Políticas de la Memoria
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    745 research outputs found

    A propósito de Ezequiel Saferstein, ¿Cómo se fabrica un best seller político? La trastienda de los éxitos editoriales y su capacidad de intervenir en la agenda pública

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    Critical review of Ezequiel Saferstein's book, How is a political best seller made? The back room of publishing successes and their ability to intervene in the public agenda, Buenos Aires, Siglo Veintiuno, 2021, pp. 224.Reseña crítica del libro de Ezequiel Saferstein, ¿Cómo se fabrica un best seller político? La trastienda de los éxitos editoriales y su capacidad de intervenir en la agenda pública, Buenos Aires, Siglo Veintiuno, 2021, pp. 224

    El juez y el historiador. Los “testigos de contexto” en el Juicio por la Masacre de Trelew. Entrevista a Vera Carnovale

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    This text transcribes an interview that Ana Trucco Dalmas did to Vera Carnovale regarding her participation in the Trial for the Trelew Massacre. Indeed, during the month of August 2012, the historian Vera Carnovale was summoned to testify as a context witness in the trial for the crimes committed by members of the Argentine Navy and Army against 19 guerrillas, at the Almirante Zar Naval Air Base ( Chubut, Argentina), on the night of August 22, 1972. For any historian, having the object of their investigations deliberated in courts of justice is a unique opportunity, which can only encourage historiographical reflection. The comparison between the office of the judge and that of the historian has been the subject of important debates. From March Bloch to Enzo Traverso, through Carlo Guinzburg, the relationships between "historical truth" and "legal truth" —their procedures and methodologies— have been analyzed from different perspectives. What differentiates the task of the judge of the historian's office? In what dimensions are they linked? How are documents and testimony used in a trial? How does a historian analyze them? All these questions were answered by Carnovale in this interview.En el presente texto se transcribe una entrevista que Ana Trucco Dalmas hizo a Vera Carnovale a propósito de su participación en el Juicio por la Masacre de Trelew. En efecto, durante el mes de agosto del año 2012, la historiadora Vera Carnovale fue citada a declarar como testigo de contexto en el juicio por los crímenes cometidos por miembros de la Marina y Ejército Argentino contra 19 guerrilleros, en la Base Aeronaval Almirante Zar (Chubut, Argentina), la noche del 22 de agosto de 1972. Para cualquier historiador o historiadora, que el objeto de sus investigaciones sea deliberado en tribunales de justicia es una oportunidad única, que no puede más que propiciar la reflexión historiográfica. La comparación entre el oficio del juez y el del historiador ha sido motivo de importantes debates. Desde March Bloch hasta Enzo Traverso, pasando por Carlo Guinzburg, las relaciones entre “verdad histórica” y “verdad jurídica” —sus procedimientos y metodologías—, han sido analizadas desde distintas perspectivas. ¿Qué diferencia la tarea del juez del oficio del historiador? ¿En qué dimensiones se vinculan? ¿Cómo se usan los documentos y testimonios en un juicio? ¿Cómo los analiza un historiador? Todas estas preguntas fueron respondidas por Carnovale en la presente entrevista

    A propósito de Martín Baña, Quien no extraña al comunismo no tiene corazón: De la disolución de la Unión Soviética a la Rusia de Putin,

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    Review by Martín Baña, Who does not miss communism has no heart: From the dissolution of the Soviet Union to Putin's Russia, Buenos Aires, Crítica, 2021, 288 pp.Reseña de Martín Baña, Quien no extraña al comunismo no tiene corazón: De la disolución de la Unión Soviética a la Rusia de Putin, Buenos Aires, Crítica, 2021, 288 pp

    Cambios en la política cultural del Partido Comunista Mexicano: de los Festivales de Oposición a los Festivales de la Unidad (1977-1986)

