Políticas de la Memoria
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Fernando Molina, A propósito de Pablo Stefanoni, Los inconformistas del Centenario. Intelectuales, socialismo y nación en una Bolivia en crisis (1925-1939)
A propósito de Pablo Stefanoni, Los inconformistas del Centenario. Intelectuales, socialismo y nación en una Bolivia en crisis (1925-1939), La Paz, Editorial Plural, 383 pp.
Desde hace mucho tiempo que en Bolivia está pendiente la redacción de una historia de la izquierda o las izquierdas que han actuado durante un siglo y medio en la política del país. Esta carencia es más llamativa si se toma en cuenta que esta corriente ha tenido un éxito público que la diferencia —poniéndola en ventaja— de muchas de sus similares del continente. Las izquierdas bolivianas ocupan intermitentemente el poder desde los años 30 hasta hoy, y son responsables de los hechos más notables de la historia boliviana: la Revolución Nacional de 1952, que estableció las bases de una sociedad democrática moderna; y el modelo económico estatista y basado en los recursos naturales que, con un paréntesis neoliberal de quince años, ha tenido el país durante las seis últimas décadas. Pese a ello, las izquierdas no cuentan todavía con una historia de conjunto, desde su primera aparición en la mitad del siglo XIX, hasta su unificación casi completa en el Movimiento al Socialismo durante los años 2005-2009 —que ahora da paso a una nueva dispersión.
Puesto que las izquierdas se han desarrollado en estrecha vinculación con el movimiento obrero y, en general, con el movimiento sindical, las historias sobre éstos, que sí existen —siendo la principal la muy amplia de Guillermo Lora, Historia del movimiento obrero boliviano—, han cumplido hasta ahora las veces de la historia de la izquierda que hace falta. Sin embargo, los objetivos de estas obras son otros, por lo que las mismas no se detienen suficientemente en las ideas políticas de quienes las protagonizan. Por otra parte, el sectarismo del trotskista Lora echa a perder parte de su remarcable esfuerzo de recolección de datos y sucesos relacionados con los trabajadores bolivianos.
Un aporte a esta historia aún faltante, y uno muy importante, lo proporciona la obra de Pablo Stefanoni, Los inconformistas del Centenario. Intelectuales, socialismo y nación en una Bolivia en crisis (1925-1939), la cual apareció recientemente en La Paz bajo el sello de la editorial Plural.
El libro, que fue la tesis con que su autor se doctoró en Historia por la Universidad de Buenos Aires, trata de los agrupamientos de intelectuales y políticos, y del clima ideológico del país en los años previos y posteriores al centenario de la independencia boliviana (1925), los cuales fueron de crítica, primero, y de condena, luego, a la política liberal de libre comercio y “educación de las razas”, y al proyecto positivista de edificación de una Bolivia “civilizada”, progresista y occidental, que aparecieron en el país hacia 1880 y formaron parte de la ideología oficial desde 1900.
Esta crítica al liberalismo se tradujo políticamente en la sustitución en 1920 de los gobernantes liberales por unos sucesores “republicanos” que tenían veleidades socialistas y se apoyaban en los sindicatos, pero en el fondo coincidían con las ideas y las prácticas del liberalismo, incluso en su inconsecuencia respecto a los procedimientos electorales establecidos por la ley. También aparecieron los primeros programas anarquistas, marxistas y fascistas, mientras el pensamiento y el arte daban un “giro romántico” y de ser cientifistas y optimistas pasaban a ser antimodernistas, espiritualistas y críticos.
La investigación de Stefanoni se enfoca en este momento, que podríamos considerar de nacimiento de las escuelas revolucionarias que luego transformarían al país, y que acabó en el “socialismo militar”, una serie de gobiernos de facto dirigidos por veteranos de la guerra del Chaco (1932-1935) con inclinaciones izquierdistas y/o fascistas, los cuales llevaron a la práctica, a fines de los años 30 y comienzos de los 40, algunas de las actitudes esbozadas en el momento precedente.
Durante este momento, la confusión entre izquierda y fascismo aún era posible porque estas corrientes, además de estar unidas por una misma actitud antiliberal, todavía no se habían enfrentado sobre el escenario político mundial. A derecha e izquierda, entonces, el sentimiento político predominante era el odio a la “democracia burguesa”. Al mismo tiempo, emergían las instituciones corporativas, los sindicatos, por ejemplo, que las ideologías fascista y comunista exaltaban como soportes de un Estado de nuevo tipo, y que lo serían realmente a partir de la Revolución Nacional.
Stefanoni pretende hacer la “historia intelectual” de este periodo, pero este concepto debe entenderse en su sentido moderno de “historia de los intelectuales”, antes que en el clásico de “historia de las ideas”. En efecto, en este libro no encontramos una explicación detallada de lo que pensaban exactamente unos y otros, o de cómo cambiaron sus ideas con el tiempo; lo que el texto contiene es una muy persuasiva y detallada imagen del arranque del proceso de organización de los partidos, los sindicatos, los grupos y los individuos contestarios (“inconformistas”) que terminarían por constituir las izquierdas bolivianas y que en las décadas siguientes marcarían al país con su actividad y su pensamiento políticos. Vemos a estas personas y a estas instituciones introducir en el debate boliviano las primeras opiniones indianistas, nacionalistas, endogenistas, estatistas y socialistas, así como las primeras críticas “estructurales”, es decir, que apuntaban, más allá del desempeño del gobierno de turno, a las clases dominantes y a las bases mercantiles de la economía.
Se trata por tanto de una historia política de este periodo, de una biografía múltiple de los intelectuales y políticos que se salieron del status quo de entonces, y de un perspicaz análisis de la psicología colectiva de los bolivianos en los años 20 y 30, alimentado por cientos de apuntes anecdóticos, referencias curiosas, citas de la prensa, etc. Pese al lastre de un aparto erudito demasiado prolijo —lo que se debe a la concepción inicial del libro como tesis académica—, la capacidad narrativa de Stefanoni, sus observaciones de índole periodística, su buen ojo para el detalle revelador, y su interés por las vidas personales de los protagonistas, logra que la lectura de esta obra sea tan provechosa como atractiva (un beneficio que puede obtenerse mejor si uno se salta las notas de pie de página.
