Políticas de la Memoria
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    Tomas G. Masaryk y la invención de la “crisis del marxismo”

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    Cuando en septiembre de 1928, en el número 17 de su revista Amauta Mariátegui se refirió a Masaryk como el mentor de la “crisis del marxismo”, es posible que los latinoamericanos se informaran por primera vez de que el entonces Presidente y fundador de la República Checoeslovaca había sido parte activa, treinta años antes, del animado debate que sobre el marxismo había agitado la Europa de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX. El presente trabajo tiene como objeto recuperar esas discusiones y contextualizar el impacto que tuvieron en los debates del marxismo latinoamericano

    “La Brasa”, un “precipitado del ambiente”. Leer, escribir, publicar, entre la provincia y el pago

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    La Asociación Cultural La Brasa comenzó a reunirse en 1925 en Santiago del Estero, organizó conferencias y sesiones de lectura, y en 1927 emprendió la tarea de publicar un Periódico de artes y letras que se sostuvo hasta 1928, publicándose ocho números. El primeroce rraba con una reflexión titulada “Motivos de arranque”. En ella se decía que el emprendimiento no respondía a “un acto de inspiración arbitraria”, sino a “un precipitado capital y propio del ambiente”. El trabajo rastrea los indicios que permiten comprender de qué se trataba este “precipitado” que parecía producir por sí mismo una revista cultural y un movimiento con tintes de vanguardia, en una provincia con el 66% de analfabetismo y cuya capital tenía por  entonces unos 23.000 habitantes

    La cultura como incitación. Apuntes sobre la revista, el grupo y la librería Dimensión

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    En 1956 se publicó el primer número de Dimensión. Revista de Cultura y Crítica, bajo la dirección de Francisco René Santucho. A partir de allí se desplegaron una serie de actividades culturales, conferencias, muestras de arte y un seminario de investigación, y se fundó la librería homónima a la revista. El presente artículo busca dar cuenta de Dimensión como productor cultural en un entramado complejo y de reducido espectro social y cultural, como lo fue Santiago del Estero entre 1956 y 1962. A la vez, nos interesa brindar un sucinto panorama de lecturas entonces disponibles, explorando la oferta librera de las librerías Aymara y Dimensión, ambas bajo la dirección de Santucho, y el espacio social de las imprentas. Con ello esperamos mostrar algunos aspectos de la vida intelectual y cultural de la provincia, como expresión particular del país

    A propósito de Pilar Calveiro, Política y/o violencia. Una aproximación a la guerrilla de los años setenta

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    A propósito de Pilar Calveiro, Política y/o violencia. Una aproximación a la guerrilla de los años setent

    Fichas de libros

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    En el presente número, la sección "Ficha de Libros" está dedicada al resumen de los siguientes libros:   Edit Rosalía Gallo, Periodismo político femenino. Ensayo sobre las revistas feministas en la primera mitad del siglo XX Carlos Altamirano, Intelectuales. Notas de investigación sobre una tribu inquieta Oscar Terán, Nuestros años sesentas. La formación de la “Nueva Izquierda” intelectual argentinaAna Laura de Giorgi, Las tribus de la izquierda. Bolches, latas y tupas en los 60 Paul Bénichou, El Tiempo de los profetas. Doctrinas de la época romántic

    Los archivos del movimiento obrero, los movimientos sociales y las izquierdas en la Argentina: Un caso de subdesarrollo cultural