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    From 1977 to 1980, following a long tradition of world communism and taking advantage of its recent legalization, the Mexican Communist Party (PCM) organized the Opposition Festivals in order to make itself known, promote certain issues, raise funds and establish national and international alliances. After the dissolution of the PCM and the formation of the Unified Socialist Party of Mexico (PSUM) in 1981, these cultural events continued to be held under the name of Festivales de la Unidad until 1986. Drawing on a multiplicity of documentary, newspaper and oral sources, this article reconstructs the political objectives of the Festivals organized by the communists based on the cultural and artistic activities they offered. The progressive pluralization of the cultural offerings of the PCM and the PSUM is explained as part of their eagerness to take advantage of their new legal status and approach new audiences, competing with other forms of entertainment in Mexico existing in those decades. [Peer-reviewed article] Received: 22/5/2022 Accepted: 15/08/2022De 1977 a 1980, siguiendo una larga tradición del comunismo mundial y aprovechando su reciente legalización, el Partido Comunista Mexicano (PCM) organizó los Festivales de Oposición con el objetivo de darse a conocer, impulsar ciertos temas, recaudar fondos y establecer alianzas nacionales e internacionales. Tras la disolución del PCM y la formación del Partido Socialista Unificado de México (PSUM) en 1981 estos eventos culturales se siguieron realizando bajo el nombre de Festivales de la Unidad hasta 1986. Recurriendo a una multiplicidad de fuentes documentales, hemerográficas y orales, este artículo reconstruye los objetivos políticos de los Festivales organizados por los comunistas a partir de las actividades culturales y artísticas que ofrecían. Se explica la progresiva pluralización de la oferta cultural del PCM y del PSUM como parte de su afán por aprovechar su nueva condición de legalidad y acercarse a nuevos públicos, compitiendo con otras formas de entretenimiento en el México de esas décadas. [Artículo evaluado por pares] Recibido: 22/5/2022 Aceptado: 15/08/2022 &nbsp

    Libertad sexual y electricidad: Notas para unos ensayos rojos.

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    As in every issue of Políticas de la Memoria, the Program of feminist and sex-gender political memories, "Sexo y Revolución" (CeDInCI) publishes a work related to one of its objectives. In this case, it is about "strengthening the study and debate about the relationship between women's movements, feminisms and sex-gender activisms with the left in all its arc of expression". With this ambitious horizon in view, this essay proposes a key less present in the numerous studies on the reception of the events of the Russian Revolution of 1917. Although its local reading has been widely analyzed, the intention here is to begin to explore some episodes on the relationship of the so-called "sexual question" with the news coming from Russia. These stories fed imaginaries of emancipation and moral anxieties on the left, while they were used as evidence of "degeneration" and immorality from the conservative right.Como en cada número de Políticas de la Memoria, el Programa de memorias políticas feministas y sexo-genéricas, “Sexo y Revolución” (CeDInCI) publica un trabajo relacionado con alguno de sus objetivos. En este caso, se trata de “fortalecer el estudio y debate acerca de la relación de los movimientos de mujeres, los feminismos y los activismos sexo-genéricos con las izquierdas en todo su arco de expresión”. Con ese ambicioso horizonte a la vista, este ensayo propone una clave menos presente en los numerosos estudios acerca de la recepción de los acontecimientos de la Revolución rusa de 1917. Si bien su lectura local ha sido muy analizada, aquí se pretende comenzar a explorar algunos episodios sobre la relación de la denominada “cuestión sexual” con las noticias que llegaban de Rusia. Esos relatos alimentaban imaginarios de emancipación y ansiedades morales en las izquierdas, al tiempo que eran utilizados como prueba de “degeneración” e inmoralidad desde las derechas conservadoras