Los inconformistas del Centenario, al retratar a un grupo peculiar de bolivianos que fue capaz de criticar los tiempos que le tocaron vivir y —aunque fuera con vacilaciones y contradicciones— actuó en consecuencia, transformando el futuro de sus componentes y de todo el país, proporciona una reveladora perspectiva para imaginar y comprender la historia política boliviana del periodo investigado e, indirectamente, de todo el siglo XX.
Fernando Molina(Fundación Vicente Pazos Kanki)
 
A propósito de Federico Finchelstein, Orígenes ideológicos de la “Guerra Sucia”. Fascismo, populismo y dictadura en la Argentina del siglo XX, Buenos Aires, Sudamericana, 2016, 342 pp.
A propósito de Federico Finchelstein, Orígenes ideológicos de la “Guerra Sucia”. Fascismo, populismo y dictadura en la Argentina del siglo XX, Buenos Aires, Sudamericana, 2016, 342 pp.
El libro de Federico Finchelstein actualiza una pregunta clave para los historiadores que estudian pasados traumáticos, a saber: cómo fue posible el horror. Es una pregunta eterna, condenada a no ser saldada en forma satisfactoria nunca, pero a la vez productiva en la medida en que las diversas hipótesis, las nuevas perspectivas y la inclusión de fuentes de distinta naturaleza proporcionan claves para pensar los itinerarios políticos del siglo XX. El problema planteado por el autor es formulado de la siguiente forma: “cómo fue posible que la llamada Guerra Sucia pudo haberse hecho realidad en un país moderno, con una sociedad fuerte, progresista.” (p. 16) Para abordar este problema el autor propone una hipótesis audaz en la medida en que une fenómenos ubicados en diferentes contextos históricos; “el fascismo proporcionó la base para los principios y prácticas de la violencia que el gobierno argentino desató contra un grupo de sus ciudadanos en la década de 1970.” (p. 15) Es decir, la hipótesis principal sostiene que durante el período de entreguerras se conformó un núcleo ideológico que proporcionó una estructura de ideas, discursos y prácticas disponible para ser reapropiada por diversos fenómenos —desde el nacionalismo uriburista hasta la última dictadura militar, pasando por los tacuaras y la Triple A, entre otros— durante todo el siglo pasado.
La estrategia del autor para demostrar este vínculo entre nuestros horrores pasados y recientes es construir una genealogía de la violencia política del siglo XX argentino. Los fenómenos políticos que Finchelstein selecciona para analizar este linaje político son de muy distinta naturaleza ya que incluye regímenes, movimientos y agrupaciones políticas, grupos paramilitares, intelectuales y miembros de la Iglesia Católica. Al recolocarlos en un mismo itinerario, Finchelstein reflexiona sobre los elementos de una determinada “cultura política” signada por la violencia, cuyas “construcciones ideológicas” habrían sido incluso más influyentes que los fascismos europeos “en la configuración de la historia del violento siglo XX de la nación y de la cultura política del país.” (p. 21) La recurrencia a la comparación de estos fenómenos políticos locales con las experiencias de los fascismos en la Europa de entreguerras es una constante en el transcurso de la obra. No obstante, las diferencias están presentes en la argumentación. Para el autor, éstas radican más en la dimensión de los fenómenos y menos en el contexto histórico asegurando que “los argentinos fueron más modestos” que los fascismos europeos. Una particular reformulación de los moldes europeos hizo de la experiencia argentina una síntesis denominada por el autor —indistintamente— como “cléricofascismo”, “fascismo criollo”, “fascismo cristiano”, “fascismo cristianizado”, etc.
Más allá de los problemas metodológicos que presenta la utilización de conceptos complejos para explicar fenómenos políticos de naturaleza muy diversa, el intento de reconstruir una “cultura política de la violencia” en la historia del siglo XX en nuestro país es una vía interesante que permite descubrir conexiones de formas discursivas y prácticas que se encuentran disponibles en diversas coyunturas. Estos repertorios provistos de formas de resolver los problemas sociales; de responder a las crisis políticas; de definir al enemigo y de pensar una nación podrían aludir a un sustrato histórico común sedimentado por subculturas políticas que coexisten, dialogan y batallan. Desde nuestra perspectiva, el autor acierta en su elección al abordar el tema de las derechas —tema que viene siendo estudiado en profundidad hace más de dos décadas— a partir del concepto de cultura política. En primer lugar, porque esta categoría permite incorporar aristas de los fenómenos estudiados ignorados por un enfoque más tradicional de la historia política. En segundo lugar, porque autoriza una mirada de largo alcance siempre que se atienda a las transformaciones de la cultura política en cuestión, ya que éstas no son estáticas. Muy por el contrario, son formulaciones cambiantes que van acomodando las tradiciones a las exigencias de la coyuntura. Justamente estas características —las diferentes formas que asume la política y las transformaciones que sufre constantemente— son las que exigen una rigurosa explicación de quiénes eran los actores; qué lugar tenían en el sistema político —esto es ponerlos en relación a otros actores de la época—; cómo el contexto determinaba las decisiones políticas de estos actores; y cuáles fueron las pugnas instauradas con otros grupos por imponer una determinada idea de nación. En nuestra opinión, tal vez el texto podría ganar fuerza explicativa enfocando con mayor profundidad estas cuestiones. Justamente porque el universo de las derechas ha sido fragmentado, inestable y complejo quizás algunos elementos del contexto político podrían ayudar al lector a organizar un mapa más preciso. No obstante el trabajo de Finchelstein, exhaustivamente documentado y argumentado, presenta una excelente síntesis de investigaciones propias y de otros investigadores del campo que tiene como resultado la recuperación de viejas preguntas y el planteamiento de nuevos y actuales problemas sobre las culturas políticas, los cuales invitan a pensar sobre el peso de las herencias y la reactualización de las mismas.
En suma, Orígenes ideológicos es un libro de fácil lectura para un público amplio, que logra su cometido: llevar al lector por los sinuosos caminos que las derechas han recorrido durante el siglo XX argentino. La reflexión, lejos de quedar en nuestro pasado reciente se extiende hasta ciertas ideas, representaciones y actitudes que han pervivido hasta nuestros días demostrando —siguiendo la tesis del autor— que están verdaderamente arraigadas en la cultura política argentina. Cabe preguntarse entonces cuáles son las condiciones que permiten que ciertas culturas políticas aniden en instituciones y en grupos sociales más allá del consenso democrático extendido y sostenido hace décadas en nuestra región.
