Universidad Acción Pro-Educación y Cultura

RI-UNAPEC. Repositorio Institucional de la Universidad APEC
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    752 research outputs found

    El dominicano y el lenguaje

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    Fernando Sainz Ruiz: Pedagogo español. Nació el 22 de julio de 1891, en Granada, España, y murió en 1959, en Mississipi, Estados Unidos. Estudió en la Escuela Superior del Magisterio y en la Universidad de Madrid. Posteriormente estudió la organización y el funcionamiento de la inspección en la enseñanza primaria en Francia, Bélgica e Inglaterra. Fue inspector general de primera enseñanza y diputado de Granada por el PSOE en las Cortes Constituyentes de 1931. En 1939 se exilió en República Dominicana. En este país fue asesor de la Secretaría de Educación, profesor de la Escuela Normal, asesor-secretario de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Santo Domingo (hoy UASD) y colaborador en el periódico La Nación. Entre sus publicaciones están: La educación por la imaginación, Los derechos del niño, La escuela y la inspección primaria, El Plan Dalton, El método de proyectos en las escuelas rurales, El programa escolar y La escuela unitaria.En este artículo, que apareció en diversas entregas del periódico La Nación en enero de 1945, el autor parte del modo en que, en general, el dominicano hace uso del lenguaje, para deducir algunas características de su ser. Para ello se apoya en el hecho de que el lenguaje es algo vivo, algo que es creado y recreado a cada instante por el sujeto individual o colectivo que lo habla, de modo que este se expresa a sí mismo, muestra algo de sí, siempre que enuncia o expresa algo objetivo. Así, el énfasis que haría el dominicano en el sujeto ("¿Qué tú quieres?"), su descuido de los atributos ("¡Tú sí eres!"), su "pronominalización" de ciertos verbos no pronominales ("No me recuerdo") o su no importarle la contradicción flagrante (¡Eso sí no!) lo revelarían como alguien en extremo personalista, metafísico, idealista-monista y alógico

    ¿Haitiana nuestra música popular?

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    Enrique de Marchena (biografía): Compositor musical y diplomático dominicano. Nació en Santo Domingo el 13 de octubre de 1908 y murió en la misma ciudad en 1988. Estudió en el Liceo Musical de Santo Domingo. A partir de 1927 se desempeña como crítico musical en el Listín Diario y como corresponsal de Musical America de Nueva York. Como diplomático, fue embajador del país en Washington, en Bonn y en Suiza, así como delegado ante la ONU. También impartió clases en la Universidad de Santo Domingo (hoy UASD). Fue presidente de la Unión de Compositores de la República Dominicana. Sus composiciones musicales abarcan la música de cámara, piezas para piano y órgano, canciones, una serenata para violín y orquesta, un concierto para violín y flauta, una suite para orquesta y un poema sinfónico.¿Haitiana nuestra música popular? es un artículo que apareció en el diario La Nación el 22 de enero de 1945. En él su autor, Enrique de Marchena, responde a dos textos periodísticos de Manuel de Jesús Lovelace que cuestionaban la dominicanidad del merengue aduciendo su supuesto origen haitiano. Para rebatirlo, De Marchena se sustenta sobre todo en dos pruebas a su entender evidentes. La primera, que cuando por primera vez (allá por el año de 1855) surgió a la popularidad esa música típica, entonces objeto de crítica, nadie de los que la criticaban y condenaban adujo esa supuesta haitianidad. La segunda, que investigadores haitianos de la talla de Price Mars coinciden en afirmar que el nombre del ritmo haitiano conocido también como "merengue" no es más que "una adaptación francesa del nombre dominicano para la danza o género musical". Para el autor, la puesta en duda de la dominicanidad del merengue obedece a una cierta incredulidad, por parte de ciertos sectores nacionales, sobre las posibilidades y riquezas folklóricas del pueblo dominicano, incredulidad que no se compadece con los aportes y hallazgos de los trabajos en la materia realizados tanto por expertos nacionales como internacionales. Trabajos como los del profesor Ralph S. Boggs, Carleton Sprague Smith, Gilbert Chase, Peña Morell, Julio Arzeno, Flérida Nolasco, Rafael Damirón, etc., demuestran y ayudan a reconstruir la morfología autóctona de nuestra más preciada música popular