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    La República Argentina es un país paradojal. El historiador Milcíades Peña solía decir que Argentina es el país del «como sí» , donde nada es lo que parece, donde detrás de la pátina deslumbrante de modernidad es necesario descubrir el atraso. Aunque Peña estaba pensando sobre todo en el fracaso de la modernización industrial, su visión crítica es también pertinente para pensar el sorprendente atraso bibliotecológico y archivístico de la Argentina. Los investigadores que proceden del exterior a trabajar durante un tiempo en el país viven la paradoja en carne propia: llegan hipnotizados por el atractivo de la ciudad capital moderna y pujante, pero no tardan en despertar de su sueño al toparse con el estado de abandono, el atraso tecnológico, las puertas cerradas y la opacidad institucional que caracterizan a las bibliotecas y archivos del país. Los investigadores no tardan en ver frustradas sus expectativas de acceder a las fuentes argentinas a través de catálogos digitalizados y de ser atendidos y orientados por personal competente. No tardan en descubrir, por citar los dos casos más resonantes, que los fondos documentales del Archivo General de la Nación duermen en el más absoluto abandono 1 y que la Biblioteca Nacional se ha convertido en una gran sala de espectáculos culturales, con absoluto menoscabo de su función más elemental: reunir, preservar, acrecentar, catalogar y difundir el patrimonio biblio-hemerográfico nacional.   Los investigadores visitantes van descubriendo así la paradoja argentina: un país que desplegó a lo largo de dos siglos de histo ia una sorprendente riqueza cultural, de la que los argentinos estamos orgullosos, e incluso presumidos, pero que sin embargo no se preocupa en preservar. Un país agobiado por sus fantasmas históricos, que vive mirando un pasado que nunca logra saldar; un país que vive preso de sus dilemas históricos; un país cuyos hombres políticos, como en El XVIII Brumario de Luis Bonaparte, se empeñan en vestir los trajes del pasado y se nombran con los nombres de los muertos; un país cuyos funcionarios se llenan la boca hablando de patrimonio y de memoria; pues bien, ese país, al mismo tiempo, no muestra interés en generar condiciones para resguardar institucionalmente sus fuentes históricas

    Editorial

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    Políticas de la Memoria, la publicación del CeDInCI, vuelve a ver la luz luego de más de dos años de aparecido su último número. La demora en salir nuevamente responde a una única razón, que se deriva de dos realidades yuxtapuestas y difíciles de conciliar: la voluntad de poner a disposición de los lectores una revista de excelencia en los temas y enfoques que le son caros —la historia de las izquierdas, la historia de los intelectuales, los estudios sobre memoria y otras dimensiones culturales—; y los escasos recursos humanos que concurren en la realización de un esfuerzo de esa índole. Como muchas otras iniciativas del CeDInCI, esta revista lleva la marca de la autogestión: todas las tareas involucradas en su factura (escritura, traducción, corrección, pedidos de artículos, ilustraciones y colaboraciones, etc.) son obra del reducido Colectivo Editor y de algunos pocos generosos amigos que han brindado su tiempo para que la realización de este edición fuera posible (de ellos, debemos subrayar el trabajo de los amigos del CEMICI de Córdoba, con Ana Clarisa Agüero, Diego García, Alejandro Dujovne y Ezequiel Grisendi a la cabeza). Una vez más, esperamos que la calidad y cantidad de materiales que ofrecemos a los lectores compensen la demora. Abre este número Horacio Tarcus con un crítico cuadro de situación de los archivos obreros, de los movimientos sociales y de las izquierdas en la Argentina, que de alguna manera actualiza el proyecto bibliotecario y archivístico cedinciano. A continuación, nos enorgullece publicar un breve dossier que revisita el decisivo ensayo del crítico literario brasileño Roberto Schwarz «Las ideas fuera de lugar». La entrega, que se compone de una conferencia del propio Schwarz y de una rese- ña de su obra a cargo de María Elisa Cevasco, surge de la sesión de cierre de las últimas Jornadas del CeDInCI