Sistema de revistas y publicaciones (Univ. ORT Uruguay)
Not a member yet
2865 research outputs found
Sort by
ARGENTINA: VICTORIOSOS Y VENCIDOS
Unas imágenes sugerentes de los resultados de las elecciones legislativas en Argentina fueron las transmitidas desde el “bunker” del oficialista Frente por la Victoria tras conocerse los resultados oficiales. Por un lado un exultante Amado Boudou (inexplicable presidente en funciones) arengando a los militantes que se habían acercado al local y que respondían con cánticos de fútbol (¿?). Por el otro, todo el gabinete “K” y varios dirigentes afines, colocados cual muñecos de trapo en el escenario y que pasaban mirando al suelo, un poco porque sus nombres estaban colocados allí para saber qué posición ocupar de cara al público y las cámaras (no fuese cosa que, por ejemplo, el piquetero antisemita Luis D’Elía apareciera en un primer plano), otro poco por haber sido derrotados en varias batallas particulares.Y es que, como adelantábamos en el artículo anterior, se dio lo esperado: el kirchnerismo pierde de forma contundente en los principales distritos (CABA, Provincia de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fé y Mendoza), pero no obstante logra mantener por los pelos la mayoría en ambas cámaras.Volviendo al escenario del reconocimiento de la derrota/victoria, se palpaba también un aire de inquietud. La ausencia de Cristina Fernández resaltaba las diferencias entre los distintos grupos políticos o sociales que conforman al “movimiento” y los protagonistas se saludaban incómodamente como quien se encuentra a un conocido después de varios años.Quien tenía la cara más larga era sin duda el gobernador de Buenos Aires Provincia, Daniel Scioli. Éste estuvo, hasta el último día posible, analizando si volvía a reintegrarse el armado político del oficialismo (donde no es muy querido) o si se unía a Sergio Massa, el hijo pródigo y principal triunfador de la noche. Apostó mal y, por más que se siga manejando su nombre como presidenciable “continuador”, no queda muy claro cómo ni con qué aparato llegaría a serlo. Tampoco queda claro dónde entraría “la Cámpora” o los movimientos sociales transversales en la candidatura del mismo o de algún otro gobernador del interior (Uribarri o Capitanich), más afectos a la política clásica.El triunfo en provincia y (sobre todo) en el conurbano bonaerense, deja posicionado a Massa como otra pieza clave de las próximas presidenciales. Su triunfo por 12 puntos fue mayor al esperado y no sería raro que, en los próximos meses, fuese sumando a su bando a muchos dirigentes hoy aliados con el gobierno si ven que el barco no se apresura en conseguir un capitán decente que pueda esquivar al iceberg. Su ascenso, sin embargo, ha sido sospechosamente repentino, y todos sabemos que en política muchas veces quien se precipita, se precipita.En cuanto al peronismo de derechas, ya puede ir descartándose una nueva carrera presidencial del cordobés De la Sota. Si bien ganó en su provincia, la ventaja de su lista fue ridículamente absurda en cuanto a lo que se esperaba y sólo logró poco más que un 26% de los votos, muy por debajo de su performance en las elecciones primarias.El único político que se “la jugó” y anunció su candidatura a presidente fue el porteño Mauricio Macri. Y lo hizo muy en su estilo. De escenario una centena de jóvenes con camisetas multicolores, luces de discoteca y música de los 90s de fondo. Al llegar el líder, todos se cambiaron en una lluvia de confeti por remeras amarillas de “Mauricio Presidente”. Sólo faltaron los globos, la piñata y tal vez los payasos. En pantalla gigante pudo verse el saludo de los distintos dirigentes macristas del interior, siendo el más importante de ellos el humorista santafecino Miguel del Sel, quien le propinara otra derrota al kirchnerismo obteniendo el segundo puesto en su provincia.El gran déficit de Macri para ser un presidenciable con verdaderas posibilidades es que su apoyo en Buenos Aires Provincia se interpone con el de Massa, a quien le “prestó” algunos de sus seguidores. El panorama, por