emotividad, cercanía y confianza al solicitar una beca directamente al presidente, estableciendo un contacto directo con una alta autoridad, incluso si no se obtiene la beca.
Una última propuesta a considerar es la de los libros como herramienta de intercambio diplomático. Para el presidente Lázaro Cárdenas, quien comenzó su vida laboral en un taller tipográfico, los impresos eran un mecanismo central de difusión mediante el cual el Estado mexicano se proyectaba como un modelo en Latinoamérica. Por lo tanto, es evidente que parte de la diplomacia cultural incluye políticas que, incluso hoy, siguen vigentes. El autor destaca la organización y participación en ferias de libros para competir con España por el mercado de libros en español; la inclusión de escritores latinoamericanos en procesos políticos mexicanos, quienes posteriormente se convirtieron en propagandistas, como el caso reconocido de Gabriela Mistral; y la donación de libros, colecciones y bibliotecas a otros países.
A lo largo de sus páginas, este libro nos explica que una beca de intercambio académico no es un viaje de disfrute ni, mucho menos, solo un proyecto individual, sino que se trata de un programa nacional que busca generar conocimiento útil con impacto en las políticas públicas. Ahora bien, ante esto habría que preguntarse de una manera más específica por qué la antropología y la educación son las disciplinas de mayor recepción en el intercambio académico ¿hay algún objetivo político del Estado detrás de esto? ¿Cuál es el papel de estas disciplinas por sobre otras en el plano de las relaciones internacionales? ¿Este tipo de profesionales son más maleables ante otros profesionales? Son algunas de las preguntas que se podrían destinar a nuevas investigaciones que sigan la línea sugerida por Sebastián Rivera Mir.
Esta obra se podría posicionar desde distintos ámbitos historiográficos. Entrega insumos centrales para quienes nos dedicamos a investigar los usos de los impresos, pero también la historia internacional, las redes intelectuales y, por supuesto, la historia de la educación. Ningún revolucionario es extranjero es una invitación a renovar nuestros intereses historiográficos y a pensar desde nuestras experiencias académicas. Nos conduce a cuestionar cuál es nuestro papel como académicos e investigadores en plano local y continental, así como a proponer nuevos seminarios y cátedras que traten estos temas como parte de la historia política, cultural y social de Latinoamérica.Gran parte de nuestros intereses de investigación está cruzada por experiencias académicas. La búsqueda de nuevos programas de estudio, la postulación a becas o la publicación de artículos y libros son algunos de los elementos con los que convivimos a diario y que hemos terminado por normalizar a lo largo de nuestra trayectoria vital. Ningún revolucionario es extranjero toca esta fibra de la vida universitaria. A partir de un excelente trabajo de fuentes, el autor explica desde dónde parten las políticas públicas educativas de las cuales los investigadores hacemos uso y nos muestra el complejo proceso en el que se definen las dimensiones y características de una beca financiada por un país extranjero o una institución nacional. Este libro no solo rastrea los intercambios educativos o identifica qué hicieron los exiliados latinoamericanos en el México cardenista, sino que se adentra en las entrañas del sistema burocrático mexicano para mostrar cómo las políticas educativas y académicas comenzaron a formar parte elemental de una proyección internacional como zona de influencia continental con los demás países de Latinoamérica.
A partir de las investigaciones realizadas por Pablo Yankelevich, Alexandra Pita y Adriana Minor, entre otros autores, que iniciaron los estudios sobre las políticas internacionales enfocadas en exportar el modelo revolucionario mexicano a otros países latinoamericanos, Sebastián Rivera Mir centra su atención en la educación socialista llevada a cabo por Lázaro Cárdenas durante la década de 1930. Es en este proyecto transformador en el cual el autor destaca un nuevo eje de proyección internacional que, con todas las representaciones, mitificaciones y proyecciones políticas que significaron en Latinoamérica desde diversas perspectivas ideológicas, cumplían con la función de expandirse por la región. En palabras del autor: “la educación socialista que atraía a estos militantes correspondía más bien a una especie de pulsión, de espejismo mediático, de resultado de la propaganda en los medios de la izquierda” (p.177). De ese modo, el trabajo se sostiene en dos aristas centrales respecto a la proyección de la imagen país de México. En primer lugar, “consolidar a México como un espacio central en la construcción de conocimiento” en el continente; y, en segundo lugar, “presentar las propuestas educativas como experiencias vanguardistas en pos de la construcción al socialismo” (p.14).
Una de las principales características a tener en cuenta de este libro es su cariz metodológico de interpretar los procesos educativos como una forma de hacer política. Es ahí donde se utiliza como concepto operante “activismo académico”. Es decir, los docentes o estudiantes de intercambio “buscaban transformarse desde su espacio educativo en gestores de nuevas formas de comprender el conocimiento, cuestionando su contexto político” (p. 18). Con ello, se podría comprender el contexto en el que nacieron algunas teorías críticas de las humanidades y ciencias sociales como la opción decolonial, la teoría de la dependencia o la historia feminista.
Más que seguir la estructura de 8 capítulos presentada por Rivera Mir, se optará por rescatar tres propuestas analíticas que se observan de manera transversal a lo largo del texto y que podrían aportar una nueva lectura de este libro.
La primera propuesta sería comprender la academia en perspectiva transnacional o, como lo señala el autor, como una forma de “diplomacia cultural”. Para esto, el autor entrega una nueva agencia a la docencia, sobre la que observa los viajes de intercambio, la producción intelectual y las prácticas políticas de difusión ideológica como parte de una batería de opciones que se vinculan a una política de relaciones bilaterales y proyección de influencia internacional. El modelo del “nacionalismo posrevolucionario” debía entrar en un proceso a dos bandas. Mientras propiciaba el desarrollo local, debía dialogar con “la necesidad de insertar internacionalmente la producción de conocimiento” (p. 65). Parte de estas políticas de intercambio dejó distintas huellas en el continente. La creación de Institutos culturales binacionales (Instituto Chileno-Boliviano de 1937) o instituciones educativas nacionales (la Escuela Nacional de Enfermería en Colombia de 1937) nacieron gracias al prestigio de profesores extranjeros que entregaron su capital simbólico para consolidar una institución nueva.
Este tipo de análisis presenta otro desafío metodológico que el autor aborda con gran habilidad: combinar distintas escalas, materialidades y fuentes para comprender experiencias colectivas. En este libro, se pueden observar informes ministeriales, cartas formales e informales, peticiones de beca y memorias literarias, junto con prensa y revistas. Esto evidencia la conformación de un espacio mucho más complejo que el que se presentaría si el investigador solo se centrara en la parte burocrática y legal de una beca. Además, complejiza la idea de la diplomacia cultural, mostrándola como un intercambio que nunca fue un proceso homogéneo. Incluso, si se observa desde una perspectiva Sur-Sur, se impusieron condiciones, influencias y conveniencias al momento de otorgar becas y llevar profesores. Al señalar los casos de Bolivia y Chile, el autor demuestra una idea central: el sur no es homogéneo y no puede ser considerado en su totalidad como el “sur global”. A veces son espacios periféricos pero conectados, que tienen sus propias fortalezas, intereses y debilidades.
