Políticas de la Memoria
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A propósito de Ricardo Melgar, Revistas de vanguardia e izquierda militante. América Latina 1924-1934, Buenos Aires, Tren en Movimiento / CeDInCI, 2023, 308 p.
El último libro del apreciado historiador y antropólogo peruano Ricardo Melgar Bao (Lima, 21/2/1946 – Cuernavaca, 10/08/2020), publicado de forma póstuma, es un caleidoscópico análisis de cinco revistas “de vanguardia” que parecen cobrar vida ante su mirada. Producidas desde América Latina: La Antorcha (Quito), Amauta (Lima), Atuei (Cuba) e Indoamérica (México), y desde el exilio latinoamericano en España: Bolívar y Octubre, son revistas que dan cuenta de una generación trasnacional emparentada con la Revolución Rusa y la Reforma Universitaria de Córdoba, una generación en la que se formaron los comunismos latinoamericanos y se configuraron diversas reacciones de carácter antiimperialista entre las que estuvo incluida la Alianza Popular Revolucionaria Americana. Melgar Bao promete atender aspectos ideológicos y culturales de estas revistas producidas entre 1924 y 1934, pero lo cierto es que logra desplegar una narración con un mayor abanico de variables. Él teje una amplia “malla” de redes intelectuales y políticas, y se detiene en muchas de las trayectorias de los colectivos editores.
El autor informa sobre la singularidad de cada revista y esculpe a partir de ellas problemáticas de una mayor dimensión. Pero más allá de los estudios de caso puestos en dimensión, muestra la potencialidad del objeto revista como recurso para estudiar el Siglo XX en general y las dinámicas transnacionales de una generación en particular. El libro defiende las revistas como configuradoras de la esfera pública, como corredores transnacionales de ideas, como formas vanguardistas y como huellas de procesos específicos de nuestras modernidades periféricas. Las muestra como “productos urbanos” “diseminados en varios países” y configuradores de un espacio público de “especial textura” transfronteriza (p. 193). Además, analiza el triángulo revistas, intelectuales y ciudades, estas últimas como “objeto de deseo” de los intelectuales.
El “juvenilismo” que se expresa a través de Antorcha (1924-1925), le permite a Melgar Bao discutir lo que Hobsbawm nombró como “historiografía sectaria” por sostener que “el auténtico socialismo es marxista o marxista-leninista” (p. 33). Antorcha, en otro sentido, es entendida como ejemplo de una trayectoria distinta: situada en los orígenes del socialismo en Ecuador (el Partido Socialista Ecuatoriano recién emergerá en 1926), esta revista deja ver cómo estos pioneros debatían en torno al Estado real e ideal (socialista), las vías revolucionarias o reformistas, las relaciones de Lenin con la URRSS, las demandas sociales del proletariado, del campesinado y de los indígenas, así como las autorepresentaciones de la nueva generación que fue la pequeña burguesía urbana universitaria. Pero es solo al final de su trayecto que se perfila un sutil acercamiento al marxismo que no llega a concretarse por lo cual no puede inscribirse como tal.
Con la gran revista Amauta (1926-1930) estudiada por Melgar Bao en sus orígenes, se distinguen los proyectos de Mariategui y Haya de la Torre, se problematiza su accionar como líderes intelectuales y sus vínculos con la Internacional Comunista. Para Mariategui, este “primer gran emprendimiento de una política cultural de izquierda en la historia peruana y continental” (p. 71) que fue Amauta era una pieza de un engranaje cultural ambicioso que también incluía la editorial Minerva, la revista Libros, la Sociedad Editora Obrera Claridad, el Rincón Rojo (tertulias vespertina), entre otros. La intensa actividad polémica de Mariategui favoreció que para 1927 la revista hubiera “conquistado hegemonía y el mayor radio de acción en el circuito de las contadas revistas culturales nacionales” (p.119) y tuviera un lugar en el circuito de revistas latinoamericanas (no tanto en el europeo). En distinción con El Libro o el Pueblo (de Heliodoro Valle en Honduras) que se satisfacían con promover la cultura clásica universal y con otros proyectos que cerraban sus lecturas al espectro socialista, en Amauta confluían “las corrientes del pensamiento que horadaban las bases, lecturas y contenidos propios de la cultura oligárquica” (p. 87).
En contraste, para Haya de la Torre Amauta era el órgano de un movimiento con mayor especificidad política, el APRA. Movimiento que Melgar Bao ve de forma más multidireccional que el estricto visor peruano, siendo la revista cubana Atuei (1927) la que le permite percibir que “la gravitación política del aprismo en el Caribe antecedió a su conformación orgánica en el Perú” (p. 161). Pionero en el estudio de una revista que sólo vivió seis meses, Melgar Bao incluye a Indoamérica como parte del corpus de las revistas apristas sin inhibirse de estudiarla por su condición efímera. Ahonda en ella para ver trazos de la temprana modernidad mexicana y de las formas en las que esta condiciona la cultura letrada: la red eléctrica automática inaugurada en 1928 “hizo más amable la lectura y la escritura nocturnas a las que estaban acostumbrados los intelectuales, entre ellos los apristas” (p. 196). Breve pero intensa, esta revista pendula entre el campo artístico-literario y el político. Por un lado se resalta la fuerte carga iconográfica por la que la revista confronta la cultura moderna europea y es cercana al muralismo de Diego Rivera; de otro lado, la revista fue “caja de resonancia” de la coyuntura que interpela al general Álvaro Obregón, condenado por la revista a favor de Plutarco Elías Calles, a quien Haya de la Torre terminará acercándose.
Incómodo con la noción de “revistas culturales” por considerarla demasiado amplia como para ser explicativa, Melgar Bao toma partido por la noción de “revistas de vanguardia”. No oculta que esta noción se disputaba entre los propios protagonistas, por ejemplo los promotores de la revista Bolívar y, en especial, Pablo Abril Vivero (1894-1987), su editor, disentían de Mariátegui respecto de la noción de vanguardia a la que consideraba caduca y preferían marcar una identidad revolucionaria a su revista. Pero Melgar Bao explica de qué forma “Las nuevas generaciones de intelectuales y políticos de izquierda ensancharon el horizonte de sentido del término vanguardia más allá de sus referentes literarios y estéticos y del voluntarismo juvenilista a favor del cambio social, reordenamiento de la sociedad y del mundo” (p. 306).
¿Cómo filiar una revista? ¿Qué familias de revistas existen? ¿Cómo podemos insertar aquellas que estudiamos en un mapa común latinoamericano? Melgar Bao ensaya en su libro formas de filiación que van de la vanguardia a la red aprista latinoamericana, pasando por las redes del exilio latinoamericano, según vínculos agenciados por figuras intelectuales cuyas trayectorias ve necesario reconstruir. Encuentros, proveniencias, ubicaciones individuales de quienes hacen parte de colectivos editores, ayudan a comprender las tensiones al interior de un proyecto revisteril o el posicionamiento de una revista en su universo editorial. Por ejemplo, el paso de Haya de la Torre por la isla de Cuba en 1923 y su acercamiento a Julio Antonio Mella, así como las dinámicas del peruano Esteban Pavletich durante su exilio en México y Cuba, son momentos biográficos que aportan pistas para comprender “la concepción más sectorial que unitaria del caribe y la incidencia de esta visión en la formulación de la ideología del APRA acerca de las burguesías nativas, sus gobiernos y el imperialismo norteamericano”.
Más allá de los aportes que Melgar Bao hace con cada uno de los casos revisteriles estudiados que pone en el contexto de problemáticas más estructurales asociadas a la vanguardias latinoamericanas de los años veinte, a las experiencias modernizantes de las ciudades latinoamericanas o al movimiento aprista, el libro aporta porque explicita la forma misma de trabajar. Como un relojero que deja al descubierto la maquinaria de su reloj, Melgar Bao explicita una grilla de preguntas problemas con la cual mira los países latinoamericanos. Es a través de su estrategia expositiva que va dando cuenta de la aparición del objeto, avanza en esculpir una piedra que ya contenía indicios, aunque solo con el pulido investigativo aparecen sus formas: “La promesa juvenilista de conducción de un cambio social en el Ecuador se fue coloreando como socialista, aunque eran conscientes de que tenían que bregar contra ciertos prejuicios antisocialistas reinantes en los medios obreros” (p. 52).
Haciendo gala de la apuesta biográfica que caracterizó el enfoque investigativo de Melgar Bao, en este libro también están presentes las trayectorias biográficas de quienes promovieron las revistas. Seguir las pistas de Carlos Roe o César Falcón es un caso para reconstruir los antecedentes precisos de su revista. Pero en el libro no solo se atienden figuras protagónicas (Mariategui o Haya de la Torre) sino personajes menos conocidos de los que se nos presentan minibiografías. En línea con esa sensibilidad biográfica, es claro que Malgar Bao opera con una visión de la política como “experiencia” aunada a procesos culturales y habla de “politicidad sensible” para exceder el ámbito del poder. Una noción como estas le permite captar de forma no esquemática procesos complejos como la coexistencia de las alas reformistas y cominternistas entre los promotores de Antorcha y su vínculo con la Logia Militar que dio lugar a la Revolución Juliana, desde al menos un mes antes del golpe. Tanto así que se habla de dos afluentes que hacen al “juvenilismo” ecuatoriano: los oficiales de reciente graduación y los estudiantes universitarios, ambos en oposición a la plutocracia asentada en Guayaquil y ambos del lado de la clase obrera huelguista.
