Políticas de la Memoria
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La utopía del individuo integral o el mito de la Arcadia sudamericana. Anarquismo, eugenesia y naturismo en el viaje a El país de Macrobia
El análisis de la utopía ha recibido una larga atención de parte de autores de las más diversas disciplinas. Desde la literatura hasta la historia, desde la semiótica a la antropología, desde la urbanística a la ciencia política, la utopía ha encontrado espacios desde donde explicar el no-lugar que la define.Precisamente, la paradoja explícita de su significante ha contribuido formal e históricamente a dificultar los alcances de su significado y los consecuentes esfuerzos para su definición. El trabajo analiza la utopía anarconaturista del libertario catalán Albano Rosell y Llongueras, En el país de Macrobia. Narración naturológca, publicada por primera vez en 1921 y reimpresa en 1928 en Barcelona por la editorial de la revista Naturismo, con advertencia del autor firmada en Montevideo en enero del mismo año. 
Entre la tradición y la innovación. La experiencia del Vorwärts en Buenos Aires (1882-1901)
El presente artículo tiene por objetivo clarificar el papel real que tuvo el Vorwärts en la Argentina entre 1882 y 1901. Se considerará si los socialistas /socialdemócratas de origen alemán tenían un rol importante en la difusión de textos socialistas y anarquistas como estima Klima, qué papel jugó el Vorwärts en la conmemoración del 1º de Mayo 1890 y en la fundación de la Federación Obrera, y finalmente cómo actuaron los inmigrantes alemanes durante la formación del Partido Socialista en 1896. La pregunta inicial es hasta qué punto los socialistas /socialdemócratas alemanes abrieron nuevos caminos al socialismo y al movimiento obrero en la Argentina. El desafío consiste en dos puntos: Primero, llegar mediante las fuentes históricas a una descripción sólida acerca de la organización, la práctica política y el pensamiento del Vorwärts respecto de estos puntos de interés. Segundo, más allá de eso, lograr una interpretación crítica y en ciertos puntos a una desmistificación de los socialistas /socialdemócratas de origen alemán y su rol en la Argentina a fines del siglo XIX
A propósito de Karl Schlögel, Terror y utopía. Moscú en 1937, Barcelona, Acantilado, 2014, 999 p.
About Karl Schlögel, Terror y utopía. Moscú en 1937, Barcelona, Acantilado, 2014, 999 p.A propósito de Karl Schlögel, Terror y utopía. Moscú en 1937, Barcelona, Acantilado, 2014, 999 p
Presentación
Tres meses después de que el CeDInCI abriera sus puertas en una vieja casona porteña de la calle Sarmiento 3433,Ricardo Piglia llegó una tarde de visita. Seguramente fue por recomendación de su amigo José Sazbón, que nos habíaacompañado desde el momento mismo de la inauguración, en abril de 1998. Ricardo recorrió conmigo las que entonceseran apenas las dos salas de depósito de nuestro acervo y se detuvo particularmente en los estantes que sostenían lacolección de revistas culturales argentinas de las décadas de 1960 y 1970. “Es aquí donde hay que buscar la riquezacultural de la Argentina —me dijo de pronto. Si hay algo que los argentinos hicimos bien, fue esto”.