Mariela Rubinzal(CONICET-UNL)
 
La Revolución Rusa en su Centenario: Perspectivas temáticas y narrativas historiográficas
Resumen
Los estudios sobre la Revolución Rusa estuvieron fuertemente dominados por los contex- tos de producción en los cuales se inscribieron, como la Guerra Fría o la desestalinización. La disolución de la URSS en 1991 supuso un quiebre notable en ese sentido, ya que se observaron cambios en las perspectivas teóricas, un mejoramiento en el acceso a las fuen- tes y nuevos marcos políticos. A casi cien años de la Revolución, este artículo repasa las principales transformaciones en la historiografía en las dos últimas décadas: las temáticas que prevalecen, los nuevos aportes y las narrativas emergentes. De esta manera, cuando las condiciones actuales de vida siguen siendo en varios sentidos las mismas que animaron a los protagonistas de 1917, se busca aportar elementos para narrar hoy una historia de la Revolución que ayude a comprender mejor tanto ese pasado como nuestro presente.
Palabras claves
Revolución rusa – Centenario – Historiografía.
Abstract
Studies about Russian Revolution were strongly dominated by the contexts in which they were enrolled, as the Cold War or the de-Stalinization. The dissolution of the USSR in 1991 was a significant break in that sense and some changes were observed: in the theoretical perspectives, in the improved access to sources and in the new political frameworks. As we are reaching the Centenary of Revolution, this article reviews the main changes in his- toriography observed during the last twenty years: the themes that prevail, the new con- tributions and the emerging narratives. Thus, when the current living conditions remain in many ways the same as they encouraged the protagonists of 1917, it seeks to provide some elements to narrate a history of the Revolution that gives us a better understanding of the past as well of our present.
Keywords
Russian Revolution – Centenary – Historiography.
 
Martín Ribadero, A propósito de Alejandro Blanco y Luiz Carlos Jackson, Sociología en el espejo. Ensayistas, científicos sociales y críticos literarios en Brasil y en la Argentina (1930-1970)
A propósito de Alejandro Blanco y Luiz Carlos Jackson, Sociología en el espejo. Ensayistas, científicos sociales y críticos literarios en Brasil y en la Argentina (1930-1970), Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes Editorial, 272 pp.
El libro de Alejandro Blanco y Luiz Carlos Jackson es el resultado de un proyecto académico a escala transnacional. Su aparición denota, por un lado, la preponderancia que la historia de la sociología ha ganado en países como Brasil y Argentina, especialmente en espacios como la Universidad de San Pablo y el Centro de Historia Intelectual dependiente de la Universidad Nacional de Quilmes. Por otro lado, y aún más significativo, Sociología en el espejo revela las relaciones que estas instituciones y sus equipos han mantenido de un tiempo a esta parte, a raíz de celebrar numerosos encuentros, reuniones, jornadas y congresos. Una buena muestra de ello puede ser advertida en la participación de ambos autores en una obra central para el estudio de la vida cultural e intelectual de la región como es Historia de los intelectuales en América Latina dirigida por Carlos Altamirano. Allí, mientras Blanco resumía la trayectoria de la sociología empírica asociada a la labor de Gino Germani en la Argentina, Jackson delineaba su devenir en el país vecino, en particular en ciudades como Río de Janeiro y San Pablo. En ambos casos, la tarea era reconstruir el derrotero, logros y vaivenes que condicionaron a la sociología desde su fundación en el ámbito académico a mediados del siglo XX, a partir de una mirada ajena a las batallas que esta misma disciplina supo generar y afrontar para instalarse como autoridad de legitimidad intelectual.
En efecto, la sociología no sólo está escribiendo su propia historia a partir del trabajo de jóvenes profesionales formados en ella —tal como también advierte Sergio Miceli en el sustancioso prólogo que acompaña a la edición—, sino que para ello utiliza herramientas, autores y enfoques forjados en su interior. En el caso de Blanco y Jackson, esa narración es afrontada apelando a los elementos que brinda la sociología de la cultura —sin por ello dejar de lado la historia intelectual— pero sobre todo el método comparativo. Precisamente, es la asunción de esta perspectiva uno de los aspectos novedosos y centrales del libro, visible en cada una de las tres partes que lo conforman y en sus consideraciones finales.
La primera parte, es un claro ejemplo de este afán comparativo que sus autores asumen desde y como un principio. La cuestión que preocupara tanto a Blanco como a Jackson es analizar de qué manera los “científicos sociales” —denominación que en particular refiere a un espectro de ese espacio: los sociólogos— pudieron imponerse en el mundo intelectual en Argentina y Brasil entre fines de la década de 1950 y principios de los años sesenta. En esa historia, nodal es comprender los múltiples frentes y condiciones sociales, culturales y políticas que los sociólogos afrontaron en sus innumerables luchas contra la tradición intelectual dominante en ambos países como era el ensayismo abocado —en especial desde los años treinta— a explicar la formación, devenir y crisis de las identidades nacionales. Sin embargo, a poco de andar los caminos transitados por cada nación revelan más diferencias que similitudes. Mientras que en la Argentina ese enfrentamiento fue de menor intensidad, en Brasil la afinidad temática e interpretativa que existió entre el ensayismo y la sociología implicó una mayor disputa en pos de imponer nuevos parámetros de legitimidad intelectual. En cambio, en la margen occidental del Río de la Plata, la preponderancia del ensayo de tipo histórico-político por sobre la vertiente positivista, configuró una producción discursiva alejada de la historia y la sociología. Los casos de Eduardo Mallea, Raúl Scalabrini Ortiz y Ezequiel Martínez Estrada, además de la revista Sur, son ejemplos acabados de la amplia difusión y consagración que este tipo de género gozó entre las élites culturales argentinas y en buena parte del expansivo mercado cultural durante los años treinta y cuarenta. A contramano de este proceso, en Brasil el mayor peso de la novela de interpretación social retrasó la aparición y fortalecimiento del ensayismo, aunque en éste último prontamente revelaría una significativa fuerza de la mano de escritores como Gilberto Freyre, Sérgio Buarque de Holanda y Caio Prado Junior, todos formados y ligados a la vida universitaria y dotados de los instrumentos y procedimientos analíticos —el rigor de la base empírica y la apelación a figuras como Simmel o Boas entre otros aspectos— provenientes de su paso por este espacio. De esta manera, y aunque el trabajo no ahonde demasiado en términos de esta producción discursiva, la sociología en Brasil tuvo que afrontar una dura batalla para imponerse frente a literatos y ensayistas respecto a la Argentina. Aquí, en cambio, la vida intelectual estuvo dominada por un género y escritores que gozaban de una escasa inserción en la vida académica, hecho observable en la puesta en forma de su producción escrita carente de alquimia alguna con la historia y la sociología. Asimismo, que tal proceso haya sido exitoso en ámbitos como la Universidad de San Pablo y Buenos Aires se explica, por último, debido a los sustanciosos recursos materiales, políticos y simbólicos que contaban los sociólogos a fines de los años cincuenta.