consagradas, precisamente, al problema de la circulación internacional de las ideas. El debate sobre la «Literatura Mundial» —un concepto acuñado por Goethe a comienzos del siglo XIX, y aludido en un célebre pasaje del Manifiesto Comunista por Marx y Engels, que ha adquirido nuevo vigor en algunos núcleos académicos europeos y nor- teamericanos—, no ha despertado hasta aquí entre nosotros gran atención. El dossier Intelectuales y Constelaciones Posnacionales, que presenta dos importantes ensayos que se inscriben más o menos directamente en la problemática —los de Mariano Siskind y de Gisèle Sapiro, precedidos por una introducción a la cuestión a cargo de Diego García y Alejandro Dujovne,— salda con creces ese vacío, y dispone una serie de ideas e hipótesis que pueden resultar estimulantes para pensar la historia y la socio- logía de la dimensión trasnacional de las prácticas intelectuales y culturales. Al cuidado de Laura Fernández Cordero, quien se encargó de su selección y estudio preliminar, la sección de documentos de Políticas de la Memoria presenta esta vez un mosaico de textos que intervinieron en los albores de los debates en tor- no al emergente feminismo a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Se trata de un corpus hasta aquí de muy difícil acceso, puesto que, con una sola excepción, se compone de textos que nunca fueron reeditados. La aparición del presente número coincide con la apertura pública del Fondo de Archivo de José Ingenieros, depositado por sus herederos en el CeDInCI. Horacio Tarcus transcribe aquí una serie de cartas y documentos inéditos extraídos de este fondo, y los enmarca en una reflexión sobre el programa juvenil que unió a Ingenieros y Lugones en la encrucijada entre el modernismo finisecular y el socialismo romántico. Esta edición de la revista presenta además dos secciones nuevas, que esperamos que se sostengan en el tiempo y se alimenten del concurso de lectores e investigadores. En primer término, de un espacio enfocado a la historia intelectual europea, de reducida atención en los medios locales. En modesto homenaje a quien fuera su principal sostenedor en la Argentina, desde su propio nombre esta nue- va sección quiere además colaborar en la continuación de la tenaz labor desarrollada en la materia por José Sazbón. En la ocasión, la sección se compone de dos artículos dedicados a dos figuras trágicas de la Europa de entreguerras, Romain Rolland y Stefan Zweig, a cargo de David James Fisher y Afrânio Garcia. En segundo lugar, inauguramos en este número un espacio dedicado a la historia de la edición, los libros y las prácticas de lectura, un campo que ha conocido recientemen- te un significativo desarrollo. Integran esta vez la sección estudios de Gustavo Sorá, Ignacio Barbeito y Diego García. Esta última sección se complementa en esta edición con una encuesta dirigida a veintisiete reconocidos intelectuales de diversa trayectoria y origen que residen en diferentes ciudades del país. La indagación se propuso averiguar a través de dos sencillas preguntas cuáles fueron las editoriales y las librerías que los acercaron a la cultura libresca. La historia de las tradiciones de la izquierda argentina es nuevamente abordada en este número en un dossier consagrado a distintos temas, figuras y momentos del socialismo argentino. Conforman este bloque ensayos de Juan Manuel Viana, Augusto Piemonte y María Cristina Tortti. La polémica sostenida por Horacio Tarcus y Elías Palti en ediciones anteriores de Políticas de la Memoria originada inicialmente en la estela del debate del Barco sobre la legitimidad de la violencia revolucionaria, y que conoció luego bifurcacio- nes hacia las tradiciones del marxismo local e internacional, y hacia las vinculacio- nes entre prácticas intelectuales y políticas, se prolonga en este número de la revista a partir de dos contribuciones de Laura Sotelo y Ariel Petruccelli. El número se completa con una sección de artículos de temática diversa, con el espacio habitual dedicado a dar cuenta de las novedades de la vida del CeDInCI, y con otra novedad que nos complace anunciar: una nutrida sección de reseñas y fichas de libros y revistas de reciente aparición a cargo de Martín Ribadero, flamante editor de la sección