    Trelew en la Historia

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    This paper analyzes the social, political and cultural significance of the escape from the Rawson Prison and the Trelew Massacre, in Argentina in the 1970s. To do this, we will try to identify and analyze the different historical dimensions that were articulated and emerged from both events. In this sense, an attempt will be made to demonstrate that the flight and the massacre linked processes of medium, short and long duration; processes that we will reconstruct from different procedures of historical contextualization. Simultaneously, we will try to evaluate the escape from the Rawson Prison and the Trelew Massacre as a “product” and “artifice” of a “cultural”, media, publishing and recording industry. In addition, an attempt will be made to introduce the escape and the massacre in the history of certain representations and long-standing ideas to, finally, evaluate the social impact that both events had between 1972 and 1974.El presente trabajo analiza el significado social, político y cultural de la fuga del Penal de Rawson y la Masacre de Trelew, en la Argentina de los años setenta. Para ello, intentaremos identificar y analizar las distintas dimensiones históricas que se articularon y emergieron a partir de ambos sucesos. En este sentido, se intentará demostrar que la fuga y la masacre anudaron procesos de mediana, corta y larga duración; procesos que reconstruiremos partir de distintos procedimientos de contextualización histórica. Simultáneamente, evaluaremos la fuga del Penal de Rawson y la Masacre de Trelew como “producto” y “artificio” de una “industria cultural”, mediática, editorial y discográfica. Además, se intentará introducir la fuga y la masacre en la historia de ciertas representaciones e ideas de largo aliento para, finalmente, evaluar la caladura social que tuvieron ambos sucesos entre 1972 y 1974