Este estudio también acepta el desafío de sumar a la variable de clase y etnia, la variable de género. Melgar Bao no se contenta con decir que fueron pocas las mujeres y hacer esfuerzos por visibilizarlas, sino que avanza en mostrar la constante masculinización de la política por parte de opresores y compañeros de militancia, pues se les otorga solo a los varones la “normalidad” en el ejercicio político. Ellas, en cambio, se consideraban “locas” por parte de los represores o débiles ante la confrontación que implica la política misma, dicen sus propios colegas.
El prólogo de Liliana Weinberg muestra el libro como un ejercicio militante del propio investigador hasta sus últimos minutos vitales. De un lado, es un libro articulado, con ejes que lo atraviesan, maduro en la comprensión de una época y una generación, la de los años veinte latinoamericanos, un libro con “palabras de cierre” en las que constantemente se recogen los sentidos principales y el autor expone su voz de forma concluyente. Junto con todo esto es un libro inacabado, o mejor dicho, abierto. El propio Melgar exhibe sus “faltantes”, sus “cabos sueltos”, sus análisis que son apenas insinuaciones. Tal vez ahí está la maestría de este investigador maduro: exhibir los trazos de su propio mapa y proponer caminos para que otros y otras recojan la posta y sigan avanzando.
Sandra Jaramillo Restrepo
CeDInCIEl último libro del apreciado historiador y antropólogo peruano Ricardo Melgar Bao (Lima, 21/2/1946 – Cuernavaca, 10/08/2020), publicado de forma póstuma, es un caleidoscópico análisis de cinco revistas “de vanguardia” que parecen cobrar vida ante su mirada. Producidas desde América Latina: La Antorcha (Quito), Amauta (Lima), Atuei (Cuba) e Indoamérica (México), y desde el exilio latinoamericano en España: Bolívar y Octubre, son revistas que dan cuenta de una generación trasnacional emparentada con la Revolución Rusa y la Reforma Universitaria de Córdoba, una generación en la que se formaron los comunismos latinoamericanos y se configuraron diversas reacciones de carácter antiimperialista entre las que estuvo incluida la Alianza Popular Revolucionaria Americana. Melgar Bao promete atender aspectos ideológicos y culturales de estas revistas producidas entre 1924 y 1934, pero lo cierto es que logra desplegar una narración con un mayor abanico de variables. Él teje una amplia “malla” de redes intelectuales y políticas, y se detiene en muchas de las trayectorias de los colectivos editores.
El autor informa sobre la singularidad de cada revista y esculpe a partir de ellas problemáticas de una mayor dimensión. Pero más allá de los estudios de caso puestos en dimensión, muestra la potencialidad del objeto revista como recurso para estudiar el Siglo XX en general y las dinámicas transnacionales de una generación en particular. El libro defiende las revistas como configuradoras de la esfera pública, como corredores transnacionales de ideas, como formas vanguardistas y como huellas de procesos específicos de nuestras modernidades periféricas. Las muestra como “productos urbanos” “diseminados en varios países” y configuradores de un espacio público de “especial textura” transfronteriza (p. 193). Además, analiza el triángulo revistas, intelectuales y ciudades, estas últimas como “objeto de deseo” de los intelectuales.
El “juvenilismo” que se expresa a través de Antorcha (1924-1925), le permite a Melgar Bao discutir lo que Hobsbawm nombró como “historiografía sectaria” por sostener que “el auténtico socialismo es marxista o marxista-leninista” (p. 33). Antorcha, en otro sentido, es entendida como ejemplo de una trayectoria distinta: situada en los orígenes del socialismo en Ecuador (el Partido Socialista Ecuatoriano recién emergerá en 1926), esta revista deja ver cómo estos pioneros debatían en torno al Estado real e ideal (socialista), las vías revolucionarias o reformistas, las relaciones de Lenin con la URRSS, las demandas sociales del proletariado, del campesinado y de los indígenas, así como las autorepresentaciones de la nueva generación que fue la pequeña burguesía urbana universitaria. Pero es solo al final de su trayecto que se perfila un sutil acercamiento al marxismo que no llega a concretarse por lo cual no puede inscribirse como tal.
Con la gran revista Amauta (1926-1930) estudiada por Melgar Bao en sus orígenes, se distinguen los proyectos de Mariategui y Haya de la Torre, se problematiza su accionar como líderes intelectuales y sus vínculos con la Internacional Comunista. Para Mariategui, este “primer gran emprendimiento de una política cultural de izquierda en la historia peruana y continental” (p. 71) que fue Amauta era una pieza de un engranaje cultural ambicioso que también incluía la editorial Minerva, la revista Libros, la Sociedad Editora Obrera Claridad, el Rincón Rojo (tertulias vespertina), entre otros. La intensa actividad polémica de Mariategui favoreció que para 1927 la revista hubiera “conquistado hegemonía y el mayor radio de acción en el circuito de las contadas revistas culturales nacionales” (p.119) y tuviera un lugar en el circuito de revistas latinoamericanas (no tanto en el europeo). En distinción con El Libro o el Pueblo (de Heliodoro Valle en Honduras) que se satisfacían con promover la cultura clásica universal y con otros proyectos que cerraban sus lecturas al espectro socialista, en Amauta confluían “las corrientes del pensamiento que horadaban las bases, lecturas y contenidos propios de la cultura oligárquica” (p. 87).
En contraste, para Haya de la Torre Amauta era el órgano de un movimiento con mayor especificidad política, el APRA. Movimiento que Melgar Bao ve de forma más multidireccional que el estricto visor peruano, siendo la revista cubana Atuei (1927) la que le permite percibir que “la gravitación política del aprismo en el Caribe antecedió a su conformación orgánica en el Perú” (p. 161). Pionero en el estudio de una revista que sólo vivió seis meses, Melgar Bao incluye a Indoamérica como parte del corpus de las revistas apristas sin inhibirse de estudiarla por su condición efímera. Ahonda en ella para ver trazos de la temprana modernidad mexicana y de las formas en las que esta condiciona la cultura letrada: la red eléctrica automática inaugurada en 1928 “hizo más amable la lectura y la escritura nocturnas a las que estaban acostumbrados los intelectuales, entre ellos los apristas” (p. 196). Breve pero intensa, esta revista pendula entre el campo artístico-literario y el político. Por un lado se resalta la fuerte carga iconográfica por la que la revista confronta la cultura moderna europea y es cercana al muralismo de Diego Rivera; de otro lado, la revista fue “caja de resonancia” de la coyuntura que interpela al general Álvaro Obregón, condenado por la revista a favor de Plutarco Elías Calles, a quien Haya de la Torre terminará acercándose.
Incómodo con la noción de “revistas culturales” por considerarla demasiado amplia como para ser explicativa, Melgar Bao toma partido por la noción de “revistas de vanguardia”. No oculta que esta noción se disputaba entre los propios protagonistas, por ejemplo los promotores de la revista Bolívar y, en especial, Pablo Abril Vivero (1894-1987), su editor, disentían de Mariátegui respecto de la noción de vanguardia a la que consideraba caduca y preferían marcar una identidad revolucionaria a su revista. Pero Melgar Bao explica de qué forma “Las nuevas generaciones de intelectuales y políticos de izquierda ensancharon el horizonte de sentido del término vanguardia más allá de sus referentes literarios y estéticos y del voluntarismo juvenilista a favor del cambio social, reordenamiento de la sociedad y del mundo” (p. 306).
¿Cómo filiar una revista? ¿Qué familias de revistas existen? ¿Cómo podemos insertar aquellas que estudiamos en un mapa común latinoamericano? Melgar Bao ensaya en su libro formas de filiación que van de la vanguardia a la red aprista latinoamericana, pasando por las redes del exilio latinoamericano, según vínculos agenciados por figuras intelectuales cuyas trayectorias ve necesario reconstruir. Encuentros, proveniencias, ubicaciones individuales de quienes hacen parte de colectivos editores, ayudan a comprender las tensiones al interior de un proyecto revisteril o el posicionamiento de una revista en su universo editorial. Por ejemplo, el paso de Haya de la Torre por la isla de Cuba en 1923 y su acercamiento a Julio Antonio Mella, así como las dinámicas del peruano Esteban Pavletich durante su exilio en México y Cuba, son momentos biográficos que aportan pistas para comprender “la concepción más sectorial que unitaria del caribe y la incidencia de esta visión en la formulación de la ideología del APRA acerca de las burguesías nativas, sus gobiernos y el imperialismo norteamericano”.
Más allá de los aportes que Melgar Bao hace con cada uno de los casos revisteriles estudiados que pone en el contexto de problemáticas más estructurales asociadas a la vanguardias latinoamericanas de los años veinte, a las experiencias modernizantes de las ciudades latinoamericanas o al movimiento aprista, el libro aporta porque explicita la forma misma de trabajar. Como un relojero que deja al descubierto la maquinaria de su reloj, Melgar Bao explicita una grilla de preguntas problemas con la cual mira los países latinoamericanos. Es a través de su estrategia expositiva que va dando cuenta de la aparición del objeto, avanza en esculpir una piedra que ya contenía indicios, aunque solo con el pulido investigativo aparecen sus formas: “La promesa juvenilista de conducción de un cambio social en el Ecuador se fue coloreando como socialista, aunque eran conscientes de que tenían que bregar contra ciertos prejuicios antisocialistas reinantes en los medios obreros” (p. 52).