A medida que descubría nuevos títulos, su entusiasmo crecía. Durante una hora o más fue sacando con cuidado las re-vistas del estante, demorándose en repasar cada ejemplar. Para cada título rememoraba alguna historia, traía a cuento
una anécdota graciosa, trazaba un rápido perfil del editor, develaba algún seudónimo, identificaba con precisión una
orientación política. Como estábamos de pie, me resultaba imposible tomar nota de esos relatos preciosos que permi-tían reconstruir la trama de esas redes político-intelectuales. Entonces le propuse hacer una entrevista grabada en la
que, con las revistas a la vista, pudiera ir relatándome su propio itinerario entrelazado con la historia de esas revistas.Volvió pocos días después, una tarde de julio de 1998. Yo lo esperé con las revistas desplegadas sobre mi escritorio.El pacto inicial fue que yo no haría pública la entrevista, sería sólo un insumo para mis propias investigaciones sobrela cultura marxista de los años 1960 y 1970. Comenzamos con su historia familiar, los años del colegio secundario, lasprimeras lecturas, la llegada a la Universidad Nacional de La Plata. Grabamos durante casi una hora las dos caras de un
microcasette de un equipito de periodista Sanyo. Esa noche, cuando volví a casa, me encontré un extenso y cálido men-saje en el contestador telefónico. “Hola Horacio, te habla Ricardo. Mirá, quería decirte que hoy me sentí muy cómodo
contándote todas esas historias. Si querés, sigamos adelante con otros encuentros. En una de ésas, después hacemosalgo con esas grabaciones”.Los encuentros se fueron sucediendo a lo largo de los cuatro años siguientes, siempre en el segundo semestre (si malno recuerdo, cuando Ricardo y Beba volvían de su periplo en Princeton). Pero no siempre encontrábamos el tiempo y elespacio para grabar. El CeDInCI bullía de actividades y mi oficina estaba siempre asediada por visitantes que entrabany salían. La grabación delata chirridos de puertas que se abren y se cierran. Algunos intrusos no dudaban en sumarse ala conversación. Yo desesperaba ante cada interrupción, pero Ricardo se entregaba complacido a todas esas derivas. Aveces los visitantes eran sus propios amigos, como Arcadio Díaz Quiñones, Neil Larsen o Germán L. García, que él mismohabía convocado para que nos visiten. O eran amigos comunes, como Roberto Jacoby y José Fernández Vega.De esas conversaciones nació la idea de ofrecer en el CeDInCI una conferencia sobre el Che que retomaba temas de unseminario que venía de dictar en la Universidad de Princeton. Fue en la vieja sede del CeDInCI del barrio del Abasto queRicardo pronunció, un 10 de noviembre del 2000, la conferencia “Ernesto Guevara, el último lector”. Dimos a conocer
años después una versión desgrabada en nuestra revista, Políticas de la Memoria no 4, en diciembre de 2004. Las imá-genes que ilustran el texto eran copia de unas fotografías que Ricardo iba desplegando a lo largo de la charla, donde se
veía al Che en distintas situaciones de lectura. Ricardo después recogió el texto de esa conferencia en su libro El últimolector, que publicó Anagrama de Barcelona.Finalmente, fue en el segundo semestre de 2001 que logramos grabar otros dos largos encuentros de una hora cada
uno, uno en julio y otro a fines de septiembre, en las postrimerías del gobierno de Fernando de la Rúa, cuando la Ar-
gentina parecía al borde del derrumbe. En estos tramos se ha sumado a la entrevista Ana Longoni. En cierto momentoirrumpe en la sala Blas de Santos y también dispara una pregunta. La oscilación entre el “vos” y el “ustedes” se debe
a estos interlocutores cambiantes. Ricardo responde sin reservas a todas las preguntas, desplegando una gran desen-voltura. En estas últimas grabaciones se refiere expresamente a la publicación de la entrevista y al concluir, nos regala
incluso el título.Ricardo llegó a leer una desgrabación en crudo de estos tres encuentros. Me manifestó su satisfaccción por el resultado
e incluso llegamos a anunciar su publicación en Políticas de la Memoria para el año 2002. Pero después de meditar-lo un poco me pidió posponerla a la publicación de Los Diarios de Emilio Renzi. Como es sabido, el tercer y último
volumen de los Diarios apareció en 2017, pocos meses después de que Ricardo falleciera.
De modo que recién ahora,respetando su voluntad, me decido a dar a conocer estas conversaciones iniciadas hace más de veinte años.Junto a estas conversaciones, incluimos un conjunto de cartas que Ricardo intercambió entre 1973 y 1985 con uno desus más cercanos e íntimos amigos: José Sazbón. La correspondencia –cuyos originales se resguardan en el CeDInCI yen la Biblioteca de la Universidad de Princeton–, fue transcripta por Sofía Mercader quien, además escribió un estudiointroductorio para su análisis, detallando la trayectoria intelectual y biográfica de uno y otro, señalando la relevanciadel intercambio epistolar para el estudio de la historia intelectual. Las diecisiete cartas transcriptas —cuatro de Sazbóna Piglia, trece de Piglia a Sazbón—, son huellas de una hermandad entre dos intelectuales imprescindibles de nuestracultura, sostenida durante cuatro décadas a pesar de las distancias que impusieron los exilios, los viajes de formación, olas estancias de trabajo en diversos países.