    Introduction: Intellectual history in the 21st century

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    Diecinueve historiadores de nueve países diversos reflexionan en la presente encuesta sobre el estado de la historia intelectual. A comienzos de 2022 enviamos las tres preguntas que componen la encuesta a más de treinta investigadores cuyas obras vienen renovando los análisis sobre las ideas o los discursos –distinción importante para algunas formulaciones– y sus promotores. Tomando como precedente esas obras, la/os invitamos a ensayar una breve reflexión que sistematice sus decisiones teórico-metodológicas y su parecer sobre el estado del campo. En las últimas décadas ha crecido notoriamente la cantidad de investigaciones realizadas en América Latina que se inscriben en la historia intelectual. Si bien se han preparado algunas encuestas sobre esa producción –e incluso unos pocos investigadores han sistematizado sus posiciones teórico-metodológicas–, continuaban sin aclararse dos cuestiones que desde el CeDInCI consideramos decisivas: la ruptura o continuidad entre historia de las ideas e historia intelectual, por un lado, y la relación entre historia intelectual y marxismo, por el otro. Para comenzar a reflexionar sobre las respuestas recibidas, podríamos señalar las ausencias que, en coincidencia con otras prácticas historiográficas, parecen recorrer a la historia intelectual. Extendimos la convocatoria a investigadores inscriptos decididamente en la historia intelectual así como a quienes defienden la historia de las ideas y a la/os que optan por el cruce entre ambas perspectivas. Si ello no se refleja en las respuestas, es porque lamentablemente los dos impulsores más decididos y destacados de la historia de las ideas en América Latina optaron por no participar. Seguramente, en esta ausencia debamos leer una nueva confirmación de la escasa voluntad de discusión que desde hace décadas recorre a la práctica historiográfica en su conjunto. Por otra parte, en la decisión de no responder que tomaron una serie de investigadores latinoamericanos que practican la historia intelectual confluyeron dos cuestiones diversas: la poca importancia que le asignan a la reflexión teórico-metodológica y el reducido tiempo que queda para esas reflexiones cuando la investigación se realiza desde una marcada fragilidad institucional. También parece dejarnos sin aportes significativos la falta de participantes de Uruguay, Perú, Bolivia y otros países latinoamericanos. Como en los casos anteriores, esto no responde a la desvinculación entre investigadores –por el contrario, el CeDInCI mantiene relaciones fluidas con equipos de investigación de los tres países mencionados–, sino más bien a la ausencia de grupos de investigación en historia intelectual y sobre todo a los contados estudios realizados desde esta perspectiva. Finalmente, el número de mujeres que participa en la encuesta es considerablemente menor. Y esto tampoco responde a una decisión de la convocatoria, sino a una característica que se extiende a los estudios históricos. En efecto, aunque el número de mujeres y varones que egresan de las carreras de historia y de otras disciplinas humanísticas tiende a ser proporcional, cuando confeccionamos la lista de investigadores a convocar confirmamos que sigue siendo mucho mayor el número de varones que se dedican a la investigación y publican obras inscriptas en la historia de las ideas o la historia intelectual. Ancladas en estas ausencias las respuestas proponen una reflexión que nos permite avanzar en otra serie de características. En primer lugar, la/os investigadores no tienden a asumir una ruptura tajante entre historia de las ideas e historia intelectual. Más bien, optan por un llamado a trazar puentes y cruces entre ambas así como con otras disciplinas que analizan a las ideas o los discursos, sus autores y la cultura. De todos modos, esa convergencia está formulada desde un historicismo contextualista que, de modo tácito pero tajante, establece un corte con la historia de las ideas tal como tendió a  desarrollarse en la segunda mitad del siglo XX. En efecto, teniendo en cuenta tanto sus obras como sus respuestas, la/os encuestada/os, en su casi totalidad, asocian la historia intelectual al análisis de las ideas o de los discursos en sus contextos de producción, recepción y circulación y con ello rechazan implícitamente un rasgo que fue constitutivo de la historia de las ideas: la asunción de un trascendentalismo eticista que permita ordenar de modo progresivo y valorar la producción filosófica. Y en caso latinoamericano ese ordenamiento y valoración se guió por la participación en una originalidad latinoamericana y emancipatoria. Otra cuestión en la que tienden a coincidir la/os investigadores es en una incorporación selectiva del programa de la escuela de Cambridge. Si en las últimas décadas del siglo XX Quentin Skinner y John Pocock encabezaron una profunda renovación de la aproximación a la historia de la filosofía política moderna desde lo que llamaron una “intellectual history”, la que se practicó y practica en América Latina –así como la impulsada por Peter Burke, Francois Dosse,  Martin Jay, Christophe  Prochasson y Enzo Traverso– está lejos de asumir una versión radical del giro lingüístico como la que sustenta el programa de Cambridge. Más precisamente, las respuestas tienden a mostrar que la advertencia que realizó ese programa sobre las lecturas arbitrarias y simplificadoras que se desprenden de la búsqueda de la coherencia en una obra o de la sistematicidad doctrinaria es un rasgo constitutivo de la historia intelectual. Pero a ello parece restringirse la recepción latinoamericana de la escuela de Cambridge. Por un lado, en América Latina las obras que comparten el llamado de Cambridge a estudiar los textos únicamente en vinculación con otros textos en tanto “contexto lingüístico” antes que inscribirse en la historia intelectual tienden a hacerlo en la crítica literaria. Por el otro, las respuestas –y sobre todo la bibliografía consignada en la tercera– muestran que las obras señeras de la historia intelectual, más allá de las escritas por Skinner y Pocock, rechazan una concepción del lenguaje que impida