Políticas de la Memoria
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    745 research outputs found

    Cultura escrita en el Partido Obrero y la Unión Cívica Radical: Un estudio etnográfico y comparativo

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    This article explores the place of written culture in the construction of political parties in the present, based on the ethnographic work and the documentary research that I carried out during the years 2014 and 2015 in the “Unión Cívica Radical” and the “Partido Obrero”. From a comparative approach and in the search to trace the future of written culture in broader sociopolitical processes, the uses, practices and conceptualizations around writing and reading in both party communities are analyzed.El presente artículo indaga sobre el lugar de la cultura escrita en la construcción de los partidos políticos en el presente a partir del trabajo etnográfico y la investigación documental que realicé durante los años 2014 y 2015 en la Unión Cívica Radical y el Partido Obrero. Desde un enfoque comparativo y en la búsqueda por trazar el devenir de la cultura escrita en procesos sociopolíticos más amplios, se analizan los usos, prácticas y conceptualizaciones en torno a la escritura y la lectura en ambas comunidades partidarias

    A propósito de Mariano Dorr, Marx y la literatura, Buenos Aires, Galerna, 2019, 271 pp.

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    Sobre la biografía del archivo de la familia Bakunin

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    History often purports to be like currency on the gold standard.  It bases its claims to value on some archived thing.  But things change, literally and inevitably.  They lead social lives, interact with the world around them, and accumulate meanings through this life.  Adopting the “biography of things” approach used in many social sciences, this essay investigates the history of the Bakunin family archive. In doing so, it considers the intimate foundations of intellectual agency (and history) in modern Russia. It is based on long acquaintance with those Bakunin family papers now housed in Russian institutions.La historia pretende ser, a menudo, como la moneda durante el patrón oro.  Basa sus pretensiones de valor en algo archivado. Pero las cosas cambian, literal e inevitablemente.  Llevan una vida social, interactúan con el mundo que las rodea y acumulan significados a través de esa vida. Adoptando el enfoque de la “biografía de las cosas”" utilizado en muchas ciencias sociales, este ensayo investiga la historia del archivo de la familia Bakunin. Al hacerlo, considera los fundamentos íntimos de la agencia intelectual (y la historia) en la Rusia moderna. Se basa en un largo conocimiento de los documentos de la familia Bakunin que ahora se encuentran en instituciones rusas

    A propósito de Horacio Tarcus, Exiliados románticos. Los socialistas y masones en la formación de la Argentina moderna, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2020, 363 pp.

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    La agenda para América Latina del Secretariado Internacional de la Liga Comunista Internacionalista (trotskista)

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    [Peer reviewed article] With the formation of the international movement of supporters of Leon Trotsky expelled from the USSR and the growth of dissidents in the communist parties that sought communication and coordination outside national borders and an ideological message justifying their own dissent, the need arises to a coordinating and leading body of the recently created International Left Opposition (OII). So was created the International Secretariat (SI) that assumed the task of forming the international Trotskyist movement and then the Fourth International. It was an admirable effort by a very small group of people with few resources to mount a movement of world dimensions in competition with the giant rival that was the Stalinist Comintern of Moscow. This text aims to describe the agenda of the International Secretariat in relation to Latin America, its Trotskyist groups and parties. The source base serves the collection of the Archive Henk Sneevliet, one of the secretaries of the SI, kept in the Moscow archive RGASPI which covers only 1932-1936, while Sneevliet remains in the SI. The author starts from the hypothesis that the relative failure of the international Trotskyist movement lies in its initial ideological and political heterogeneity combined with the commitment to centralization and ideological unification, loaded with political intolerance, inherited from Russian Bolshevism and the Comintern. The SI was unable to promote the unification of diverse and heterogeneous Trotskyist groups into a single solid movement, condemning it to marginal political existence.[Artículo evaluado por pares] En los treinta, los grupos comunistas disidentes vinculados a León Trotsky se organizaron en la Oposición Internacional de Izquierda. Ello hizo necesario un órgano de coordinación: el Secretariado Internacional (SI) se encargó de formar el movimiento trotskista internacional y luego la IVª Internacional. Con escasos recursos financieros y un admirable esfuerzo, el SI buscó montar un movimiento de alcance mundial que competiera con la gigante y stalinista Komintern. El artículo analiza la agenda para Latinoamérica del SI. Su base documental es el Archivo Henk Sneevliet. Éste es resguardado en el archivo moscovita RGASPI y abarca de 1932 a 1936, años en que Sneevliet fue secretario del SI. La hipótesis del artículo es que el SI fracasó en la unificación del movimiento trotskista porque se empeñó en eliminar la heterogeneidad ideológica y política de los grupos desde una voluntad centralizadora heredada de la intolerancia del bolchevismo y la Komintern