Haciendo gala de la apuesta biográfica que caracterizó el enfoque investigativo de Melgar Bao, en este libro también están presentes las trayectorias biográficas de quienes promovieron las revistas. Seguir las pistas de Carlos Roe o César Falcón es un caso para reconstruir los antecedentes precisos de su revista. Pero en el libro no solo se atienden figuras protagónicas (Mariategui o Haya de la Torre) sino personajes menos conocidos de los que se nos presentan minibiografías. En línea con esa sensibilidad biográfica, es claro que Malgar Bao opera con una visión de la política como “experiencia” aunada a procesos culturales y habla de “politicidad sensible” para exceder el ámbito del poder. Una noción como estas le permite captar de forma no esquemática procesos complejos como la coexistencia de las alas reformistas y cominternistas entre los promotores de Antorcha y su vínculo con la Logia Militar que dio lugar a la Revolución Juliana, desde al menos un mes antes del golpe. Tanto así que se habla de dos afluentes que hacen al “juvenilismo” ecuatoriano: los oficiales de reciente graduación y los estudiantes universitarios, ambos en oposición a la plutocracia asentada en Guayaquil y ambos del lado de la clase obrera huelguista.
Este estudio también acepta el desafío de sumar a la variable de clase y etnia, la variable de género. Melgar Bao no se contenta con decir que fueron pocas las mujeres y hacer esfuerzos por visibilizarlas, sino que avanza en mostrar la constante masculinización de la política por parte de opresores y compañeros de militancia, pues se les otorga solo a los varones la “normalidad” en el ejercicio político. Ellas, en cambio, se consideraban “locas” por parte de los represores o débiles ante la confrontación que implica la política misma, dicen sus propios colegas.
El prólogo de Liliana Weinberg muestra el libro como un ejercicio militante del propio investigador hasta sus últimos minutos vitales. De un lado, es un libro articulado, con ejes que lo atraviesan, maduro en la comprensión de una época y una generación, la de los años veinte latinoamericanos, un libro con “palabras de cierre” en las que constantemente se recogen los sentidos principales y el autor expone su voz de forma concluyente. Junto con todo esto es un libro inacabado, o mejor dicho, abierto. El propio Melgar exhibe sus “faltantes”, sus “cabos sueltos”, sus a
A propósito de Sandra Jaramillo Restrepo, Hombres de ideas: entre la revolución y la democracia. Los itinerarios cruzados de Estanislao Zuleta y Mario Arrubla, la generación de los años sesenta y la nueva izquierda intelectual en Colombia, Bogotá, Ariel,
Este libro de la investigadora colombiana Sandra Jaramillo Restrepo, sobre las experiencias de dos intelectuales de su país, durante la Guerra Fría, tiene la virtud de moverse paralelamente en tres niveles, el transnacional, el nacional y el regional, lo cual es muy raro en ese tipo de estudios, ya que buena parte de la investigación está concentrada en la ciudad de Medellín, en los años 60. En cierta medida, se trata de un estudio emblemático de la nueva historia intelectual de la Guerra Fría, y específicamente de la Nueva Izquierda, que se viene practicando en las últimas décadas en América Latina.
El libro arranca con un marcado interés en las sociabilidades intelectuales de Medellín y Bogotá en los años posteriores al Bogotazo y la ejecución de Jorge Eliécer Gaitán en 1948. Se exploran los espacios de difusión e irradiación de los discursos del campo intelectual, en esas dos ciudades, a partir de la década del 50. A la vez, el estudio abre un flanco de historia de la cultura impresa por medio de una lectura detenida de publicaciones como el periódico Crisis, la revista Mito u otras como Estrategia, Ideología y Sociedad y Cuadernos Colombianos, que forman parte del entorno de los personajes estudiados.
El trabajo hemerográfico y de estudio de la cultura impresa deben mucho a lo que Horacio Tarcus ha entendido como la reconstrucción de un campo revisteril específico en un contexto determinado de la Guerra Fría latinoamericana. Al mismo tiempo, el estudio se adentra en los debates teórico-prácticos de las izquierdas latinoamericanas, que se entrecruzaban con relecturas de las tradiciones marxistas y sus recepciones y reproducciones en América Latina.
También habría que destacar la dimensión prosopográfica o de reconstrucción de biografías políticas dentro del campo intelectual colombiano, que se lee en Hombres de ideas. Esta última es una zona muy bien cuidada, tanto para las dos figuras centrales —el dueto o dupla que conformaron Mario Arrubla y Estanislao Zuleta—, como para otras figuras de la intelectualidad colombiana de aquellos años.
El título, centrado en ellos dos, no hace justicia a la reconstrucción del campo intelectual colombiano que alcanza el libro, tanto en Medellín como en Bogotá durante aquellas décadas. El ejercicio de biografía política recorre otros personajes fascinantes como Gonzalo Arango, escritor que murió muy joven, y que fundó el Movimiento Nadaísta, o el propio Jorge Gaitán Durán, director y fundador de la revista Mito, que también murió muy joven. Otros perfiles trazados en el libro serían los de María del Rosario Ortiz o Ramiro Montoya, hasta llegar a aquellos pensadores de la izquierda colombiana que trataron de hacer un ajuste de cuentas con la generación de Estrategia, como Salomón Kalmanovitz o Álvaro Delgado.
En lo que atañe estrictamente a la arqueología de la sociabilidad intelectual resultan muy llamativas las exploraciones de instituciones como el Liceo de la Universidad de Antioquia, los círculos de literatura y poesía, como el llamado “Porfirio Barba Jacob”, en honor al poeta modernista colombiano. Medellín aparece en el estudio como la provincia letrada de un país latinoamericano, rearticulando uno de los grandes temas de la historia cultural de las revoluciones europeas, que consiste en dotar de visibilidad el interior de esos espacios de sociabilidad: los cafés, los clubes, las ligas.
La producción de una discursividad que acompaña la transformación política en esos espacios se contextualiza a través de la intensidad política de la propia Guerra Fría colombiana. Jaramillo Restrepo trasladó un enfoque similar a Bogotá, aunque podría apuntarse que el ejercicio no es del todo equivalente y que la capital colombiana queda un poco más desdibujada en el libro con respecto al Medellín de los años 50, que está muy bien reconstruido como microcosmos cultural y político.
Aquella sociabilidad cultural de Medellín, en los años 50, encaja muy bien con la recepción de un flanco del pensamiento europeo de la época de la posguerra, como lo fue el existencialismo francés. Es muy notable lo temprano que Zuleta entró en contacto con la revista Les Temps Modernes, las obras de Sartre y Camus y se familiarizó con las polémicas entre ambos. En un momento se menciona que ese contacto tiene que ver con el viaje de Zuleta al Festival de las Juventudes Comunistas que se celebró en Bucarest, Rumanía, en 1953, que era el tercero de aquellos festivales y que, a su regreso a Colombia, había constatado cómo el grupo de Sartre en París ya era un referente local.
La aproximación de Sartre y el grupo de Les Temps Modernes al Partido Comunista en los 50 fue evidente, pero a principios de los años 60, comienza producirse un distanciamiento, como efecto de la emergencia de la Nueva Izquierda. En este sentido, sería de mucho interés una investigación más detallada sobre la presencia de América Latina en aquellos festivales mundiales de la Juventud, entre los años 40 y 70. Recordemos que a las reuniones preparativas de ese festival, que tuvieron lugar en Bucarest en mayo de 1953, asistió Raúl Castro, junto con una delegación de la Juventud Socialista y el Partido Socialista Popular cubano, un poco antes de regresar a La Habana e incorporarse al grupo que asaltó al Cuartel Moncada. Las delegaciones latinoamericanas a esos festivales, en Berlín, Bucarest, Praga o Moscú, eran constantes y numerosas.
El aspecto de la historia de la cultura impresa está muy bien cubierto a través de periódicos, revistas y publicaciones. Mito era, por lo visto, una revista intelectual de gran capacidad de convocatoria, referencial en América Latina, que publicó a Jorge Luis Borges, a Gabriela Mistral, a Octavio Paz, a Carlos Fuentes y por supuesto a los propios escritores colombianos como Gabriel García Márquez o Álvaro Mutis. Vendría siendo como un equivalente colombiano, en aquellos años, de grandes revistas latinoamericanas como Ciclón en La Habana o todavía Sur en Buenos Aires. Se tiene la impresión de que reproducía más o menos el circuito de colaboración de La Cultura en México u Orígenes en La Habana.
Sobre los debates teórico-prácticos y la historia del marxismo y las izquierdas latinoamericanas, se trata de un dueto o una dupla de colaboración intelectual, con antecedentes en la izquierda: Marx y Engels, por supuesto, pero también se podría pensar en Aricó y Portantiero, Adorno y Horkheimer o Deleuze y Guattari, como ese tipo de parejas de colaboradores en la teoría y en la práctica de las izquierdas. A través de Zuleta y Arrubla, el libro describe muy bien el tránsito de una recepción del humanismo existencialista francés, en los años 50, a una entrada en las diversas rutas de la Nueva Izquierda, o en los diversos referentes de lo que entendemos como el corpus teórico izquierdista de los años 60 y 70 en América Latina.
Se ve presente ahí a Louis Althusser, pero también un peso muy claro del psicoanálisis a través de la obra de Zuleta. Es decir, no sólo las lecturas típicas de Freud, en el período, digamos, existencialista, sino evidentemente de Lacan más adelante y por ahí asoma, también, la recepción del post estructuralismo francés y de lo que sería, ya finales de los años 60 y principios de los 70, el grupo Tel Quel.
En estudios sobre Europa, Estados Unidos y América Latina está muy bien reconstruido otro afluente de ese corpus teórico de la Nueva Izquierda, que es el del marxismo occidental en sus diversas ramificaciones. En efecto, en diversos países de la región, en los los años 60 y 70, hubo una relectura de Rosa Luxemburgo, Karl Korsch, Gyorgy Lukács y, en algunos países más que en otros, comienza la recepción de Antonio Gramsci, aunque tal vez más claramente en los 70 y 80.