establecer algún tipo de acceso a las experiencias del pasado y que impugne toda relación entre ideas o discursos y contexto social. Finalmente, la historia intelectual que se esboza en las respuestas recorta objetos de estudio posibles que exceden el interés de la escuela de Cambridge por la filosofía política moderna. Las ideas o los discursos de los que se ocupa la historia intelectual tienden a cruzarla con la historia de los intelectuales. Pero la ampliación del foco de interés en las grandes obras filosóficas para abarcar también a opúsculos y panfletos de gran circulación está acompañada de la extensión de la noción de intelectual. Y en las respuestas se advierte que permanece en discusión si la noción de intelectual debe restringirse a las elites letradas que buscaron participar de los debates públicos o tiene que incluir a editores, gestores culturales y escritores que sin tener un gran reconocimiento fueron centrales en la difusión y recepción de las ideas o los discursos analizados. Un programa que sí convoca a diversos investigadores latinoamericanos y dio origen a varios grupos es el de la Begriffgeschichte. De todos modos, las respuestas tienden a acordar en que, al igual que el programa de la escuela de Cambridge, no fue central en los inicios de la historia intelectual en América Latina. A ello se suma que no hay un acuerdo acerca de si la revisión de la historia latinoamericana –y sobre todo de los procesos independentistas– que se emprende desde la historia conceptual se inscribe dentro del amplio campo de la historia intelectual o constituye un campo específico. Si la historia intelectual surgía del mencionado impulso historicista-contextualista y en América Latina tomaba distancia de una versión radical del giro lingüístico, no sorprende entonces que aquí encontrara una orientación decisiva en la sociología del conocimiento de Pierre Bourdieu y en los análisis materiales de la cultura propuestos por Raymond Williams, o que incluso las respuestas tiendan a reconocer la centralidad de los marxismos no deterministas para analizar las ideas o los discursos. Esto nos permite introducir un rasgo con el que podríamos cerrar esta presentación. En las últimas décadas el giro lingüístico recibió la impugnación del llamado giro material. En la práctica de la historia intelectual ello renovó los análisis sobre los soportes y las vías materiales de circulación de las ideas o los discursos y, como se advierte en las respuestas, sumó a la mencionada vinculación de la historia intelectual con la historia de los intelectuales el cruce con la historia del libro y la edición.  Desde la decisión de no reducir las ideas a su contexto socio-económico que constituyó a la historia de las ideas y que se mantuvo en la ruptura producida por la historia intelectual, se han ensayado múltiples y muy diversas aproximaciones a las ideas o los discursos. Si todavía es posible reconocer en la historia intelectual un campo dinámico y productivo, es en parte porque el giro material y el cruce con la historia del libro y la edición señalan  dimensiones de las ideas o los discursos sobre las que apenas se ha detenido la historia.   NBDiecinueve historiadores de nueve países diversos reflexionan en la presente encuesta sobre el estado de la historia intelectual. A comienzos de 2022 enviamos las tres preguntas que componen la encuesta a más de treinta investigadores cuyas obras vienen renovando los análisis sobre las ideas o los discursos –distinción importante para algunas formulaciones– y sus promotores. Tomando como precedente esas obras, la/os invitamos a ensayar una breve reflexión que sistematice sus decisiones teórico-metodológicas y su parecer sobre el estado del campo. En las últimas décadas ha crecido notoriamente la cantidad de investigaciones realizadas en América Latina que se inscriben en la historia intelectual. Si bien se han preparado algunas encuestas sobre esa producción –e incluso unos pocos investigadores han sistematizado sus posiciones teórico-metodológicas–, continuaban sin aclararse dos cuestiones que desde el CeDInCI consideramos decisivas: la ruptura o continuidad entre historia de las ideas e historia intelectual, por un lado, y la relación entre historia intelectual y marxismo, por el otro. Para comenzar a reflexionar sobre las respuestas recibidas, podríamos señalar las ausencias que, en coincidencia con otras prácticas historiográficas, parecen recorrer a la historia intelectual. Extendimos la convocatoria a investigadores inscriptos decididamente en la historia intelectual así como a quienes defienden la historia de las ideas y a la/os que optan por el cruce entre ambas perspectivas. Si ello no se refleja en las respuestas, es porque lamentablemente los dos impulsores más decididos y destacados de la historia de las ideas en América Latina optaron por no participar. Seguramente, en esta ausencia debamos leer una nueva confirmación de la escasa voluntad de discusión que desde hace décadas recorre a la práctica historiográfica en su conjunto. Por otra parte, en la decisión de no responder que tomaron una serie de investigadores latinoamericanos que practican la historia intelectual confluyeron dos cuestiones diversas: la poca importancia que le asignan a la reflexión teórico-metodológica y el reducido tiempo que queda para esas reflexiones cuando la investigación se realiza desde una marcada fragilidad institucional. También parece dejarnos sin aportes significativos la falta de participantes de Uruguay, Perú, Bolivia y otros países latinoamericanos. Como en los casos anteriores, esto no responde a la desvinculación entre investigadores –por el contrario, el CeDInCI mantiene relaciones fluidas con equipos de investigación de los tres países mencionados–, sino más bien a la ausencia de grupos de investigación en historia intelectual y sobre todo a los contados estudios realizados desde esta perspectiva. Finalmente, el número de mujeres que participa en la encuesta es considerablemente menor. Y esto tampoco responde a una decisión de la convocatoria, sino a una característica que se extiende a los estudios históricos. En efecto, aunque el número de mujeres y varones que egresan de las carreras de historia y de