Tengo la convicción de que tanto las entrevistas como las cartas ofrecen un plus respecto de los Diarios y de lo pu-blicado hasta ahora sobre Ricardo Piglia. Si bien se repiten ciertos acontecimientos, determinadas anécdotas y algunas
personas, aquí se encuentran tramados en narrativas que pertenecen a otros géneros, el de la entrevista y el de lacorrespondencia, y creo que cobran una nueva significación. Los Diarios de Emilio Renzi son una transcripción literariadel diario íntimo que Ricardo Piglia fue escribiendo a lo largo de su vida. En este diálogo y en estas cartas, en cambio,Piglia habla en primera persona, sin la máscara de Renzi. También aquí relata minuciosamente su vida pero lo hace enun género diverso, estableciendo otro pacto de lectura, teniendo a la vista otros interlocutores. En las entrevistas noshabla siempre como escritor, pero sobre todo como intelectual, recurriendo casi siempre a su tiempo verbal preferido, elpresente histórico, para ofrecernos una lectura de la trama política de la literatura argentina. Además, en estos diálogosse anuncian en escorzo obras que aparecieron varios años después, así como también proyectos que no llegó a escribir.Respecto de la transcripción de nuestras conversaciones, a pesar de que Ricardo no alcanzó a editarlas ni a corregirlas,amigos comunes me instaron a hacerlas públicas tal como quedaron grabados. Opté, finalmente, por darlos a conocer
respetando el tono coloquial con que los encuentros se desenvolvieron entonces. No me sentí con el derecho a morige-rar algunas expresiones coloquiales ni el de omitir los nombres propios ni siquiera cuando los juicios fueron mordaces.
Me esforcé en ofrecer una transcripción lo más fiel que fuera posible a ese Piglia oral. Antes que preocupado por la co-rrección política, me propuse respetar y transmitir aquel clima reflexivo de distentida confianza, donde el tono asertivo
fue dejando lugar a los interrogantes que a menudo matizaban la conclusión de una oración (“¿no?”), al suspenso de lasfrases inconclusas, al humor y a la complicidad que campeó en esos encuentros. Sólo omití la transcripción de un brevepárrafo sobre la construcción ficcional de un personaje, donde Ricardo dice expresamente, con una sonrisa, “esto se losdigo a ustedes, no me vayan a deschavar”.Quiero agradecer a Beba Eguía, compañera de Piglia, su apoyo a la hora de dar a conocer este testimonio; a Berta Stolior,compañera de José Sazbón, y a su hijo Daniel Sazbón su conformidad con la publicación de estas cartas inéditas; y aJosé Fernández Vega por la lectura atenta y los consejos amistosos para mejorar esta edición. Dejo constancia de que latranscripción, las notas al pie, las palabras entre corchetes, el título y los subtítulos de los diálogos con Ricardo Pigliason de mi exclusiva responsabilidad.
H.T.Tres meses después de que el CeDInCI abriera sus puertas en una vieja casona porteña de la calle Sarmiento 3433,Ricardo Piglia llegó una tarde de visita. Seguramente fue por recomendación de su amigo José Sazbón, que nos habíaacompañado desde el momento mismo de la inauguración, en abril de 1998. Ricardo recorrió conmigo las que entonceseran apenas las dos salas de depósito de nuestro acervo y se detuvo particularmente en los estantes que sostenían lacolección de revistas culturales argentinas de las décadas de 1960 y 1970. “Es aquí donde hay que buscar la riquezacultural de la Argentina —me dijo de pronto. Si hay algo que los argentinos hicimos bien, fue esto”.