    Juan José Sebreli entrevista a Nahuel Moreno : El trotskismo argentino ante la emergencia del peronismo

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    [Transcripción realizada por Natalia Bustelo y anotada por Horacio Tarcus  del original facilitado por Juan José Sebreli, titulado  “Charla entre N.M. y J.J.S realizada a principios de 1976”.  Se trata de 19 folios de formato oficio, mecanografiados,  con correcciones de puño y letra del propio Sebreli.  Un último folio, número 20, no corresponde a la desgrabación del encuentro;  se titula: “Información para J.J.S.”  y que contiene algunos datos biográficos  sobre Mario Pedrosa proporcionados por alguien  que lo trató en Chile y firma “Mafalda”. Tanto el título, como los subtítulos y las notas al pie son de los editores. También se han corregido algunos nombres propios  (“Shalié” en lugar de Chaulieu, “Castoriale” en vez de Castoriadis, etc.),  transcriptos erróneamente por la persona que hizo la desgrabación].[Transcripción realizada por Natalia Bustelo y anotada por Horacio Tarcus  del original facilitado por Juan José Sebreli, titulado  “Charla entre N.M. y J.J.S realizada a principios de 1976”.  Se trata de 19 folios de formato oficio, mecanografiados,  con correcciones de puño y letra del propio Sebreli.  Un último folio, número 20, no corresponde a la desgrabación del encuentro;  se titula: “Información para J.J.S.”  y que contiene algunos datos biográficos  sobre Mario Pedrosa proporcionados por alguien  que lo trató en Chile y firma “Mafalda”. Tanto el título, como los subtítulos y las notas al pie son de los editores. También se han corregido algunos nombres propios  (“Shalié” en lugar de Chaulieu, “Castoriale” en vez de Castoriadis, etc.),  transcriptos erróneamente por la persona que hizo la desgrabación]

    A 150 años: la Comuna en imágenes

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    Las ilustraciones de este número A 150 años: la Comuna en imágenes La Comuna parisina de 1871 fue el primer acontecimiento de la historia obrera y social que contó con imágenes que circularon por buena parte del globo. Y no sólo los clásicos grabados: la reciente invención de la fotografía y el uso extendido del daguerrotipo y el método de impresión mediante la litografía permitieron poner en circulación una importante masa de imágenes en grandes tirajes a través de los magazines de la época. Entre la crítica, el documento y la propaganda, estas imágenes se convirtieron también en un campo de batalla por la representación del acontecimiento. Hasta tal punto que a fines de ese mismo año fueron censuradas aquellas imágenes que pudieran poner en peligro la paz pública. El presente número de Políticas de la Memoria comparte una serie de reconocidas ilustraciones de esos años que fueron reproducidas en: Maurice Moissonier y Claude Willard, Barricades: révoltes et révolutions au 19e siècle, Paris, MEssidor, 1991; y Pierre-Louis Basse y Carole Bitoun, Aux armes citoyens ...": barricades et manifestations de rue en France de 1871 à nos jours, Paris, Hugo & Cie, 2010.    Según se indica en las referencias, muchas de esas ilustraciones forman parte de la colección del Musée de l’ Histoire vivante en Paris.  Sobre la ilustración de tapa Fotografía de Bar Floréal. Obtenida del libro: Maurice Moissonier y Claude Willard, Barricades: révoltes et révolutions au 19e siècle, Paris, Messidor, 1991.     Las ilustraciones de este número A 150 años: la Comuna en imágenes La Comuna parisina de 1871 fue el primer acontecimiento de la historia obrera y social que contó con imágenes que circularon por buena parte del globo. Y no sólo los clásicos grabados: la reciente invención de la fotografía y el uso extendido del daguerrotipo y el método de impresión mediante la litografía permitieron poner en circulación una importante masa de imágenes en grandes tirajes a través de los magazines de la época. Entre la crítica, el documento y la propaganda, estas imágenes se convirtieron también en un campo de batalla por la representación del acontecimiento. Hasta tal punto que a fines de ese mismo año fueron censuradas aquellas imágenes que pudieran poner en peligro la paz pública. El presente número de Políticas de la Memoria comparte una serie de reconocidas ilustraciones de esos años que fueron reproducidas en: Maurice Moissonier y Claude Willard, Barricades: révoltes et révolutions au 19e siècle, Paris, MEssidor, 1991; y Pierre-Louis Basse y Carole Bitoun, Aux armes citoyens ...": barricades et manifestations de rue en France de 1871 à nos jours, Paris, Hugo & Cie, 2010.    Según se indica en las referencias, muchas de esas ilustraciones forman parte de la colección del Musée de l’ Histoire vivante en Paris.  Sobre la ilustración de tapa Fotografía de Bar Floréal. Obtenida del libro: Maurice Moissonier y Claude Willard, Barricades: révoltes et révolutions au 19e siècle, Paris, Messidor, 1991.    &nbsp