    Boletín de Actividades Julio-Diciembre 1986

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    Al momento de publicar este boletín, UNAPEC llevaba veintiún años de formada y un total de 3,021 egresados. Como ejemplo y símbolo del dinamismo que desde un principio ha caracterizado a la universidad, se anuncia aquí la reciente creación de la Unidad de Formación Docente y Evaluación Académica, órgano encargado de velar de manera específica por la evaluación y actualización del personal profesoral. Cónsono con el espíritu de mantener siempre la excelencia de los servicios educativos, ese órgano puede ser considerado como el primer antecedente formal de la hoy conocida Dirección de Innovación e Investigación Educativa y de su Centro de Apoyo a la Docencia (CADOC), ambos soportes institucionales que buscan mejorar el sistema de enseñanza superior, así como impulsar al profesorado al perfeccionamiento y a la renovación continua. Además de las reseñas de las principales actividades celebradas durante el período cubierto por el boletín, este presenta también dos interesantes trabajos de autoridades académicas: un artículo sobre la importancia, necesidad y obstáculos de la investigación científica en el país y otro sobre el vínculo entre horario de trabajo y productividad

    La fusión de los sefardís con los dominicanos

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    Enrique Ucko: Académico judío-alemán que llegó a República Dominicana, como refugiado, en 1939.Artículo publicado por primera vez en Cuadernos Dominicanos de Cultura, 1944, y en el que su autor explica cómo los judíos sefardíes, que empezaron a venir desde principios del siglo XIX al territorio que hoy es dominicano, terminaron fusionándose completamente con un pueblo que los acogió con calidez y fraternidad y que no mostró para con ellos ningún tipo de prejuicio religioso o racial. En este país, esas familias hebreas no se vieron forzadas a ocultar su origen, sino que, al contrario, pudieron enarbolarlo con orgullo. Muchos de sus descendientes asumieron el culto católico y ascendieron a los más altos puestos de la Iglesia Católica y del Estado sin que su condición hebrea reconocida significara ningún obstáculo. Otros muchos asumieron la masonería, culto en el que volvieron a encontrar el mesianismo, la cábala y todo el misticismo que en las formas del judaísmo ortodoxo y liberal ya no les satisfacían. El mejor símbolo de la fusión referida es el cementerio de la avenida Independencia de la ciudad de Santo Domingo, camposanto en el que las tumbas judías, cristianas y protestantes están todas juntas y mezcladas, y en el que panteones familiares judíos conjugan a la vez nichos o túmulos individuales con símbolos hebreos, cristianos o masónicos, signo de que los miembros de las familias judías asentadas en el país tuvieron la libertad de profesar distintas fes

    La enseñanza primaria en la República Dominicana en el siglo XIX

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    Miguel Ángel Monclús (biografía): Nació en Monte Plata el 30 de octubre de 1873 y murió en Santo Domingo el 7 de julio de 1967. Se dedicó a la diplomacia, a la educación y a la escritura. Fue profesor, inspector de Instrucción Pública, secretario de la Liga Municipal Dominicana y cónsul en Curazao y Haití. Entre sus libros están la novela Cachón, una que vino y volvió, El caudillismo en la República Dominicana, Apuntes de Haití, Cosas criollas, Escenas criollas, Calidoscopio de Haití.Artículo publicado por vez primera en la Revista Educación, en 1940. Recoge la legislación en materia de educación primaria promulgada en todo el siglo XIX. Esta recopilación demuestra que la educación dominicana, al menos en sus primeros 50 años de existencia, no tuvo necesariamente una progresión ascendente, una perfección creciente, sino que en ella se dieron retrocesos o regresiones. Por ejemplo, si en la primera ley en la materia (la del 13 de mayo de 1845) se prescribió el método simultáneo de enseñanza de la lectura y la escritura, la segunda ley (promulgada el 15 de mayo de 1846) dispuso en cambio su enseñanza separada, de suerte que la lectura y la escritura eran dos asignaturas distintas en el currículo escolar, a las que se agregaba el dictado como disciplina independiente. En ese sentido, el contenido curricular de la enseñanza en el país ha mostrado ser muy variable, objeto de muchas arbitrariedades y errores. En distintos momentos se han incluido materias cuestionables, como las que trataban sobre la Constitución de la república, la historia sagrada (aparte de religión) y el dibujo lineal, o las que enseñaban labores consideradas femeninas (bordado, costura u otras destrezas domésticas). A este problema referente a la falta de criterio para la elección de las asignaturas, se agregó además, a finales del período estudiado, el de su sobrecarga o exceso