La segunda propuesta analítica de este trabajo es la conceptualización de “beca”. En una primera instancia, el libro analiza las características de quienes están encargados de hacer y pensar las reglas y protocolos de entrega de becas. Para ello, el autor analiza el caso de Moisés Sáenz, Embajador de México en Perú, quien esbozó los primeros lineamientos de este beneficio, los cuales no se alejan demasiado de cómo se comprenden hoy. Es decir, entregar estas oportunidades a trayectorias académicas e intelectuales reconocidas y retribuir al país con conferencias o publicaciones sobre México (p. 67). A su vez, la beca también se transformó en una herramienta sutil para mantener las relaciones internacionales. Por ejemplo, ante la dictadura de Somoza en Nicaragua, el gobierno mexicano mantuvo una relación expectante mediante el otorgamiento de becas. El objetivo fue mantener un canal de contacto con el país latinoamericano sin la necesidad de mostrarse a favor o en contra del gobierno autoritario, pero otorgando una ayuda educativa que no requería gran gasto del erario y no significaba mayor exposición pública.
La otra instancia era investigar sobre los solicitantes a becas, ¿Quiénes eran? ¿De dónde venían? ¿Qué querían estudiar? Todas estas preguntas Rivera Mir las responde y apunta a un nuevo foco de atención. ¿Qué representa México para estos becados? ¿Quiénes debían ser becados? Para esto habría de considerar dos elementos clave: las estrategias discursivas para convencer a quienes deciden y la capacidad del sujeto para presentar estas opciones desde la perspectiva más relevante. Lo más destacado es dar cuenta del espacio para negociar con el Estado y entablar un diálogo a través de canales burocráticos que reflejen la agencia desde abajo hacia arriba. Este proceso se observa en cartas que transmiten emotividad, cercanía y confianza al solicitar una beca directamente al presidente, estableciendo un contacto directo con una alta autoridad, incluso si no se obtiene la beca.
Una última propuesta a considerar es la de los libros como herramienta de intercambio diplomático. Para el presidente Lázaro Cárdenas, quien comenzó su vida laboral en un taller tipográfico, los impresos eran un mecanismo central de difusión mediante el cual el Estado mexicano se proyectaba como un modelo en Latinoamérica. Por lo tanto, es evidente que parte de la diplomacia cultural incluye políticas que, incluso hoy, siguen vigentes. El autor destaca la organización y participación en ferias de libros para competir con España por el mercado de libros en español; la inclusión de escritores latinoamericanos en procesos políticos mexicanos, quienes posteriormente se convirtieron en propagandistas, como el caso reconocido de Gabriela Mistral; y la donación de libros, colecciones y bibliotecas a otros países.
A lo largo de sus páginas, este libro nos explica que una beca de intercambio académico no es un viaje de disfrute ni, mucho menos, solo un proyecto individual, sino que se trata de un programa nacional que busca generar conocimiento útil con impacto en las políticas públicas. Ahora bien, ante esto habría que preguntarse de una manera más específica por qué la antropología y la educación son las disciplinas de mayor recepción en el intercambio académico ¿hay algún objetivo político del Estado detrás de esto? ¿Cuál es el papel de estas disciplinas por sobre otras en el plano de las relaciones internacionales? ¿Este tipo de profesionales son más maleables ante otros profesionales? Son algunas de las preguntas que se podrían destinar a nuevas investigaciones que sigan la línea sugerida por Sebastián Rivera Mir.
Esta obra se podría posicionar desde distintos ámbitos historiográficos. Entrega insumos centrales para quienes nos dedicamos a investigar los usos de los impresos, pero también la historia internacional, las redes intelectuales y, por supuesto, la historia de la educación. Ningún revolucionario es extranjero es una invitación a renovar nuestros intereses historiográficos y a pensar desde nuestras experiencias académicas. Nos conduce a cuestionar cuál es nuestro papel como académicos e investigadores en plano local y continental, así como a proponer nuevos seminarios y cátedras que traten estos temas como parte de la historia política, cultural y social de Latinoamérica
Presentación
Work of memory through, in history, there are often scenes that, because of their political impact, their symbolic force, or because they represent the culminating ―and at the same time significant― point of the always uncertain crossing between past and future, or because of all of that together, become emblematic photographs of a specific historical moment.
On Monday, April 22, 1985, in the Courtroom of the National Court of Justice, located in downtown Buenos Aires, such a scene unfolded. “Ladies and gentlemen, please rise,” ordered the court secretary upon the entrance of the judges of the acting tribunal (the National Chamber of Appeals in Criminal and Federal Correctional Matters of the Federal Capital). And then, before the expectant gaze and suspended breath of the audience, the immediate perpetrators of the most atrocious crimes committed in Argentina between 1976 and 1983 stood up. Thus began the Trial of the Military Juntas.
This scene would be repeated in each of the 78 public hearings that made up the Trial: those who, for seven years, had been the hierarchs of life and death, of torture and disappearance, now appeared day after day before Justice; and, from the defendant's bench, stripped of all authority, they obeyed, day after day, the order issued by the previously unknown court secretary upon the entrance of the judges to the room, thus creating an emblematic photograph capable of condensing the new meanings of justice and law that the foundational wills and the emerging democracy of those times would bring ―or, better yet, would bring― with them.
Indeed, the emerging democracy in post-dictatorship Argentina was closely linked to the scene of Justice; and the exceptionality of that scene ―the only case in history in which the ordinary civil justice of a nation judges its own tyrants for the crimes committed― placed our country at the forefront of what has been called, though not without reservations, transitional justice.
The Trial of the Juntas, unimaginable to the majority just months before its realization, had its own history and an equally unimaginable unfolding.
Neither capricious nor obvious, it does not end with the emblematic photograph that catapulted it into collective memory. It was both a point of arrival and a point of departure; and in each of the segments that traced its journey, one can observe the convergence of various actors and conflicts; of political wills and intellectual interventions; of social demands and public re-significations; of tensions, emerging issues, hopes, fears, and frustrations. It is, ultimately, evident that the relevance of the legal field as a space for political and memorial dispute cannot ever be reduced to the institutions and mechanisms that form and regulate the Judiciary.
Forty years after this historic process, Políticas de la Memoria invites its readers to reflect on it through this dossier, which collectively delves into and debates the multiple threads and dimensions that elevated it as one of the great events in our history.
The dossier opens with the article by Martín Cremonte, “Microhistory of Carlos Nino, the philosophers, and Alfonsínist politics. Between Creon and Antigone,” which meticulously and critically reconstructs the philosophical and political postulates of the man who was the great architect of the justice model implemented by the Radical government.
It concludes with the article by Diego Galante, “The Habitability of a Penal Event in Collective Memories.” There, the author positions the Trial of the Juntas as the beginning of a lasting and traceable series―though not without moments of languor or reinterpretation―in the production of practices and social meanings surrounding human rights in Argentina.
Hoping to spark new questions, concerns, and interventions, we wish you a productive reading.
Vera Carnovale
CeDInCI/UNSAM/CONICETTrabajo de memoria mediante, en la historia suelen tener lugar escenas que, por su impacto político, por su fuerza simbólica, por representar el punto álgido ―y significante a la vez― del cruce siempre incierto entre pasado y porvenir, o por todo eso junto, se erigen como fotografías emblemáticas de un fragmento epocal.
El lunes 22 de abril de 1985, en la Sala de Audiencias del Palacio de Justicia de la Nación, con sede en el centro de la Ciudad de Buenos Aires, se desplegó una escena de ese tipo. “Señores, de pie, por favor”, ordenó el secretario de Juzgado ante la entrada a la sala de los jueces del tribunal actuante (la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal de la Capital Federal). Y entonces, ante la mirada expectante y el aliento suspendido del público presente, los responsables mediatos de los más atroces crímenes cometidos en la Argentina entre 1976 y 1983, se pusieron de pie. Comenzaba, así, el Juicio a las Juntas Militares.