A medida que descubría nuevos títulos, su entusiasmo crecía. Durante una hora o más fue sacando con cuidado las re-vistas del estante, demorándose en repasar cada ejemplar. Para cada título rememoraba alguna historia, traía a cuento
una anécdota graciosa, trazaba un rápido perfil del editor, develaba algún seudónimo, identificaba con precisión una
orientación política. Como estábamos de pie, me resultaba imposible tomar nota de esos relatos preciosos que permi-tían reconstruir la trama de esas redes político-intelectuales. Entonces le propuse hacer una entrevista grabada en la
que, con las revistas a la vista, pudiera ir relatándome su propio itinerario entrelazado con la historia de esas revistas.Volvió pocos días después, una tarde de julio de 1998. Yo lo esperé con las revistas desplegadas sobre mi escritorio.El pacto inicial fue que yo no haría pública la entrevista, sería sólo un insumo para mis propias investigaciones sobrela cultura marxista de los años 1960 y 1970. Comenzamos con su historia familiar, los años del colegio secundario, lasprimeras lecturas, la llegada a la Universidad Nacional de La Plata. Grabamos durante casi una hora las dos caras de un
microcasette de un equipito de periodista Sanyo. Esa noche, cuando volví a casa, me encontré un extenso y cálido men-saje en el contestador telefónico. “Hola Horacio, te habla Ricardo. Mirá, quería decirte que hoy me sentí muy cómodo
contándote todas esas historias. Si querés, sigamos adelante con otros encuentros. En una de ésas, después hacemosalgo con esas grabaciones”.Los encuentros se fueron sucediendo a lo largo de los cuatro años siguientes, siempre en el segundo semestre (si malno recuerdo, cuando Ricardo y Beba volvían de su periplo en Princeton). Pero no siempre encontrábamos el tiempo y elespacio para grabar. El CeDInCI bullía de actividades y mi oficina estaba siempre asediada por visitantes que entrabany salían. La grabación delata chirridos de puertas que se abren y se cierran. Algunos intrusos no dudaban en sumarse ala conversación. Yo desesperaba ante cada interrupción, pero Ricardo se entregaba complacido a todas esas derivas. Aveces los visitantes eran sus propios amigos, como Arcadio Díaz Quiñones, Neil Larsen o Germán L. García, que él mismohabía convocado para que nos visiten. O eran amigos comunes, como Roberto Jacoby y José Fernández Vega.De esas conversaciones nació la idea de ofrecer en el CeDInCI una conferencia sobre el Che que retomaba temas de unseminario que venía de dictar en la Universidad de Princeton. Fue en la vieja sede del CeDInCI del barrio del Abasto queRicardo pronunció, un 10 de noviembre del 2000, la conferencia “Ernesto Guevara, el último lector”. Dimos a conocer
años después una versión desgrabada en nuestra revista, Políticas de la Memoria no 4, en diciembre de 2004. Las imá-genes que ilustran el texto eran copia de unas fotografías que Ricardo iba desplegando a lo largo de la charla, donde se
veía al Che en distintas situaciones de lectura. Ricardo después recogió el texto de esa conferencia en su libro El últimolector, que publicó Anagrama de Barcelona.Finalmente, fue en el segundo semestre de 2001 que logramos grabar otros dos largos encuentros de una hora cada
uno, uno en julio y otro a fines de septiembre, en las postrimerías del gobierno de Fernando de la Rúa, cuando la Ar-
gentina parecía al borde del derrumbe. En estos tramos se ha sumado a la entrevista Ana Longoni. En cierto momentoirrumpe en la sala Blas de Santos y también dispara una pregunta. La oscilación entre el “vos” y el “ustedes” se debe
a estos interlocutores cambiantes. Ricardo responde sin reservas a todas las preguntas, desplegando una gran desen-voltura. En estas últimas grabaciones se refiere expresamente a la publicación de la entrevista y al concluir, nos regala
incluso el título.Ricardo llegó a leer una desgrabación en crudo de estos tres encuentros. Me manifestó su satisfaccción por el resultado
e incluso llegamos a anunciar su publicación en Políticas de la Memoria para el año 2002. Pero después de meditar-lo un poco me pidió posponerla a la publicación de Los Diarios de Emilio Renzi. Como es sabido, el tercer y último
volumen de los Diarios apareció en 2017, pocos meses después de que Ricardo falleciera.
De modo que recién ahora,respetando su voluntad, me decido a dar a conocer estas conversaciones iniciadas hace más de veinte años.Junto a estas conversaciones, incluimos un conjunto de cartas que Ricardo intercambió entre 1973 y 1985 con uno desus más cercanos e íntimos amigos: José Sazbón. La correspondencia –cuyos originales se resguardan en el CeDInCI yen la Biblioteca de la Universidad de Princeton–, fue transcripta por Sofía Mercader quien, además escribió un estudiointroductorio para su análisis, detallando la trayectoria intelectual y biográfica de uno y otro, señalando la relevanciadel intercambio epistolar para el estudio de la historia intelectual. Las diecisiete cartas transcriptas —cuatro de Sazbóna Piglia, trece de Piglia a Sazbón—, son huellas de una hermandad entre dos intelectuales imprescindibles de nuestracultura, sostenida durante cuatro décadas a pesar de las distancias que impusieron los exilios, los viajes de formación, olas estancias de trabajo en diversos países.