lo tanto, no es nada claro.Otra incógnita a dilucidar a futuro será si la centro-izquierda no peronista logrará forjar una alianza seria como para disputar la presidencia. Hermes Binner arrasa en Santa Fé; Cobos hace lo suyo en Mendoza; la UCR sorprende en Córdoba y Carrió logra un muy buen resultado en la CABA. Hay muchos caciques y pocos indios, y siempre existe el miedo latente a volver a repetir el fracaso de la Alianza.La gran sorpresa de la noche: los buenos resultados de la izquierda ortodoxa, por siempre postergada, primero por la represión, luego por el ala peronista izquierdista (más aún con el discurso kirchnerista), que logra una muy buena votación en el norte e incluso consigue introducir algunos diputados al parlamento. Hasta se puede avizorar una suerte de corriente indigenista en el extremo norte.Concluyendo: ¿Fin de ciclo kirchnerista? No por el momento, pero muy probablemente sí en los próximos dos años. Dos años que nos deparan un derrotero de incógnitas: ¿Cuál es el estado de salud de la presidente? ¿A quién recurrirá el aparato oficialista peronista actual ante su futura orfandad? ¿Qué harán la Cámpora y los movimientos transversales de izquierda? ¿Cómo pretenden ser candidatos tanto Macri como Massa y no “eliminarse” entre ellos? Lo único que podemos decir con certeza es que, si aún existía alguna idea re reeleccionista por parte de Cristina Fernández, la misma ha sido herida de muerte. Un arduo trabajo le esperará a su sucesor tras una década de populismo salvaje, si es que pretende reconstruir un marco de verdadera institucionalidad republicana. Sobre el autorEstudiante de la Licenciatura en Estudios InternacionalesFACS-ORT-Urugua
BERNARDO GLÜCKSMAN, UN HOMBRE DE CINE
“La novedad del siglo presentada a través de una joya cinematográfica maravillosa. La primera superproducción con música y efectos sonoros sensacionalmente sincronizados”. Así rezaba el anuncio del Rex Theatre. Era setiembre de 1929 y el cine sonoro llegaba por primera vez a nuestro país. Se estrenaba El amor nunca muere. No fue casualidad que el Rex Theatre albergara aquella primicia tecnológica, que acompasaba imagen y sonido y que implicaba el empleo del Vitaphone, un complicado sistema de discos que funcionaban en paralelo con los rollos de la película. Es que por esos días, la sala atravesaba su época de esplendor. Emplazado en la planta baja de uno de los edificios más emblemáticos del centro capitalino -en la esquina de 18 de Julio y Julio Herrera y Obes-, el Rex Theatre era sinónimo de lujo. Tenía capacidad para más de setecientos espectadores y hasta mediados de los años treinta ostentó el record de estrenos en Montevideo. “En la década del treinta el Rex Theatre era un símbolo de gran refinamiento. A nosotros, jóvenes deslumbrados por el espectáculo, nos asombraban los porteros lujosamente vestidos que a pedido de los dueños estacionaban sus autos en las inmediaciones del cine mientras aquellos veían la película y los traían de vuelta hasta la puerta al terminar la función. Y los gerentes nos parecían grandes señores ya que recibían con ceremoniosa atención a las familias habitués en el hall, a quienes identificaban invariablemente por sus nombres1, recuerda el periodista Ildefonso Beceiro, en el libro Función completa, por favor. Un siglo de cine en Montevideo, de Osvaldo Saratsola. La época de oro del Rex Theatre había comenzado el mismo día de su inauguración, el 22 de agosto de 1928. El evento había sido todo un suceso. El primer cine de lujo de Montevideo abría sus puertas, y hasta el doctor Juan Campistegui, presidente de la República, se hizo presente. El marco arquitectónico no podía ser mejor: el Edificio Rex –obra del arquitecto Alfredo Jones Brown- y su estilo parisino, ese “referente grisáceo con su coqueta coronita”2, como diría el periodista Ramón Mérica. El Rex Theatre pertenecía a una de las principales empresas de distribución y exhibición de películas que funcionaban en Uruguay por aquellos tiempos. Quien estaba al frente de la misma era Bernardo Glücksmann, un austríaco de origen judío