Precisamente, analizar cómo la sociología pudo imponerse en términos institucionales en ambos países es el objetivo que se aborda en la segunda parte. Si bien lo que allí —en términos comparativos tanto con su primera como tercera parte— se alcanza es una menor novedad, ya que buena parte de lo que enuncian los autores había sido desarrollado en trabajos anteriores, se encuentra allí, sin embargo, un significativo aporte al estudio de la institucionalización de la sociología desde una perspectiva comparativa. Una comparación que, en rigor, adquiere una dimensión espacial aun más específica y precisa al privilegiar un marco más citadino —Buenos Aires, San Pablo y Río de Janeiro— que regional o nacional. En efecto, los emprendimientos que llevaron a la sociología a convertirse en la estrella de la renovación científica e intelectual, se vinculó a tres dimensiones que afectaron específicamente a estas ciudades: una dinámica social vinculada con la inmigración y sus efectos democratizadores de las estructuras educativas y ámbitos dominados hasta mediados del siglo XX por las élites; una rápida modernización en la enseñanza y la investigación universitaria y, por último, en la profesionalización de la vida académica. De todo ello, se desprenden dos periodizaciones posibles que enmarcan a cada caso en particular. Si, por un lado, en el país vecino la sociología afrontó una secuencia de fundación, expansión y especialización entre la Revolución de 1930 y el golpe de Estado de 1964, en la Argentina, por el contrario, se combinaron casi en un mismo tiempo más bien fases de fundación, retracción y recuperación. El surgimiento de figuras y líderes intelectuales como Florestan Fernándes y Gino Germani, acaso sean los mejores ejemplos a la hora de considerar y evaluar las transformaciones señaladas aunque asumiendo contextos y perfiles disímiles. Fernándes, a diferencia de Germani, fue producto exclusivo del sistema universitario paulista iniciado en los años treinta, ajeno a toda cuestión política y autónoma en el diseño de una agenda de investigación. En tanto, la biografía del ítalo-argentino revela de qué manera no sólo la moderna sociología debió afrontar su lucha contra la tradición anterior —reconocida en el grupo liderado por Alfredo Poviña— y la dependencia de disciplinas como la historia o el derecho, sino que tanto el tema de investigación de Germani —los efectos de la inmigración y la modernización— como su acceso a los principales resortes político-académicos y recursos económicos dependió en buena medida de su posición antiperonista y su apoyo a la política de “desperonización” iniciada con el golpe de Estado de 1955.
Ahora bien, si el éxito de la empresa de la sociología en el ámbito universitario y en la forma en cómo estableció una nueva forma de legitimidad intelectual, según los autores, ha sido por demás evidente, menos lo ha sido observar sus efectos en zonas ajenas, como es la de la crítica literaria. La renovación que tanto en Argentina como en Brasil se produjo en esta disciplina, fue posible no sólo por el exitoso modelo de científico social que propiciaban Fernándes y Germani sino también por el surgimiento de un movimiento generacional, intelectual e institucional. Al estudio de este proceso, tomando para ello a las figuras de Antonio Candido y Adolfo Prieto, está abocada la tercera parte. Condicionados y a su vez actores decisivos de este acto de renovación que afectó para siempre la labor de la crítica literaria, tanto Candido como Prieto, conforman el reflejo de una acción que tendió a establecer un nuevo status “científico” para la disciplina, y así desplazar a las antiguas y tradicionales camadas que hasta ese momento dominaban ese espacio. Y aunque el reconocimiento alcanzado por Candido en el espacio cultural brasilero se constata en la repercusión que alcanzó su obra en el medio —sobre todo en revistas y libros—, en el caso de Prieto esto es difícilmente homologable, debido a la preponderancia y el éxito que adquirió la empresa liderada por David Viñas, por lo menos hasta principios de la década de 1980. Por último, si bien resulta por lo menos llamativa esta incursión por la historia de la crítica literaria, en vez de optar por continuar indagando en torno al rol desempeñado por la sociología en los tan cambiantes y complejos años sesenta y setenta, es probable que lo señalado logre explicarse gracias a que a través de su tratamiento, lo que buscan los autores es constatar los logros cosechados por la sociología en la vida intelectual de ambos países. Pero también, y en especial a través de la figura de Prieto, lo que el estudio de su figura deja entrever es el límite que esta empresa tuvo que afrontar en su búsqueda por renovar las herramientas de análisis y la teoría de la crítica literaria, hecho que se advierte en la pregnancia y legitimidad que, como revela el caso del grupo Contorno, todavía gozaba la idea de hacer confluir al crítico con el novelista, el ensayista y el político.
Martín Ribadero(IEALC/ UBA-CONICET)
 
Paula Lucía Aguilar, A propósito de Mariana Canavese, Los usos de Foucault en la Argentina. Recepción y circulación desde los años cincuenta hasta nuestros días
A propósito de Mariana Canavese, Los usos de Foucault en la Argentina. Recepción y circulación desde los años cincuenta hasta nuestros días, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2015, 224 pp.