Queda la pregunta sobre qué tanto llegó a avanzar, porque no se ve claramente en el libro, la conexión de Estrategia y otros grupos de los años 60 y 70, para los que la recepción de la Escuela de Fráncfort sí fue importante, como la cubana Pensamiento Crítico, por ejemplo. A fines de los años 60 y principios de los 70, se percibe un claro interés no sólo en Althusser y en el post estructuralismo francés, sino también en Marcuse, Adorno y Horkheimer. En Pensamiento Crítico también hubo un clarísimo interés en el grupo del marxismo social británico de la New Left Review, que se ve en el caso de Estrategia. El lector se queda con ganas de conocer un poco más sobre las razones de por qué está tan prioritariamente centrado en Francia, primero en el existencialismo y luego en el estructuralismo, el campo referencial de estos intelectuales colombianos.
El delineamiento de los perfiles biográficos y el trabajo prosopográfico, como decíamos, es de los aspectos más logrados del libro. Es una línea de investigación que esclarece muy bien las permanentes tensiones entre estos grupos intelectuales y las grandes organizaciones que hegemonizan el campo de la izquierda en los países latinoamericanos. Entre esas organizaciones estaría el Partido Comunista y resulta revelador que estos fueran intelectuales que vienen de afuera del Partido Comunista, de los movimientos estudiantiles y obreros de Medellín, pero que en algún momento se aproximan e, incluso, llegan a militar dentro del Partido Comunista, justo en el período de transición entre la muerte de Stalin, el 20 Congreso del PCUS y la invasión soviética a Hungría en 1956.
Cuando sobreviene el período del deshielo y, luego, el del “estancamiento soviético”, la Revolución Cubana está rebasando a muchos partidos comunistas latinoamericanos y, a la vez, alentando la creación de guerrillas marxistas. Para principios de los años 60, cuando se funda la revista Estrategia, esos intelectuales operan por fuera del Partido Comunista. En algún momento se menciona un breve paso por experimentos guerrilleros, como el de Sumapaz , y luego un abandono de la lucha armada, que parece muy notable. Es algo bastante singular, dentro del campo de las izquierdas intelectuales latinoamericanas de los años 60 y 70, es decir, un posicionamiento tan claro en contra de la guerrilla y contra un tipo de lucha armada.
Como intelectuales revolucionarios e, incluso, leninistas, no descartaban del todo una vía insurreccional o no desalentaron de plano la violencia política, pero sí rechazaban la forma insurreccional y la lucha armada. Se trata de una observación muy bien argumentada y aprovechada en el libro, que, tal vez, podría derivar en una nueva intervención más profunda sobre qué otros pares latinoamericanos tendrían estos intelectuales colombianos en su temprana crítica a la guerrilla y a la lucha armada. Se trataba, además, de una crítica muy bien sustentada a partir de la argumentación histórica que utilizaban, tomando en cuenta el peso que había tenido la violencia en Colombia, del Bogotazo de 1948 en adelante, lo cual desaconsejaba la vía insurreccional.
Dentro del gran debate teórico y político que acompaña a estos autores, se otorga mucha relevancia a la polémica o a la recepción tensa, difícil, de Estudios sobre el subdesarrollo colombiano de Mario Arrubla, un libro en la línea del dependentismo teórico de la izquierda, no tanto de la corriente cepalina, concebido a principios de los años 60. Es decir, un libro contemporáneo de los primeros de Fernando Henrique Cardoso, Pablo González Casanova o André Gunder Frank.
Como en otros pensadores de la Teoría de la Dependencia se recurre a una matriz estructuralista para pensar los dilemas de los modos de producción en América Latina. O se adoptaba una postura dualista, según la cual la economía latinoamericana era por un lado feudal y por el otro capitalista, en la línea de Ernesto Laclau. O se pensaba más en sintonía con Gunder Frank, en el sentido de que desde la colonización y la conquista, América Latina está inserta en una economía capitalista mundial y no tiene sentido ser tan quisquilloso con la distinción sobre el modo de producción.
En el caso de Arrubla, por lo que apunta Jaramillo Restrepo, habría un cuestionamiento del nacionalismo, desde la perspectiva estructuralista, que podría resumirse en una frase lapidaria: “no existe una historia nacional”. Esto, a pesar de que estar utilizando la experiencia histórica de Colombia, en buena medida, para justificar sus posicionamientos y sus lecturas. Tanto en el libro de Arrubla como en la revista Estrategia, además de un cuestionamiento de la lucha armada o de los métodos insurreccionales, se llegó a plantear una crítica profunda a las ideologías nacionalistas. Una vez más, ese perfil tan peculiar podría dar a pie a una constatación más precisa de los acentos colombianos dentro de aquella brillante generación de la Teoría de la Dependencia y la Nueva Izquierda en la Guerra Fría latinoamericana.Este libro de la investigadora colombiana Sandra Jaramillo Restrepo, sobre las experiencias de dos intelectuales de su país, durante la Guerra Fría, tiene la virtud de moverse paralelamente en tres niveles, el transnacional, el nacional y el regional, lo cual es muy raro en ese tipo de estudios, ya que buena parte de la investigación está concentrada en la ciudad de Medellín, en los años 60. En cierta medida, se trata de un estudio emblemático de la nueva historia intelectual de la Guerra Fría, y específicamente de la Nueva Izquierda, que se viene practicando en las últimas décadas en América Latina.
El libro arranca con un marcado interés en las sociabilidades intelectuales de Medellín y Bogotá en los años posteriores al Bogotazo y la ejecución de Jorge Eliécer Gaitán en 1948. Se exploran los espacios de difusión e irradiación de los discursos del campo intelectual, en esas dos ciudades, a partir de la década del 50. A la vez, el estudio abre un flanco de historia de la cultura impresa por medio de una lectura detenida de publicaciones como el periódico Crisis, la revista Mito u otras como Estrategia, Ideología y Sociedad y Cuadernos Colombianos, que forman parte del entorno de los personajes estudiados.
El trabajo hemerográfico y de estudio de la cultura impresa deben mucho a lo que Horacio Tarcus ha entendido como la reconstrucción de un campo revisteril específico en un contexto determinado de la Guerra Fría latinoamericana. Al mismo tiempo, el estudio se adentra en los debates teórico-prácticos de las izquierdas latinoamericanas, que se entrecruzaban con relecturas de las tradiciones marxistas y sus recepciones y reproducciones en América Latina.
También habría que destacar la dimensión prosopográfica o de reconstrucción de biografías políticas dentro del campo intelectual colombiano, que se lee en Hombres de ideas. Esta última es una zona muy bien cuidada, tanto para las dos figuras centrales —el dueto o dupla que conformaron Mario Arrubla y Estanislao Zuleta—, como para otras figuras de la intelectualidad colombiana de aquellos años.
El título, centrado en ellos dos, no hace justicia a la reconstrucción del campo intelectual colombiano que alcanza el libro, tanto en Medellín como en Bogotá durante aquellas décadas. El ejercicio de biografía política recorre otros personajes fascinantes como Gonzalo Arango, escritor que murió muy joven, y que fundó el Movimiento Nadaísta, o el propio Jorge Gaitán Durán, director y fundador de la revista Mito, que también murió muy joven. Otros perfiles trazados en el libro serían los de María del Rosario Ortiz o Ramiro Montoya, hasta llegar a aquellos pensadores de la izquierda colombiana que trataron de hacer un ajuste de cuentas con la generación de Estrategia, como Salomón Kalmanovitz o Álvaro Delgado.
En lo que atañe estrictamente a la arqueología de la sociabilidad intelectual resultan muy llamativas las exploraciones de instituciones como el Liceo de la Universidad de Antioquia, los círculos de literatura y poesía, como el llamado “Porfirio Barba Jacob”, en honor al poeta modernista colombiano. Medellín aparece en el estudio como la provincia letrada de un país latinoamericano, rearticulando uno de los grandes temas de la historia cultural de las revoluciones europeas, que consiste en dotar de visibilidad el interior de esos espacios de sociabilidad: los cafés, los clubes, las ligas.
La producción de una discursividad que acompaña la transformación política en esos espacios se contextualiza a través de la intensidad política de la propia Guerra Fría colombiana. Jaramillo Restrepo trasladó un enfoque similar a Bogotá, aunque podría apuntarse que el ejercicio no es del todo equivalente y que la capital colombiana queda un poco más desdibujada en el libro con respecto al Medellín de los años 50, que está muy bien reconstruido como microcosmos cultural y político.
Aquella sociabilidad cultural de Medellín, en los años 50, encaja muy bien con la recepción de un flanco del pensamiento europeo de la época de la posguerra, como lo fue el existencialismo francés. Es muy notable lo temprano que Zuleta entró en contacto con la revista Les Temps Modernes, las obras de Sartre y Camus y se familiarizó con las polémicas entre ambos. En un momento se menciona que ese contacto tiene que ver con el viaje de Zuleta al Festival de las Juventudes Comunistas que se celebró en Bucarest, Rumanía, en 1953, que era el tercero de aquellos festivales y que, a su regreso a Colombia, había constatado cómo el grupo de Sartre en París ya era un referente local.