    La nueva historia intelectual: Tiempo de balances

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    La Nueva historia intelectual Tiempo de balances A menudo representada como un área abierta a las contribuciones interdisciplinarias, de límites difusos, situada en la confluencia de diversos enfoques y estrategias, la historia intelectual ha traído a la historiografía de las últimas décadas una profunda renovación que cristaliza en un campo de estudios dinámico. En el artículo que abre este dossier, el historiador francés Christophe Prochasson —reconocido por sus trabajos sobre la Francia contemporánea, presidente de la École des hautes études en sciences sociales (EHESS) y director de la revista de historia intelectual Mil neuf cent—, propone un recorrido por el rol y la fisonomía de la nueva historia intelectual en Francia. En relación con lo que denomina, provocativamente, la “fabricación de obras”, nos invita a pensar “¿con qué fines se realiza el acto de crear? ¿Por qué dispositivos narrativos, teóricos o sensibles? ¿A qué públicos se dirige?”. El resultado es un cuidadoso balance del lugar de la historia intelectual en la historiografía francesa, sus diálogos y rupturas, las operaciones con respecto a la historia cultural, la historia de las ideas y la historia social. Le sigue una invitación a pensar, desde algunas herramientas de la historia intelectual, el estado del campo en la Argentina: los problemas vinculados a la definición del área, ciertos desarrollos, debates y perspectivas, sus objetos, espacios y mediaciones. La propuesta de la historiadora e investigadora Mariana Canavese da cuenta, por un lado, del creciente interés local en la reflexión teórico-metodológica dentro de un área cuyas formas abarcan un amplio e hibridado espectro. Explora, por otra parte, la hipótesis de que, desde los años noventa, el auge de la historia intelectual operó como un contrapunto del declive de la función intelectual: “¿La historia intelectual surge como síntoma de una ausencia (la práctica intelectual como actividad urgente que convoca a la acción) y vuelve como nostalgia en el retorno del objeto?”. Ambas intervenciones interpelan el lugar y la función de la producción intelectual, de sus intelectuales y la identidad de este espacio impreciso que se presta a los balances historiográficos propios de un campo consolidado tanto como a cartografías en continua actualización.La Nueva historia intelectual Tiempo de balances A menudo representada como un área abierta a las contribuciones interdisciplinarias, de límites difusos, situada en la confluencia de diversos enfoques y estrategias, la historia intelectual ha traído a la historiografía de las últimas décadas una profunda renovación que cristaliza en un campo de estudios dinámico. En el artículo que abre este dossier, el historiador francés Christophe Prochasson —reconocido por sus trabajos sobre la Francia contemporánea, presidente de la École des hautes études en sciences sociales (EHESS) y director de la revista de historia intelectual Mil neuf cent—, propone un recorrido por el rol y la fisonomía de la nueva historia intelectual en Francia. En relación con lo que denomina, provocativamente, la “fabricación de obras”, nos invita a pensar “¿con qué fines se realiza el acto de crear? ¿Por qué dispositivos narrativos, teóricos o sensibles? ¿A qué públicos se dirige?”. El resultado es un cuidadoso balance del lugar de la historia intelectual en la historiografía francesa, sus diálogos y rupturas, las operaciones con respecto a la historia cultural, la historia de las ideas y la historia social. Le sigue una invitación a pensar, desde algunas herramientas de la historia intelectual, el estado del campo en la Argentina: los problemas vinculados a la definición del área, ciertos desarrollos, debates y perspectivas, sus objetos, espacios y mediaciones. La propuesta de la historiadora e investigadora Mariana Canavese da cuenta, por un lado, del creciente interés local en la reflexión teórico-metodológica dentro de un área cuyas formas abarcan un amplio e hibridado espectro. Explora, por otra parte, la hipótesis de que, desde los años noventa, el auge de la historia intelectual operó como un contrapunto del declive de la función intelectual: “¿La historia intelectual surge como síntoma de una ausencia (la práctica intelectual como actividad urgente que convoca a la acción) y vuelve como nostalgia en el retorno del objeto?”. Ambas intervenciones interpelan el lugar y la función de la producción intelectual, de sus intelectuales y la identidad de este espacio impreciso que se presta a los balances historiográficos propios de un campo consolidado tanto como a cartografías en continua actualización