otras disciplinas humanísticas tiende a ser proporcional, cuando confeccionamos la lista de investigadores a convocar confirmamos que sigue siendo mucho mayor el número de varones que se dedican a la investigación y publican obras inscriptas en la historia de las ideas o la historia intelectual. Ancladas en estas ausencias las respuestas proponen una reflexión que nos permite avanzar en otra serie de características. En primer lugar, la/os investigadores no tienden a asumir una ruptura tajante entre historia de las ideas e historia intelectual. Más bien, optan por un llamado a trazar puentes y cruces entre ambas así como con otras disciplinas que analizan a las ideas o los discursos, sus autores y la cultura. De todos modos, esa convergencia está formulada desde un historicismo contextualista que, de modo tácito pero tajante, establece un corte con la historia de las ideas tal como tendió a  desarrollarse en la segunda mitad del siglo XX. En efecto, teniendo en cuenta tanto sus obras como sus respuestas, la/os encuestada/os, en su casi totalidad, asocian la historia intelectual al análisis de las ideas o de los discursos en sus contextos de producción, recepción y circulación y con ello rechazan implícitamente un rasgo que fue constitutivo de la historia de las ideas: la asunción de un trascendentalismo eticista que permita ordenar de modo progresivo y valorar la producción filosófica. Y en caso latinoamericano ese ordenamiento y valoración se guió por la participación en una originalidad latinoamericana y emancipatoria. Otra cuestión en la que tienden a coincidir la/os investigadores es en una incorporación selectiva del programa de la escuela de Cambridge. Si en las últimas décadas del siglo XX Quentin Skinner y John Pocock encabezaron una profunda renovación de la aproximación a la historia de la filosofía política moderna desde lo que llamaron una “intellectual history”, la que se practicó y practica en América Latina –así como la impulsada por Peter Burke, Francois Dosse,  Martin Jay, Christophe  Prochasson y Enzo Traverso– está lejos de asumir una versión radical del giro lingüístico como la que sustenta el programa de Cambridge. Más precisamente, las respuestas tienden a mostrar que la advertencia que realizó ese programa sobre las lecturas arbitrarias y simplificadoras que se desprenden de la búsqueda de la coherencia en una obra o de la sistematicidad doctrinaria es un rasgo constitutivo de la historia intelectual. Pero a ello parece restringirse la recepción latinoamericana de la escuela de Cambridge. Por un lado, en América Latina las obras que comparten el llamado de Cambridge a estudiar los textos únicamente en vinculación con otros textos en tanto “contexto lingüístico” antes que inscribirse en la historia intelectual tienden a hacerlo en la crítica literaria. Por el otro, las respuestas –y sobre todo la bibliografía consignada en la tercera– muestran que las obras señeras de la historia intelectual, más allá de las escritas por Skinner y Pocock, rechazan una concepción del lenguaje que impida establecer algún tipo de acceso a las experiencias del pasado y que impugne toda relación entre ideas o discursos y contexto social. Finalmente, la historia intelectual que se esboza en las respuestas recorta objetos de estudio posibles que exceden el interés de la escuela de Cambridge por la filosofía política moderna. Las ideas o los discursos de los que se ocupa la historia intelectual tienden a cruzarla con la historia de los intelectuales. Pero la ampliación del foco de interés en las grandes obras filosóficas para abarcar también a opúsculos y panfletos de gran circulación está acompañada de la extensión de la noción de intelectual. Y en las respuestas se advierte que permanece en discusión si la noción de intelectual debe restringirse a las elites letradas que buscaron participar de los debates públicos o tiene que incluir a editores, gestores culturales y escritores que sin tener un gran reconocimiento fueron centrales en la difusión y recepción de las ideas o los discursos analizados. Un programa que sí convoca a diversos investigadores latinoamericanos y dio origen a varios grupos es el de la Begriffgeschichte. De todos modos, las respuestas tienden a acordar en que, al igual que el programa de la escuela de Cambridge, no fue central en los inicios de la historia intelectual en América Latina. A ello se suma que no hay un acuerdo acerca de si la revisión de la historia latinoamericana –y sobre todo de los procesos independentistas– que se emprende desde la historia conceptual se inscribe dentro del amplio campo de la historia intelectual o constituye un campo específico. Si la historia intelectual surgía del mencionado impulso historicista-contextualista y en América Latina tomaba distancia de una versión radical del giro lingüístico, no sorprende entonces que aquí encontrara una orientación decisiva en la sociología del conocimiento de Pierre Bourdieu y en los análisis materiales de la cultura propuestos por Raymond Williams, o que incluso las respuestas tiendan a reconocer la centralidad de los marxismos no deterministas para analizar las ideas o los discursos. Esto nos permite introducir un rasgo con el que podríamos cerrar esta presentación. En las últimas décadas el giro lingüístico recibió la impugnación del llamado giro material. En la práctica de la historia intelectual ello renovó los análisis sobre los soportes y las vías materiales de circulación de las ideas o los discursos y, como se advierte en las respuestas, sumó a la mencionada vinculación de la historia intelectual con la historia de los intelectuales el cruce con la historia del libro y la edición.  Desde la decisión de no reducir las ideas a su contexto socio-económico que constituyó a la historia de las ideas y que se mantuvo en la ruptura producida por la historia intelectual, se han ensayado múltiples y muy diversas aproximaciones a las ideas o los discursos. Si todavía es posible reconocer en la historia intelectual un campo dinámico y productivo, es en parte porque el giro material y el cruce con la historia del libro y la edición señalan  dimensiones de las ideas o los discursos sobre las que apenas se ha detenido la historia.   N