La aproximación de Sartre y el grupo de Les Temps Modernes al Partido Comunista en los 50 fue evidente, pero a principios de los años 60, comienza producirse un distanciamiento, como efecto de la emergencia de la Nueva Izquierda. En este sentido, sería de mucho interés una investigación más detallada sobre la presencia de América Latina en aquellos festivales mundiales de la Juventud, entre los años 40 y 70. Recordemos que a las reuniones preparativas de ese festival, que tuvieron lugar en Bucarest en mayo de 1953, asistió Raúl Castro, junto con una delegación de la Juventud Socialista y el Partido Socialista Popular cubano, un poco antes de regresar a La Habana e incorporarse al grupo que asaltó al Cuartel Moncada. Las delegaciones latinoamericanas a esos festivales, en Berlín, Bucarest, Praga o Moscú, eran constantes y numerosas.
El aspecto de la historia de la cultura impresa está muy bien cubierto a través de periódicos, revistas y publicaciones. Mito era, por lo visto, una revista intelectual de gran capacidad de convocatoria, referencial en América Latina, que publicó a Jorge Luis Borges, a Gabriela Mistral, a Octavio Paz, a Carlos Fuentes y por supuesto a los propios escritores colombianos como Gabriel García Márquez o Álvaro Mutis. Vendría siendo como un equivalente colombiano, en aquellos años, de grandes revistas latinoamericanas como Ciclón en La Habana o todavía Sur en Buenos Aires. Se tiene la impresión de que reproducía más o menos el circuito de colaboración de La Cultura en México u Orígenes en La Habana.
Sobre los debates teórico-prácticos y la historia del marxismo y las izquierdas latinoamericanas, se trata de un dueto o una dupla de colaboración intelectual, con antecedentes en la izquierda: Marx y Engels, por supuesto, pero también se podría pensar en Aricó y Portantiero, Adorno y Horkheimer o Deleuze y Guattari, como ese tipo de parejas de colaboradores en la teoría y en la práctica de las izquierdas. A través de Zuleta y Arrubla, el libro describe muy bien el tránsito de una recepción del humanismo existencialista francés, en los años 50, a una entrada en las diversas rutas de la Nueva Izquierda, o en los diversos referentes de lo que entendemos como el corpus teórico izquierdista de los años 60 y 70 en América Latina.
Se ve presente ahí a Louis Althusser, pero también un peso muy claro del psicoanálisis a través de la obra de Zuleta. Es decir, no sólo las lecturas típicas de Freud, en el período, digamos, existencialista, sino evidentemente de Lacan más adelante y por ahí asoma, también, la recepción del post estructuralismo francés y de lo que sería, ya finales de los años 60 y principios de los 70, el grupo Tel Quel.
En estudios sobre Europa, Estados Unidos y América Latina está muy bien reconstruido otro afluente de ese corpus teórico de la Nueva Izquierda, que es el del marxismo occidental en sus diversas ramificaciones. En efecto, en diversos países de la región, en los los años 60 y 70, hubo una relectura de Rosa Luxemburgo, Karl Korsch, Gyorgy Lukács y, en algunos países más que en otros, comienza la recepción de Antonio Gramsci, aunque tal vez más claramente en los 70 y 80.
Queda la pregunta sobre qué tanto llegó a avanzar, porque no se ve claramente en el libro, la conexión de Estrategia y otros grupos de los años 60 y 70, para los que la recepción de la Escuela de Fráncfort sí fue importante, como la cubana Pensamiento Crítico, por ejemplo. A fines de los años 60 y principios de los 70, se percibe un claro interés no sólo en Althusser y en el post estructuralismo francés, sino también en Marcuse, Adorno y Horkheimer. En Pensamiento Crítico también hubo un clarísimo interés en el grupo del marxismo social británico de la New Left Review, que se ve en el caso de Estrategia. El lector se queda con ganas de conocer un poco más sobre las razones de por qué está tan prioritariamente centrado en Francia, primero en el existencialismo y luego en el estructuralismo, el campo referencial de estos intelectuales colombianos.
El delineamiento de los perfiles biográficos y el trabajo prosopográfico, como decíamos, es de los aspectos más logrados del libro. Es una línea de investigación que esclarece muy bien las permanentes tensiones entre estos grupos intelectuales y las grandes organizaciones que hegemonizan el campo de la izquierda en los países latinoamericanos. Entre esas organizaciones estaría el Partido Comunista y resulta revelador que estos fueran intelectuales que vie
A propósito de Marcelo Ridenti, O segredo das senhoras americanas. Intelectuales, internacionalización y financiamiento de la Guerra Fría cultural, San Pablo, UNESP, 2023, 407 p.
La investigación sobre la Guerra Fría cultural no cesa de ampliar sus fronteras, como lo advertimos en O segredo das senhoras americanas. Intelectuales, internacionalización y financiamiento de la Guerra Fría cultural (UNESP, 2022), libro del reconocido sociólogo e historiador brasileño Marcelo Ridenti (UNICAMP) que a partir de la incorporación de documentos complejiza y renueva la cuestión. La inserción brasileña en el proceso global de la Guerra Fría cultural contó con el dossier “La guerra fría cultural en Brasil”, que preparó la especialista Karina Jannello para el número 23 de Políticas de la Memoria, correspondiente a 2023. Allí se publicaron las investigaciones de Elizabeth Canceli, Joao Maia y Marcelo Ridenti. Por su parte, Vanni Pettiná compiló el año pasado un panorama bibliográfico bajo el título La Guerra Fría latinoamericana y sus historiografías y la edición de El Colegio de México. En él se incluyó un capítulo sobre el caso brasileño a cargo de Rafael Loris y Felipe Loureiro.
Este objeto historiográfico de la Guerra Fría cultural retorna actualmente como problema político. Algo de esa “batalla por la conquista de las mentes humanas” desatada entre los Estados Unidos y la Unión Soviética en la segunda mitad del siglo XX, referida por Frances Stonor Saunders, se advierte en el vocabulario político de las nuevas derechas. Entre ellas, el bolsonarismo brasileño repone de modo caricaturesco el vocabulario de la Guerra Fría para dar su batalla cultural contra las izquierdas y particularmente para atacar el sistema educativo estatal brasileño.
En O Fantasma da revoluçao brasileira (UNESP, 2010) Ridenti había reconstruido el mapa de las izquierdas brasileñas en los años de chumbo y Em busca do povo brasileiro: artistas da revolução, do CPC à era da TV (UNESP, 2014) abordó las transformaciones de campo intelectual de su país hasta la transición democrática. Ahora en O segredo das senhoras americanas estudia en tres capítulos las asociaciones culturales insertas en el enfrentamiento global soviético estadounidense y propiciadoras de la circulación transnacional de las ideas y de los intelectuales, desde los escritores y artistas animadores de revistas culturales hasta los docentes y los estudiantes universitarios. La nueva investigación presenta la incidencia del enfrentamiento que requería la adhesión a instituciones como el Congreso por la Libertad de la Cultura (CLC) y el Consejo Mundial por la Paz y allí muestra que esa adhesión no implicaba una subordinación completa a los intereses del bloque liderado por los Estados Unidos o por los del bloque soviético. Ni simple inocencia ni puro oportunismo, explica el autor. Se trató más bien de una compleja y tensa reciprocidad en la que las y los letrados brasileños procuraron desarrollar, con mayor o menor autonomía relativa, sus obras e investigaciones a partir de patrocinadores internacionales que controlaban voluminosos recursos materiales e importantes mecanismos de legitimación política y cultural.
En el primer capítulo Ridenti analiza el rol del escritor bahiano Jorge Amado en la internacionalización cultural comunista. Apoyado en sus amigos europeos Aragón y Sartre, Amado y su esposa Zelia Gattai promovieron una red internacional integrada por letrados comunistas latinoamericanos exiliados en París, como el chileno Pablo Neruda y el cubano Nicolás Guillén. La mayoría de ellos se sumó al Consejo Mundial de la Paz, una asociación radicada en 1948 en Wroclaw (Polonia). En esos años Amado contaba con un reconocimiento propio en Les Lettres Françaises y Europe, prestigiosas revistas del comunismo francés que traducían y celebraban su obra que también fue traducida al ruso casi en su totalidad. Ello alentó la traducción a ese idioma de otro centenar de autores brasileños. Ridenti recupera el valor excepcional que el comunismo internacional otorgaba a la solidaridad entre letrados, cientistas sociales y artistas, a su defensa de la paz mundial ante el peligro de la guerra atómica y a su incorporación en la lucha anticolonialista de los pueblos afroasiáticos. Y ellos fueron decisivos también en la apuesta estética y política de Diego Rivera y Frida Kahlo en esta red intelectual que asimismo los expuso a los dilemas impuestos por su vínculo con la disidencia trotskista en los años treinta, negada en los cincuenta. Dilemas comunes con numerosos surrealistas devenidos comunistas.
En un periodo en que se desarrollaban de modo creciente las industrias culturales, aun en los países subdesarrollados, Amado condensó el ideal cultural comunista y buscó “colocar el contenido en una forma simple y pura, pero próxima y accesible a las grandes masas, ávidas de cultura”. De este modo, la pasión por la forma pura quedaba en manos de los intelectuales y el didactismo operaba como herramienta para llegar a las masas mientras se dejaba el rol de vanguardia exclusivamente en manos del Partido. Los partidos comunistas organizaron un sólido sistema internacional de revistas, editoriales, congresos y premios (entre ellos el Stalin de la Paz) que atrajo y cohesionó a los intelectuales en torno a la valoración positiva de la Unión Soviética y del campo socialista —campo al que en 1949 se sumó China. Pero esa valoración positiva resultó minada por el contacto de los escritores latinoamericanos con sus pares perseguidos y censurados en los países socialistas, por la represión a escritores y traductores de Neruda, como el chino Emi Siao, y por la intervención soviética en Hungría en 1956. Tres años después la Revolución cubana y luego la eclosión del “Tercer Mundo” renovaron la confianza en torno al comunismo. Ridenti señala esa confianza a partir de la revista cubana Casa de las Américas, y en la formación de un verdadero “star system alternativo” al de los Estados Unidos. Mediante estas iniciativas la herencia cultural comunista proyectó sus dilemas y rupturas también en Asia, África y América Latina hasta la caída del muro de Berlín en 1989. Por su parte, los textos autobiográficos del Jorge Amado ilustran las ambigüedades, dilemas y disputas al interior de las izquierdas y el tercermundismo brasileño. Un punto fuerte del capítulo es el contrapunto de esos textos con los Neruda así como los de Gattai y Kahlo.
