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Embrollos teóricos y pocas nueces: una “cosica” ilegible
Libro reseñado:Andrés de Santa María en los críticos de arte colombianos. Víctor Alberto Quinche Ramírez. Editorial Universidad del Rosario, Bogotá, 2014, 102 págs. El título de este libro es prometedor. Atrae al lector interesado en la historia del arte colombiano, ya que la bibliografía contemporánea sobre Andrés de Santa María (1860-1945) es inexistente por fuera de las bibliotecas.A Santa María se le considera, por lo general, un pionero del arte moderno en el país, si bien apenas vivió 17 de sus 85 años en Colombia. A partir de la década del 70, lo estudiaron autores de la talla de Álvaro Medina, Eduardo Serrano, Carolina Ponce y Beatriz González, entre otros. En un artículo de 1960, publicado en la revista Semana, Marta Traba escribió sobre “el espléndido Santa María”:se negó a subyugar a la pintura a cualquiera de los dos matriarcados obligatorios: la sociedad santafereña de la primera década y la socialización mejicanista (sic) de la segunda.Sin embargo, rápidamente se descubre la cruda realidad: a pesar de las buenas intenciones, este libro termina siendo otra acumulación más de un absurdo blablablá seudocientífico
Mientras tanto, en la posada
Libro reseñado:La posada del almirante Benbow. Octavio Escobar Giraldo (autoría) y Camilo Marín López (ilustración). Universidad de Caldas, Manizales, 2014, 44 págs., il. Diecisiete años después de la publicación del libro de cuentos La posada del almirante Benbow (1997) del escritor manizaleño Octavio Escobar Giraldo, la Universidad de Caldas hizo la edición del cuento que da título al libro, en pasta dura y con ocho bellas ilustraciones de Camilo Marín López. El cuento es lo que en el mundo de las series televisivas se conoce como un spin-off, o serie derivada, que consiste en tomar un elemento o un personaje de una narración y desarrollar un relato que tiene lugar en el mismo universo de la historia original.La posada del almirante Benbow es, como su nombre lo sugiere, la primera parte de la famosa novela La isla del tesoro, del escritor escocés Robert Louis Stevenson. Lo primero que salta a la vista en esta ingeniosa reinvención de la novela es el cambio de perspectiva, sin que eso signifique desmentir los hechos que llevarán a Jim Hawkins a aventurarse en busca del tesoro oculto del capitán Flint. Los hechos son los mismos, pero no quien los narra: en la novela de Stevenson, esa es tarea de Jim, mientras que en el cuento, lo hace la señora Hawkins, madre de Jim y administradora de la posada. Ella escribe tres cartas que envía a Bristol a una tal señora Elinor Hinton, y esto conduce a que el tiempo de la narración esté mucho más cerca del tiempo del relato en el cuento, que en la novela, lo que le permite a Escobar Giraldo hacer un recuento de los hechos más inmediato, más errático e íntimo
La retórica que frustra una novela
Libro reseñado:Chapinero. Andrés Ospina. Laguna Libros, Bogotá, 2015, 279 págs. Decía Borges que la lectura de un libro no debía requerir de esfuerzo alguno. Para él, la felicidad tenía muy poco que ver con la dificultad. Sin embargo, no es felicidad lo que se siente al leer Chapinero, segunda novela del bogotano Andrés Ospina (1976): su lectura es compleja por la falta de fluidez. Son cinco voces diferentes las que hablan en primera persona y muchos capítulos son de página y media o dos páginas. Así que el lector que se acostumbra a una voz, de repente y de manera tajante, debe acostumbrarse a otra, en algunos casos bastante diferente en lenguaje y ritmo.La idea de Ospina fue abarcar varias épocas del barrio bogotano Chapinero. Contaba el autor con mucha información del lugar. Él mismo lo afirma en entrevistas concedidas a algunos medios de comunicación. Su oficio de periodista lo llevó a internarse en archivos históricos para encontrar nuevos temas para su columna de Publimetro, uno de los medios para los que escribe. Una vez tiene gran cantidad de datos, crónicas, anécdotas y demás, decide apostar por una novela, uno de los géneros más amplios, donde “cabe todo”. Chapinero es el resultado de combinar cinco voces distintas para narrar un período que abarca desde mediados del siglo XVII, hasta la actualidad
Un buen libro, a pesar de todo
Libro reseñado:Tú, que deliras. Andrés Arias. Laguna Libros, Bogotá, 2013, 341 págs., il. En la portadilla del libro Tú, que deliras, de Andrés Arias (Bogotá, 1977), editado por Laguna Libros, dice después del título: “Una novela sobre la vida de Carolina Cárdenas, Miss decó”. Aunque se presenta como una novela, el libro está incluido (escrito abajo, en la misma página, con el sello de la editorial) en la Colección Laguna Crónica 6. Y ello puede verse como una contradicción. Novela y crónica, simultáneamente.El texto es una historia cuyos personajes, todos, son reales y se mueven en un tiempo también real. Excepto Juan Fernando Serrato, joven periodista amigo de “todo el mundo”, quien lleva el hilo de la narración y en varias ocasiones se refiere a que ha escrito la historia no sabe por qué, ni para quién (un truco como cualquier otro, aunque un poco flojo, vale decir). Pero la narra y lo hace en primera persona, es decir, él es el vehículo en el que pasan todas las vidas que hay en el libro
