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Acontecimiento y Pandemia: Elementos filosóficos para pensar la pandemia del Covid-19 y reflexionar sobre sus consecuencias
Este texto es una contribución al pensamiento del acontecimiento, en sentido filosófico y, al mismo tiempo, un intento de comprender la pandemia del COVID-19 como un ejemplo concreto de aquello a lo que se refiere el concepto. Con ese fin se plantea, en primer lugar, qué significa ‘acontecimiento’, cuáles son sus rasgos constitutivos como concepto filosófico y cuáles son los caracteres que le asignan el lenguaje cotidiano y el sentido común. Para ello se considerarán principalmente los aportes de los dos pensadores contemporáneos que han desarrollado este concepto a partir de su fuente común en Heidegger, como son Slavoj Žižek y Gilles Deleuze. Ello nos permitirá una primera delimitación del significado para, en segundo lugar, mediante una rápida reseña de la producción filosófica alrededor de la irrupción de la pandemia del COVID-19, evaluar en qué medida se ha hecho una conceptualización adecuada de lo que sucede, si se trata o no de un acontecimiento y, si lo es, cuáles son sus implicaciones. En tercer lugar, se mostrará que la mayoría de la bibliografía filosófica sobre la pandemia no se vale de una conceptualización adecuada y, consecuentemente, no extrae las implicaciones pertinentes. Por nuestra parte, intentamos mostrar que los rasgos conceptuales del acontecimiento se expresan en la pandemia y con ello se nos reclama un nuevo modo de sentir, pensar y actuar para afrontar su novedad, para lo cual se rescatarán algunas sugerencias hechas por Hegel y Marx para poder afrontar la novedad (como ‘modernidad’ en Hegel o como ‘revolución’ en Marx). Finalmente, agregaremos unas reflexiones finales a modo de conclusión.Fil: Esperón, Juan Pablo Emanuel. Universidad del Salvador. Facultad de Filosofía, Historia y Letras. Escuela de Filosofía. Instituto de Investigaciones Filosoficas; Argentina. Universidad Nacional de La Matanza; Argentina. Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas; Argentina. Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires. Centro de Estudios Filosóficos "Eugenio Pucciarelli". Sección Fenomenología y Hermenéutica; Argentin
Comercialización y desarrollo de nuevos productos: La experiencia de Industrias CORMETAL S.A. con el desarrollo del bitren teniendo en cuenta las nuevas tendencias sociales
Fil: Verhaeghe, Edgardo. Universidad Nacional Villa María; Argentina.Fil: Duarte, Pablo Emanuel. Universidad Nacional Villa María; Argentina
Cooperación internacional para el desarrollo descentralizada en américa latina
Fil: Calloni, Alejandro Emanuel. Universidad Nacional de Villa María; Argentina.Fil: Mastragostino, Pablo Agustín. Universidad Nacional de Villa María; Argentina.Fil: Lorenzo Montero, Lucas Alejandro. Universidad Nacional de Villa María; Argentina
Antecedentes y planteo del problema en la filosofía de Heidegger
Deleuze ha hecho grandes esfuerzos para pensar la realidad fuera de los límites de las categorías tradicionales de la filosofía occidental. Debido a ello, este pensador es, junto a Heidegger y luego Derrida, uno de los pioneros en postular las nociones de acontecimiento y diferencia para abordar de otro modo los problemas ontológicos reunidos bajo la noción ser que se han planteado en la historia de la filosofía; y cuyos desarrollos cargan con un caudal tan grande de problemas, significaciones e interpretaciones que han conducido a muchos equívocos y malos entendidos; hasta el punto de que con el término ser, no puede plantearse ningún problema ni decirse nada nuevo. En este sentido es que Deleuze inaugura un nuevo modo de hacer filosofía cuyo carácter distintivo es replantear los problemas ontológicos centrales de esta actividad, i. e.: ¿cuál es la realidad del concepto?, ¿por qué hay realidad pudiendo no haberla? y ¿cómo crear una nueva imagen del pensamiento?.Lo que nos interesa -dice Deleuze- son aquellos modos de individuación distintos de las cosas, las personas o los sujetos... la individuación, por ejemplo, de una hora del día, de una región, de un clima, de un río o de un viento, de un acontecimiento. La irrupción intempestiva del acontecimiento pone en suspenso a la historia. El acontecimiento es un movimiento no-histórico, es un devenir no-histórico, es una singularidad sin modelos o esencia presupuesta; pues la originalidad de todo acontecimiento resulta ser el movimiento a partir del cual lo nuevo emerge, lo no previsto irrumpe en la realidad y escapa de los límites de la historiografía porque en todo acontecimiento hay un resto no