El segundo capítulo es el más extenso del libro. A partir de numerosa documentación inédita Ridenti estudia los Cadernos Brasileiros, publicación periódica que funcionó como espacio de reunión y canal de expresión brasileñode la red internacional que inició en 1950 el CLC. Se detiene en la composición de su dirección y la trama de relaciones nacionales e internacionales que aseguraron el financiamiento y distribución de una revista que circuló financieramente a pérdida. Se incorpora así un análisis minucioso de uno de los ejes de la sólida red global de filiales y revistas del CLC, desde la francesa Preuves y la inglesa Encounter pasando por la latinoamericana Cuadernos de la Libertad y la Cultura, una red reconstruida también por Jannello. El repudio al modelo comunista soviético del CLC reunió a intelectuales conservadores y liberales como el escritor bahiano Afrânio Coutinho, a pedagogos católicos como Anisio Texeira con socialistas, anarquistas y trotskistas, como el crítico cultural Mario Pedrosa. Discutiendo con la tesis que presentó en 1997 Kristine Vanden Berghe (1997) Ridenti concluye de su análisis que ese eje que fueron los Cadernos Brasileiros no se restringió a mero reflejo de las directrices anticomunistas del CLC.
Ridenti explica cómo, a pesar del escándalo que en 1967 significó para el CLC a nivel latinoamericano la noticia del financiamiento secreto otorgado por la CIA, esta novedad no obstaculizó en Brasil la colaboración de intelectuales y artistas de izquierda con la revista (entre ellas Katia Valladares, quien trabajó como traductora en radio La Habana), que consideraban enrolada en la oposición moderada al régimen. Para Ridenti la apertura de la revista a la agenda modernizadora y al desarrollismo, la incorporación de artículos firmados por intelectuales de izquierda no comunista junto a las críticas a los militares en poder tenían a la base las expectativas políticas del equipo de Cadernos Brasileiros en una apertura relativamente democrática de la dictadura, expectativas que revelan los nexos de la revista con los vaivenes ideológicos de las clases medias altas ligadas al Estado brasileño, como afirmó Decio Saes (1984). Las relaciones de la revista con esas clases sociales y su “liberalismo autoritario” (Adalberto Cardoso, 2020) explicaría tanto los alineamientos políticos de la revista frente al gobierno como su cierre cuando se agotó el margen para aquellas expectativas.
El tercer capítulo ofrece el novedoso estudio de las “señoras” cuyo secreto da título al libro. Esposas de poderosos empresarios estadounidenses y brasileños, impulsaron bajo el impulso de la universitaria Mildred Sage a la American University Association (AUI), institución privada que entre 1962 y 1970 organizó una red promotora de intercambios estudiantiles entre Brasil y los Estados Unidos. Las mujeres mantuvieron estrechos vínculos con la embajada estadounidense, a cargo de Lincoln Gordon, con Henry Kissinger y con el Departamento de Estado. Sin embargo, el staff de la AUI también integró a intelectuales católicos como el mencionado Teixeira junto a liberales, desarrollistas e importantes marxistas como Paul Singer, Leónidas Xausa y Claudio Accurso. Estos últimos fueron expulsados en 1968 de la universidad por la dictadura militar. Ridenti muestra que, de modo similar a los Cadernos Brasileiros, la AUI buscaba atraer a los líderes estudiantiles más calificados sin excluir a los izquierdistas. El objetivo era doble: identificar a los potenciales integrantes de las elites brasileñas y competir con los viajes a La Habana y a los países socialistas organizados por los comunistas y otras tendencias de las izquierdas brasileñas.
El amplio poder de las mujeres puede medirse en moneda estadounidense: solo los gastos de la delegación de 1965 insumieron 1.500.000 dólares (a valores de 2021). Apunta Ridenti que las delegaciones de la AUI fueron saludadas por las páginas del Whashington Post y contaron en sus filas con simpatizantes del liberalismo estadounidense pero también con estudiantes que interpelaron a viva voz a Kennedy por el apoyo estadounidense a los militares brasileños. El libro ofrece fotografías para documentar esa interpelación así como la composición racial y de género de tres delegaciones sucesivas. Nuevamente, en este capítulo la autonomía relativa tanto de las inteligentes y sagaces mujeres como de los actores juveniles y los grupos intelectuales emerge en el estudio de las delegaciones que también incorporan a simpatizantes del movimiento negro afroamericano. El programa de la AUI terminó en 1970 cuando se descubrió que contaba con apoyo encubierto del acuerdo establecido entre el Ministerio de Educación y las actividades de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). Acuerdo inadmisible para el movimiento estudiantil y sus vanguardias izquierdistas. Vanguardias que ordenaban sus posicionamientos con la teoría de la dependencia, que se inscribieron en la Guerra Fría cultural y merecerían nuevos estudios en este marco analítico. Las becas y viajes pasaron a manos de la Fundación Ford, y un similar traspaso se registró en el CLC, luego de descubrirse sus nexos con la CIA.
El libro de Ridenti reconstruye las facetas de un proceso que abarca más de dos décadas, precisa y matiza las operaciones de los agentes en el campo intelectual brasileño insertándolos en una dinámica internacional que los enrolaba en los dos polos enfrentados en la escena mundial. El primer capítulo se torna sumamente relevante para los estudios de la Guerra Fría cultural porque permite comprender la red intelectual de los comunistas y sus compañeros de ruta. Esa red fue la enemiga de los Cadernos Brasileiros, analizados en el segundo capítulo, y de la AUI, sobre la que se concentra el tercero y último. Y la potencia de aquel oponente tal vez merecería mayor entidad en el desarrollo de estos dos capítulos. Insistamos en que Ridenti renueva los estudios de historia intelectual de la Guerra Fría y la amplitud de intervenciones desde la cultura de izquierdas apoyado en una perspectiva material de los flujos de ideas e intelectuales. Su investigación muestra que un sólido registro de los archivos es capaz de iluminar una red, una revista y un agrupamiento cultural en su contexto y determinar una autonomía que no impedía audaces maniobras. Centrado en la internacionalización intelectual, esa investigación señala una sólida trama de la izquierda cultural y el peso del Estado brasileño ante las pulsiones de la cultura liberal y su vínculo con los Estados Unidos, en este caso operado por las “Señoras”.La investigación sobre la Guerra Fría cultural no cesa de ampliar sus fronteras, como lo advertimos en O segredo das senhoras americanas. Intelectuales, internacionalización y financiamiento de la Guerra Fría cultural (UNESP, 2022), libro del reconocido sociólogo e historiador brasileño Marcelo Ridenti (UNICAMP) que a partir de la incorporación de documentos complejiza y renueva la cuestión. La inserción brasileña en el proceso global de la Guerra Fría cultural contó con el dossier “La guerra fría cultural en Brasil”, que preparó la especialista Karina Jannello para el número 23 de Políticas de la Memoria, correspondiente a 2023. Allí se publicaron las investigaciones de Elizabeth Canceli, Joao Maia y Marcelo Ridenti. Por su parte, Vanni Pettiná compiló el año pasado un panorama bibliográfico bajo el título La Guerra Fría latinoamericana y sus historiografías y la edición de El Colegio de México. En él se incluyó un capítulo sobre el caso brasileño a cargo de Rafael Loris y Felipe Loureiro.
Este objeto historiográfico de la Guerra Fría cultural retorna actualmente como problema político. Algo de esa “batalla por la conquista de las mentes humanas” desatada entre los Estados Unidos y la Unión Soviética en la segunda mitad del siglo XX, referida por Frances Stonor Saunders, se advierte en el vocabulario político de las nuevas derechas. Entre ellas, el bolsonarismo brasileño repone de modo caricaturesco el vocabulario de la Guerra Fría para dar su batalla cultural contra las izquierdas y particularmente para atacar el sistema educativo estatal brasileño.
En O Fantasma da revoluçao brasileira (UNESP, 2010) Ridenti había reconstruido el mapa de las izquierdas brasileñas en los años de chumbo y Em busca do povo brasileiro: artistas da revolução, do CPC à era da TV (UNESP, 2014) abordó las transformaciones de campo intelectual de su país hasta la transición democrática. Ahora en O segredo das senhoras americanas estudia en tres capítulos las asociaciones culturales insertas en el enfrentamiento global soviético estadounidense y propiciadoras de la circulación transnacional de las ideas y de los intelectuales, desde los escritores y artistas animadores de revistas culturales hasta los docentes y los estudiantes universitarios. La nueva investigación presenta la incidencia del enfrentamiento que requería la adhesión a instituciones como el Congreso por la Libertad de la Cultura (CLC) y el Consejo Mundial por la Paz y allí muestra que esa adhesión no implicaba una subordinación completa a los intereses del bloque liderado por los Estados Unidos o por los del bloque soviético. Ni simple inocencia ni puro oportunismo, explica el autor. Se trató más bien de una compleja y tensa reciprocidad en la que las y los letrados brasileños procuraron desarrollar, con mayor o menor autonomía relativa, sus obras e investigaciones a partir de patrocinadores internacionales que controlaban voluminosos recursos materiales e importantes mecanismos de legitimación política y cultural.