    Presentación

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      Desde la aparición del ya clásico Trotskysm in Latin America (1973) del historiador estadounidense Robert J. Alexander, las aventuras y desventuras de los trotskismos latinoamericanos han merecido estudios monográficos sobre las diversas experiencias nacionales, pero ninguna obra rigurosa de conjunto. Algunos balances historiográficos en ese sentido fueron presentados en el seminario “El impacto de León Trotsky en el pensamiento y en la política de América Latina”, patrocinado por el Stanford Center for Latin American Studies y realizado en la Universidad de Stanford el 23 de marzo de 2017, en el que participaron Herbert Klein, Vera Carnovale, Pablo Stefanoni, Olivia Gall, Dainis Karepovs, Horacio Tarcus, Rolando Rojas y Antonio Zapata Velasco. Dos años después, nuevos balances de las experiencias trotskistas latinoamericanas fueron presentados en las Xas Jornadas de Historia de las Izquierdas del CeDInCI “Dos décadas de historia de las izquierdas latinoamericanas. Aniversario y balance”, realizadas en Buenos Aires en noviembre de 2019. De esas ponencias presentadas en Stanford y en Buenos Aires recuperamos para nuestro dossier las intervenciones de Andrey Schelchcov y de Dainis Karepovs, a las que sumamos una serie de documentos inéditos con la convicción de que contribuirán a enriquecer los futuros abordajes. El historiador ruso Andrey Schelchcov reconstruye la concepción que el trotskismo internacional elaboró sobre la naturaleza del continente latinoamericano en la década de 1930, durante los años de formación de la Cuarta Internacional. Se centra en las discusiones sobre temas latinoamericanos que tuvieron lugar entre los años 1933 y 1935 en el Secretariado Internacional (SI) de la Liga Comunista Internacionalista (bolchevique-leninista) (LCI), precursora de la Internacional trotskista. Buena parte de la singularidad de su aporte proviene de la riqueza de sus fuentes: Schelchcov pudo trabajar con los documentos conservados en el Archivo Henk Sneevliet, un oposicionista de izquierda holandés que había participado activamente en esos debates. Por una verdadera paradoja de la historia, luego de que Sneevliet fuera ejecutado por los nazis, sus papeles terminaron en el Archivo de la Komintern, ubicado en Moscú. Por su parte, el historiador Dainis Karepovs, el mayor especialista en historia del trotskismo brasileño, estudia la posición antiimperialista que mantuvieron los trotskistas en el Brasil y junto a ello ilumina el aislamiento y el desconocimiento que, durante la década del treinta, mantenía el comunismo brasileño respecto de América Latina. En las filas anarcosindicalistas que habían conformado el campo revolucionario brasileño en los albores del siglo XX, las relaciones con sus congéneres latinoamericanos se establecieron en el campo de la solidaridad proletaria antes que en el de una identidad histórica y cultural común entre los antiguos países sometidos al colonialismo español o portugués. Y ese tipo de relación no se modificó sustancialmente con la emergencia del comunismo. Si bien desde mediados de los años 1930, como resultado del trabajo desarrollado por el Secretariado Sudamericano de la Internacional Comunista, el idioma castellano ganó espacio dentro del movimiento marxista del continente, tanto el Brasil como los países de la América hispana fueron considerados sin mayores especificaciones dentro del cartabón de los países “coloniales y semicoloniales”. Karepovs se detiene en la recepción de la que fueron objeto “América Latina” en su conjunto o los diversos países de la región en la prensa trotskista brasileña de las décadas de 1930 y 1940, resaltando la singularidad que representaron las observaciones del propio Trotsky sobre el Brasil, así como los