que se había instalado en estas tierras en 1913. Fue un pionero. Con los años, llegó a presidir el Centro Cinematográfico del Uruguay y a establecer fuertes vinculaciones en el gobierno, la banca y el comercio. Como señala Saratsola, “cualquier historia de la época de oro de las exhibiciones cinematográficas en nuestro país tiene que empezar por él y las empresas que manejó”. Bernardo era el menor de once hermanos. Max, el mayor, se había instalado en Buenos Aires a fines del siglo XIX y luego de varios años de trabajo en la “Casa Lepage” –empresa dedicada a la venta y distribución de películas, artículos de fotografía y fonógrafos- había comprado el negocio. La firma -“Casa Lepage de Max Glücksmann”, al principio, y luego sólo “Max Glücksmann”-, se transformó en un emprendimiento familiar en el que participaban varios de los hermanos que, siguiendo los pasos del mayor, también se habían radicado en Argentina. Pronto “Max Glücksmann” se expandió a los países vecinos: Chile, Perú y Uruguay. En 1913, Bernardo se mudó a Montevideo para hacerse cargo de la sucursal que la empresa abrió en nuestra capital. Descubrió entonces que en Uruguay había un territorio fértil y hasta el momento poco explotado: la distribución y exhibición cinematográfica. Y hacia allí apuntó. El primer cine de la filial uruguaya fue el Rex Cinema, en 18 de Julio y Río Branco, donde antes había funcionado el Buckingham. Luego le siguieron muchos otros, entre ellos, el Stella dÍtalia, el Avenida Concert, el Capitol y el Gran Splendid. A mediados de la década del veinte, la compañía manejaba unos quince salones de exhibición y abastecía a otros treinta y cinco. Un lustro después, la primacía de Glücksmann en el mercado era indiscutida. Para entonces, la firma había agregado salas como el Metropol, el Rex Theatre, el Alcázar y el Cervantes. Más adelante, en 1941, llegaría el turno del Trocadero, que al poco tiempo se convertiría en la principal sala de la compañía. A partir de entonces, el Rex Theatre fue perdiendo, poco a poco, su prestigio. El fin de la Segunda Guerra Mundial encontró a Uruguay en una situación de prosperidad, desarrollo industrial y crecimiento económico sostenido. En el ámbito cinematográfico, dicha conyuntura generó un incremento en el número de espectadores, la expansión de los inversores y el surgimiento de nuevos competidores a nivel empresarial. El 17 de octubre de 1946 el Parque Hotel se vistió de fiesta. Periodistas, clientes, empresarios, legisladores, diplomáticos y dos futuros presidentes, Tomás Berreta y Luis Batlle Berres, se reunieron para homenajear a Bernardo Glücksmann por sus cuarenta años de actividad en el Río de la Plata. Todo indicaba que don Bernardo había alcanzado el pináculo de su vida pública y empresarial. Sin embargo, los embistes de la competencia habían comenzado a generar un progresivo declive económico en su negocio. El golpe final fue el incendio que, en diciembre de 1954, estalló en las oficinas y depósitos de la compañía -en la calle Río Branco entre 18 de Julio y San José-, generando cuantiosas pérdidas materiales. Con numerosas deudas que afrontar, en 1958 Glücksmann no tuvo otra salida que vender sus acciones al Grupo Salvo. Infructuosos emprendimientos posteriores terminaron por devastar lo poco que restaba del imperio de otrora. Función completa, por favor. Un siglo de cine en Montevideo recoge el testimonio de Ángel Hermida, empresario de cines, quien de joven había sido empleado de la compañía Glücksmann. Hermida relató a Saratsola que durante la década del sesenta, era común que don Bernardo visitara las empresas que antes habían sido su competencia, pidiendo entradas de favor para ir gratis al cine y aprovechando la ocasión para conversar con sus conocidos de otras épocas. “Fueron años tristes para él, parecía una sombra de lo que había sido"3. En tanto, el Rex Theatre también proyectaba sólo la sombra del esplendor de antaño. Continuó funcionado hasta 1980. Sin embargo, de aquella sala, la más lujosa de Montevideo, la que bajo una coqueta coronita de ágatas y piedras preciosas había albergado la llegada del cine sonoro, únicamente quedaba el recuerdo. 1- Saratsola, Osvaldo (2005). Función completa, por favor. Un siglo de cine en Montevideo. Ed. Trilce, p.1372- Mérica, Ramón. Salvando el edificio del cine Rex. De Chaplin a Zitarrosa3- Saratsola, Osvaldo. Op. Cit., p. 3