La escena se repetiría en todas y cada una de las 78 audiencias públicas en que se consustanció el Juicio: quienes durante siete años habían sido los jerarcas de la vida y de la muerte, de la tortura y la desaparición, comparecían ahora, día tras día, ante la Justicia; y, desde el banquillo de los acusados, despojados de toda investidura, obedecían, día tras día, la orden impartida por el hasta entonces ignoto secretario de juzgado ante la entrada de los jueces a la sala, dando lugar, así, a una fotografía emblemática capaz de condensar los nuevos sentidos de justicia y de derecho que las voluntades refundacionales y la democracia emergente por aquellos tiempos, traían ―o, mejor, traerían― consigo.
En efecto, la democracia naciente en la Argentina de la post dictadura estuvo estrechamente ligada al escenario de Justicia; y la excepcionalidad de ese escenario —único caso en la historia en que la justicia civil ordinaria de una nación juzga a sus propios tiranos por los crímenes cometidos— situaba a nuestro país en el lugar de avanzada en materia de lo que se ha dado en llamar ―no sin reservas― justicia transicional.
El Juicio a las Juntas, inimaginado por las mayorías apenas unos meses antes de su realización, tuvo su propia historia y un también inimaginado devenir.
Ni caprichoso ni evidente, no se agota en la fotografía emblemática que lo catapultó a la memoria colectiva. Fue tanto un punto de llegada como uno de partida; y en cada uno de los segmentos que trazaron su recorrido se advierte la concurrencia de diversos actores y conflictos; de voluntades políticas e intervenciones intelectuales; de demandas sociales y resignificaciones públicas; de tensiones, de emergentes, de esperanzas, temores y frustraciones. Se advierte allí, en definitiva, la relevancia del campo jurídico como espacio de disputa política y memorial que no puede reducirse nunca a las instituciones y mecanismos que conforman y regulan el Poder Judicial.
A 40 años de ese histórico proceso, Políticas de la Memoria invita a sus lectores a pensarlo a partir de este dossier que, en conjunto, se vuelve y debate sobre las múltiples tramas y las tantas dimensiones que lo erigieron como uno de los grandes acontecimientos de nuestra historia.
Abre el dossier el artículo de Martín Cremonte, “Microhistoria de Carlos Nino, los filósofos y la política alfonsinista. Entre Creonte y Antígona” que reconstruye minuciosa y críticamente los postulados filosóficos y políticos de quien fuera el gran diseñador del modelo de justicia implementado por el gobierno radical.
Cierra el dossier el artículo de Diego Galante, “La habitabilidad de un acontecimiento penal en las memorias colectivas”. Allí el autor sitúa al Juicio a las Juntas como el inicio de una serie perdurable y rastreable ―aunque no sin momentos de languidez o de reinterpretación― en la producción de prácticas y sentidos sociales en torno a los derechos humanos en Argentina.
Esperando despertar nuevos interrogantes, inquietudes e intervenciones, les deseamos una productiva lectura.
Vera Carnovale
CeDInCI/UNSAM/CONICE
¿La biblioteca y su fondo? ¿El fondo de la biblioteca? reflexiones e interrogantes a partir de una exploración de la biblioteca personal de Gino Germani y su vínculo con el archivo personal
This paper presents the experience of researching the personal library of the sociologist Gino Germani, which is currently kept at the Istituto Luigi Sturzo in Rome, after being separated from his personal archive, currently housed at the Instituto de Investigaciones Gino Germani of the University of Buenos Aires. Some of the decissions, questions and hesitations that arose when approaching this collection of books are detailed, in an attempt to link it to the materials to his personal archive, as a first step towards a virtual reconnection of the diasporic heritage of the Italian-Argentine intellectual.
The specificities of working with authors' libraries are examined in dialogue with recent debates on the intersection between personal collections and archives. Particular attention is paid to aspects such as reading marginalia, dedications, the organisation of collections according to themes or periods, and the spatial and temporal disposition of these collections, understood as contexts of intellectual production and traces of life.Este texto presenta la experiencia de exploración de la biblioteca personal del sociólogo Gino Germani, actualmente conservada en el Istituto Luigi Sturzo de Roma, tras haber sido separada de su fondo documental, alojado en el Instituto de Investigaciones Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires. Se detallan algunas decisiones, interrogantes y vacilaciones que surgieron al abordar este acervo libresco, buscando vincularlo con los materiales del archivo personal, como primer paso hacia una reconexión virtual del patrimonio diaspórico del intelectual ítalo-argentino.
Se examinan las especificidades de trabajar con bibliotecas de autor, dialogando con debates recientes en torno a la intersección entre fondos y colecciones personales. Se presta especial atención a aspectos como las marcas de lectura, las dedicatorias, la conformación de colecciones según temáticas o períodos, y la organización espacial y temporal de estos fondos, entendidos como contextos de producción intelectual y huellas de vida
Presentación
Issue 24 of Políticas de la Memoria and the fifth installment of the section Sexo y Revolución finds us in times of distress and danger. While the previous years presented their own difficulties, it is undeniable (and increasingly evident to those who chose this path, allied with it, or still hold hope) that the effects of the current government (and the political, corporate, and trade union sectors that support it) are devastating. Recession, unemployment, poverty, and hunger are growing at the same pace as the spread of hate speech and direct attacks from those in representative or managerial positions who target feminism and LGTBI+ groups. If we once fought to enforce and expand a set of laws that upheld human rights and fundamental recognition for a democratic life, now we see how we are being blamed for the conservative reaction, how attacks are being normalized, and how we are witnessing the underfunding and direct dismantling of spaces that we maintained with great effort. CeDInCI, and therefore the Feminist Political Memories and Sex-Generics Program, “Sexo y Revolución”, suffer from this generalized situation and redouble efforts to sustain the collective work that brings us together and encourages us to continue.
In this case, we share a bond between Argentina and Chile that is an expression of one of the objectives we set in dialogue with the advisory committee of the founding 2016 meeting for the Program. We always envisioned an open space that would be nourished by the personal and collective experiences that preceded us, and we expressed it as follows:
The Program seeks to establish and consolidate cooperative relationships with other existing or developing archives, especially those dedicated to feminist and sex-generic political memories, as well as with other institutional and/or activist proposals for work, consultation, or interpretation concerning the materials available within CeDInCI. These cooperative relationships will aim to build networks that guarantee both solidary communication and collective critical work, as well as the exchange of tools among the different initiatives dedicated to the systematization of political experiences aligned with the objectives of this Program.
While taking those first steps, we learned about the experience that activist, philosophy PhD, educator, and passionate promoter of cross-Andean exchanges, Panchiba F. Barrientos, was developing in Santiago, Chile. A first shared panel opened up a lasting exchange, as demonstrated by the text presented in this issue. It was a special request to the author, a memory she had not yet written about the Biblioteca Fragmentada and Archivos Feministas projects—two creations that are valuable in themselves and serve as a creative foundation to sustain the flow of ideas, materials, relationships, and experiences related to the activism that brings us together. We can undoubtedly say that these are projects that have inspired us, and with which we are excited to continue the struggles that affect us.