Tengo la convicción de que tanto las entrevistas como las cartas ofrecen un plus respecto de los Diarios y de lo pu-blicado hasta ahora sobre Ricardo Piglia. Si bien se repiten ciertos acontecimientos, determinadas anécdotas y algunas
personas, aquí se encuentran tramados en narrativas que pertenecen a otros géneros, el de la entrevista y el de lacorrespondencia, y creo que cobran una nueva significación. Los Diarios de Emilio Renzi son una transcripción literariadel diario íntimo que Ricardo Piglia fue escribiendo a lo largo de su vida. En este diálogo y en estas cartas, en cambio,Piglia habla en primera persona, sin la máscara de Renzi. También aquí relata minuciosamente su vida pero lo hace enun género diverso, estableciendo otro pacto de lectura, teniendo a la vista otros interlocutores. En las entrevistas noshabla siempre como escritor, pero sobre todo como intelectual, recurriendo casi siempre a su tiempo verbal preferido, elpresente histórico, para ofrecernos una lectura de la trama política de la literatura argentina. Además, en estos diálogosse anuncian en escorzo obras que aparecieron varios años después, así como también proyectos que no llegó a escribir.Respecto de la transcripción de nuestras conversaciones, a pesar de que Ricardo no alcanzó a editarlas ni a corregirlas,amigos comunes me instaron a hacerlas públicas tal como quedaron grabados. Opté, finalmente, por darlos a conocer
respetando el tono coloquial con que los encuentros se desenvolvieron entonces. No me sentí con el derecho a morige-rar algunas expresiones coloquiales ni el de omitir los nombres propios ni siquiera cuando los juicios fueron mordaces.
Me esforcé en ofrecer una transcripción lo más fiel que fuera posible a ese Piglia oral. Antes que preocupado por la co-rrección política, me propuse respetar y transmitir aquel clima reflexivo de distentida confianza, donde el tono asertivo
fue dejando lugar a los interrogantes que a menudo matizaban la conclusión de una oración (“¿no?”), al suspenso de lasfrases inconclusas, al humor y a la complicidad que campeó en esos encuentros. Sólo omití la transcripción de un brevepárrafo sobre la construcción ficcional de un personaje, donde Ricardo dice expresamente, con una sonrisa, “esto se losdigo a ustedes, no me vayan a deschavar”.Quiero agradecer a Beba Eguía, compañera de Piglia, su apoyo a la hora de dar a conocer este testimonio; a Berta Stolior,compañera de José Sazbón, y a su hijo Daniel Sazbón su conformidad con la publicación de estas cartas inéditas; y aJosé Fernández Vega por la lectura atenta y los consejos amistosos para mejorar esta edición. Dejo constancia de que latranscripción, las notas al pie, las palabras entre corchetes, el título y los subtítulos de los diálogos con Ricardo Pigliason de mi exclusiva responsabilidad.
H.T
Presentación
Dossier: La historia intelectual y el problema de la recepción
PresentaciónDossier: La historia intelectual y el problema de la recepción
Presentació
Marxismo y ciencia ficción. Un homenaje a la obra de Ursula K. Le Guin
En 1973, la revista de reciente aparición Science Fiction Studies incluía un simposio sobre “marxismo y ciencia ficción” apenas en su primer número. Trein ta años después, la igualmente recién aparecida Historical Materialism: Research in Critical Marxist Theory publicaba un simposio similar sobre “marxismo y fantasía”. Una de las participantes de aquel primer simposio pero de conspicua ausencia en el segundo era Ursula K. Le Guin. El presente artículo aborda la relación de la autora y su obra con el marxismo
A propósito de Federico Neiburg y Mariano Plotkin (comp.), Intelectuales y expertos. La constitución del conocimiento social en Argentina, Buenos Aires, Paidós, 2004.
A propósito de Federico Neiburg y Mariano Plotkin (comp.), Intelectuales y expertos. La constitución del conocimiento social en Argentina, Buenos Aires, Paidós, 2004
A propósito de Martín Ribadero, Tiempo de profetas. Ideas, debates y labor cultural de la izquierda cultural de Jorge Abelardo Ramos, Buenos Aires, UNQ, 2017, 328 p.