Conferencias, seminarios y eventos
ConferenciasEl Departamento de Estudios Internacionales organiza periódicamente diferentes conferencias de interés para nuestras áreas de actividad.Vea las conferencias realizadas anteriormente: Histórico Conferencias. El Departamento de Estudios Internacionales tiene el agrado de invitarlos a la 12va. Conferencia del ciclo de Conferencias 2013:"Democracia, liberalismo y tolerancia" A cargo del Prof. Oded BalabanMartes 29 de octubre 12:30 hs. Hemiciclo de ORT PocitosMás información Les informamos que ya se encuentra disponible en el canal de YouTube de la Facultad de Administración y Ciencias Sociales, el Seminario de Discusión Teórica organizado por el Departamento de Estudios InternacionalesVea aqu
DESAFÍOS PARA EL DESARROLLO EN AMÉRICA LATINA: El desafío de construir indicadores para la planificación y el seguimiento de las políticas en Ciencia y Tecnología - Parte II
Analizar la naturaleza de los indicadores de ciencia, tecnología e innovación requiere encuadrar la discusión en torno al proceso de toma de decisiones. Este proceso es entendido como la materialización original en la elaboración de las políticas públicas, en tanto representa la manifestación de la orientación de la estrategia de desarrollo. De este modo, analizar la morfología de la política científica y tecnológica implica reconocer en primera instancia el carácter inminentemente político sobre la base de un conflicto social que se pretende resolver a partir de una orientación determinada (Velha 1998). En este marco, los indicadores emergen como herramientas para obtener mediciones rigurosas en la conformación de un diagnóstico respecto las dimensiones sobre las cuales se pretende actuar. El conflicto y la coordinación de intereses son inherentes a las políticas públicas. Detrás de éstos se encuadra la construcción de los indicadores como expresión de la realidad. En este sentido, los indicadores constituyen una interpretación de la realidad y del contexto. A partir de allí, su construcción implica la problematización de esa realidad erigiéndose como una herramienta fundamental para la toma de decisiones en tanto, sólo a partir de un diagnóstico acertado se podrá avanzar en la gestión de soluciones referentes a los problemas y necesidades concretas (Albornoz, 2005). Para esto, la tarea de construir indicadores comienza por al creación y recopilación de estadísticas que permitan establecer series a lo largo del tiempo. En este marco, es de capital importancia definir variables propias de diagnóstico y seguimiento para los países en desarrollo. Importar los modelos de indicadores constituidos en los países con mayor grado de desarrollo relativo sin una revisión crítica de los parámetros de construcción implica un riesgo en la evaluación de consistencia respecto a la realidad de cada uno de los países. Otro de los elementos que le aporta singularidad a la tarea de construir indicadores es que en el campo de la ciencia y la tecnología no existen valores de referencia y, por lo tanto los indicadores solo adquieren relevancia en términos relativos en el tiempo o a partir de comparaciones internacionales (Sancho, 2002). Si bien la comparación internacional no puede tomarse como referencia simplificada, ya que los sistemas de ciencia, tecnológica e innovación necesitan ser contextualizados con la mayor precisión posible para que los estudios adquieran identidad, el desafío que se presenta es doble, pues no debe desconocerse la necesidad de recostarse sobre parámetros internacionales que permitan la comparación y el seguimiento de las políticas implementadas. Bajo estos lineamientos de compatibilidad internacional, a comienzos del siglo XX comienza a tomar forma desde los países con mayor grado de desarrollo relativo