    La ciencia del folklore en Santo Domingo

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    Ramón Emilio Jiménez (biografía): Escritor y profesor dominicano. Nació el 17 de septiembre de 1886 en Santiago de los Caballeros, y murió el 13 de noviembre de 1970 en Santo Domingo. Hizo un bachillerato en letras y ciencias en la Escuela Normal de Santiago. Se dedicó a la docencia y ocupó varios cargos en la administración pública, llegando a ser superintendente del Departamento Norte, inspector de instrucción pública y secretario de estado de educación. Fue uno de los miembros fundadores de la Academia Dominicana de la Historia y del Ateneo Dominicano. Entre sus obras destacan, La patria en la canción, El patriotismo y la escuela, Al amor del bohío, Savia dominicana, Del lenguaje dominicano, Naturaleza y hombre, Espigas sueltas.En su artículo La ciencia del folklore en Santo Domingo, publicado en el diario La Nación el 13 de septiembre de 1945, Ramón Emilio Jiménez considera que, aunque dicha disciplina científica no estaba todavía —hablando con propiedad— establecida en el país, muchas y variadas eran las contribuciones que habían hecho artistas dominicanos en su afán por representar el alma del pueblo dominicano. Contribuciones que sobre todo tenían que ver con el lenguaje popular, pues este era el elemento que hasta entonces más había llamado la atención de los artistas y amateurs que dedicaban parte de su tiempo al reconocimiento de la dominicanidad en sus capas más profundas, esto es, en sus versiones más ligadas al núcleo del pueblo. De hecho, esos aportes sirvieron de guía al estudioso y filólogo español Manuel J. Andrade, quien sintetizó su trabajo sobre el folklore dominicano en el libro Folklore from the Dominican Republic y quien en el país halló dispuesto un campo de observación para profundizar en cuestiones filológicas y relativas a la filosofía del lenguaje

    Aspectos de la cultura dominicana

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    Pedro Troncoso Sánchez (biografía): Filósofo, historiador y jurista dominicano que vivió entre 1904 y 1989. Fue profesor de Introducción de la Filosofía y de Teoría del conocimiento en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), de la que llegó también a ser rector. Se especializó en la historia política y el género biográfico, y dedicó una buena parte de su tiempo a biografiar y rescatar la figura de Juan Pablo Duarte. Fue fundador y presidente de la Academia de Ciencias, presidente del Instituto Duartiano, trabajó en la fundación de la Sociedad Dominicana de Bibliófilos y perteneció a la Academia Dominicana de la Historia. Algunas de sus obras son "Episodios duartianos", "Estudios de historia política dominicana", "La Restauración y sus enlaces con la historia de Occidente".Reproducción de la conferencia leída el 15 de octubre de 1943 en el paraninfo de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, la cual fue también publicada en la Revista Educación en 1946. En el texto, Pedro Troncoso Sánchez hace un recorrido por las principales figuras e instituciones de la cultura que la tierra dominicana ha albergado y producido. A pesar de su pronta pobreza material, la colonia de Santo Domingo fue siempre un faro de luz espiritual que educó a personalidades eminentes de esta tierra y de comunidades vecinas como Cuba, Venezuela y Puerto Rico. Asimismo, los años del período de la ocupación haitiana y del largo período independentista que va de 1844 a 1865 (con la restauración de la república) no pudieron impedir una nueva hornada de intelectuales y de prohombres que pusieron sus dotes al servicio del nacimiento de la patria como entidad política. Como evidencia basta mencionar a Juan Pablo Duarte, quien reunió en su persona al místico, al intelectual, al maestro y al héroe capaz de vivir y morir por la libertad de su pueblo. La etapa posterior al período independentista vio emerger, a su vez, a pensadores que contribuyeron a la consolidación del Estado dominicano, que esta vez se enfrentaba al caciquismo y al desorden ambiente. En este caso, los mayores aportes culturales procedieron sobre todo de los campos de la historia, la educación y la literatura: la elaboración de los primeros análisis históricos sobre todo el devenir del país, la reforma dirigida a hacer de la razón la base de la enseñanza (con Eugenio María de Hostos) y el ímpetu que imprimió la poesía al esfuerzo de organización de la sociedad fueron factores importantísimos en la reconfiguración del ser dominicano que habría de emerger en el siglo XX