histórico, inaprehensible, que excede los límites discursivos.Por ello resulta de suma relevancia para la filosofía actual preguntarse qué es un acontecimiento y así poder aprehender qué implicancias conlleva esta noción para la compresión de la novedad de la realidad que, en su carácter eminentemente contingente, se presenta y nos afecta. A continuación, planteamos algunos de los problemas y los desarrollos acerca del acontecimiento y la diferencia partiendo de los antecedentes heideggerianos y retomando la conceptualización hecha en la filosofía de Deleuze, dado que, a nuestro entender, han sido los pensadores actuales que más han influenciado nuestra época en torno a esta cuestión.Fil: Esperón, Juan Pablo Emanuel. Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires. Centro de Estudios Filosóficos "Eugenio Pucciarelli". Sección Fenomenología y Hermenéutica; Argentina. Universidad Nacional de La Matanza; Argentina. Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas; Argentin
Thinking the event through the philosophy of Gilles Deleuze
Este artículo tiene por objetivo pensar al acontecimiento y sus problemas derivados a partir de la filosofía de Deleuze; y por otro lado, en las conclusiones, mostrar cómo abordar la novedad sin que resulte explicada a partir de un fundamento trascendente.The objective of this article is to think the concept of event and the problems that derive from it from the perspective of the philosophy of Gilles Deleuze. In addition, in the concluding section it illustrates how novelty can be approached without having to be explained from a transcendent foundation.Fil: Esperón, Juan Pablo Emanuel. Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas; Argentina. Universidad del Salvador. Facultad de Filosofía, Historia y Letras; Argentina. Universidad Nacional de La Matanza; Argentin
Iglesia de San Pablo del Monte: Tlaxcala
La construcción del templo de San Pablo del Monte se remonta al siglo XVI. En un primer momento estuvo dedicado a San Miguel Arcángel, y poco tiempo después fue brindado al apóstol San Pablo. El templo fungió como visita del convento franciscano de Puebla, junto con las poblaciones de San Miguel Tenancingo, San Francisco Papalotla y San Cosme Mazatecochco.</p
Propuesta de clase : la Misión de la Iglesia en la actualidad
Introducción del tema: ¿A qué estamos llamados como Pueblo de Dios?.
Misión de la Iglesia: El mandato del Señor (Mt 28, 20). Naturaleza de la Misión. La comunión: expresión eclesial.
La Práctica Eclesial: Teología Pastoral: criterios básicos. La Pastoral califica la práctica eclesial. Sinodalidad: concepciones actuales y aspiraciones.
Sinodalidad y Laicado: Conceptualidad, aportes de la Lumen Gentium. Pasividad Laica y reflexión a la jerarquía de la colegialidad apostólica. Sinodalidad como dinamismo de la comunión. Cuadro Eclesiológico: "Todos", "algunos".Fil: Flores, Emanuel. Universidad FASTA. Facultad de Humanidades; Argentina.Fil: Saju, Juan Pablo. Universidad FASTA. Facultad de Humanidades; Argentina
El acontecimiento y el planteo deleuziano del problema de la diferencia
Se dice que Deleuze es un filósofo posmoderno, entre otras cosas, porque postularía una suerte de anarquismo filosófico en el que no habría fundamentos dados y afirmaría una filosofía de la multiplicidad y la diferencia. Sin embargo, en la filosofía deleuziana se desarrolla una ontología que no debiera ser prejuzgada ni menospreciada sin dar cabida a sus propios argumentos. Con respecto a esto hay que decir, en primer lugar, que a través de la lectura y apropiación de algunos pensadores marginales en el relato ?oficial? de la historia de la filosofía, tales como Hume, Spinoza o Bergson, Deleuze lucha por liberar al pensamiento de toda la lógica reduccionista y binaria que rige la tradición filosófica occidental. Dicha historia oficial no deja de limitar al pensamiento en tanto búsqueda de un fundamento absoluto que justifique lo ente en general y a sí mismo, conforme a lo afirmado en el capítulo anterior. Pues, Deleuze logra mostrar que la realidad del ser es diferir y no fundamentar. En segundo lugar, Deleuze pone todo su esfuerzo en elaborar una ontología inmanente, en la que el ser es liberado y desarraigado de su condición y estatus de fundamento de lo ente, lo que conlleva subsumirlo en el devenir. Deleuze, del mismo modo que Heidegger, denuncia que el problema de la irrupción de la diferencia ha sido despreciado y marginado de las reflexiones filosóficas occidentales, porque lo diferente vendría a representar al pecado, la falta y la caída en la tradición judeo-cristiana, o lo monstruoso y al enemigo desde un contexto moral y político. En