    El femenismo

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    Virgilio P., Germinal. Periódico anarquista, no 3, 12 diciembre 1897. Disponibleen el CeDInCI: microfilm, rollo no 26. Mlle. Chauvin, la bien conocida y ardiente propagandista de la eman-cipación de la mujer, ha visto su pedido de admisión en el cuerpode abogados de París rechazado por el foro, a pesar de haber ellademostrado sus capacidades necesarias para tal puesto. Los enso-tanados de la magistratura basaron su rechazo en la inadmisión delsexo femenino en el foro francés, caso previsto por la ley!!La parcialidad con que en todos los tiempos el hombre ha diferencia-do sobre las capacidades respectivas de los dos sexos, es innegable,hoy estamos viendo los resultados. Las prerrogativas que el varón haotorgado exclusivamente a su sexo para el desempeño de empleosadministrativos y la gestión de intereses públicos y privados, ha hecho,ayudado por la educación de la mujer, la muy coqueta y frívola quehizo y hace todavía las delicias de la mayoría de los hombres.Laudables esfuerzos son los que hacen ahora una pléyade de muje-res para reconquistar en la sociedad, su lugar al par del hombre.Generosas intenciones animan a las propagandistas femeninas. Susagitaciones son dignas de aplauso y de ayuda... Pero parece que lasmujeres no comprendieron todavía cual eran las verdaderas des-igualdades entre ellas y el hombre.Protestan contra la eliminación de la mujer en la participación delgobierno, recriminaron en contra la magistratura [sic], por estar exclu-sivamente compuesta de hombres, cuando las mujeres también estánsujetas a pasar bajo sus poderes, como acusadas. Argumentaron con-tra la usurpación del derecho de paternidad, en fin, pleitearon conelocuencia, ayudadas por talentos masculinos, en pro de la inteli-gencia femenina, relegada hasta ahora en los bajo-fondos de lasdivagaciones religiosas y de los quehaceres domésticos; y no reco-nocieron que la desigualdad para la mujer, como dijo Tolstoi, noconsistía en la privación del derecho de votar o de ejercitar unamagistratura —quedando para saber si estas ocupaciones consti-tuían derechos— pero sí en la desigualdad de condición moral, enla interdicción de ir hacia un hombre o de alejarse de él, de escogera uno de su gusto en vez de ser escogidas. Tolstoi tiene razón. Lacuestión femenina es más alta que una tribuna parlamentaria o jurí-dica. Tiene su asiento en la misma esencia de la familia y en las rela-ciones y en la relación diaria de los dos sexos.La campaña actual emprendida por los y las feministas puede seranimada de mucha generosidad, pero es errónea por haber sido malcomprendida la igualdad de los sexos. Verdad es que el hecho deser una mujer juzgada únicamente por hombres, constituye un cri-men; pero el crimen mayor no es la ausencia del elemento femeni-no, en el acto de juzgar, pero sí el acto mismo por ser antinatural yvergonzoso. También son elocuentes las palabras pronunciadas porMll. Olympe de Gouges, revolucionaria francesa de 1792: «La mujertiene derecho de subir al patíbulo, lo debe igualmente tener parasubir a la tribuna.» Pero más elocuentes aún son las que condenanel patíbulo y la tribuna.La ausencia de la mujer en el gobierno de los pueblos y en la admi-nistración de los asuntos públicos, puede ser chocante; pero máschocante e injusto es la facultad que se arrogaron algunos hombresde gobernar a los demás y administrar asuntos que no les incumbesino que para perpetuar la opresión. La presencia de la mujer en losparlamentos, tribuna, foro y administración no atenuaría en nadalas miserias, las injusticias y la tiranía y todas las aberraciones pro-vocadas por esas instituciones, al contrario, las generalizarían dán-dole un carácter más universal, por consiguiente un aspecto de jus-ticia que no tienen ni pueden tener.Un diputado, un magistrado, un administrador de bienes públicos,serán siempre unos privilegiados, y ahora bien, nosotros pregunta-mos ¿qué ganarían las mujeres no privilegiadas con tener represen-tantes de su mismo sexo? nada, salvo el ser tiranizadas directamen-te por mujeres y aquí se presenta el mismo axioma. Poco importa elcolor de la mano que castiga y de la forma del fusil que mata; la cues-tión es de no ser castigado y no ser muerto. Si los y las feministasestán animados por verdaderos sentimientos de justicia a fortiorideben combatir las causas que obstaculizan sus advenimientos.Hoy, en los mismos espíritus avanzados o igualitarios si la mujer noes considerada como esclava del hombre en el sentido brutal de lapalabra lo es de hecho, por el simple hecho que vemos en la mujerel cuerpo orgánico que nos debe hacer gozar espasmódicas emo-ciones... pero en la medida de reciprocidad (?) apresurase a decir,y es justamente este espíritu que se debe combatir e infiltrar en loscerebros la convicción que la mujer no está hecha para el mayorgoce del hombre, como tampoco este último para mantener a lamujer bajo ninguna medida de reciprocidad muy discutible. [sic]Este es el verdadero terreno de la emancipación de la mujer, quesus defensores parecen no haber comprendido. El asunto es vastoy volveré a ocuparme de él

    Las ilustraciones de este número: Alejandro Galiano

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    Las ilustraciones de este número Alejandro Galian