En el primer capítulo Ridenti analiza el rol del escritor bahiano Jorge Amado en la internacionalización cultural comunista. Apoyado en sus amigos europeos Aragón y Sartre, Amado y su esposa Zelia Gattai promovieron una red internacional integrada por letrados comunistas latinoamericanos exiliados en París, como el chileno Pablo Neruda y el cubano Nicolás Guillén. La mayoría de ellos se sumó al Consejo Mundial de la Paz, una asociación radicada en 1948 en Wroclaw (Polonia). En esos años Amado contaba con un reconocimiento propio en Les Lettres Françaises y Europe, prestigiosas revistas del comunismo francés que traducían y celebraban su obra que también fue traducida al ruso casi en su totalidad. Ello alentó la traducción a ese idioma de otro centenar de autores brasileños. Ridenti recupera el valor excepcional que el comunismo internacional otorgaba a la solidaridad entre letrados, cientistas sociales y artistas, a su defensa de la paz mundial ante el peligro de la guerra atómica y a su incorporación en la lucha anticolonialista de los pueblos afroasiáticos. Y ellos fueron decisivos también en la apuesta estética y política de Diego Rivera y Frida Kahlo en esta red intelectual que asimismo los expuso a los dilemas impuestos por su vínculo con la disidencia trotskista en los años treinta, negada en los cincuenta. Dilemas comunes con numerosos surrealistas devenidos comunistas.
En un periodo en que se desarrollaban de modo creciente las industrias culturales, aun en los países subdesarrollados, Amado condensó el ideal cultural comunista y buscó “colocar el contenido en una forma simple y pura, pero próxima y accesible a las grandes masas, ávidas de cultura”. De este modo, la pasión por la forma pura quedaba en manos de los intelectuales y el didactismo operaba como herramienta para llegar a las masas mientras se dejaba el rol de vanguardia exclusivamente en manos del Partido. Los partidos comunistas organizaron un sólido sistema internacional de revistas, editoriales, congresos y premios (entre ellos el Stalin de la Paz) que atrajo y cohesionó a los intelectuales en torno a la valoración positiva de la Unión Soviética y del campo socialista —campo al que en 1949 se sumó China. Pero esa valoración positiva resultó minada por el contacto de los escritores latinoamericanos con sus pares perseguidos y censurados en los países socialistas, por la represión a escritores y traductores de Neruda, como el chino Emi Siao, y por la intervención soviética en Hungría en 1956. Tres años después la Revolución cubana y luego la eclosión del “Tercer Mundo” renovaron la confianza en torno al comunismo. Ridenti señala esa confianza a partir de la revista cubana Casa de las Américas, y en la formación de un verdadero “star system alternativo” al de los Estados Unidos. Mediante estas iniciativas la herencia cultural comunista proyectó sus dilemas y rupturas también en Asia, África y América Latina hasta la caída del muro de Berlín en 1989. Por su parte, los textos autobiográficos del Jorge Amado ilustran las ambigüedades, dilemas y disputas al interior de las izquierdas y el tercermundismo brasileño. Un punto fuerte del capítulo es el contrapunto de esos textos con los Neruda así como los de Gattai y Kahlo.
El segundo capítulo es el más extenso del libro. A partir de numerosa documentación inédita Ridenti estudia los Cadernos Brasileiros, publicación periódica que funcionó como espacio de reunión y canal de expresión brasileñode la red internacional que inició en 1950 el CLC. Se detiene en la composición de su dirección y la trama de relaciones nacionales e internacionales que aseguraron el financiamiento y distribución de una revista que circuló financieramente a pérdida. Se incorpora así un análisis minucioso de uno de los ejes de la sólida red global de filiales y revistas del CLC, desde la francesa Preuves y la inglesa Encounter pasando por la latinoamericana Cuadernos de la Libertad y la Cultura, una red reconstruida también por Jannello. El repudio al modelo comunista soviético del CLC reunió a intelectuales conservadores y liberales como el escritor bahiano Afrânio Coutinho, a pedagogos católicos como Anisio Texeira con socialistas, anarquistas y trotskistas, como el crítico cultural Mario Pedrosa. Discutiendo con la tesis que presentó en 1997 Kristine Vanden Berghe (1997) Ridenti concluye de su análisis que ese eje que fueron los Cadernos Brasileiros no se restringió a mero reflejo de las directrices anticomunistas del CLC.
Ridenti explica cómo, a pesar del escándalo que en 1967 significó para el CLC a nivel latinoamericano la noticia del financiamiento secreto otorgado por la CIA, esta novedad no obstaculizó en Brasil la colaboración de intelectuales y artistas de izquierda con la revista (entre ellas Katia Valladares, quien trabajó como traductora en radio La Habana), que consideraban enrolada en la oposición moderada al régimen. Para Ridenti la apertura de la revista a la agenda modernizadora y al desarrollismo, la incorporación de artículos firmados por intelectuales de izquierda no comunista junto a las críticas a los militares en poder tenían a la base las expectativas políticas del equipo de Cadernos Brasileiros en una apertura relativamente democrática de la dictadura, expectativas que revelan los nexos de la revista con los vaivenes ideológicos de las clases medias altas ligadas al Estado brasileño, como afirmó Decio Saes (1984). Las relaciones de la revista con esas clases sociales y su “liberalismo autoritario” (Adalberto Cardoso, 2020) explicaría tanto los alineamientos políticos de la revista frente al gobierno como su cierre cuando se agotó el margen para aquellas expectativas.
El tercer capítulo ofrece el novedoso estudio de las “señoras” cuyo secreto da título al libro. Esposas de poderosos empresarios estadounidenses y brasileños, impulsaron bajo el impulso de la universitaria Mildred Sage a la American University Association (AU
Carlos Nino, los filósofos y la política alfonsinista: entre Creonte y Antígona
The article reconstructs the intervention of Carlos Nino and the group of philosophers from SADAF in the justice plan of Raúl Alfonsín's government. It examines the original 1983 document that encapsulated this plan, including the principle of "obediencia debida" (due obedience). The internal perspective of the group reveals certain tensions between ethics and politics, particularly concerning Nino's theory (his neo-Kantian constructivism) and its institutional practice, as well as the conflict between the human rights movement and Alfonsín's plan to grant amnesty to most of those responsible for state crimes. The political decision-making process is analyzed within the context of a new democratic frontier, characterized by military power in retreat and the consolidation of a constitutional regime. The article highlights the significance of the "constitutive moments" in the radical justice claims of the Madres de Plaza de Mayo for contemporary neoconstitutionalism.El artículo reconstruye la intervención de Carlos Nino y el grupo de filósofos de SADAF en el plan de justica del gobierno de Raúl Alfonsín. Se estudia el documento original de 1983 en que se cristalizó tal plan incluyendo el principio de obediencia debida. La perspectiva interna del grupo permite observar algunas tensiones entre ética y política: la teoría de Carlos Nino (su constructivismo neokantiano) y su práctica institucional, así como la disputa entre el movimiento de derechos humanos y el plan alfonsinista de amnistiar a la mayor parte de los responsables de los crímenes estatales. Se analiza la decisión política dentro de la nueva frontera democrática en un marco de contingencia (el poder militar en retirada y la consolidación del régimen constitucional). Se pone de manifiesto la importancia de los “momentos constituyentes” del reclamo de justicia radical de las Madres de Plaza de Mayo para el neoconstitucionalismo actual
El archivo mutante: apuntes sobre la historicidad de los documentos y sus formas de acopio
This paper aims to think about archives that are some distance from the immediate problems posed by documents from the “recent past.” It tries to show how historians relate to archives through three examples linked to the production, uses and changing meanings of documents dealing with intimacy and private life in different periods. Finally, it refers to some definitions of archives that emphasize the historicity of collecting and accessing material traces of the past. The general framework of the presentation is a certain contemporary anxiety regarding the usefulness and stability of archives as cultural constructions that link past, present and future.Este texto busca pensar los archivos con cierta distancia de los problemas inmediatos que presentan los documentos del “pasado reciente”. Trata de mostrar cómo se relacionan los historiadores con los archivos a través de tres ejemplos vinculados a la producción, usos y cambiantes significados de documentos sobre aspectos de la intimidad y la vida privada en diferentes épocas. Recupera, por último, algunas definiciones de archivo que enfatizan la historicidad de las prácticas de colecta y acceso a los rastros del pasado. El marco de la exposición es una cierta ansiedad contemporánea con respecto a la utilidad y estabilidad de los archivos como construcciones culturales que unen pasado, presente y futuro
Nuevas derechas en la gráfica internacional
New Right-wing Movements in the International Posters
ew posters promote the historical memory of social struggles in the face of the international wave of oppressive, anti-feminist, homophobic, racist, anti-immigrant, and anti-ecological discourses. Through various artistic languages, their discursive power and visual impact reawaken multiple aesthetics. In some cases, typographic play predominates; in others, figuration, abstract art, and, in most, a combination of visual and textual discourse. In all cases, the graphic action proposes different temporalities to take over the streets and networks.