definitiva, la diferencia es identificada con todas aquellas fuerzas que representan al mal, lo extraño y lo peligroso. Pero llegados a este punto, Deleuze vuelve a plantear el problema que ya había mostrado Heidegger, i. e., por qué hay diferencia, cómo pensar la diferencia en cuanto tal sin fundamentarla en la identidad. Para Deleuze, ni la fenomenología ni la dialéctica han sido capaces de pensar la diferencia dado que ésta se manifiesta como plena afirmación, sin ninguna referencia a un fundamento que unifique las diferencias, pues pensar la diferencia implica no reducirla o conducirla hacia una instancia superior que supere tales diferencias. En definitiva, el problema que vuelve a actualizar el planteo deleuziano es: ¿cómo pensar una realidad que se efectúa y expresa como diferencia, cuyos caracteres distintivos son el movimiento y la contingencia? Y este problema conlleva a experimentar nuevos modos de pensamiento que rompan los presupuestos de la representación que subordina siempre lo diferente a lo idéntico. Podemos adelantar aquí que esta experimentación es llevada adelante por Deleuze a partir de su tesis sobre la univocidad del ser. Esta tesis no significa que haya una primacía o una reducción a un principio o unidad que explique la univocidad del ser sino que para Deleuze ?lo esencial de la univocidad no es que el ser se diga en un solo y mismo sentido. Es que se diga, en un solo y mismo sentido de todas sus diferencias individuantes o modalidades intrínsecas?. El encuentro con Spinoza y Nietzsche es decisivo para ello, pues es sabido el gran interés que las obras de estos pensadores despiertan en el pensamiento deleuziano a la vez que lo potencian . Dos motivos confluyen en ello: en primer lugar, tanto la filosofía de Nietzsche y como la de Spinoza le permiten a Deleuze vislumbrar los límites y el dogmatismo que asume la tradición filosófica occidental al ocuparse de la cuestión del fundamento como último peldaño o escalón al que el pensamiento, a través de la deducción o la dialéctica, pudiera llegar, y así conocer la esencia del hombre, de la vida, del espíritu, de lo absoluto o de cualquier ámbito de lo real. Por otro lado, tanto en Nietzsche como en Spinoza, Deleuze encuentra las armas que le permiten luchar contra la concepción del ser concebido como totalidad o como fundamento de lo ente en general; aquellos filósofos le brindan herramientas para poner en marcha esta empresa que niega que el pensamiento sea una acción autónoma, como así también niega que se pueda pensar por sí mismo (al modo cartesiano). Por el contrario, el pensamiento está siempre condicionado por relaciones de fuerzas tanto extrínsecas como intrínsecas. Puede adelantarse aquí que el pensamiento depende siempre de fuerzas que se apoderan de él. Por ello, Deleuze reivindica, apropiándose de las posiciones de Spinoza y de Nietzsche, una nueva praxis filosófica que tiene como ejes centrales las nociones de diferencia y acontecimiento, y que le permite evaluar el sentido de las fuerzas que constituyen a los cuerpos, interpretando las inter-relaciones y las conexiones tanto cualitativas como cuantitativas que entre las diferentes fuerzas se establecen.Fil: Esperón, Juan Pablo Emanuel. Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires. Centro de Estudios Filosóficos "Eugenio Pucciarelli". Sección Fenomenología y Hermenéutica; Argentina. Universidad Nacional de La Matanza; Argentina. Universidad del Salvador. Facultad de Filosofía, Historia y Letras. Escuela de Filosofía. Instituto de Investigaciones Filosoficas; Argentina. Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas; Argentin
Heidegger, Deleuze, Nietzsche y la ontología: Más allá del fundamento y la verdad. El devenir y la inmanencia
Según Heidegger, la metafísica occidental se constituye y se caracteriza, desde su comienzo histórico, por estar determinada desde una estructura de pensamiento cuyo carácter es la oposición disyuntiva exclusiva que presupone la lógica de la identidad. Dicha estructura está constituida por polos que se oponen entre sí para, luego, fundamentar la reducción de uno a otro. Ello pone en marcha a la metafísica misma y a la propia historia de occidente, dado que, tal estructura de oposición que fue instituida por Platón al establecer dos realidades opuestas en donde una funciona como fundamento de la otra, y donde la verdad opera del lado del fundamento en detrimento del otro, termina por adoptarse en toda la historia de la metafísica, elaborando de la misma manera y bajo la misma lógica la reducción, a saber: de lo múltiple a lo uno (antigüedad griega), de las creaturas al creador (medioevo), y de lo