About Martín Ribadero, Tiempo de profetas. Ideas, debates y labor cultural de la izquierda cultural de Jorge Abelardo Ramos, Buenos Aires, UNQ,2017, 328 p. A propósito de Martín Ribadero, Tiempo de profetas. Ideas, debates y labor cultural de la izquierda cultural de Jorge Abelardo Ramos, Buenos Aires, UNQ, 2017, 328 p
Políticas de la memoria, una nueva etapa
En esta nueva edición, Políticas de la Memoria se propone acentuar muchas de las líneas de trabajo que desarrolla desde hace ya veinte años, en un momento por demás particular para la producción académica, signado por la crisis terminal de las revistas como modos de intervención intelectual. Se trata de una crisis profunda, no sólo relativa a la nueva circulación que proponen los medios digitales, sino sobre todo vinculada a los dispositivos académicos internacionales que han establecido reglas cada vez más estandarizadas, cuantitativas e impersonales, que parecen constituir la nueva y la única forma legítima de producir y poner en circulación el conocimiento. Si bien en Argentina podemos rastrear reproches al encapsulamiento universitario al menos desde los años treinta, es a partir de la década del noventa cuando comenzamos a encontrar críticas expresas al escaso impacto de las revistas universitarias de ciencias humanas y sociales. De allí en más, este nuevo sistema de validación de la producción, circulación y legitimación académica no hizo más que asentarse. Como resistencia a estos procesos de estandarización, hace pocos años una importante cantidad de revistas en historia, literatura y filosofía firmaron una declaración conjunta donde problematizaban la adopción de estos estándares para las ciencias humanas. Muchas otras se adaptaron sin cuestionamientos. Otras surgieron ya embebidas en este sistema sin siquiera proponer la más mínima línea editorial. En menor medida, algunas pocas revistas decidieron dejar de publicarse e incluso puntualizaron las razones de esta decisión. De manera general, para tomar por ejemplo un caso reciente, el último editorial de una revista que también iba por su vigésimo aniversario enfatizó la inexistencia de objetivos ulteriores de la publicación de la revista más allá de generar artículos escasamente leídos destinados a dar cuenta de manera asistemática de investigaciones en curso, cuya capacidad de diálogo con otras esferas sociales queda al menos problematizada. Se trata solamente de dos ejemplos. Como estos, existen numerosos textos y debates sobre las incomodidades que provoca editar una revista que ya se parece, no sólo a un banco de artículos, sino a una página web con diversos enlaces cuyas marcas comunes sólo refieren a ciertas formalidades referidas a las indexación. Aunque Políticas de la Memoria ha recibido desde un principio un número importante de artículos que han sido oportunamente evaluados por miembros de su comité académico o calificados por evaluadores externos, consideramos que se destaca enormemente por su trayectoria en el campo cultural argentino. No sólo ha procurado sostener su particularagenda temática, que une historia intelectual e historia de las izquierdas con una reflexión constante sobre acervos documentales en general, sino también una importante diversidad en los tipos de intervención cultural que propone.Además de una enorme cantidad de artículos arbitrados, en sus ya diecinueve números Políticas de la Memoria incluyó entrevistas, encuestas, exhumaciones documentales y dossiers temáticos cuidadamente articulados, por no hablar de su política gráfica y tipográfica, que le otorga una identidad muy clara en el campo de revistas. En este marco, nuestra nueva etapa nos encuentra queriendo continuar con esta línea de múltiples intervenciones y a la vez buscando profundizar en los ejes de investigación de nuestro proyecto cultural e intelectual. Sin renunciar en absoluto a nuestra identidad revisteril, hemos asumido una serie de cambios. Destacamos en primer lugar la incorporación del sistema de publicación Open Journal System (OJS), la confección de un banco de evaluadores que garantizan un arbitraje enriquecedor en el lapso de unos pocos meses y la presencia de un renovado comité académico no sólo nominal sino presente para las múltiples necesidades de la revista. Además, en la misma dirección, recientemente la revista ha sido indexada y evaluada en una importante conjunto de bases de datos que se suma a aquellas en las que ya estaba incluida. Por otro lado, Políticas de la Memoria responde a las numerosas actividades que desarrolla el CeDInCI como unidad académica y como centro de documentación. Esto es, como órgano de una biblioteca viva que, a diferencia de muchos institutos universitarios, cuenta con una enorme cantidad de consultas diarias. La revista entonces no queda sólo abierta al diálogo constante con materiales documentales e investigaciones capaces de valorizarlos y darles una voz actual, sino también a la enorme cantidad de actividades desarrolladas por sus investigadores (actualmente más de veinte), sus jornadas de investigación, sus programas especializados, su seminario permanente de historia intelectual, su plataformadigital AméricaLee, sus cursos de posgrado y su flamante Archivo de historia oral. Bajo la reformulación de estos objetivos, relanzamos entonces las secciones existentes de la revista bajo los siguientes lineamientos.En primer lugar, reafirmamos que la convocatoria de artículos arbitrados sobre los ejes de interés de la revista se encuentra abierta durante todo el año, entre los meses de febrero y diciembre. Los textos recibidos son en primera instancia evaluados por el Comité editorial de la revista. En segunda instancia, estos artículos son evaluados por dos especialistas bajo el formato de arbitraje conocido como referato doble ciego, acudiendo a un tercer árbitro en el caso de dos evaluaciones opuestas. En segundo lugar, el Comité editorial también solicita colaboraciones a investigadores cuya producción considere de interés para la revista. De la misma manera, en segunda instancia, también estos textos son evaluados por dos especialistas externos.