un cuerpo metodológico ordenado a partir de la construcción de las primeras series históricas. Posteriormente, hacia la década del sesenta la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) emprendió el relevamiento de las actividades de Investigación y Desarrollo-comprendidos en la famosa formula I+D- basadas fundamentalmente en parámetros de inversión y gasto. Como resultado del trabajo de la OCDE se redactó el Manual de Frascati1, reuniendo los principales conceptos y metodologías a fin de estandarizar internacionalmente las mediciones. Por su parte, en América Latina - como iniciativa primero de la UNESCO y posteriormente de la Red de Indicadores de Ciencia y Tecnología Iberoamericana e Interamericana (RICYT)- se comenzaron a medir fenómenos más amplios englobados como Actividades Científicas y Técnicas, referidas no solo a aquellas que se encuadran en I+D, sino que además se sumó un conjunto de actividades relacionadas con la producción, difusión, transferencia y aplicación de conocimiento, la enseñanza y la formación técnica. Esta inclusión de un espectro más amplio de fenómenos a cuantificar responde a la decisión de tomar distancia de las mediciones tradicionales incorporando parámetros que tuvieran en cuenta las diferentes capacidades de los países con menor grado de desarrollo, para los cuales los esfuerzos realizados en ciencia y tecnología muchas veces no eran contabilizados como I+D. Sucintamente, los indicadores de ciencia y tecnología se pueden calificar en indicadores de insumo e indicadores de impacto o resultado. Los primeros miden “los imputs”, es decir los esfuerzos del sistema científico y tecnológico. Mientas que, los indicadores de resultados o “output”, buscan cuantificar la productividad de la ciencia, es decir, medir el conocimiento generado por el sistema. Desde su nacimiento la construcción de indicadores muestra una evolución constante adaptándose a los cambios tecnológicos y al paradigma tecno-económico vigente2. En efecto, existen en la actualidad un variado conjunto de instrumentos que permiten que, la ciencia y la tecnología se analicen con mucha más amplitud y precisión que en el pasado. Promoviendo a su vez, que la temática sea incorporada a la agenda política como una cuestión de desarrollo no sólo económico sino también social, en función de las posibilidades para generar empleo, mejorar la calidad de vida y las potenciales herramientas de desarrollo sustentable del medio ambiente. Sin embargo, sobre la matriz insumo producto en la naturaleza de los indiciadores de la región, siguen primando las mediciones sobre los recursos dedicados a las actividades científico tecnológicas, siendo menos frecuente contar con mediciones de impacto o resultado. Desde allí surge el cardinal desafío de contar con mayores herramientas que permitan identificar impactos sociales indirectos o de muy largo plazo. Siendo estos los que justamente van a consolidar una estrategia sólida de desarrollo científico y tecnológico en países con menor grado de desarrollo, donde por ejemplo, la cantidad de patentes registradas por habitante no dice mucho respecto al resultado diferenciador que se espera de la ciencia como herramienta de transformación social. Como sostiene Sancho Lozano (2002) los indicadores intentan nada más y nada menos que cuantificar los beneficios de la ciencia, éstos son fundamentalmente intangibles y multidimensionales, y por su naturaleza no se pueden cuantificar en términos económicos. Asimismo, dado que los resultados de la ciencia se revelan sólo indirectamente y el conocimiento tiene un carácter acumulativo e intangible, se deben construir indicadores a partir del reconocimiento de la complejidad de que se trata de un proceso social de producción de un diagnóstico, y por lo tanto es necesario hacerlo de manera contextualizada de acuerdo a las necesidades y capacidades de la región en función de una estrategia de desarrollo amplia. Con todo, se trata de continuar el camino de construcción de diagnósticos propios a partir de marcadores con una fuerte impronta idiosincrática. Para ello, es necesario orientar la construcción de enfoques conceptuales propios desde una visión crítica que permita definir la realidad de la ciencia y la tecnología en los países con menor grado de desarrollo relativo. 