    Femenismo. A la modista de L’Avennire

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    Virgilio P., «Femenismo. A la modista de L’Avennire», Germinal, no 8, 6 demarzo de 1898. Conque, ya estás enterada de lo que es el femenismo, de su valory fines en el mo vimiento social internacional; te aconsejaron ale-jarte de este movimiento porque es nocivo para las hijas del pue-blo, de no hacer caso de él porque es una creación de las «mujer-citas elegantes», y que si sufres la tiranía no solo de lasinstituciones burguesas (obras del hombre), sino, principalmen-te del hombre, de tu padre, hermano, esposo, compañero, debesesperar pasiva y resignada del compañero, esposo, hermano ypadre que éstos te den la felicidad dándote la libertad, haciendoellos la Revolución redentora.¿Estás enterada y satisfecha? Si lo estás tú, en cambio no lo esta-mos nosotros y, nos atrevemos a decirte, a ti modista de «L’Avvenire» que te han engañado bárbaramente. Poniendo los pun-tos sobre las íes, es lo que vamos a probar.El femenismo no es una creación de las mujercitas elegantesy de bolsillos repletos como lo afirma el señor de la «Academia».Solo basta hojear algunas páginas de la historia para conven-cerse de la esencia altamente revolucionaria y justiciera delfemenismo. Cuando las religiones, y principalmente la cristia-na hubieron destruido la individualidad de la mujer, conde-nándola como un ser impuro, un bicho dañoso, una criatura desatanás, entonces, quedó abierto el camino de la tiranía quehasta hoy ensangrentó el mundo entero; tiranía que no se hubie-ra desarrollado, hechos que no se hubieran cumplido si la mujer,con su extrema fuerza sensitiva que provoca a aquellos impul-sos humanamente generosos, tan frecuentes en su sexo a pesarde la innoble esclavitud donde hállase sumida, si hubiera teni-do parte activa en la marcha de la humanidad. Pero, la reacciónse impuso, y la revolución del 89 ofrece el espectáculo de revo-lucionarios como Marat, Olympe de Gouges y varios otrosalzando la voz a favor de la condenada, pero, sin embargo, sinpurificarla del veneno cristiano con el que durante los siglosse la ensució. enemos que adelantarnos hasta la tercera parte del presentesiglo para ver a los Mill, a los Michelet en la literatura destruircon elocuencia la superioridad del hombre, a los Coste, a losPouchet con la ciencia médica y anatómica probar que la mujerno es un ser fisiológicamente impuro; a los Acollas, a los Richer,los Daniel Sterne (condesa Agoult) eminentemente femenistasapoderarse de los descubrimientos científicos y llevarlos al terre-no sociológico:La mujer no es inferior al hombre, no es impura, mucho menosuna herida; no existe del hombre a la mujer ninguna separa-ción intelectual en pro o en contra de éste o de ésta, solo midediferencia orgánica, cuyas propiedades no pueden servir debase a especie alguna de superioridad.Estas afirmaciones de la ciencia, basadas no solo en un principiode justicia, sino también en averiguaciones, cuyos resultados sonirrefutables: manifestaciones de la inteligencia, pruebas de valorcívico y actividad vital. Pues, es justamente de este principio deigualdad, comprobado en los estudios antropológicos y psíqui-cos que ha nacido el femenismo actual. En efecto ¿como podíala mujer, quedarse en el estado de sumisión impuesto por 19 siglosde tiranía religiosa cuando, a la faz del mundo, repeliendo las vie-jas preo cupaciones y rutinarias ideas, la ciencia afirmó la no supe-rioridad del masculino?Nacido de una revolución científica y de un principio de justicialibertaria, el femenismo después de andar a tientas en divaga-ciones lloronas con Michelet, tomó cuerpo de lucha y es esta for-ma que hoy está revistiendo con los Bauer, los Lacour, las Dissart,las Hudry-Menos; formas simbólicas, con Tolstoi e Ibsen, y nue-vas averiguaciones científicas y positivas con Luis Franch y E.Carpenter. ¿Cuán lejos estamos de esta creación debida a lasmujercitas elegantes, no les parece a Uds.?¿Qué se deduce de lo precedente? Que el femenismo es la rei-vindicación de la individualidad para la mujer; individualidad quebárbara e hipócritamente le es negada de un modo positivo porlos unos e implícito por la mayoría de los socialistas y anarquis- tas, puesto que, unos y otros quieren a la mujer en el hogar cuan-do es justamente allí donde ella es cuádruplemente esclava: escla-vitud económica, esclavitud paterna, esclavitud marital, esclavi-tud filial; he ahí el patrimonio de la mujer cuya opresión sientecuanto más es del pueblo, porque ahí el hogar es aun más tiráni-co por ser más estrecho y más brutal el hombre, merced a inte-lecto craso y oprimido por su vida miserable [sic].