aportes de Mario Pedrosa y Febus Gikovate. Completan nuestro Dossier “Trotskismos latinoamericanos” una serie de documentos inéditos. El primero es el diario de viaje de Samuel Glusberg a México, donde relata sus numerosos encuentros con Diego Rivera y León Trotsky. Para el año 1938, el editor argentino que venía de publicar en Buenos Aires las revistas Babel (1921-1929) y La Vida Literaria (1928-1932), llevaba tres años instalado en Santiago de Chile. Cuando era “medianoche en el siglo”, Glusberg estaba en la búsqueda de socios y colaboradores para lanzar un nuevo proyecto revisteril latinoamericano capaz de asumir el compromiso intelectual que exigía la hora. Había entrado en contacto con los grupos trotskistas de Buenos Aires y de Santiago, pero los encontró urgidos por la publicación de una prensa de agitación y propaganda, enfrascados en sus cuestiones organizativas. Glusberg no encontró en ellos su lugar: no buscaba encuadrarse en una militancia política convencional, sino establecer alianzas con intelectuales independientes para lanzar una nueva revista marxista crítica del orden burgués pero también del stalinismo. Su exploración a través de la correspondencia lo llevó a escribirse con Diego Rivera, que se había convertido poco tiempo atrás en el anfitrión de León Trotsky en México. Por su parte, Rivera, Trotsky y una docena de intelectuales mexicanos nucleados en la LCI preparaban por entonces el lanzamiento de Clave, una publicación que debía aparecer no como órgano partidario sino como revista marxista independiente. Convocado por Rivera para sumarse al proyecto revisteril, Glusberg se embarcó en Valparaíso rumbo al puerto de Veracruz, adonde arribó el 31 de diciembre de 1938. Permaneció en México un mes y unos pocos días, durante los que estrechó vínculos con Diego Rivera y Frida Khalo, participó de algunas reuniones que animaban Jean Van Heijenoort y varios de los trotskistas mexicanos, y visitó dos veces a Trotsky en la Casa Azul de Coyoacán. El diario que transcribimos en nuestro dossier nos habla de diálogos animados y de relaciones amistosas, e incluso de confesiones personales. Pero también trasunta cierto desencanto de Glusberg con el medio cultural mexicano. El editor chileno-argentino no vislumbró entre los colaboradores de Clave el equipo que creía necesario para su revista. “Si hubiera un escritor del valor de Diego Rivera en pintura…”, anota en su diario con evidente desconsuelo. Los encuentros con Trotsky hablan de un núcleo de afinidades, pero también de cierto desencuentro. El revolucionario ruso, que venía asistiendo durante aquellos años a la defección de tantos escritores que callaban o incluso celebraban los peores crímenes del stalinismo, recelaba de los intelectuales. El editor, por su parte, confiaba en su capacidad para salvar la dignidad del “gremio” mediante una revista de izquierda independiente. Y si bien Glusberg colaboró en la revista de los trotskistas mexicanos, a principios de febrero emprendió su regreso a Santiago de Chile. Apenas tres meses después, en mayo de 1939, lanzó desde la capital chilena su propia revista, que volvió a bautizar Babel. A pesar de sus modestos recursos económicos, durante doce años y a lo largo de 60 números, logró convocar desde Santiago el frente intelectual que Clave sería incapaz de reunir desde México. En las páginas de la nueva Babel colaboraron no sólo Trotsky, Diego Rivera, Van Heijenoort y James T. Farrell, sino también figuras de izquierda no alineadas con el trotskismo internacional como Víctor Serge, Dwight Macdonald, Edmund Wilson, Ignazio Silone, Jean-Paul Sartre, Albert Camus, André Malraux, Arthur Resenberg, Bertrand Russell y John Dos Passos. Y junto a los nombres de los escritores europeos y estadounidenses, Glusberg convocó un amplio espectro de autores latinoamericanos