In recent years, both countries have gone through political tremors, sometimes hopeful, like the Chilean social explosion, and sometimes overwhelming, like the persistence of the far-right trying to subjugate us on all fronts. In short, if there is a possible path, it is together, in a dialogue that, without smoothing out differences, grows from common premises and shared plans. The following text speaks to all of this and, above all, to the vibrant enthusiasm of collective projects that, even in the worst isolation, managed to flourish, multiply, and cross borders time and time again.El número 24 de Políticas de la Memoria y la quinta entrega de la sección Sexo y Revolución nos encuentra en tiempos de agobio y peligro. Si bien los años previos presentaron sus propias dificultades, resulta innegable (y cada vez más evidente para quienes eligieron esta opción, se aliaron o mantienen esperanzas) que los efectos del gobierno actual (y de los sectores políticos, corporativos y sindicales que lo acompañan) son devastadores. La recesión, el desempleo, el aumento de la pobreza y el hambre crecen con la misma celeridad con la que se despliegan los discursos de odio y las diatribas directas de quienes, en puestos representativos o de gestión, se dirigen contra los feminismos y los colectivos LGTBI+. Si antes se luchaba por hacer cumplir y ampliar un conjunto de leyes que sostenían derechos humanos y reconocimientos fundamentales para una vida democrática, ahora vemos cómo se nos intenta culpar por la reacción conservadora, se naturalizan los ataques y asistimos a la desfinanciación y el desmantelamiento directo de espacios que manteníamos con mucho esfuerzo. El CeDInCI y, por lo tanto, el Programa de memorias políticas feministas y sexo-genéricas, “Sexo y Revolución”, sufren esa situación generalizada y redoblan esfuerzos por sostener el trabajo colectivo que nos convoca y nos anima a seguir.
En este caso, se trata de compartir un vínculo entre Argentina y Chile que es expresión de uno de los objetivos que, en diálogo con la comisión asesora de aquel 2016 fundante, establecimos para el Programa. Siempre pensamos un espacio abierto que se nutriera de experiencias personales y colectivas que nos precedían, y es así como lo expresábamos:
El Programa busca establecer y consolidar relaciones de cooperación tanto con otros archivos ya existentes, o en construcción, dedicados especialmente a las memorias políticas feministas y sexo-genéricas, como con otras propuestas de trabajo, consulta o interpretación de carácter institucional y/o activista, sobre los materiales disponibles dentro del CeDInCI. Estas relaciones de cooperación tendrán como objetivo la construcción de redes que garanticen tanto la comunicación solidaria y el trabajo crítico colectivo como el intercambio de herramientas entre las distintas iniciativas dedicadas a la sistematización de experiencias políticas afines a los objetivos de este Programa
Mientras dábamos esos primeros pasos, conocimos la experiencia que estaba desarrollando en Santiago de Chile la activista, doctora en filosofía, docente y entusiasta animadora de cruces cordilleranos, Panchiba F. Barrientos. Una primera mesa compartida abrió un intercambio perdurable, tal como demuestra el texto que presentamos en este número. Fue un pedido especial a su autora, una memoria que todavía no había escrito acerca de los proyectos Biblioteca Fragmentada y Archivos Feministas, dos creaciones muy valiosas en sí mismas y base creativa para sostener idas y vueltas de ideas, materiales, vínculos y experiencias relacionadas con los activismos que nos convocan. Podemos decir, sin dudas, que forman parte de los proyectos en los que supimos inspirarnos y con los cuales nos da entusiasmo continuar las luchas que nos atraviesan. En estos años ambos países pasaron por cimbronazos políticos, a veces esperanzadores, como el propio estallido chileno, y otros apabullantes, como la insistencia de las derechas para intentar someternos en todos los frentes. En suma, si hay un camino posible es en conjunto, en un diálogo que, sin allanar las diferencias, crezca en las premisas comunes y los planes compartidos. El siguiente texto nos habla de todo eso y, sobre todo, del entusiasmo vibrante de proyectos colectivos que, aun en el peor aislamiento, supieron florecer, multiplicar y cruzar las fronteras una y otra vez
El surgimiento de una conciencia radical en Inglaterra: perfil político de The Making... de E. P. Thompson
In his classic study, E.P. Thompson explained how the emergence of the working class in England came about, and the implications concerning the process of awareness this phenomenon provoked. In several passages he supplied a detailed analysis of the turbulent political situation which arouse in that country as a consequence of the French Revolution, and the levels of ferment and support this event generated in certain sectors of society, a fact that produced alarm in the British government. The present article focusses on the above-mentioned subject taking into account some of the most relevant contributions provided by historians who specialized both on this theme and Thompson’s analysis, from a laudatory and vindictive perspective as well as one more revisionist and critical.En su clásico estudio E. P. Thompson explica cómo se gestó la emergencia de la clase obrera en Inglaterra, y el proceso de toma de conciencia que este fenómeno implicó. En buena parte de ese trabajo realiza un minucioso análisis de la turbulenta situación política que se produjo en ese país como consecuencia de la Revolución Francesa, y da cuenta de los niveles de adhesión y fervor popular que este evento provocó en diversos sectores de la sociedad provocando alarma en el gobierno inglés. El presente artículo se enfoca en el mencionado contexto tomando algunos aportes relevantes realizados por historiadores que abordaron el mencionado tema y el análisis de Thompson, desde una perspectiva reivindicatoria y laudatoria como también desde una más revisionista y crítica
A propósio de Marc Becker, Margaret M. Power, Tony Wood, Jacob A. Zumoff (eds.), Transnational communism across the Americas, Chicago, University of Illinois Press, 2023.
La historiografía del movimiento comunista en América Latina pasa por una ola de renovación. Por décadas se solía estudiar el fenómeno comunista a través de la historia nacional, o inversamente, solamente a partir del análisis de las organizaciones internacionales del movimiento comunista, sobre todo de la Internacional Comunista (IC). Los trabajos recientes de Brigitte Studer (2015, 2023), dedicados al estudio de trayectorias individuales de militantes del Comintern, o de Marcelo Ridenti (2021) sobre la internacionalización y el financiamiento de los intelectuales comunistas durante la Guerra Fría, son prueba de esta evolución de este campo de estudios. Similarmente, la presente obra intenta romper con ambas tendencias (historiografía nacional — historia de la organización internacional), arrojando luz sobre las conexiones existentes entre comunistas latinoamericanos, con otros grupos políticos e instituciones en el mundo. Se trata de analizar los contactos y los vínculos transnacionales como procesos dinámicos observables en las realidades locales. Para esto resulta imprescindible mezclar consideraciones biográficas, situaciones nacionales y regionales en su articulación con las interpretaciones y las acciones políticas en el seno del movimiento comunista internacional.
La obra está organizada cronológicamente, la primera parte cubre el período de 1917 hasta la disolución de la IC (1943) y la segunda el período de la Guerra Fría, entre 1945 y 1989. Cada uno de los 10 capítulos trae el estudio de un objeto o de una cuestión donde militantes y organizaciones cruzan fronteras, se inspiran, negocian y actúan articulando realidades locales y espacios transnacionales. Así, temas poco abordados en la historiografía del comunismo, como la importancia de la actuación femenina o las ambigüedades tácticas de la IC frente a la movilización de poblaciones negras, son destacados en el libro. Más allá de los objetos singulares, la originalidad metodológica permite revelar la centralidad que tienen las redes militantes y de migrantes. De manera similar revela la importancia local que tiene el hecho de ser miembro de una organización internacional por la cual pasan subsidios, pero también legitimidad, palabras de orden, modelos de organización, redes de apoyo y de información.