“Amplia, intensa y heterogénea”, así caracteriza Mariana Canavese la recepción de los trabajos de Michel Foucault en la Argentina durante la segunda mitad del siglo XX. Quizá la ausencia de un estudio detallado, hasta ahora, se deba justamente a estas cualidades que hicieron de sus usos una “pieza clave del mapa político cultural de nuestra sociedad” (p. 21). Resultado de un profundo trabajo de investigación, el libro se interna en un terreno que se presenta a la vez inexplorado y en disputa. Su autora sigue minuciosamente los rastros de la cita foucaultiana en múltiples itinerarios intelectuales y políticos, atenta a los procesos que moldean lecturas singulares y los modos en que éstas son puestas en juego a la hora de la reflexión crítica sobre la realidad argentina.
El texto se organiza atendiendo a una doble clave, a la vez cronológica y problemática. Esta lúcida decisión sobre la disposición del corpus permite que cada uno de los capítulos condense diferentes coyunturas y, por tanto, condiciones de posibilidad, en las que los enunciados foucaultianos aparecen, circulan, confrontan, se desplazan, estabilizan provisoriamente sentidos, y habilitan (u obturan) usos políticos específicos. Así, el primer capítulo recorre los indicios de las primeras (y tempranas) menciones a los textos de Foucault en el marco de un proceso de modernización cultural signado por la emergencia de la nueva izquierda, la creación de carreras universitarias, la proliferación de iniciativas editoriales independientes, y la búsqueda por definir el lugar del intelectual en el campo político. Se destaca en este marco la publicación de una antología en español de textos sobre Foucault compilada por José Sazbón, que constituye la primera íntegramente en español y, posiblemente, en el mundo, fuera de Francia. Tempranamente y con traducción local de Enfermedad mental y personalidad se signa el inicio de la publicación de los libros de Foucault en nuestro país. Sin embargo, el texto era ya citado en su versión francesa por prominentes figuras del psicoanálisis local como José Bleger. También se encuentran registros de trabajos de Foucault en el campo de la filosofía y la crítica literaria, así como también en la discusión teórico política en torno a la relación entre izquierdas y estructuralismo. A partir de estas primeras vías de circulación, la autora logra dar cuenta con detalle de los fluidos vínculos de distintos espacios intelectuales locales con la cultura francesa a lo largo del período estudiado. En este sentido, entre los años sesenta y principios de los setenta, la cita foucaultiana llegaría tanto por la “vía” de la crítica sartreana como por su “inclusión dentro del frente estructuralista” (p. 47). Sin embargo, el anuncio de la “muerte del hombre” en Las Palabras y las cosas se presentaba disonante en tiempos de radicalización política humanista y de las resistencias locales al estructuralismo. Uno de los hallazgos de la investigación constituye la identificación de huellas foucaultianas en distintas publicaciones de interés general, o al menos, destinadas a un público más amplio, como la revista Criterio o el diario Primera Plana.
El segundo capítulo, trabaja sobre las lecturas y lectores de los textos de Foucault desde mediados de los setenta hasta inicios de la década del ochenta. Surge entonces una pregunta nodal para pensar derivas posteriores: ¿cuál fue el “efecto Foucault” en años de un campo político intelectual signado por el miedo, la muerte, el silencio y los dispositivos de control y vigilancia de los cuerpos? En este punto, el libro de Canavese propone una lectura alejada de ciertos lugares comunes y apresurados que podrían desestimar la posibilidad de circulación de la cita foucaultiana en tales condiciones para registrar múltiples zonas de circulación a través de publicaciones como Puntos de Vista, la revista Los libros e incluso el diario La Opinión. En ámbitos académicos, la presencia de Foucault se verifica especialmente en el ámbito de la psicología, tanto en cátedras como en las publicaciones producidas por la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires (APBA) o la Revista Argentina de Psicología (RAP) quien le dedica un dossier en el año 1980. Asimismo, el libro destaca la presencia de los textos de Foucault como referencia teórica ineludible para ampliar la mirada sobre la arquitectura, las transformaciones urbanas y su enseñanza. Sin lugar a dudas, la presencia de la referencia a Foucault en el diario Convicción, históricamente asociado al almirante Emilio Eduardo Massera, interroga los sentidos de su circulación y propone inquietantes hipótesis al lector presto a clasificar usos inesperados. Los últimos años de la dictadura serían el escenario de la producción, tanto local como desde el exilio de reflexiones acerca del encierro, el poder y la subjetividad, retomando referencias más o menos explícitas a Vigilar y Castigar. Según señala la autora, si bien el nombre Foucault no fue del todo silenciado durante los años setenta, es recién a comienzos de los ochenta, con la apertura democrática, cuando su mención se hace más habitual.
En el capítulo tercero se analizan distintos niveles de relación que se suscitaron entre la circulación y apropiación de los textos de Foucault en la trama de debates que dieron forma a la crisis local del marxismo y sus consecuentes redefiniciones político-culturales. Es sabido que Foucault mismo otorga en sus textos centralidad a Marx en tanto fundador de discursividad al tiempo que reniega de las expresiones del marxismo “vulgar” o netamente economicista y discute las herramientas marxistas como crítica científica de la modernidad. Nos enfrentamos entonces a una serie de vaivenes y ambigüedades que se multiplican en sus usos y apropiaciones. Según señala Canavese, los textos de Foucault podían proveer argumentos a todos los “contendientes” de una disputa que daría forma a la vida política intelectual local de los años subsiguientes. Muchos de los argumentos esgrimidos en torno a la historia, el marxismo, el poder y sus relaciones marcaron efectivamente las formas de lectura de los textos de Foucault hasta nuestros días. Éstas van desde la asimilación de los textos de Foucault como ineludible complemento a cualquier análisis marxista de la formación de la fuerza de trabajo y el individuo moderno, hasta su rechazo cabal en tanto postulados “postmodernos” y obturadores de la política. Conviven estas caracterizaciones con la apropiación de las categorías foucaultianas para ampliar el análisis del ejercicio del poder sobre los cuerpos, la micropolítica, la sexualidad y la ética. Algunas de estas líneas signarían las formas de trabajo que se describen con detalle en el capítulo 4, cuando al decir de la autora, Foucault era ya “parte del aire” y sus usos y menciones comienzan a multiplicarse, ingresando con fuerza a los programas universitarios en Ciencias Sociales y Humanidades, los incipientes Estudios de Género, la reflexión sobre la situación carcelaria, y la relación entre delito y sociedad. La circulación y los usos de Foucault alcanzarían inusitada dispersión y velocidad a partir de la década del noventa. Un acertado balance final brinda pistas para comprender algunas de sus derivas actuales.