que fue de José Carlos Mariátegui a Alfonso Reyes, de Ezequiel Martínez Estrada a Manuel Rojas, de Mariano Picón-Salas a Leopoldo Zea. A continuación del diario de Glusberg publicamos aquellas piezas que se han conservado del intercambio epistolar entre Samuel Glusberg, Diego Rivera y León Trotsky. Este intercambio arrancó en julio de 1938, giró en torno del proyecto de una revista marxista en común y concluyó con la última carta del revolucionario ruso fechada el 1º de agosto de 1940, 20 días antes de su asesinato. Por último, damos a conocer un curioso documento inédito: una entrevista biográfica que el ensayista Juan José Sebreli le realizó a Nahuel Moreno en Buenos Aires a comienzos de 1976. El líder trotskista argentino se explaya allí ampliamente sobre su historia familiar, sus inicios en la vida militante, sus vínculos con la primera generación de trotskistas argentinos y los rumbos emprendidos por la segunda generación de seguidores de León Trotsky bajo el signo de la proletarización en las barriadas obreras del Gran Buenos Aires. En este relato animado, distendido, por momentos hilarante, aparecen también los primeros esfuerzos del grupo morenista por exceder el ámbito nacional, estrechando los primeros vínculos con los trotskistas de los otros países latinoamericanos y luego con los dirigentes históricos del trotskismo internacional de los años de posguerra.   N.B. y H.T.    Desde la aparición del ya clásico Trotskysm in Latin America (1973) del historiador estadounidense Robert J. Alexander, las aventuras y desventuras de los trotskismos latinoamericanos han merecido estudios monográficos sobre las diversas experiencias nacionales, pero ninguna obra rigurosa de conjunto. Algunos balances historiográficos en ese sentido fueron presentados en el seminario “El impacto de León Trotsky en el pensamiento y en la política de América Latina”, patrocinado por el Stanford Center for Latin American Studies y realizado en la Universidad de Stanford el 23 de marzo de 2017, en el que participaron Herbert Klein, Vera Carnovale, Pablo Stefanoni, Olivia Gall, Dainis Karepovs, Horacio Tarcus, Rolando Rojas y Antonio Zapata Velasco. Dos años después, nuevos balances de las experiencias trotskistas latinoamericanas fueron presentados en las Xas Jornadas de Historia de las Izquierdas del CeDInCI “Dos décadas de historia de las izquierdas latinoamericanas. Aniversario y balance”, realizadas en Buenos Aires en noviembre de 2019. De esas ponencias presentadas en Stanford y en Buenos Aires recuperamos para nuestro dossier las intervenciones de Andrey Schelchcov y de Dainis Karepovs, a las que sumamos una serie de documentos inéditos con la convicción de que contribuirán a enriquecer los futuros abordajes. El historiador ruso Andrey Schelchcov reconstruye la concepción que el trotskismo internacional elaboró sobre la naturaleza del continente latinoamericano en la década de 1930, durante los años de formación de la Cuarta Internacional. Se centra en las discusiones sobre temas latinoamericanos que tuvieron lugar entre los años 1933 y 1935 en el Secretariado Internacional (SI) de la Liga Comunista Internacionalista (bolchevique-leninista) (LCI), precursora de la Internacional trotskista. Buena parte de la singularidad de su aporte proviene de la riqueza de sus fuentes: Schelchcov pudo trabajar con los documentos conservados en el Archivo Henk Sneevliet, un oposicionista de izquierda holandés que había participado activamente en esos debates. Por una verdadera paradoja de la historia, luego de que Sneevliet fuera ejecutado por los nazis, sus papeles terminaron en el Archivo de la Komintern, ubicado en Moscú. Por su parte, el historiador Dainis Karepovs, el mayor especialista en historia del trotskismo brasileño, estudia la posición antiimperialista que