Por ser colectiva, la obra trae una variedad de enfoques que permiten elaborar un panorama bastante rico sobre aspectos del comunismo que no raramente son invisibilizados. Por cierto, también genera una impresión de caleidoscopio, en la cual cuestiones de interés no constan en el libro. La obra dedica poca atención a los espacios norteamericanos, por ejemplo, a las vinculaciones políticas y sindicales estadounidenses con las organizaciones comunistas internacionales, tanto antes de 1943 como durante la Guerra Fría. Igualmente, un estudio de la circulación de militantes, y sobre todo de textos y modelos, oriundos de la China (pensamos en los trabajos de Matthew Rothwell sobre el maoísmo en la América Latina) o de Albania en las Américas resultaría enriquecedor en la segunda parte del libro. Finalmente, no aparecen las redes transnacionales comunistas no ligadas a la Unión Soviética, cuando figuras como Nahuel Moreno, Mario Pedrosa o Hugo Blanco y sus redes de actuación son pruebas de la existencia de una intensa vida organizativa y teórica en el marxismo latinoamericano en una escala mundial.
No obstante, la amplitud de temas y objetos que propone la obra no deja de constituir un aporte renovador en la literatura sobre comunismo en las Américas. Como dijimos, al destacar las redes y las circulaciones de militantes, documentos e ideas, la obra pone de relieve la capacidad de atracción de la pautas anti-racistas, anti-imperialistas y nacionalistas defendidas por los partidos comunistas, así como las decepciones, los malentendidos y las rupturas. Los capítulos se desarrollan sin escamotear las contradicciones que aparecen inevitablemente entre las directivas internacionales y las dinámicas políticas locales (ver los capítulos sobre la cuestión nacional cubana y los trabajadores caribeños, la cuestión de la independencia de Puerto Rico en el PC estadounidense, etc.) sin hacer una presentación maniquea de las posiciones y de los actores. Más fundamentalmente, las varias escalas y temporalidades estudiadas revelan los movimientos, las dislocaciones de los posicionamientos de los partidos en función de determinaciones múltiplas: el contexto internacional (cambio de línea de la IC entre la táctica de clase contra clase y la de frente única o de lucha antifascista, por ejemplo), las realidades locales (como en el caso de las negociaciones tripartitas entre Sandino, el gobierno mexicano y el Partido comunista Mexicano) y las circulaciones entre ambos niveles (particularmente el ejemplo de los trabajadores caribeños migrantes en Cuba, Panamá o en los Estados Unidos, pero también el caso de la actuación de las mujeres de la Alianza Femenina Guatemalteca en sus contactos con organizaciones de mujeres internacionales de filiación comunista).
Lo que resulta más interesante aún es que los capítulos nunca caen en explicaciones reductoras basadas en determinaciones o relaciones causales simples. Al contrario, se subraya siempre la agencia de los diversos actores, procurando identificar razones, intereses y causalidades múltiples que concurren a decisiones y actitudes en contextos determinados. El capítulo dedicado a los latinoamericanos presentes en la URSS entre 1927 y 1936, como representantes de los partidos en reuniones internacionales, pero también como alumnos de escuelas de formación de dirigentes o viajantes, resulta muy significativo en este aspecto. Lejos de reproducir una lectura fundamentada en el adoctrinamiento o la aplicación mecánica de directivas políticas o análisis teóricas, el historiador Tony Wood demuestra la relativa latitud de los individuos, así como la ventajas que pueden extraer de la estadía en la URSS, notablemente en términos de prestigio en los partidos nacionales o en los círculos intelectuales. Inversamente, trayectorias de estudiantes de las escuelas soviéticas revelan que no se puede resumir la formación recibida a una absorción pasiva de conocimientos externos. Así, ni todos los estudiantes se encuentran en pleno acuerdo con las materias, y no pocos seguirán recorridos abiertamente críticos a la Unión Soviética.
Otros ejemplos de la agencia de los actores y de la complejidad de relaciones entre las autoridades soviéticas, los partidos o la IC y los militantes son descritos en la obra, siempre enfatizando la multiplicidad de las causalidades en juego.
Por fin, vale mencionar la gran variedad de fuentes primarias y secundarias movilizadas por los diez capítulos, desde fuentes de la IC hasta entrevistas, correspondencias, documentos policiales, documentos de los partidos o de militantes, etc. La utilización de un corpus ampliado permite explorar estos nuevos objetos a partir de una perspectiva más rica y compleja que en el pasado. El libro representa un aporte metodológico e historiográfico innegable a la historia del comunismo en América Latina.La historiografía del movimiento comunista en América Latina pasa por una ola de renovación. Por décadas se solía estudiar el fenómeno comunista a través de la historia nacional, o inversamente, solamente a partir del análisis de las organizaciones internacionales del movimiento comunista, sobre todo de la Internacional Comunista (IC). Los trabajos recientes de Brigitte Studer (2015, 2023), dedicados al estudio de trayectorias individuales de militantes del Comintern, o de Marcelo Ridenti (2021) sobre la internacionalización y el financiamiento de los intelectuales comunistas durante la Guerra Fría, son prueba de esta evolución de este campo de estudios. Similarmente, la presente obra intenta romper con ambas tendencias (historiografía nacional — historia de la organización internacional), arrojando luz sobre las conexiones existentes entre comunistas latinoamericanos, con otros grupos políticos e instituciones en el mundo. Se trata de analizar los contactos y los vínculos transnacionales como procesos dinámicos observables en las realidades locales. Para esto resulta imprescindible mezclar consideraciones biográficas, situaciones nacionales y regionales en su articulación con las interpretaciones y las acciones políticas en el seno del movimiento comunista internacional.
La obra está organizada cronológicamente, la primera parte cubre el período de 1917 hasta la disolución de la IC (1943) y la segunda el período de la Guerra Fría, entre 1945 y 1989. Cada uno de los 10 capítulos trae el estudio de un objeto o de una cuestión donde militantes y organizaciones cruzan fronteras, se inspiran, negocian y actúan articulando realidades locales y espacios transnacionales. Así, temas poco abordados en la historiografía del comunismo, como la importancia de la actuación femenina o las ambigüedades tácticas de la IC frente a la movilización de poblaciones negras, son destacados en el libro. Más allá de los objetos singulares, la originalidad metodológica permite revelar la centralidad que tienen las redes militantes y de migrantes. De manera similar revela la importancia local que tiene el hecho de ser miembro de una organización internacional por la cual pasan subsidios, pero también legitimidad, palabras de orden, modelos de organización, redes de apoyo y de información.
Por ser colectiva, la obra trae una variedad de enfoques que permiten elaborar un panorama bastante rico sobre aspectos del comunismo que no raramente son invisibilizados. Por cierto, también genera una impresión de caleidoscopio, en la cual cuestiones de interés no constan en el libro. La obra dedica poca atención a los espacios norteamericanos, por ejemplo, a las vinculaciones políticas y sindicales estadounidenses con las organizaciones comunistas internacionales, tanto antes de 1943 como durante la Guerra Fría. Igualmente, un estudio de la circulación de militantes, y sobre todo de textos y modelos, oriundos de la China (pensamos en los trabajos de Matthew Rothwell sobre el maoísmo en la América Latina) o de Albania en las Américas resultaría enriquecedor en la segunda parte del libro. Finalmente, no aparecen las redes transnacionales comunistas no ligadas a la Unión Soviética, cuando figuras como Nahuel Moreno, Mario Pedrosa o Hugo Blanco y sus redes de actuación son pruebas de la existencia de una intensa vida organizativa y teórica en el marxismo latinoamericano en una escala mundial.