El libro constituye un interesante aporte al debate teórico vigente sobre la historia intelectual, sus categorías y métodos. Si bien se distancia explícitamente de lo que podría considerarse un análisis foucaultiano de Foucault es posible distinguir en su urdimbre un modo de lectura y de interrogación que remite a una aproximación genealógica a la cuestión que aborda. La pregunta principal del texto es por el presente y sus evidencias: ¿cómo es que un conjunto de textos publicados bajo el nombre de Foucault llegaron a ser cita obligada en múltiples discusiones teóricas y políticas? ¿Explica algo la remanida referencia a la existencia de una “moda Foucault” o de un fenómeno editorial la vastedad de su circulación y la intensidad de las disputas político-intelectuales que la atraviesan? ¿Cuándo y cómo llego Foucault a ser Foucault? La apuesta de Mariana Canavese es rarificar, extrañar estas evidencias. Y para ello, desconfía de las respuestas rápidas y apela a las tensiones, la heterogeneidad y la dispersión. En ese camino, el texto rompe con la unidad del autor y avanza estabilizando mapas de problemas en los que las citas aparecen, circulan por lugares inesperados, buscando dar cuenta de la singularidad de sus usos. El libro en sí mismo constituye una interesante apuesta por explicar, más allá de describir, la singularidad y la belleza de los usos en cada una de las coyunturas abordadas, cuyas capas sedimentadas llegan a nuestros días. Así, es posible leer en las huellas recobradas esos precisos instantes de la rareza en los que se inauguran lecturas, trazan líneas de investigación, se arman y desarman grupos de afinidad o se entrelazan áreas temáticas que marcaron la formación de, al menos, un par de generaciones.
Paula Lucía Aguilar(IIGG/ UBA-CONICET)
 
Presentación - El duro deseo de durar: Retratos latinoamericanos, en la periautografía de los intelectuales del siglo XX
La escritura de memorias (o periautografía, en la acepción concebida por Giambattista Vico que aquí se recupera) cuenta con una abundante y rica tradición en América Latina, que si bien ha sido visitada por aproximaciones críticas anteriores, no contaba hasta ahora con un estudio en profundidad desde las preguntas y problemas de la historia intelectual. El presente dossier, que responde a esa inquietud, ofrece un anticipo del libro resultante del proyecto “Retratos Latinoamericanos. Escritura memorialística de artistas e intelectuales latinoamericanos del siglo XX”, dirigido conjuntamente desde hace varios años por el historiador argentino Jorge Myers y el sociólogo brasilero Sergio Miceli. De esa importante iniciativa, que reunió el concurso de 34 especialistas que han escrutado los textos periautográficos de un extenso abanico de figuras del continente, Políticas de la Memoria publica en esta ocasión una decena de contribuciones. Abre el dossier un razonado estudio introductorio a cargo de Myers y Miceli, que recorta problemáticamente la especificidad de la perspectiva memorialística, y ubica la cultivada en América Latina dentro de las más amplias tradiciones de escrituras del yo surgidas ya no sólo en Occidente sino en el conjunto del pasado humano. Seguidamente, Ricardo Benzaquén (PUC-Río de Janeiro), Ricardo Martínez Mazzola (UNSAM/CONICET), María Inés de Torres (Universidad de la República, Montevideo), Sergio Ugalde (Universidad Autónoma de México), Martín Bergel (Centro de Historia Intelectual-UNQ/CeDInCI/CONICET), María Alice Rezende (PUC-Río de Janeiro), Judith Podlubne (Universidad Nacional de Rosario/CONICET), Nora Catelli (Universidad de Barcelona), y Sergio Miceli junto a Heloisa Pontes (Universidad de San Pablo y Universidad Estadual de Campinas, Brasil), acometen respectivamente textos memorialísticos de Mário de Andrade, Enrique Dickman, Juana de Ibarbourou, José Lezama Lima, Luis Alberto Sánchez, Jorge Amado, Victoria Ocampo, Adolfo Bioy Casares sobre Jorge Luis Borges, y exponentes de la escena teatral brasilera como Jorge Andrade y Gianfrancesco Guarnieri. Jorge Myers es investigador del CONICET y uno de los miembros fundadores del Centro de Historia Intelectual (antiguo Programa de Historia Intelectual) de la Universidad Nacional de Quilmes. Estuvo al cuidado del tomo de la Historia de los Intelectuales en América Latina consagrado al siglo XIX. Sergio Miceli, por su parte, es profesor de la Universidad de San Pablo, autor de Intelectuais à Brasileira —entre otros muchos libros y ensayos— , y animador principal de la historia intelectual, y de los grupos asociados con ella, en el Brasil
Arte y antifascismo en la revista Monde (1928-1935)
ResumenEl presente artículo procura abordar el proyecto político cultural gestado desde las pá- ginas de Monde. Hebdomadaire d’information littéraire, artistique, scientifique, éco- nomique et sociale (1928-1935), con el objetivo de demostrar que su propuesta estéti- co-ideológica anticipa lo que Nicole Rancine ha denominado como “realismo multiforme”, una estética que se despliega en el clima de ebullición cultural que acompaña el triunfo del Frente Popular y que actúo como una barrera para el ingreso del realismo socialista en Francia. En ese sentido, las imágenes gráficas de Monde emergen como el resultado de un programa visual que debe interpretarse a través del insistente rechazo de Barbusse a las presiones e intentos de supeditar la revista a una línea estética dictaminada desde Moscú.
Palabras claveRevistas culturales de izquierda – Redes intelectuales – Cultura de izquierda
AbstractThis article proposes to approach the political and cultural project gestated from the pages of Monde. Hebdomadaire d’information littéraire, artistique, scientifique, économique et sociale (1928-1935). The objective is show that aesthetic and ideological proposes anticipates what has been termed for Nicole Racine as “multiforme realism”, an aesthetic that unfolds in boiling cultural climate that accompanies the triumph of the Popular Front and act as a barrier to the entry of Socialist Realism in France. In that sense, Monde’s graphic images emerge as the result of a visual program to be interpreted throu- gh the insistent rejection of Barbusse to pressure and attempt to make the magazine an aesthetic dictated from Moscow.