1- La primera edición del Manual de Frascati fue en 1963, a partir de allí se han lanzado sucesivas actualizaciones. Existen otros manuales, por ejemplo el Manual de Oslo de 1997 dedicado a la innovación, y en América Latina el Manual de Bogotá es redactado en 2001 con el fin de normalizar las mediciones a nivel regional.2- Actualmente existen numerosos indicadores, los de uso más frecuente como inversión y gasto, indicadores bibliométricos y de recursos humanos; asimismo recientemente han aparecido un conjunto de indicadores de resultados que permiten medir nuevas dimensiones como por ejemplo el número de spin off creadas; y por otro lado, en la región adquieren relevancia otros indicadores como por ejemplo el índice de dependencia, difusión, autosuficiencia y especialización tecnológica, entre otros. Bibliografía Albornoz, M (2005): “El desafío de hacer indicadores en América Latina”, en Indicadores de Ciencia y Tecnología en Iberoamérica – Agenda 2005, RICYT, Buenos Aires.OCDE (2002): Propuesta de norma práctica para encuestas de investigación y desarrollo experimental - Manual de Frascati. OCDE, París.OCDE (2006): Directrices propuestas para la recogida e interpretación de los datos sobre innovación tecnológica - Manual de Oslo. OCDE, París. RICYT (2001): Normalización de Indicadores de Innovación Tecnológica en América Latina y el Caribe. Manual de Bogotá. RICYT, Bogotá.Sancho, R. (2002): “Indicadores de los sistemas de ciencia, tecnología e innovación”, en: Economía Industrial, Nº 343. Ministerio de Ciencia y Tecnología de España, Madrid.Velho, L. (1998): “Indicadores de ciencia y tecnología: Estado del arte y perspectivas”. En Indicadores científicos: Aspectos teóricos y metodológicos e impactos en la política científica. Nueva Sociedad, Caracas
Publicaciones
Esta semana LETRAS INTERNACIONALES presenta el siguiente material:En primer lugar, reseñamos en el link a continuación el listado completo de las Tesis de Grado producidas por los estudiantes que han culminado la carrera de Estudios Internacionales en la Universidad ORT. Vea más información sobre las Tesis aquí.En segundo lugar, un listado actualizado de las Publicaciones del Departamento de Estudios Internacionales las cuales puede visualizar aquí.En tercer lugar, a continuación destacamos algunas de las obras que nuestra biblioteca incorporó recientemente en relación a las áreas de interés de la carrera. Iglesias, Enrique; Conde, Roque; Suárez, Gustavo; "El momento político de América Latina". Fundación Carolina, Siglo XXI, c2011. Vea la Ficha Bibliográfica
EL CONSTRUCTIVISMO: SU REVOLUCIÓN ONTO-EPISTEMOLÓGICA EN LAS RRII - Parte II
El agotamiento del positivismo No sólo el abrupto final de la Guerra Fría desbrozó el camino para el constructivismo. Como ya señalábamos en la primera parte, también hubo agotamientos y desarrollos conceptuales y epistemológicos, tanto a nivel de las ciencias sociales como de la filosofía, que llamaron a replantear el problema de las relaciones internacionales por fuera de la ya vetusta dicotomía realismo versus liberalismo. Uno de los procesos más importantes que incidieron en la conformación del constructivismo, fue el progresivo debilitamiento del positivismo para los años 70 y 80, el cual había funcionado como base epistemológica del realismo y, aunque en menor medida, también del liberalismo. Hay que apuntar aquí que ese agotamiento no se constató solamente en el ámbito específico de las Relaciones Internacionales sino que afectó más ampliamente a todas las ciencias sociales y aún más allá. El autor constructivista Nicholas Onuf, en su texto The Strange Career of Constructivism in International Relations (2002), describe muy bien el ambiente intelectual de esos años, cuando se comenzara a sospechar y, más aún, a cuestionar abiertamente los fundamentos de la ciencia positivista. Así