representado a la representación (modernidad). Ello, a su vez, muestra ciertos límites en la comprensión de la realidad que creemos deben ser puestos en cuestión y discutidos. Exponemos, a continuación, esta problemática y, por otro lado, abordamos una posición alternativa al planteo de la tradición filosófica occidental a partir de la recepción deleuziana del pensamiento de Nietzsche. En Deleuze hemos encontrado un original modo de pensar, en el que se muestra una lucha feroz contra toda lógica de oposición metafísica, porque, justamente, esta lógica limita la actividad del pensamiento. Por ello, Deleuze pone todo su esfuerzo en elaborar una ontología de la diferencia y el devenir, esto significa que en la filosofía deleuziana hay un movimiento del pensamiento hacia una liberación del ser de su condición de fundamento que lleva, al filósofo francés, a mostrar que la realidad del ser es retornar como diferente. El problema específico que aquí nos ocupa, entonces, se inserta en el marco general de las discusiones actuales y contemporáneas en torno al problema de la noción de diferencia, en particular la distinción heideggeriana entre la diferencia óntica y la diferencia ontológica, y el lugar que Deleuze le otorga a la filosofía de Nietzsche dentro de este marco conceptual. La filosofía como la literatura y las artes, a diferencia de las ciencias, no han dejado de plantearse desde hace un siglo el problema de lo nuevo, de la novedad, de la posibilidad de crear o de inventar una nueva forma de pensamiento que no sea una repetición más o menos sutil o una interpretación más o menos sugerente de lo ya producido por la filosofía en su historia anterior. Ya en 1806 Hegel había sostenido que la filosofía había llegado a su culminación y se había convertido en saber absoluto, único al que cabe el nombre de Ciencia Verdadera. De allí en más, el marxismo, el positivismo, la filosofía analítica, el kantismo, el estructuralismo, entre otras influyentes corrientes de pensamiento, han proclamado el fin de la metafísica y la muerte de la filosofía, de lo cual se deriva la imposibilidad de la novedad. En este contexto, muchos autores se sumaron decididamente al proyecto cientificista, acrecentando las críticas al perimido proyecto filosófico que quedaba relegado a las escuelas anacrónicas y a la erudición histórica como antecedente de las ciencias o a la esfera estética o literaria sin pretensiones de verdad. En la segunda parte del siglo XX, en el ámbito francés en particular, pareció plantearse para la nueva generación de filósofos una alternativa de hierro entre las lecturas renovadas de la filosofía hegeliana, cuya totalización del saber no solamente comprendía el conjunto de la historia del conocimiento y el sentido de la historia sino que parecía tener la capacidad para integrar a sus mismos críticos (marxismo, existencialismo) y el estructuralismo que, proviniendo de la lingüística (humanidades) se proponía como un marco científico capaz de eludir las confusiones y aporías de las ciencias históricas o ciencias del espíritu. Autores como Foucault y Deleuze rechazaron decididamente estas alternativas impuestas por la coyuntura histórica y afirmaron la posibilidad de pensar de otro modo. Esta posibilidad debe distinguirse no solamente de las propuestas mayormente aceptadas del marxismo, el existencialismo (sartreano o heideggeriano) o el estructuralismo sino también sus negaciones: las filosofías de la falta, de la ausencia, de la carencia. ¿Es posible pensar de otro modo? ¿De qué manera? ¿No se está en todos los casos dentro de las alternativas planteadas desde las formas de pensamiento hegemónicas? ¿Cómo dar lugar a lo nuevo en el pensamiento si ya todo ha sido pensado? Problemas análogos se plantean en el ámbito de la literatura: ¿cómo escribir algo nuevo si ya todo parece haber sido escrito? Acaso sólo quepa la posibilidad de cultivar, comentar o enriquecer la obra de un escritor consagrado. Tal sería la función de la erudición o la crítica literaria pero no una nueva escritura. Deleuze no deja de alentar la construcción de un nuevo modo de pensar y de vivir. Sin embargo, advierte que la novedad no consiste en un nuevo elemento o caso particular que se desprenda o desarrolle del sentido de la historia ni tampoco en la negación determinada de los resultados últimos de la historia de la filosofía. Siguiendo a Nietzsche, señala que lo nuevo se identifica con lo intempestivo. De acuerdo con esta perspectiva, lo nuevo nunca está ya dado ni insinuado ni contenido en la historia sino que es el producto del devenir, de combinaciones inéditas o de encuentros aleatorios y contingentes, como los llama