En tercer lugar, Políticas de la Memoria publica reflexiones críticas capaces de enriquecer discusiones coyunturales. En este caso, estas intervenciones son evaluadas solamente por su Comité editorial. En cuarto lugar, la sección Reseñas críticas buscará ser más fiel a su nombre, tratando de evitar la cadena de comentarios benevolentes entre amigos o los meros resúmenes de libros, aspirando a promover cierto marco de debates considerablemente apagado en el espacio académico contemporáneo. Por esto, si bien la sección se encuentra también abierta a colaboraciones, se nutrirá especialmente de textos solicitados especialmente por el Comité editorial en busca de opiniones de los especialistas que consideremos importantes para entablar una discusión productiva con las novedades académicas y editoriales.
Así las cosas, cabría destacar un último rasgo que singulariza a Políticas de la Memoria. Se trata de su vocación polemista que la lleva a intervenir en el debate público, político y cultural argentino, donde sobresale su preocupación por las derivas históricas de nuestro presente, de nuestra contemporaneidad. Es por ello que esta nueva edición de la revista abre sus páginas con cuatro reflexiones sobre distintos sucesos políticos y culturales que repercutieron, de distinto modo, en la esfera pública de la historia, la política y la memoria. 
Nietzsche en el anarquismo rioplantense (1890-1910): Consideraciones teóricas y metodológicas
Peer-reviewed article
The early reception of Nietzsche’s philosophy in the Riode la Plata was configured through some discursive ope-rators: anarchism, arielist idealism, dandism, materialism,psychopathology, anticlericalism, social Darwinism andnationalism. On the one hand, in the current dispute overthe political significance of Nietzschean ideas, both theso-called “hermeneutics of innocence” and the “apolitical”interpretation of philology do not historicize the illoquio-nary force of concepts. On the other hand, the perspec-tive of conceptual history, understood as the pragmaticsof concepts, offers the alternative of understanding thepolitical effect of nietzscheanism. Following this last lineof analysis, this work studies the relationship between thecurrent of anarcho-nietzscheanism and the practices ofeugenics during the hegemony of positivism.
Received 15/06/2019Acepted 30/08/2018Artículo evaluado por pares
El microsistema de recepción temprana de la filosofía deNietzsche en el Río de la Plata se configuró a través de al-gunos operadores discursivos: el anarquismo, el idealismoarielista, el dandismo, el materialismo, la psicopatología,el anticlericalismo, el darwinismo social y el nacionalis-mo. En la disputa actual por la significación política de lasideas nietzscheanas, tanto la llamada “hermenéutica de lainocencia” como la interpretación “apolítica” de la filologíano historizan la fuerza ilocucionaria de los conceptos. Encambio, la perspectiva de la historia conceptual, entendidacomo pragmática de los conceptos, ofrece la alternativade comprender el efecto político del nietzscheanismo. Si-guiendo esta última línea de análisis, este trabajo estudiala relación entre la corriente del anarconietzscheanismoy las prácticas de la eugenesia durante la hegemonía delpositivismo.
Recibido el 15/06/2019Aceptado el 30/08/201