señala: “Scholars have always raised questions about accepted ways of seeing. Beginning in the 1970s, their numbers increased, in the 1980s dramatically. Some critics came to the radical conclusion that we know not what we see, and delude ourselves into thinking that we do. A few others began to see worlds as never-ending construction projects involving even themselves as agents, and realized that they needed new and different tools—tools for making worlds and not just for seeing them.” (Onuf, 2002). Lo que estaba sucediendo era, nada menos, que una auténtica revolución epistemológica acaecida en el seno mismo del pensamiento occidental, que no pudo menos que repercutir en las Relaciones Internacionales. Es que nos encontramos en los albores de la posmodernidad y, por lo tanto, se advierte ya un profundo desgaste de los llamados meta-relatos típicos de la Modernidad, que, como señala Lyotard en su La condición posmoderna (1979), habían apuntalado el desarrollo de la ciencia moderna: el más importante de ellos, el del “progreso”. En efecto, es por entonces que el “binomio indisociable” ciencia-progreso, sobre el cual la Ilustración había montado un proyecto civilizatorio de una ética, una política y, en fin, de una sociedad “científica”, comenzó a resquebrajarse. Los Bachelard y los Kuhn, en la estela de la revolución de Einstein, y luego los Lakatos y los Feyerabend dejaron en claro que el progreso en materia de conocimiento era decididamente más complicado que simplemente acumular y avanzar linealmente, como habían previsto inicialmente los Turgot y los Condorcet y, en general, el grueso de Las Luces. Por otro lado, también se suscitaron en el campo de la antropología, de la sociología, de la lingüística y de la semiótica varias coupures épistémologiques cuyo resultado más significativo, siendo esquemáticos, fue el de hacer patentes las carencias del estructuralismo en la comprensión de la realidad social. Pero lo importante a destacar, a los efectos de este trabajo, de todas estas “revoluciones” es que todas ellas convergieron en señalar, principalmente para los 70, que muchas de las asunciones de la ciencia positivista resultaban, en realidad, insostenibles a la luz de los nuevos desarrollos conceptuales. En particular, la idea de que era posible acceder transparentemente a la naturaleza de las cosas y de que se podía estudiar a la sociedad de la misma manera que cualquier otro “hecho natural”, como pretendía Durkheim en la misma dirección que Marx y Comte, pasó a ser concebida más como la expresión de un deseo totalmente utópico que como una posibilidad certera sobre la cual fundamentar el conocimiento científico. Esa objetividad realista a la que habían aspirado tanto el positivismo como el neopositivismo se transformó en una quimera ya que se argumentaba que toda imagen de la Naturaleza, incluida, claro está, la imagen de la sociedad misma, por más distante que fuera simbólicamente hablando, presupone siempre al hombre no sólo como observador pasivo sino como constructor activo del objeto al que se enfrenta. En otras palabras: el nuevo paradigma epistemológico afirmaba que no hay fenómeno sin sujeto puesto que el segundo es la condición de posibilidad del primero. Y ello, amén de Kant, ya lo había visto Heisenberg para la física de los años 30, cuánto más válido era para las ciencias sociales de los años 70. De esa forma, se comenzó a trabajar sobre la concepción de que tanto el “objeto” sociedad como su conocimiento eran, en verdad, un ente artificial, una “techné” o construcción como la definió Hobbes en su momento. Quizás la corriente que más haya trabajado con esta concepción, sobre todo con la idea de que la sociedad es una suerte de artefacto, fue la ecléctica Escuela Inglesa de Relaciones Internacionales, que tomó renovados impulsos con las obras de Wight, Bull, Vigezzi y Dunne, entre otros, a partir de los años 80. Por ese carril, la Escuela Inglesa abandonaba el crudo cientificismo del positivismo, del que el realismo era claro portador y que ignoraba raudamente la especificidad ontológica