    Encuesta sobre Nueva Historia Intelectual : Intervienen Carlos Altamirano / Paula Bruno / Peter Burke / Mariana Canavese / Gabriel Cid / Horacio Crespo / Francois Dosse / Alexander Gallus / Juan Guillermo Gómez García / Aimer Granados / Martin Jay / Andrés Kozel / Gilberto Loaiza Cano / Carlos Marichal / Maria Elisa Noronha de Sá / Alexandra Pita González / Christophe Prochasson / Horacio Tarcus / Enzo Traverso

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    1. What do you understand by intellectual history, and how --according to you-- is this practice distinct from other approaches such as the history of ideas, the history of intellectuals, the social history of culture, etc.? 2. To what extent has Marxism (or certain schools or understandings of marxism) contributed to the formation of intellectual history -- or has Marxism as a whole remained within the traditional framework of the history of ideas? 3. To what extent has your own research been carried out within the framework of intellectual history, and which works have been your main references in this domain?Encuesta sobre Nueva Historia Intelectual  Intervienen Carlos Altamirano / Paula Bruno / Peter Burke / Mariana Canavese / Gabriel Cid / Horacio Crespo / Francois Dosse / Alexander Gallus / Juan Guillermo Gómez García / Aimer Granados / Martin Jay / Andrés Kozel / Gilberto Loaiza Cano / Carlos Marichal / Maria Elisa Noronha de Sá / Alexandra Pita González / Christophe Prochasson / Horacio Tarcus / Enzo Traverso   desde  Alemania / Argentina / Brasil / Colombia / Chile / Estados Unidos / Francia / Gran Bretaña / México   Cuestionario ¿Qué entiende por historia intelectual y qué es lo que considera que distingue esa práctica de otras aproximaciones, como la historia de las ideas, la historia de los intelectuales, la historia social de la cultura, etc.? ¿En qué medida el marxismo, o algunas de las escuelas o las formas de entender el marxismo, ha nutrido la formación de la historia intelectual, o bien el marxismo in toto ha quedado inscripto en la tradicional historia de las ideas? ¿En qué medida encuadró sus investigaciones en la historia intelectual y cuáles fueron sus principales obras de referencia en el área