Key WordsLe ist Cultura Magazines – Intellectual networks – Le Cultur
Los archivos de lxs militantes gltb: La historia del movimiento en su propia voz
El movimiento gltb es un movimiento particular en Argentina: a diferencia de otros movimientos partidarios, sindicales o estudiantiles, donde sus militantes eran perseguidxs por sus ideas, sus palabras o sus propuestas, lxs militantes gltb y la comunidad gltb en general fueron perseguidxs por lo que eran.[2] Eso impone unas dinámicas particulares, condiciona las alianzas posibles, los modos de acción y, por sobre todo, afecta de un modo singular a la historia del movimiento y a la historia de la comunidad. Es una historia no contada en las narrativas oficiales o masivas. ¿Cómo podría ser de otra manera con la historia de una comunidad negada y perseguida? Hace tan sólo veinte años esa era la realidad general de la comunidad gltb, hoy sigue siendo la realidad de algunos sectores de la comunidad a pesar del cambio social que fuimos logrando. No es ya la realidad del movimiento gltb: lxs activistas gltb no son perseguidxs en tanto tales, lo cual por supuesto no nos deja a salvo de violencias, como quedó demostrado trágicamente con el asesinato de Diana Sacayán.
Hasta hace unos pocos años, la comunidad gltb estaba plagada de historias clandestinas, de closets bien cerrados, de gente excluida no sólo de la educación o el trabajo sino de los funerales de sus parejas. En esas condiciones, lxs militantes gltb que hacen archivo no son sólo recopiladores de notas de diarios, de artículos, de fotos, sino que son también portadores de la memoria de su comunidad: son lxs que guardan relatos, nombres, fechas, conservan tanto un volante político como la memoria de una práctica cultural. Son, en cierto sentido, sobrevivientes al olvido y al borramiento que procuran hacer sobrevivir la historia política del movimiento y de la comunidad a ese mismo borramiento y olvido. Carlos Jáuregui, de quien se suelen citar frases más o menos suaves, a veces decía cosas bastante beligerantes. Él decía que todas las personas gltb nacemos en territorio enemigo. Pocxs hoy repetirían eso, que podría incomodar a aliadxs héteros cuya sensibilidad siempre parece ser muy delicada cuando se trata de analizar la forma en que reproducen la opresión heterosexista. Sin embargo, da cuenta de un clima de época en la que Carlos lo dijo, los noventa, y también de la persistencia de estructuras patriarcales y heterosexistas que de una u otra forma siguen combatiéndonos. Ya no tanto a través de la eliminación física, pero sí intentando anular la potencia cuestionadora, la voz propia, la iniciativa política, la capacidad de dar sentido, la capacidad de generar conocimiento y la historia de nuestro movimiento.
 
María Virginia Castro, A propósito de Néstor Perlongher, Correspondencia
A propósito de Néstor Perlongher, Correspondencia, Buenos Aires, Mansalva, 2016, 251 pp.
Las cartas enviadas por Perlongher entre los años 1976 y 1992, de las cuales ya habíamos tenido oportunidad de leer aquellas remitidas a su amigo Osvaldo Baigorria entre 1978 y 1986 en Un barroco de trinchera (Mansalva 2006), fueron compiladas y anotadas por la investigadora Cecilia Palmeiro y publicadas en abril de 2016, por la misma editorial. Contra la ambición que trasunta el título (“Correspondencia”) es justo señalar que no se trata de todas las cartas escritas por Perlongher entre los años mentados, sino las conservadas a lo largo del tiempo por una copiosa red de colegas, conocidos y amigos. La lectura del conjunto da una imagen polifacética del autor de Austria-Hungría. El que escribe es, qué duda cabe, un escritor, pero también un activista de la disidencia sexual, un tesista doctoral acosado por los protocolos académicos y su propio tedio, un antropólogo, un cronista del desbunde y el paisaje brasileros, un latinoamericano estrepitosamente infeliz en la llamada “ciudad luz”, y un místico ocasional. También, a partir del 26 de noviembre de 1989, cuando Perlongher —en una carta a su íntima amiga Sara (“Sarita”) Torres— confiesa la aparición de aftas en su lengua, las misivas comienzan a participar de manera creciente del subgénero “crónica del sidario” practicado por, entre otros, Pedro Lemebel (y felizmente perimido con la aparición del cóctel en 1996 que hizo del HIV una enfermedad crónica tratable).
Dos cartas intercambiadas entre Reinaldo Arenas y Néstor Perlongher presentes en la antología de Palmeiro remiten precisamente al rasgo fragmentario del género epistolar que mencionábamos arriba, que, junto con su carácter de instrumento de comunicación escrita, dialógica y diferida entre espacios distintos (Cfr. Barrenechea 1990) ya debería ser aceptado como su tercer “invariante genérico”. En efecto: las respectivas familiaridades y confesiones que salpican estas dos misivas conservadas (de Arenas a Perlongher, con fecha del 16/11/1984, de Perlongher a Arenas, con fecha del 10/10/1985) nos habilitan a hipotetizar que son, apenas, esquirlas de un intercambio tanto más extenso, hoy perdido. En otras palabras: el género epistolar es siempre indicial. No hay “correspondencias completas” (así como no existen las “obras completas”), sino simplemente “cartas (conservadas)”: vestigios de una gigantesca red de sociabilidad que, como una crisálida, envuelve a cada individuo —por misántropo que éste haya sido, por poco dado a socializar con sus pares— y sólo la muerte puede romper.
Y no sólo disponemos de “restos” —en el sentido de “ruinas”— para inferir esta construcción dialógica total, sino que, en tanto lectores avisados, nunca deberíamos olvidar el hecho de que la mayor parte de las veces los epistolarios que llegan a nuestras manos han debido atravesar una serie de cribas y censuras —por parte de su productor directo, o bien de sus herederos y albaceas, o bien por parte del editor responsable de “hacer libro” de un puñados de cartas— previamente a la instancia de publicación.