No obstante, la amplitud de temas y objetos que propone la obra no deja de constituir un aporte renovador en la literatura sobre comunismo en las Américas. Como dijimos, al destacar las redes y las circulaciones de militantes, documentos e ideas, la obra pone de relieve la capacidad de atracción de la pautas anti-racistas, anti-imperialistas y nacionalistas defendidas por los partidos comunistas, así como las decepciones, los malentendidos y las rupturas. Los capítulos se desarrollan sin escamotear las contradicciones que aparecen inevitablemente entre las directivas internacionales y las dinámicas políticas locales (ver los capítulos sobre la cuestión nacional cubana y los trabajadores caribeños, la cuestión de la independencia de Puerto Rico en el PC estadounidense, etc.) sin hacer una presentación maniquea de las posiciones y de los actores. Más fundamentalmente, las varias escalas y temporalidades estudiadas revelan los movimientos, las dislocaciones de los posicionamientos de los partidos en función de determinaciones múltiplas: el contexto internacional (cambio de línea de la IC entre la táctica de clase contra clase y la de frente única o de lucha antifascista, por ejemplo), las realidades locales (como en el caso de las negociaciones tripartitas entre Sandino, el gobierno mexicano y el Partido comunista Mexicano) y las circulaciones entre ambos niveles (particularmente el ejemplo de los trabajadores caribeños migrantes en Cuba, Panamá o en los Estados Unidos, pero también el caso de la actuación de las mujeres de la Alianza Femenina Guatemalteca en sus contactos con organizaciones de mujeres internacionales de filiación comunista).
Lo que resulta más interesante aún es que los capítulos nunca caen en explicaciones reductoras basadas en determinaciones o relaciones causales simples. Al contrario, se subraya siempre la agencia de los diversos actores, procurando identificar razones, intereses y causalidades múltiples que concurren a decisiones y actitudes en contextos determinados. El capítulo dedicado a los latinoamericanos presentes en la URSS entre 1927 y 1936, como representantes de los partidos en reuniones internacionales, pero también como alumnos de escuelas de formación de dirigentes o viajantes, resulta muy significativo en este aspecto. Lejos de reproducir una lectura fundamentada en el adoctrinamiento o la aplicación mecánica de directivas políticas o análisis teóricas, el historiador Tony Wood demuestra la relativa latitud de los individuos, así como la ventajas que pueden extraer de la estadía en la URSS, notablemente en términos de prestigio en los partidos nacionales o en los círculos intelectuales. Inversamente, trayectorias de estudiantes de las escuelas soviéticas revelan que no se puede resumir la formación recibida a una absorción pasiva de conocimientos externos. Así, ni todos los estudiantes se encuentran en pleno acuerdo con las materias, y no pocos seguirán recorridos abiertamente críticos a la Unión Soviética.
Otros ejemplos de la agencia de los actores y de la complejidad de relaciones entre las autoridades soviéticas, los partidos o la IC y los militantes son descritos en la obra, siempre enfatizando la multiplicidad de las causalidades en juego.
Por fin, vale mencionar la gran variedad de fuentes primarias y secundarias movilizadas por los diez capítulos, desde fuentes de la IC hasta entrevistas, correspondencias, documentos policiales, documentos de los partidos o de militantes, etc. La utilización de un corpus ampliado permite explorar estos nuevos objetos a partir de una perspectiva más rica y compleja que en el pasado. El libro representa un aporte metodológico e historiográfico innegable a la historia del comunismo en América Latina
Presentación
In 2023, 60 years passed since the first edition of Edward P. Thompson's book The Making of the English Working Class. Both in the Anglo-Saxon world and in France, Germany, the Netherlands, Spain, and other European countries, there is probably no other book that has had as much impact on social history in the last fifty years. This work not only revisited the concept of the working class in traditional Marxism, but also built an ambitious narrative about the experience, struggles, and culture of British workers between 1780 and 1840.
On December 1, 2023, at the Torcuato Di Tella University campus, CeDInCI and the Department of Historical Studies of the UTDT organized a seminar that examined this work by E.P. Thompson in the social history of Argentina, aiming to assess how productive its concepts and interpretative outcomes have been. We invited recognized scholars to recall from their memories and notes a series of topics and problems related to Thompson's work. But we also asked them to share personal aspects of their experiences reading Thompson’s works and using them in their research and teaching. The call was successful. The presentations collected some impressions and memories that allow us to recreate the political conditions in which the first readings and dissemination of Thompson’s work took place.
I
In Latin America, The Making of the English Working Class captured the interest of various groups of historians. Initially, it was those historians focused on labor movement history who took an interest, but soon the work’s appeal expanded to studies of immigration, women, and, of course, the new field of labor history and working-class culture. Even areas seemingly distant from this issue, such as peasant studies and Andean studies, were influenced by concepts like "moral economy," “class struggle before classes,” or the interaction between traditions, customs, and collective action that E.P. Thompson introduced or revived.
Although some of Thompson’s texts were known in Argentina in their original language in the late 1960s and 1970s, the greatest impact of his work came in the 1980s through Spanish translations. Indeed, as noted by several thinkers and activists of the time, the reading of The Making during the Military Dictatorship (1976-1983) was limited to a small number of study groups and social and historical research institutes. Of course, the early reception of Antonio Gramsci in Argentina (more than a decade earlier) had already sparked interest and debate within local Marxism about concepts like historical bloc, subaltern classes, hegemony, and cultural politics, paving the way for a more attentive reading of E.P. Thompson’s work.
If we look today at the growth of research programs in Social and Labor History in Argentina and the numerous high-quality publications that deal with concepts and issues addressed by E.P. Thompson, we must conclude that the importance of his work was both widespread and lasting.
At the time, there was hardly anyone who had read The Making of the English Working Class and not been captivated by its narrative, conceptual apparatus, and groundbreaking sources. Each reader, in their own way, sought to adapt this perspective—which would later be called “history from below”—to a variety of historical issues in Argentina, particularly in the field of social and cultural history of the so-called "world of labor." Thus, E.P. Thompson found his way into various social, cultural, and political history research projects in Argentina, from Peronism to gender studies; from post-independence history to the study of caudillismo, rural banditry to elections; from the analysis of immigrants' political actions to new approaches to anarchism, socialism, and revolutionary syndicalism.
The long list of works and themes suggests that a group of historians tried to renew Argentine social and cultural history by questioning the post-independence plebs, laborers, peasants, women, immigrants, factory workers, and criminals, as well as organizational forms and types of collective actions, workers' press, anarchist propaganda, and popular libraries, all through a Thompsonian lens. The common denominator of these works and the research projects behind them was the desire to explore the world of marginalized and subaltern groups in the past to better understand the present.
II
The essays in this dossier cover several issues related to readings of E.P. Thompson and his book The Making of the English Working Class. As suggested by many of the compiled texts—particularly the contributions by Hilda Sábato and Mirta Lobato—Thompson’s works were a “breath of fresh air” that opened new ways of thinking about relationships between traditions and class formation, collective action and consciousness, ideology and politics. Above all, the concept of experience served as an amalgamation of customs and traditions, cultural practices, collective action dynamics, and the formation of new subjects. These conceptual novelties strongly stimulated the search for new sources and perspectives that revitalized our social history regarding workers and the various forms of social protest.
The dossier opens with a communication from Hilda Sábato, who emphasizes the disruption caused by Thompson’s work within a group of intellectuals in the 1970s who were seeking new answers. Made up of historians with Marxist backgrounds, the group gathered at PEHESA felt uneasy with the historical determinism and the modes of production model advocated by traditional Marxism. Thompson, Sábato states, challenged almost sacred concepts, raised new questions about the past, and suggested new methods and sources. The concept of social experience rooted in customs and traditions was motivating and prompted the exploration of issues that had not been addressed, such as the plebs, the marginalized, and the Argentine working classes. Finally, Sábato shows us how Thompson acted as a turning point in her own work. She moved from studying immigrants and workers with a social perspective to questioning how those same subjects made politics in their own way. As we know, in her acclaimed book Politics in the Streets, she focuses on street demonstrations, the use of the press, political clubs, and rallies as channels for political action by immigrant and Creole workers who opposed various components of elite politics.