Althusser. Para la filosofía, para el pensamiento, lo nuevo consiste en la construcción de un plano que haga posible para una época particular llevar sus fuerzas hasta el extremo de lo que pueden, es decir, que hagan posible la creación. No se trata, sin embargo, de una creación ex nihilo. Siempre se pueden encontrar antecedentes, ejemplos, casos de creación, tanto en el pasado como en el presente, que potencien las fuerzas del pensamiento. Pero estos ejemplos no se encuentran, por lo general, en las figuras que Hegel denominó los héroes del pensamiento, es decir, en los autores que las historias de la filosofía no dejan de citar y estudiar, sino en aquellos otros que han sido enterrados, sepultados, olvidados, reprimidos, ignorados, excluidos del panteón de los héroes. Las incursiones que Deleuze hace en la historia de la filosofía son siempre para rescatar a estos autores menores: Lucrecio, los estoicos, Hume, algo de Leibniz, algo de Kant, Bergson, y sobre todo, Spinoza y Nietzsche. Esta investigación focalizará en el último caso como ejemplo del ejercicio de una nueva manera de pensar. Buscamos comprender qué elementos de los que protagonizan su interpretación, tratamiento y uso del pensamiento de Nietzsche son innovadores para la filosofía actual. ¿Qué tiene de ?intempestivo este modo de pensar ¿Qué significa que la filosofía es siempre (in)actual? ¿Qué encuentros se suscitan entre Nietzsche y Deleuze? Por ende, planteado este escenario, en el presente apunte nos proponemos delimitar la cuestión del fundamento y la verdad en la tradición filosófica occidental a partir de preguntarnos ¿qué son y cómo se constituyen tanto el fundamento como la verdad? tomando como eje central la lectura heideggeriana sobre esta cuestión en dos conferencias agrupadas bajo el título Identidad y Diferencia pronunciadas en 1956 y 1957. Luego relevamos algunas conexiones de la recepción deleuziana de la filosofía de Nietzsche expuestas en su libro Nietzsche y la filosofía en donde Deleuze se propone resignificar nociones claves de la filosofía del pensador alemán para mostrar que la realidad del ser es diferir y no fundamentar.Fil: Esperón, Juan Pablo Emanuel. Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires. Centro de Estudios Filosóficos "Eugenio Pucciarelli". Sección Fenomenología y Hermenéutica; Argentina. Universidad del Salvador. Facultad de Filosofía, Historia y Letras. Escuela de Filosofía. Instituto de Investigaciones Filosoficas; Argentina. Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires. Centro de Estudios Filosóficos "Eugenio Pucciarelli". Sección de Investigaciones sobre Pensamiento Argentino; Argentina. Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas; Argentina. Universidad Nacional de La Matanza; Argentin
Cultural dynamics on modernity: a debate about identities and politics
Este artículo tiene como objetivo discutir las relaciones entre cultura y Modernidad, desde la epistemo-logía de las ciencias sociales y su impacto en los dilemas actuales de la filosofía política. Así, se busca comprender si la noción de emancipación puede redimirse en el análisis de las dinámicas culturales, en la medida en que el pasaje de la modernidad a la posmodernidad se despliega en términos de nuevos sujetos y fronteras fluidas, deshaciendo las nociones de estructura social, territorio y Estado. En este sentido, refuerza la necesidad de la composición de un nuevo paradigma de reconocimiento que vaya más allá de las prerrogativas críticas ya establecidas en las ciencias sociales, es decir, que considere las diferencias culturales como punto de apoyo. Se entiende que esta opción tiende a asegurar tanto la identidad del sujeto subalterno, como la posibilidad de construir su representación política.This article aims to discuss the relations between culture and Modenity, from the epistemology of the social sciences and their impact on current dilemas of political philosophy. Thus, it seek to understand if the notion of emancipation can be redeemed in the analysis of cultural dynamics, as the passage from modernity to postmodernity unfold in terms of new subjects and fluid borders, undoing the notions of social structure, territory and State. In this regard, it reinforces the need for composition of a new recognition paradigm that goes beyond the critical prerrogatives already estabilished in the social sciences, in other words, considering the cultural differences as foothold. It is understood that this option tends to ensure both the identity of the subaltern subject, as the possibility of building its political representatio
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