Rogelio Echavarría en sus 91 años: poesía y libros
Parece el momento propicio para dar una mirada, a modo de homenaje, a la vida de este creador, dedicada a la poesía y los libros. Nacido en 1926, su existencia tiene dos facetas significativas que lo convierten en una de las figuras más inolvidables y representativas de la cultura colombiana: la de su importante trabajo de poeta, cuyo trabajo, que significa que la vida es un libro infinito en el que vive el escritor tratando de abarcar lo inabarcable, se ha vuelto un referente de su época. La segunda faceta, su actividad como periodista cultural emprendida durante más de cincuenta años; con ella ha difundido los autores nacionales y extranjeros del momento. Su tarea de divulgación bibliográfica no tiene antecedentes en el país. De muchos creadores del pasado y del presente, no queda más que lo que él rescató.Pero hablemos primero de El transeúnte. Con su sentido metafísico, esta obra de Rogelio Echavarría muestra el destino del hombre que viene del cosmos y va hacia el cosmos. Enseña que él se encuentra de paso en la Tierra y ello le induce a aceptar la vida como en la tragedia griega, con amor y dolor. Expresa también la calle y sobre todo la individualidad en medio de la multitud que rodea al hombre moderno. Al igual que el escultor que traza poco a poco su imagen sobre la piedra, el poeta fue haciendo este libro a modo del testimonio de quien se reconoce con claridad en medio de las calles. Así, el ser descubre igualmente a través del poema las fronteras de sí mismo, como claves de su encierro y soledad. El transeúnte personaje, con sus imágenes y su tono reflexivo, es el eterno asceta de los andenes y esquinas, el observador que vive la cotidianidad de la ciudad con la conciencia del universo
Una nueva esperanza para la ciencia ficción colombiana
Libros reseñados:Criaturas artificiales. Varios autores. Mirabilia Libros, Bogotá, 2014, 63 pp.Ahora después nunca. Varios autores. Mirabilia Libros, Bogotá, 2016, 57 pp.Sobre vivientes. Varios autores. Mirabilia Libros, Bogotá, 2016, 65 pp. Desde 2013, la librería y editorial independiente Mirabilia Libros convoca anualmente el Concurso Mirabilia de Cuentos de Ciencia Ficción. Este concurso está dirigido a jóvenes escritores entre los 18 y 26 años, que pueden participar con un cuento corto en cualquiera de las formas de escritura de la ciencia ficción: steampunk, distopías, mundos apocalípticos, invasiones extraterrestres, ucronías, etc. Como resultado de este concurso, se han publicado tres libros que recogen tanto los cuentos ganadores, como una selección de los finalistas y las menciones especiales: Criaturas artificiales (2014), Ahora después nunca (2016) y Sobre vivientes (2016).Los dos procesos (el concurso y la publicación), si bien están fuertemente relacionados, no son interdependientes. Para los editores Angélica Caballero y Felipe López, es posible hablar de dos momentos diferentes: el del concurso y el editorial. En el proceso del concurso se busca crear un aliciente para la escritura en el género de la ciencia ficción: hay una clara intencionalidad de motivar a los jóvenes escritores hacia la práctica de este género como herramienta narrativa, y se busca incentivar un pensamiento crítico sobre las relaciones entre la tecnología y los sujetos. El desarrollo editorial es muy diferente (incluso la posibilidad de publicación no se menciona en las bases del concurso): en este proceso hay una cuidadosa selección de los textos que conformarán cada uno de los volúmenes, bajo el criterio de encontrar la forma en la cual un grupo de edad específico entiende el mundo que lo rodea, para establecer cuáles son sus preocupaciones, sus obsesiones, sus intereses. Así, los cuentos que hacen parte de estos tres volúmenes, si bien tienen como eje la ciencia ficción, confieren una gran importancia a la idea de juventud; dan cuenta de un momento histórico y de la forma en que una generación entiende el mundo, usando la ciencia ficción como filtro formal
Las ciudades y su historia