Lo señalado nos lleva una segunda consideración poco menos que crucial al momento de abordar las cartas remitidas por agentes que son escritores profesionales, que participan —aunque no completamente— del universo de los “epistolarios de los hombres ilustres” (denominados así en oposición a los llamados “epistolarios ordinarios” que tanto fervor han suscitado entre los defensores de la “nueva historia”). Tal como lo señalaba Laura Fernández Cordero en un trabajo publicado en el n° 14 de Políticas de la Memoria, las cartas nos obligan a reconsiderar ese tramposo hiato interior-exterior (en alguna de sus versiones más remanidas: público-privado, individual-social). En efecto: las “cartas de escritor” siempre se envían —como las de los “hombres ilustres”— teniendo como horizonte un destino público y la posteridad. No son una mera excrecencia de la vida íntima ni un reflejo de la interioridad ni la periódica reafirmación de un pacto epistolar (el secreto) entre dos seres que nosotros como lectores vendríamos a violentar, sino —en el caso específico de los escritores— el espacio per se de enunciación del “proyecto escriturario” y un laboratorio estilo. Al respecto, podría afirmarse de manera quizá algo temeraria que, habida cuenta de la cantidad de epistolarios de hombres de letras que fueron a imprenta desde fines del siglo XVIII, hoy en día la “carta de escritor” es un género literario consolidado, con sus reglas y sus grandes modelos. En el caso de Perlongher, es claro el gesto de estar escribiendo para “la posteridad” cuando, luego de pasar al ordenador como herramienta de escritura, afirma solemnemente en una carta a su amiga Beba Eguía que “Ahora todo lo que escriba quedará registrado para siempre en el disco duro”.
Pero las “cartas de escritor” no son sólo un género literario, sino también campo de acción y de estrategia. De manera prototípica, en ellas se habla del aspecto más crasamente material del quehacer literario: con qué dinero y cómo solventar una publicación, dónde y con quién editar, a quién pedir una contratapa o un subsidio. También en ellas se trafica información sensible: se piden y otorgan direcciones postales de terceros más poderosos (como editores, directores de revistas en las cuales se pretende publicar, o pares ya consagrados). Se tejen alianzas, se rinde pleitesía, se conspira. Las cartas enviadas por Perlongher en la era predigital frecuentemente están acompañadas por pedidos urgentes de revistas y libros. El poeta y antropólogo se desespera porque no le llegan ejemplares de las revistas con las cuales colabora, ni los diarios donde aparecen reseñados sus libros. Escribe desde el Brasil pero —porque las bases no están, como ocurre hoy, “en línea”— daría lo mismo estar sobre un iceberg en el Polo Norte, ya que depende de sus amigas más fieles —Beba Eguía y Sara Torres— para que ellas busquen y le envíen por correo postal las bases en formato papel de, por ejemplo, la beca Guggenheim, que finalmente ganará. Last but not least, las misivas de escritores son el espacio típico de la lectura compartida. Perlongher envia fotocopias y ejemplares de sus libros; recibe y comenta títulos de, entre varios, Reinaldo Arenas, Tamara Kamenszain y Ricardo Piglia. Casi siempre, estas “lecturas compartidas” aparecen regidas por la lógica del don.
Más allá de la considerable cantidad de destinatarios que aparecen en esta antología, sobresalen sin duda las cartas enviadas a quienes seguramente fueron las dos amigas más fieles de Perlongher: Sara Torres y Beba Eguía. En ellas, el estilo neobarroso típico de Perlongher se vuelve dicharachero y límpido. Las frases aparecen escritas sin cálculo, descarnadas, animadas por la ternura filial, un despotismo dulce, los escarceos del chisme, la música de la conversación. Perlongher cuenta con ambas y solamente con ellas para tener casa y comida cada vez que visita Buenos Aires, para que rueguen por su salud, para que se alegren verdaderamente por sus logros académicos y literarios y se apiaden de sus fracasos (sólo amorosos). La mera exhumación de estas cartas, que se recortan del todo como una bella joya de fantasía, justificaría la aparición de este libro, que celebramos.
María Virginia Castro(CeDInCI/UNSAM)
 
Mondolfo y la inversión de la praxis
ResumenEl concepto de “la inversión de la praxis” (o “praxis que se invierte”) constituye sin duda elleitmotiv de la interpretación del pensamiento de Marx realizada por Rodolfo Mondolfopartir de 1909. Pero esa frase también puede tomarse como una expresión del curiosorecorrido del concepto marxiano de Praxis en Italia. Ese accidentado proceso, en el queMondolfo representa un momento central, estuvo signado por el malentendido pero ala vez fue sumamente fructífero. Se inicia con la famosa traducción de las Tesis sobreFeuerbach al italiano y al idealismo subjetivo llevada a cabo por Giovanni Gentile. Sobresus huellas y las de Arturo Labriola, más aún que sobre las de Antonio Labriola, construiráMondolfo su marxismo que, tal como el de Gramsci, confunde materialismo con determi-nismo, y convierte a la praxis en una actividad que es ante todo conciencia y voluntad delsujeto que mediante sus sentidos produce toda la objetividad.
Palabras claveMondolfo; filosofía de la praxis; inversión de la praxis; Gentile; Labriola.
AbstractThe concept of “the overturning of praxis” (or “praxis which is overturned”) is undoubtedlythe leitmotif of the interpretation of Marx’s thought developed by Rodolfo Mondolfosince 1909. But that phrase can also be taken as an expression of the curious path ofMarxian concept of Praxis in Italy. That confusing process, in which Mondolfo representsa central moment, was marked by misunderstanding but it also was extremely fruitful. Itbegins with Giovanni Gentile’s famous translation of the Theses on Feuerbach to Italianand to subjective idealism. Following Gentile’s and Arturo Labriola’s footsteps, even morethan Antonio Labriola’s lessons, Mondolfo builds his Marxism which, such as Gramsci’s,confuses between materialism and determinism, and converts praxis into an activity thatis primarily the consciousness and will of the subject who produces the whole objectivitythrough the senses.
KeywordsMondolfo; philosophy of praxis; overturning of praxis; Gentile; Labriola