    A propósito de Dahiana Barrales Palacio y Nicolás Iglesias Schneider, ¿De qué lado está Cristo? Religión y política en el Uruguay de la Guerra Fría

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    Review by Dahiana Barrales Palacio and Nicolás Iglesias Schneider, Which side is Christ on? Religion and politics in Uruguay during the Cold War, Uruguay, Editorial Fin de Siglo, 2021, 248 pp.Reseña de Dahiana Barrales Palacio y Nicolás Iglesias Schneider, ¿De qué lado está Cristo? Religión y política en el Uruguay de la Guerra Fría,  Uruguay, Editorial Fin de Siglo, 2021, 248 pp

    Entre el particularismo partidario y la coalición de fuerzas democráticas: el Partido Socialista y el Frente Popular

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    In the 1930s the Partido Socialista (PS) underwent important changes. Leaving aside the position of proud loneliness of its founding years, maintained even after the Sáenz Peña Law placed it in places of political responsibility, it is advancing for the first time towards alliances with other forces. The Alianza Civil, established together with the Partido Demócrata Progresista (PDP) in 1931, is followed by the more ambitious attempts of 1936, aimed at forming a Popular Front that would unite the PS not only with the PDP, and with its brother-enemies of the Partido Comunista, but also with the Unión Cívica Radical, a force with which it had a long history of mistrust and which also, due to its indisputable political weight, would occupy a predominant place in the coalition. In this article we will reconstruct the positions that the PS adopted in light of the prospect of possible integration into the Popular Front. In the final reflections we will start from the distinction of three dimensions present in all political identity proposed by Gerardo Aboy Carlés, to point out the elements that made identity confluence possible and also to account for the limits that identity set to adherence to the Popular Front proposal. [Peer-reviewed article] Received: 3/3/2022 Accepted: 15/5/2022En la década del ‘30 el Partido Socialista (PS) experimenta importantes cambios. Dejando de lado la postura de orgullosa soledad de sus años fundacionales, mantenida incluso luego de que la Ley Sáenz Peña lo colocara en lugares de responsabilidad política, avanza por primera vez hacia alianzas con otras fuerzas. A la Alianza Civil, entablada junto al Partido Demócrata Progresista (PDP) en 1931 siguen los, más ambiciosos intentos de 1936, orientados a conformar un Frente Popular que reuniría al PS no solo con el PDP, y con sus hermanos-enemigos del Partido Comunista, sino también con la Unión Cívica Radical, una fuerza con la que tenía una larga historia de desconfianzas y la que, por su indiscutible peso político, ocuparía un lugar predominante en la coalición. En este artículo reconstruiremos las posiciones que el PS adoptó frente a la perspectiva de una posible integración en el Frente Popular. En las reflexiones finales partiremos de la distinción de tres dimensiones presentes en toda identidad política propuesta por Gerardo Aboy Carlés, para señalar los elementos que hacían posible la confluencia identitaria y también para dar cuenta de los límites que la identidad fijó a la adhesión a la propuesta de Frente Popular. [Artículo evaluado por pares] Recibido: 3/3/2022 Aceptado: 15/5/202

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