Libros reseñados:Breve historia de Bogotá. Marco Forero P. Ariel, Bogotá, 2016, 202 pp.Breve historia de Cartagena. Marco Forero P. Ariel, Bogotá, 2016, 188 pp. Quién puede dudarlo, las ciudades tienen su historia. La característica que les es intrínseca, la de permanecer por centurias y milenios acumulando edificios y lugares que se hacen viejos —no solo porque quienes los construyen desaparecen sino, además, porque otros nuevos son erigidos sobre las ruinas de los anteriores o al lado de ellos, y a su vez se hacen igualmente viejos—, señala el asunto que resulta central para entender lo que significa la historia de una ciudad. Expresado de otra manera, las sociedades y sus sistemas políticos, sin olvidar culturas y economías, cambian sin que ello signifique necesariamente profundas variaciones en el espacio urbano en el que se desenvuelven. De esta manera, lo que el paso del tiempo indica es que la velocidad con la que se construyen y transforman las ciudades es diferente a la de los seres humanos que las habitan. Son dos historias profundamente conexas pero diferentes.Por esta razón, no es tan simple afirmar que las ciudades tienen su historia. La pregunta que consideramos relevante es, por lo tanto, si la historia que debe ser explicada para dar cuenta de una ciudad es la de los sujetos y sistemas que se dieron en ella en cada época; o, sin afirmar que esto no es esencial, la pregunta por la ciudad proviene de aquello que le es propio, ser un lugar construido con capacidad de darse forma autónomamente, de dinamizar el territorio en el que está inscrito, y de crear riqueza por sí mismo, al tiempo que representa en cada momento la sociedad que lo habita y domina pero que además hereda prestigios y poderes antiguos. De esta manera, la ciudad no es el escenario en el que la sociedad desarrolla sus dramas y comedias, sino que ella misma es al tiempo uno de los actores y el teatro mismo
Oportunidades sepultadas
Libro reseñado:Una casa en Bogotá. Santiago Gamboa. Penguin Random House, Bogotá, 2014, 246 pp. La premisa de este libro no es particularmente ingeniosa ni sorprendentemente original: organizar una novela siguiendo el plano de un inmueble que así adquiere una dimensión simbólica de la vida personal de alguno de los protagonistas, o ayuda a sintetizar la trasformación de la sociedad que enmarca el relato. En el caso de la novela de Santiago Gamboa se trata de una vieja casa en la parte alta del barrio bogotano de Chapinero, habitada por el narrador —un hombre de mediana edad—, la tía soltera que se hizo cargo de su crianza cuando quedó trágicamente huérfano, un chofer, una empleada doméstica y enfermeras más o menos fugaces.No es difícil imaginar posibilidades interesantes para las interacciones de estos personajes: el autor dispone de visiones potenciales de varias generaciones, distintas clases sociales y, por supuesto, puede jugar con todo tipo de contrastes o compatibilidades entre los rasgos individuales de cada uno de ellos. Lo triste de este libro es que esos rasgos son inexistentes: cada uno de los protagonistas es un largo catálogo de estereotipos; de historias leídas y releídas en la prensa o en otros libros de ficción, vistas y vueltas a ver en pantallas de todos los tamaños y oídas con toda la gama de acentos del español y algunas otras lenguas
Una escaramuza literaria
Libro reseñado:El efecto Bilbao. Juan José Ferro. Destiempo Libros, Bogotá, 2015, 150 pp. Para realizar esta reseña sobre la primera novela del bogotano Juan José Ferro, me ha parecido prudente seguir la estructura sucinta que aconseja Darío Jaramillo: el reseñista, recomienda el poeta, “debe decir qué tiene un libro por dentro, quién o quiénes lo escribieron, a qué se parece —qué libros hay semejantes o complementarios—, cómo le parece el libro al reseñista y por qué”. Este sabio consejo le evitará al lector, al menos al comienzo, la cascada de adjetivos que se atraviesan en la mente después de someterse a la lectura de esta obra.¿Qué tiene el libro por dentro? Tiene la historia de Martín González, arquitecto español cosmopolita, y su relación con Aránzazu, crítica, editora, bloguera, golosa y de alguna manera, siempre trunca, amante de Martín. Por las hendijas de las densas conversaciones de ellos dos —enmarcadas en un viaje perenne entre ciudades, hoteles y aeropuertos, de Madrid a Nueva York, de Minneapolis a Chicago o Milwaukee—, aparecen algunos personajes secundarios. Martín está casado, ya no en primeras nupcias, con Maribel a secas. Tiene tres hijos: uno varón, sin nombre, sujeto a desequilibrios nerviosos, medicado, y dos hijas volantonas, una de las cuales es futbolista. Aránzazu está escribiendo un libro sobre arquitectos contemporáneos importantes, Martín uno de ellos, y con él emprende una agotadora correría visitando edificaciones y museos con un objetivo adicional: encontrarle en Manhattan una oficina con estatus para su firma internacional de arquitectura, cuyos hilos financieros manipula Maribel. El libro de Aránzazu sobre la arquitectura española es hilo conductor o por lo menos motivo recurrente en la novela, y alrededor de esta excusa se teje una infinidad de narraciones. Echo mano de la contracarátula del libro para copiar lo que con precisión anota Antonio Muñoz en ella: “Los personajes de El efecto Bilbao viven en una variedad narrativa de lo imposible: mantener una conciencia plena y vigilante de todo, de cada estampa y cada lugar del mundo exterior y cada pensamiento y cada sensación”. La narración se enmarca en estos tiempos de celular y chats, correos electrónicos y páginas web, y el tono literario, ya veremos, está en la misma onda