From Cuba, the threatening silhouette of Donald Trump carries the word "imperialism" in a play between image and text, connecting with the poster by Ecuadorian designer Maus, where Soviet avant-garde elements resurface in its forms, colors, and typographic composition alongside the idea of "popular resistance." Another emblematic antifascist slogan, "Not one step back," is also taken up by Chilean illustrator Claudio Romo Torres in the insurrectional scenario of 2019: "Chile awakened." The fierce repression of that year is materialized in another poster, which points to the brutal and systematic practice of mutilating eyes, carried out in many countries in the region. "Negro Matapacos: patron saint of protests and street dogs" recovers a religious iconography, also present in the transnational image of Marielle Franco as a martyr surrounded by an aura of secular sainthood. In Europe, the feminist call against global fascism directly refers to propaganda posters from the Spanish Civil War alongside Meloni, Abascal, Le Pen, Milei, Orban, and Chikli. The formation of the Nouveau Front Populaire also brought, this year, an impressive graphic campaign that united various sectors of society. Between the past and the present, explicit references to Léon Blum and the legacy of different revolutionary struggles, inaugurated by the French Revolution. Finally, the commemorative date of the Carnation Revolution, carried out in Portugal in 1974, is updated by Marta Teives' poster alongside the powerful anti-dictatorial cry of "Nunca más," amplified across the globe.
Text and curation by María Inés Afonso Esteves and Magalí Andrea Devés.
Nuevas derechas en la gráfica internacional
Nuevos afiches impulsan la memoria histórica de luchas sociales ante la ola internacional de discursos opresivos, antifeministas, homofóbicos, racistas, antiinmigratorios y antiecológicos. Desde distintos lenguajes artísticos su potencia discursiva e impacto visual reactualizan múltiples estéticas. En algunos casos predomina el juego tipográfico, en otros la figuración, el arte abstracto y en la mayoría una combinación entre el discurso visual y el textual. En todos, la acción gráfica propone diferentes temporalidades para ganar calles y redes.
Desde Cuba, la silueta amenazante de Donald Trump lleva la palabra “imperialismo” en un juego entre imagen y texto que conecta con el afiche del diseñador ecuatoriano Maus donde además reaparece la vanguardia soviética, en sus formas, colores y su composición tipográfica junto a la idea de “resistencia popular”. Otro lema emblemático del antifascismo como “¡Ni un paso atrás” es asimismo retomado por el ilustrador chileno Claudio Romo Torres en el escenario insurreccional del año 2019: “Chile despertó”. La feroz represión de ese año quedó materializada en otro afiche que apunta a la práctica feroz y sistemática de mutilar los ojos llevada a cabo en muchos países de la región. El “Negro Matapacos: santo patrono de las manifestaciones y de los perritos de la calle” recupera una iconografía religiosa presente también en la imagen transnacional de Marielle Franco como mártir rodeada por un aura de santa laica. En Europa, la convocatoria feminista contra el fascismo global alude de manera directa a los carteles propagandísticos de la Guerra civil española junto a Meloni, Abascal, Le Pen, Milei, Orban, Chikli. El armado del Nouveau Front Populaire también trajo este mismo año una impresionante campaña gráfica que aglutinó a distintos sectores de la sociedad. Entre el pasado y el presente, las referencias explícitas a Léon Blum y al legado de diferentes luchas revolucionarias inauguradas por Revolución Francesa. Por último, la fecha conmemorativa de la revolución de los claveles llevada a cabo en Portugal en 1974 es actualizada por el afiche de Marta Teives junto al potente grito antidictatorial del “Nunca más” amplificado a todo el globo.
Texto y curaduría de María Inés Afonso Esteves y Magalí Andrea Devé
Jean-Yves Mollier, arquitecto de una internacional científica para los estudios académicos sobre el libro y la edición
One of the characteristics of academic spaces where book and publishing studies are practiced is their interdisciplinary configuration and a certain degree of internationalism. Simple contrasts with other areas of specialization in the social sciences and humanities would enhance the expressiveness of this quality, which is by no means natural or inherent to "the contemporary." To demonstrate this, it is essential to conduct reflective studies on the field, to continue reviewing history as it unfolds, and to seek points of reference to observe ourselves from a distance—an anthropological action aimed at de-naturalizing and de-essentializing. Jean-Yves Mollier is one of the researchers who has most contributed to providing us with this particular physiognomy.Una de las características de los espacios académicos donde se practican estudios sobre el libro y la edición es su configuración interdisciplinaria y cierto grado de internacionalismo. Simples contrastes con otras áreas de especialización en las ciencias sociales y las humanidades aumentarían la expresividad de esa cualidad, que en absoluto es natural, algo propio de “lo contemporáneo”. Para demostrarlo, es ineludible realizar estudios reflexivos sobre el campo, no dejar de reseñar la historia a medida que se desenlaza, buscar puntos de referencia para mirarnos a distancia, acción antropológica para desnaturalizar, desencializar. Jean-Yves Mollier es uno de los investigadores que más ha contribuido a dotarnos de aquella fisionomía
E. P. Thompson, la condición femenina en La formación de la clase obrera inglesa y sus relaciones personales, académicas y políticas con mujeres: notas para su análisis
These notes come back, in the first place, about an analysis of The Making of the working class by E. P. Thompson, whose influence has been incontestable in the approches of the social historiography of the second half of the 20th Century, with the purpose of estimating the relative absence of the feminine condition in that text. However, diverse moments in which there are delayed mentions to certain profiles of workers, to their mobilisations, to millenary figures, and especially, to whom acted with emancipatory demands of women, are recovered. In second term, this article examines the academic, political and affective relations of E. P. Thompson with a small number of women that had influence in his life: his wife, the historian, Dorothy Thompson, the featured feminist Sheila Rowbotham, the notable historian of women Natalie Zemon Davies, and the communist militant Diana Torr, in great measure, promotor of the “marxist historians” group in England.Estas notas vuelven, en primer lugar, sobre un análisis de La formación de la clase obrera de E.P. Thompson, cuya influencia ha sido incontestable en los abordajes de la historiografía social de la segunda mitad del siglo XX, con el propósito de estimar la relativa ausencia de la condición femenina en aquel texto. Sin embargo, se recuperan diversos momentos en los que hay menciones demoradas a determinados perfiles de trabajadoras, a sus movilizaciones, a figuras milenaristas, y especialmente, a quienes actuaron con demandas emancipatorias de las mujeres. En segundo término, se examinan las relaciones académicas, políticas y afectivas de E. P. Thompson con un pequeño número de mujeres que tuvieron influencia en su vida: su esposa, la historiadora, Dorothy Thompson, la destacada feminista Sheila Rowbotham, la notable historiadora de las mujeres Natalie Zemon Davies, y la militante comunista Diana Torr, en gran medida promotora del grupo “historiadores marxistas” en Inglaterra
Entre la Unidad Socialista, el FREPASO y la Alianza: La Ciudad Futura y los dilemas de los intelectuales progresistas en los años noventa
From its first issue, published in August 1986, the magazine La Ciudad Futura sought to draw a “frontier” within the tradition of the Argentine left by proposing the need to defend and deepen democracy while supporting Alfonsín’s reformist commitment. But, as the end of the 1980s approached, the hopes that the magazine’s participants had placed, not only in Alfonsín but in the entire “democratic transition,” seemed to be buried. The crisis of the radical government, the return of political violence, hyperinflation and the sharp turn that Carlos Menem imposed on the Peronist tradition created confusion and unease among the magazine’s members. This article seeks to investigate the positions of La Ciudad Futura in the early 1990s (1991-1997), a period that has not been addressed by the bibliography that dealt with the magazine. Among the many topics that occupied his attention, we will discuss one that occupied a central place in his pages: the characteristics that a “progressive coalition” should have to oppose the Menem government.Desde su primer número, publicado en agosto de 1986, la revista La Ciudad Futura buscó trazar una “frontera” al interior de la tradición de la izquierda argentina planteando la necesidad de defender y profundizar la democracia a la vez que apoyando la apuesta reformista de Alfonsín. Pero, al acercarse el final de la década del ‘80, las ilusiones que los participantes en la revista habían depositado, no solo en Alfonsín sino en toda la “transición democrática”, parecían enterradas. La crisis del gobierno radical, el retorno de la violencia política, la hiperinflación y el fuerte viraje que Carlos Menem impuso a la tradición peronista crearon desconcierto y desazón entre los miembros de la revista. El presente artículo busca indagar en las posiciones de La Ciudad Futura en los primeros años ‘90 (1991-1997), un período que no ha sido abordado por la bibliografía que se ocupó de la revista. Dentro de los numerosos temas que ocuparon su atención nos ocuparemos de uno que ocupó un lugar central en sus páginas: el de las características que debía reunir una “coalición progresista” que se opusiera al gobierno menemista
Ética vegetariana y crítica al carnivorismo: una lectura desde el naturismo libertario en Osorno (Chile, 1931-1942)
In this article we study a particular case of libertarian vegetarianism in Chile during the 1930s: in the city of Osorno, the anarcho-syndicalist collective that animated the Local Workers Federation (FOLO) promoted vegetarianism in the newspaper Vida Nueva (1934-1942) in the sections dedicated to naturism. Through the analysis of the newspaper and other publications of the organization, we find common elements of anarchist ethics related to the bonds with animals, as well as singular aspects related to the socioeconomic context and the ideas of those who propagated libertarian naturism in Osorno.En este artículo estudiamos un caso particular de vegetarianismo libertario en Chile durante la década de 1930: en la ciudad de Osorno, el colectivo anarcosindicalista que animaba la Federación Obrera Local (FOLO) promovió el vegetarianismo a través del periódico Vida Nueva (1934-1942) en las secciones dedicadas al naturismo. Mediante el análisis del periódico y otras publicaciones de la organización, encontramos elementos comunes de la ética anarquista relativos a los vínculos con los animales, así como aspectos singulares relacionados con el contexto socioeconómico y las ideas de quienes propagaban el naturismo libertario en Osorno