Horacio Tarcus’ contribution highlights the different ways in which Thompson’s work was received in the Spanish-speaking world. He points out that the inability to translate and publish his works in Argentina during the military dictatorship facilitated the editorial work of a new generation of Spanish social historians, who took the lead from the late 1970s. Editions by Crítica publishing house and journals like Zona Abierta and Historia Social began to be imported into Argentina in the mid-1980s, causing a delay of about a decade in the reception of Thompson’s work in Argentina. He also notes that this temporal lag had decisive consequences in how Argentine historians appropriated his work.
Dora Barrancos revisits the presence of women in Thompson’s work, suggesting that there are indeed mentions of working women, millenarian agitators, and women associated with radical leaders, and that the author did not minimize their participation in social protests. For instance, Barrancos points out that Thompson saw women as central figures in the "bread riots" and other collective protests. She also examines the social, political, and affective relationships of a small number of feminist or leftist women who had close ties with the author. In this regard, she highlights the camaraderie, respect, and equal treatment Thompson showed to these women (his wife Dorothy, historian Natalie Zemon Davies, feminist historian Sheila Rowbotham, and communist militant Donna Torr). In the 1960s, Barrancos notes, few women supported the more radical vision of feminism. Some directly rejected it: his wife Dorothy, in particular, believed that "second-wave feminism" reflected a middle-class view, while she and Edward defended the sensibilities and struggles of working-class women.
In his essay, Gabriel Di Meglio recalls the early 1990s, when he, as a student at UBA, read The Making of the English Working Class and other works by Thompson, emphasizing how these early readings were valuable for "learning to work historically." These young university students were drawn to the debates Thompson’s work stirred within Marxism, as well as his ability to combine local histories with large historical processes. Over time, Thompson’s work faced numerous critiques, social history lost its centrality, and new approaches (cultural history, gender history, postcolonial history, and new political history) emerged, pushing Thompson out of the center of historiographical interest. Regarding the reception of Thompson’s work in Argentina, Di Meglio introduces an interesting hypothesis: that the early diffusion of Antonio Gramsci’s ideas in Argentina facilitated the acceptance of a “culturalist” or Thompsonian view in the study of class formation. He also adds that, perhaps more than The Making…, it was Thompson’s work on law and justice that most impacted the historiography of the late-colonial and post-independence Río de la Plata.
Meanwhile, Klaus Gallo takes us into the world of British academia, reviewing how some historians of “radicalism” and “popular protest” received Thompson’s work. His essay focuses on the question of the "English radical tradition." Gallo suggests that these historians supported several of Thompson’s assertions about the impact of the French Revolution and the wars with France in the 1790s and early 1800s. The revolution, in particular, boosted the emergence and spread of radical political clubs with anti-monarchist and anti-privilege ideas. He emphasizes the impact of Thomas Paine, William Cobbett, Henry Hunt, and Francis Place during this early period. Fueled by French ideas and the independence revolution in the Thirteen Colonies, a radical movement emerged, which eventually led to the popular struggle for political reform (Chartism). He also shows us that after the Peterloo Massacre (1819), radical agitation declined for a time, especially due to government repression, but Thompson correctly emphasized that it was also a political outcome of the developing capitalist system.
Finally, Ricardo Salvatore notes that during the lengthy writing process of his book Wandering Paysanos, he transitioned from a perspective of “history from below” to one more aligned with “subaltern studies.” To illustrate the shared elements and differences between these approaches, Salvatore reviews the major works of E. P. Thompson and Ranajit Guha. In certain respects, the two approaches are similar: they both seek to recover the voices of those marginalized by dominant historical narratives—the “inarticulate” for Thompson and the “subaltern” for Guha—and they share a critical stance toward the elitism of traditional historiography. However, their conceptual tools, interpretative keys, and intellectual influences reveal notable differences.
Their use of the concept of “class” could not be more distinct. While Thompson sees the formation of the working class as a process of struggle, shared experiences, and forward-looking visions, Guha frames class as one of many forms of domination/subordination. These relationships are emblematic of both colonial and post-colonial societies, replacing the centrality of class in Thompson’s more totalizing view of society and culture with a multiplicity of "dyads" of domination. Similarly, their treatment of archives and language diverges: Thompson reads workers’ statements almost uncritically, while Guha instructs us to interpret judicial and police texts as influenced by state power and to approach elite documents with a different strategy—“reading against the grain.” Although in his early works (e.g., Elementary Aspects of Peasant Insurgency in Colonial India), Guha offered a generalized and abstract perspective on anti-colonial peasant uprisings, he later (in Dominance Without Hegemony) argued that colonialism itself generated a “clash of languages and values.” He proposed that the same events and relationships (domination and resistance) were interpreted within different cultural and linguistic epistemes.
We hope that these essays contribute to a deeper understanding of E. P. Thompson’s legacy within Argentinian social historiography. Our gratitude goes to the colleagues who took on this challenge, and we hope readers will enjoy engaging with these reflections.En 2023 se cumplieron 60 años de la primera edición del libro de Edward P. Thompson The Making of the English Working Class. Tanto en el mundo anglosajón como en Francia, Alemania, Holanda, España y otros países del continente europeo, probablemente no haya habido otro libro con más repercusiones en la historia social del último medio siglo. Esta obra no sólo revisaba el concepto de clase obrera del marxismo tradicional, sino que también construía un ambicioso relato sobre la experiencia, las luchas y la cultura de los trabajadores británicos entre 1780 y 1840.
El primero de diciembre de 2023 en la sede de la Universidad Torcuato Di Tella, el CeDInCI y el Departamento de Estudios Históricos de la UTDT organizamos unas jornadas que examinaron esta obra de E.P. Thompson en la historia social en Argentina, con el fin de evaluar qué tan productivos fueron sus conceptos y resultados interpretativos. Pedimos a reconocidos invitados que recuperaran de su memoria y de sus apuntes una serie de temas y problemas relacionados a la obra de E.P. Thompson. Pero también les pedimos que contaran aspectos de sus experiencias personales de la lectura de las obras de Thompson y de su uso en su investigación y labor docente. La convocatoria fue exitosa. Las ponencias recogieron algunas impresiones y recuerdos que nos permiten recrear las condiciones políticas en que se realizaron las primeras lecturas y la difusión de la obra de E. P. Thompson.
I
En América Latina, The Making of the English Working Class conquistó el interés de variados grupos de historiadores. Aunque primero se interesaron aquellos historiadores que realizaban / cultivaban la historia del movimiento obrero, pronto el interés se extendió a las historias de la inmigración, de las mujeres, y por supuesto, a los nuevos estudios sobre el mundo del trabajo y de la cultura obrera. Aún áreas aparentemente alejadas de esta problemática como los estudios campesinos y los estudios andinos, se vieron afectados por los conceptos de “economía moral”, la “lucha de clases antes de las clases”, o la interacción entre tradiciones, costumbres y acción colectiva que E. P. Thompson introdujo o reactivó.