mantuvieron los trotskistas en el Brasil y junto a ello ilumina el aislamiento y el desconocimiento que, durante la década del treinta, mantenía el comunismo brasileño respecto de América Latina. En las filas anarcosindicalistas que habían conformado el campo revolucionario brasileño en los albores del siglo XX, las relaciones con sus congéneres latinoamericanos se establecieron en el campo de la solidaridad proletaria antes que en el de una identidad histórica y cultural común entre los antiguos países sometidos al colonialismo español o portugués. Y ese tipo de relación no se modificó sustancialmente con la emergencia del comunismo. Si bien desde mediados de los años 1930, como resultado del trabajo desarrollado por el Secretariado Sudamericano de la Internacional Comunista, el idioma castellano ganó espacio dentro del movimiento marxista del continente, tanto el Brasil como los países de la América hispana fueron considerados sin mayores especificaciones dentro del cartabón de los países “coloniales y semicoloniales”. Karepovs se detiene en la recepción de la que fueron objeto “América Latina” en su conjunto o los diversos países de la región en la prensa trotskista brasileña de las décadas de 1930 y 1940, resaltando la singularidad que representaron las observaciones del propio Trotsky sobre el Brasil, así como los aportes de Mario Pedrosa y Febus Gikovate. Completan nuestro Dossier “Trotskismos latinoamericanos” una serie de documentos inéditos. El primero es el diario de viaje de Samuel Glusberg a México, donde relata sus numerosos encuentros con Diego Rivera y León Trotsky. Para el año 1938, el editor argentino que venía de publicar en Buenos Aires las revistas Babel (1921-1929) y La Vida Literaria (1928-1932), llevaba tres años instalado en Santiago de Chile. Cuando era “medianoche en el siglo”, Glusberg estaba en la búsqueda de socios y colaboradores para lanzar un nuevo proyecto revisteril latinoamericano capaz de asumir el compromiso intelectual que exigía la hora. Había entrado en contacto con los grupos trotskistas de Buenos Aires y de Santiago, pero los encontró urgidos por la publicación de una prensa de agitación y propaganda, enfrascados en sus cuestiones organizativas. Glusberg no encontró en ellos su lugar: no buscaba encuadrarse en una militancia política convencional, sino establecer alianzas con intelectuales independientes para lanzar una nueva revista marxista crítica del orden burgués pero también del stalinismo. Su exploración a través de la correspondencia lo llevó a escribirse con Diego Rivera, que se había convertido poco tiempo atrás en el anfitrión de León Trotsky en México. Por su parte, Rivera, Trotsky y una docena de intelectuales mexicanos nucleados en la LCI preparaban por entonces el lanzamiento de Clave, una publicación que debía aparecer no como órgano partidario sino como revista marxista independiente. Convocado por Rivera para sumarse al proyecto revisteril, Glusberg se embarcó en Valparaíso rumbo al puerto de Veracruz, adonde arribó el 31 de diciembre de 1938. Permaneció en México un mes y unos pocos días, durante los que estrechó vínculos con Diego Rivera y Frida Khalo, participó de algunas reuniones que animaban Jean Van Heijenoort y varios de los trotskistas mexicanos, y visitó dos veces a Trotsky en la Casa Azul de Coyoacán. El diario que transcribimos en nuestro dossier nos habla de diálogos animados y de relaciones amistosas, e incluso de confesiones personales. Pero también trasunta cierto desencanto de Glusberg con el medio cultural mexicano. El editor chileno-argentino no vislumbró entre los colaboradores de Clave el equipo que creía necesario para su revista. “Si hubiera un escritor del valor de Diego Rivera en pintura…”, anota en su diario con evidente desconsuelo. Los encuentros con Trotsky hablan de