    Nacionalidad y literatura

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    Héctor Incháustegui Cabral (biografía): Poeta y ensayista dominicano. Nació en Baní el 25 de julio de 1912 y murió en Santo Domingo el 5 de septiembre de 1979. Estudio filosofía y letras en la Universidad de Santo Domingo (hoy UASD). Aparte de la escritura, se dedicó al magisterio, a la diplomacia y al periodismo. En este último campo llegó a ser jefe de redacción y editorialista de los periódicos Listín Diario y La Nación y también fue director del diario La Opinión y de Radio Televisión Dominicana. Como diplomático, fue embajador en México, Venezuela, El Salvador, Ecuador y Brasil. En el mundo de la academia universitaria se desempeñó como profesor, vicerrector y encargado del Departamento de Publicaciones y de la Revista EME-EME de la Universidad Católica Madre y Maestra (hoy PUCMM), de cuyo rector fue también asesor. Fue presidente de la Sociedad Nacional de Escritores y vicepresidente de la Sociedad de Autores y Compositores Dramáticos de la República Dominicana. Entre los honores que mereció estuvo su reconocimiento como profesor emérito en la hoy PUCMM, centro de estudios que también lo invistió con un doctorado honoris causa. Recibió además el Premio Nacional de Poesía Pedro Henríquez Ureña y El Caonabo de Oro. Fue miembro de la Academia Española de la Lengua, del Ateneo de México y del Ateneo de Bellas Artes de Río de Janeiro. Entre sus obras destacan, Poemas de una sola angustia, De vida temporal, Muerte de «El Edén», El pozo muerto, Diario de la guerra y los dioses ametrallados, De literatura dominicana del siglo XX, Escritores y artistas dominicanos e Historia dominicana: 1844-1953 (en colaboración con Joaquín Marino).Artículo publicado por primera vez en 1944, en Cuadernos Dominicanos de Cultura. En él su autor explica que si "el arte es ante todo vivencia", en el sentido de "transformación de lo que el hombre recibe de la vida, del ambiente que lo rodea", entonces se debe comprender que toda posible universalidad parte de la base de lo nacional, por ser este el marco fundamental que establece las condicionantes vitales del ser del artista y de su obra. Así, luego de un largo período de formación en que el pueblo dominicano fue más que nada receptivo de las corrientes artísticas y de pensamiento procedentes de España y Europa, la literatura del país se hizo adulta, pues comenzó a trabajar con sus propios elementos, con su sangre propia, y dio a luz los primeros frutos de lo que ya era una literatura nacional. Esto fue evidente con "Enriquillo", la novela de Manuel de Jesús Galván en la que la conciencia de la forma y la voz dominicana se esclarece. Ello significó el inicio de la verdadera independencia espiritual del país, el comienzo de una tradición y de una búsqueda en la que se inscriben autores tales como José Joaquín Pérez, Gastón Deligne, Marrero Aristy, Tulio Manuel Cestero