Aunque algunos textos de E. P. Thompson se conocieron en Argentina en su idioma original en los tardíos 1960s y 1970s, el mayor impacto de su obra se dio recién en la década de 1980 a través de traducciones al español. En efecto, como han señalado varios pensadores y activistas del período, la lectura de The Making durante la Dictadura Militar (1976-1983) se vio restringida a un limitado número de grupos de estudio e institutos de investigación social e histórica. Por supuesto, la temprana recepción argentina de Antonio Gramsci (más de una década antes) había ya generado interés y discusión dentro del marxismo local acerca de conceptos como bloque histórico, clases subalternas, hegemonía y política cultural, preparando el terreno para una lectura más atenta de la obra de E. P. Thompson.
Si hoy observamos el crecimiento de programas de investigación en Historia Social y del Trabajo en Argentina y las numerosas publicaciones de calidad que contienen conceptos y problemáticas tratados por E. P. Thompson, debemos concluir que la importancia de su obra fue extendida y duradera.
En su momento, no hubo quien no haya leído La formación de la clase obrera en Inglaterra y no haya quedado atraído por su narrativa, su aparato conceptual y sus novedosas fuentes. Cada quien a su manera procuró adaptar esta perspectiva —que con el tiempo tomaría el nombre de historia desde abajo— a una variedad de problemáticas históricas de Argentina, sobre todo en el terreno de la historia social y cultural del así llamado “mundo del trabajo”. Es así que E. P. Thompson se metió por las rendijas de diversos proyectos de investigación de historia social, cultural y política en Argentina, desde la historia del peronismo hasta los estudios de género; desde la historia de la posindependencia al estudio del caudillismo, del bandidaje rural a las elecciones; desde el análisis de la acción política de los inmigrantes a los nuevos enfoques sobre el anarquismo, el socialismo y el sindicalismo revolucionario.
El numeroso listado de obras y temas permite al menos intuir que un conjunto de historiadores trató de renovar la historia social y cultural argentina interrogando con perspectivas thompsonianas el mundo de la plebe pos-independiente, los peones y campesinos, las mujeres, los inmigrantes, las obreras y obreros de fábrica y los delincuentes, así como formas organizativas y tipos de acciones colectivas, la prensa obrera, la propaganda anarquista, o las bibliotecas populares. El común denominador de estas obras y de los proyectos de investigación que las impulsaron fue el interés por indagar en el mundo de los grupos carenciados y subalternos del pasado para mejor entender el presente.
II
Los ensayos de este dossier cubren varias problemáticas asociadas con las lecturas de E. P. Thompson y su libro La formación de la clase obrera en Inglaterra. Como lo sugieren varios de los textos compilados —sobre todo las contribuciones de Hilda Sábato y Mirta Lobato—, las obras de Thompson fueron una “bocanada de aire fresco” que abrió nuevas formas de pensar las relaciones entre tradiciones y formación de clases, acción colectiva y conciencia, ideología y política. Por encima de todo, el concepto de experiencia servía como amalgama de costumbres y tradiciones, prácticas culturales, dinámicas de acción colectiva y formación de nuevos sujetos. Estas novedades conceptuales estimularon fuertemente la búsqueda de nuevas fuentes y nuevas perspectivas que renovaron nuestra historia social en materia de historia de los trabajadores y de las diversas formas de protesta social.
El dossier abre con una comunicación de Hilda Sábato que enfatiza la disrupción que causó la obra de E. P. Thompson en un grupo de intelectuales que hacia los años 1970s buscaban nuevas respuestas. Conformado por historiadores con formación marxista, el grupo reunido en el PEHESA sentía incomodidad con el determinismo histórico y el modelo de modos de producción que predicaba el marxismo tradicional. Thompson, dice Sábato, desafió conceptos casi-sagrados, planteó nuevos interrogantes al pasado y sugirió métodos y fuentes. El concepto de experiencia social enraizada en costumbres y tradiciones era motivante y llamaba a explorar una serie de cuestiones que no habían sido abordadas, acerca de la plebe, los marginales o las clases trabajadoras argentinas. Finalmente, Sábato nos muestra cómo Thompson fue una bisagra en su propia obra. Pasó de estudiar inmigrantes y trabajadores con una mirada social a interrogarse cómo esos mismos sujetos hacían política a su modo. Como sabemos, la autora en su premiado libro La política en las calles focaliza en demostraciones callejeras, el uso de la prensa, los clubes políticos y los mítines como canales de acción política para los trabajadores inmigrantes y criollos que objetaron varios de los componentes de la política de élite.
La contribución de Horacio Tarcus pone el foco en las diversas vías de recepción de Thompson en el mundo hispanoparlante. Señala que la imposibilidad de traducir y editar sus obras en Argentina durante los años de dictadura militar facilitó la labor editorial de una nueva generación de historiadores sociales españoles, que tomaron la delantera desde fines de la década de 1970. Las ediciones de editorial Crítica y las revistas Zona Abierta e Historia Social comenzaron a importarse en Argentina desde mediados de la década de 1980, demorando una década la recepción argentina de Thompson. Señala además que ese desfasaje temporal tuvo consecuencias decisivas en el modo en que los historiadores argentinos se apropiaron de su obra.
Dora Barrancos revisa la presencia femenina en la obra de Thompson para sugerir que, de hecho, hay allí menciones a mujeres trabajadoras, agitadoras milenaristas y a mujeres relacionadas a líderes radicales y que el autor no minimizó su participación en las protestas sociales. Hace notar, por ejemplo, que para Thompson las mujeres tuvieron un lugar central en las “revueltas del pan” y en otras protestas colectivas. Además, examina las relaciones afectivas, sociales y políticas de un número reducido de mujeres feministas o de izquierda que tuvieron relación cercana con nuestro autor. En relación a este tema, subraya el compañerismo, respecto y trato igualitario que Thompson tuvo con estas mujeres (su esposa Dorothy, la historiadora Natalie Zemon Davies, la historiadora feminista Sheila Rowbotham, y la militante comunista Donna Torr). En los años 1960s, dice Barrancos, no muchas mujeres apoyaban la visión más radical del feminismo. Algunas directamente lo rechazaban: su esposa Dorothy, en particular, creía que el “feminismo de segunda ola” reflejaba una visión de clase media, mientras que ella y Edward defendían las sensibilidades y horizonte de lucha de las mujeres trabajadoras.
En su ensayo, Gabriel Di Meglio rememora los comienzos de la década de 1
Acerca de E. P. Thompson: un testimonio desde los márgenes
This intervention seeks to illustrate, in a testimonial way, the advent of E. P. Thompson to Argentina in the context of the night of the dictatorship and his impact in a group of Argentine historians that formed the Study program of economic and social American history (PEHESA). Above all, Thompson brought new forms of viewing and interrogating the past, focusing on social subjects and both the individual and collective action. In this sense, the parameters proposed by E. P. Thompson, especially the understanding of the relationships between those above and those below as a mechanism of both resistance and control, also impacted on the study of the political life of the past in Argentina. Thereby, Thompson’s work inspired our investigations.Esta intervención busca ilustrar, de manera testimonial, el advenimiento de E. P. Thompson a la Argentina en el contexto de la noche de la dictadura y su impacto en un grupo de historiadores argentinos que conformamos el Programa de estudios de historia económica y social americana (PEHESA). Sobre todo, Thompson trajo nuevas formas de mirar e interrogar el pasado, haciendo foco en los sujetos sociales y en la acción individual y colectiva. En este sentido, los parámetros propuestos por Thompson, especialmente el entendimiento de las relaciones entre los de arriba y los de abajo como un mecanismo tanto de resistencia como de control, también impactaron sobre el estudio de la vida política del pasado en Argentina. Así, la obra de Thompson inspiró nuestras investigaciones