¿Quieren una prueba de los sentimientos de falsa generosidadde la mayoría de los obreros? Solo basta oírlos gritar con deses-peración que sus salarios ni siquiera son suficientes para mante-ner a sus mujeres. Y esto quiere decir que ellos se abrogan elderecho de mantenerlas; y que en virtud de este derecho, la mujermantenida deberá servirles de criada y de algo más. Lo mismodeseaban los socialistas Russel y Marty, en un congreso deBurdeos, cuando propusieron la supresión del trabajo manualpara las mujeres, afirmando —uso Michelet— «que el hombredebía trabajar para la mujer». Esto es, ni más ni menos quererperpetuar la dominación del hombre sobre la mujer.“Cuando es que la mujer comprenderá que tiene que proveer ellamisma a sus necesidades para emanciparse del hombre.» Esto lodijo un simple legislador, pero que tenía algo más de sentidocomún y sentimientos de justicia, que muchísimos de aquellosfuribundos libertarios y principalmente del burguésimo autor delartículo de L’Avvenire.¡La cuestión económica! Ahí está el nudo gordiano que los débi-les y los interesados oponen a la emancipación de la mujer. Pues,hay que decirlo de una buena vez. La cuestión económica es unode los principales caracteres que animan al femenismo actual; ysi es que la mayoría del elemento femenista busca la resolucióndel problema por medio del parlamentarismo, de la ley: está enel error, como lo están los socialistas parlamentarios, como loestán los obreros con sus asociaciones de resistencia, que dichosea de paso, sólo saben resistir al empuje de las nuevas ideas,como los sois vosotros mismos, los anarquistas tan magnetiza-dos por vuestras organizaciones, como, en fin, lo son todos aque-llos que no habiendo comprendido la marcha del progreso ni suíndole altamente individual, lo quieren provocar como en los orga-nismos primitivos del general al particular cuando la verdad esque en los organismos superiores, el progreso se produce del par-ticular al general.Está dicho, la situación económica de la mujer le impide emanci-parse del hombre. Pero, también al obrero su situación econó-mica se opone a su emancipación del patrón, del capitalista. ¿Acasoesto implica la fatalidad de aceptar sin murmurar el yugo y deesperar todo de la bondad del amo? Si así lo pensáis, señor deL’Avvenire, nos vemos obligados a deciros que sois un vulgar con-servador y que bien haréis en ofrecer vuestra mercancía a cual-quier limpia-culos burgués.Existe una diferencia muy grande entre el sufrir la opresión y acep-tarle con resignación. Sin embargo, es esta resignación que ofre-céis a la mujer cuando la invitáis en «quedarse en lo que es» con su «caracteristica gentile» los «tesoros de afecciones» y la «poe-sía del pensamiento». Pues, esta «poesía», aquellos «tesoros»,este «caratteristica gentile» en fin, este «quedarse en lo que es»,se traducen positivamente en remiendos de trapos, limpieza decacerolas y el papel más inicuo aun de apasionada, en el lechocon el esposo cuando por lo general, la mujer siente repugnan-cia por un acto que trae por único resultado una cadena más a suvida, y sin haberlo querido, muchas veces, y sin haber gozado, casisiempre: Un hijo [sic].Lejos de no servir para nada a las hijas del pueblo, el femenismoes una cuestión trascendental para ellas, visto que más que nadiesufren ellas todas las opresiones y todas las injusticias que 20 siglosde tiranía religiosa han amontonado sobre las cabezas, mutilandolos cuerpos, torciendo los cerebros con su inquisitorial desarrollo.Y tú, mujer del pueblo, víctima expiadora de las debilidades bru-tales del hombre, recuérdate que hoy, lo que con tanto cinismoel mentiroso poeta llama amor, es una cadena dorada con lossofismas, y que solo sirve para oprimirte más. No quiero decirtede no amar. Lejos de mí este pensamiento; ama, que en ciertoperiodo la naturaleza reclama los besos frenéticos, pero, si estásdesilusionada por la horrible realidad: no cur [se corta el texto]...barte bajo una fatalidad que no existe, pero si, yérguete en tudolor punzante, y odia, odia mucho, que odiar es vivir

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