    Generalidades. Fórmulas. Recolección y estudio

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    Publicado por primera vez en Cuadernos Dominicanos de Cultura, 1952, este artículo es en realidad una serie de notas o apuntes generales sobre las características principales del cuento oral en el folklore dominicano, cuyas fuentes básicas proceden de España y de África. Como bien señala el autor, aunque los relatos orales se transformen en cada ocasión que se narra (debido a que el narrador se siente él mismo coautor del cuento), existen fórmulas y personajes que se repiten a través de los países y las culturas. Por ejemplo, en el folklore de República Dominicana se hallan fórmulas o figuras que provienen de la tradición española, pero que tienen su equivalente en la cultura africana y la haitiana, lo que hace que a veces se interconecten ambas tradiciones en versiones de relatos que las mezclan. Es el caso de lo que sucede, en ocasiones, con los llamados Juan Bobo o Sonso y Pedro Animal (léase, el tonto bueno que "todo lo hace mal sin intención" y el pícaro y malandro que hace el mal a propósito), quienes a veces son confundidos con los personajes haitianos Buquí y Lapén o Ti-Malice. El texto llama además la atención sobre el deber de recoger las narraciones orales dominicanas a todo lo largo y ancho del territorio nacional para fines de estudio y conservación, algo que se hace más necesario en la época actual. En un país que ya es ante todo urbano, que está conectado y arropado como un nodo más en el conjunto de las fuerzas globales que hacen del mundo una aldea, la búsqueda y recopilación del tesoro de las tradiciones orales campesinas se revela como imperiosa labor de recuperación de un mundo ya casi perdido para siempre

    Situación actual del hombre dominicano

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    Fernando I. Ferrán (biografía): Es antropólogo. Estudió en la Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), en la Loyola University y en la Universidad de Lovaina (Bélgica). Ha sido profesor de Antropología Social y de Filosofía de la Ciencia en el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) y en esta Universidad APEC. En este centro de estudios fue vicerrector académico, mientra que en INTEC fue director del Departamento de Investigaciones y Publicaciones Científicas. Actualmente es el coordinador del Programa de Estudios del Desarrollo Dominicano de la PUCMM. Dentro del marco del Plan Decenal de Educación Superior coordinó el libro "Situación y perspectiva de la oferta y la demanda de carreras y de profesionales en la educación superior. Pertinencia de la educación superior dominicana ante la demanda del mercado y la sociedad". También fue coeditor del texto "Quehacer científico I: lecturas", volumen en el que publicó el artículo titulado "La teoría crítica de la Escuela de Francfort". Otros textos suyos son "Tabaco y sociedad: la organización del poder en el ecomercado de tabaco dominicano", "La historia según Hegel" y el artículo "Figuras de lo dominicano".Frente al ser dominicano tradicional, Fernando Ferrán traza las características generales de la dominicanidad que emerge del proceso acelerado de modernización, ya evidente e imparable en la década de los 80 del pasado siglo XX. De acuerdo con este trabajo, la comunidad nacional ha dejado de ser una entidad aislada, pobre, poco densa y hasta cierto punto detenida en una economía de subsistencia en la que el hombre se somete a la naturaleza y acepta con fatalismo lo que Dios y la vida disponen. En cambio, se ha convertido en una sociedad muy estratificada y compleja en la que se imponen, al margen de las diferencias entre sus segmentos más significativos (comunidad rural, comunidad urbana, barrios marginales, bateyes, emigrantes o dominicanos ausentes), el individualismo, el consumismo y la aspiración o la adopción (allí donde esto es posible) de estilos de vida propios del Occidente desarrollado, sobre todo del norteamericano. Aunque en el país la relación con la naturaleza se ha invertido, de suerte que se pretende y se busca su sometimiento a los intereses humanos, la racionalidad instrumental no ha sido del todo asimilada, pues el dominicano promedio suele conformarse con la adquisición y el disfrute de bienes y artilugios, no estimando necesaria la asunción de la innovación tecnológica e industrial que los hace posible. La pobreza, que ya no es un estado compartido y hasta cierto punto aceptado en su significación cristiana, es ahora una tara de la que cada quien debe salvarse como pueda, pues el Estado ha demostrado ser incapaz de socializar o redistribuir la riqueza, sea mediante servicios públicos de calidad, sea mediante la inducción de esquemas productivos novedosos y exitosos para todos sus involucrados. De ahí que la modernidad dominicana sea ante todo irregular, desigual y promotora de inequidad social: el reducido grupo de personas que vive con todo el confort de los países desarrollados se sustenta en amplios segmentos poblacionales hundidos en la explotación laboral, en la miseria material y espiritual y en la violencia indiscriminada

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