un núcleo de afinidades, pero también de cierto desencuentro. El revolucionario ruso, que venía asistiendo durante aquellos años a la defección de tantos escritores que callaban o incluso celebraban los peores crímenes del stalinismo, recelaba de los intelectuales. El editor, por su parte, confiaba en su capacidad para salvar la dignidad del “gremio” mediante una revista de izquierda independiente. Y si bien Glusberg colaboró en la revista de los trotskistas mexicanos, a principios de febrero emprendió su regreso a Santiago de Chile. Apenas tres meses después, en mayo de 1939, lanzó desde la capital chilena su propia revista, que volvió a bautizar Babel. A pesar de sus modestos recursos económicos, durante doce años y a lo largo de 60 números, logró convocar desde Santiago el frente intelectual que Clave sería incapaz de reunir desde México. En las páginas de la nueva Babel colaboraron no sólo Trotsky, Diego Rivera, Van Heijenoort y James T. Farrell, sino también figuras de izquierda no alineadas con el trotskismo internacional como Víctor Serge, Dwight Macdonald, Edmund Wilson, Ignazio Silone, Jean-Paul Sartre, Albert Camus, André Malraux, Arthur Resenberg, Bertrand Russell y John Dos Passos. Y junto a los nombres de los escritores europeos y estadounidenses, Glusberg convocó un amplio espectro de autores latinoamericanos que fue de José Carlos Mariátegui a Alfonso Reyes, de Ezequiel Martínez Estrada a Manuel Rojas, de Mariano Picón-Salas a Leopoldo Zea. A continuación del diario de Glusberg publicamos aquellas piezas que se han conservado del intercambio epistolar entre Samuel Glusberg, Diego Rivera y León Trotsky. Este intercambio arrancó en julio de 1938, giró en torno del proyecto de una revista marxista en común y concluyó con la última carta del revolucionario ruso fechada el 1º de agosto de 1940, 20 días antes de su asesinato. Por último, damos a conocer un curioso documento inédito: una entrevista biográfica que el ensayista Juan José Sebreli le realizó a Nahuel Moreno en Buenos Aires a comienzos de 1976. El líder trotskista argentino se explaya allí ampliamente sobre su historia familiar, sus inicios en la vida militante, sus vínculos con la primera generación de trotskistas argentinos y los rumbos emprendidos por la segunda generación de seguidores de León Trotsky bajo el signo de la proletarización en las barriadas obreras del Gran Buenos Aires. En este relato animado, distendido, por momentos hilarante, aparecen también los primeros esfuerzos del grupo morenista por exceder el ámbito nacional, estrechando los primeros vínculos con los trotskistas de los otros países latinoamericanos y luego con los dirigentes históricos del trotskismo internacional de los años de posguerra.   N.B. y H.T. &nbsp

    Con Trotsky en Coyoacán

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    [Edición de Horacio Tarcus; transcripción de  Eugenia Sik, Natalia Bustelo y Horacio Tarcus  de dos cuadernos manuscritos de Samuel Glusberg:  uno titulado “México, ahorita”, que contiene solamente el prólogo;  el otro, más extenso, fue rotulado por el propio Glusberg como:  “Diario de viaje - Diciembre 1937 - Febrero 1938”.  Fondo Samuel Glusberg, CeDInCI.  El título general, las palabras entre corchetes  y las notas al pie son responsabilidad del editor].[Edición de Horacio Tarcus; transcripción de  Eugenia Sik, Natalia Bustelo y Horacio Tarcus  de dos cuadernos manuscritos de Samuel Glusberg:  uno titulado “México, ahorita”, que contiene solamente el prólogo;  el otro, más extenso, fue rotulado por el propio Glusberg como:  “Diario de viaje - Diciembre 1937 - Febrero 1938”.  Fondo Samuel Glusberg, CeDInCI.  El título general, las palabras entre corchetes  y las notas al pie son responsabilidad del editor]

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