de la esfera humana además de hipostasiar las relaciones internacionales al equiparlas con el resto de los hechos del mundo natural. Para esta nueva corriente de pensamiento de relaciones internacionales, sino ya constructivista, al menos claramente proto-constructivista, la anarquía del sistema internacional no es una estructura que, por sí misma, determine automáticamente una situación de self-help por parte de los Estados, como describe Waltz. Los mismos no se comportan solamente en base al principio hiper-racionalista de costo-beneficio sino que comparten con otros Estados intereses comunes y, en virtud de ellos, pueden, como había imaginado el contractualismo, decidir establecer normas e instituciones que regulen las interacciones. De esa forma, les es otorgada a los Estados la potestad de convertir esa anarquía estructural dada en algo diferente que un sistema en donde sólo se pueda practicar un egoísmo feudal. Por otro lado, por esos años se asiste también a la emergencia del concepto de identidad tanto en sociología, en filosofía como en ciencia política, que trajo aparejado un renovado interés por el estudio de la cultura, propio de las teorías posmarxistas. A ello se sumó luego la ya mencionada caída del comunismo, lo que despertó una preocupación por las identidades nacionales que habían sido largamente ensombrecidas por el bicromatismo de la Guerra Fría. Además de otros autores, quizás haya sido Bourdieu uno de los sociólogos más influyentes en dedicarle un lugar privilegiado en su reflexión al tema de la identidad y del multiculturalismo –recuérdese, simplemente, a título de ejemplo, su L’identité et la représentation (1980)–. En este punto, hay que decir que Bourdieu no descarta el estructuralismo: lo que hace es historizarlo y dotarlo de una dimensión subjetiva, al concebir a las estructuras sociales, no como un fenómeno natural de orden objetivo sino como producto de una historia colectiva, tejida constantemente por las prácticas sociales y, por lo tanto, no determinista. De esa manera, Bourdieu no sólo le imprime a la idea de estructura un nuevo significado sino que lo hace de tal modo que, al mismo tiempo, logra también recuperar, por la vía de rescatar la intersubjetividad, la importancia de la agencia en la definición y conformación de cualquier estructura. Por otro lado, el concepto de identidad también se volvió fundamental para atacar las teorías de la elección racional, que eran la consecuencia natural del modelo positivista de ciencia. Dichas teorías, aún para finales de los 70 gozaban de buena salud –de hecho, el Theory of International Politics (1979) de Waltz es un ejemplo de esa metodología– y permitieron fundamentar lo que se dio en llamar el “twinning” del neorrealismo y del neoliberalismo de los años 80 (Baldwin, 1993). Los modelos matemáticos y la formalización pasaron a dominar la escena, y en algunos círculos académicos hasta el día de hoy. Pero las ciencias sociales, poco a poco, se despegaron de este modelo y, en su lugar, señalaron que los intereses, sean éstos individuales o colectivos, no están simplemente dados a priori por ocupar un determinado lugar o función en la estructura sino que se configuran libremente en el incesante juego de las subjetividades. Demás está decir que todas estas innovaciones conceptuales y metodológicas que mencionamos serán cristalizadas por la teoría constructivista, en lo que Onuf llama el constructivistic turn, y, en particular, por los textos de Wendt que, en general, estarán fuertemente impregnados de una tónica sociológica. Esas innovaciones van a dar lugar a lo que aquí llamaremos la revolución “onto-epistemológica” del constructivismo, la que veremos en la siguiente parte. Sobre el autorLic. en Estudios Internacionales Universidad ORT-Uruguay Maestrando en Filosofía Contemporáne
LA BÚSQUEDA DE LA FE INVESTIGACIÓN SOBRE LOS ITINERARIOS RELIGIOSOS DE LAS PERSONAS PRIVADAS DE LIBERTAD EN MONTEVIDEO
El jueves 17 de octubre se presentó Fe entre rejas1, una investigación sobre los itinerarios religiosos en personas privadas de libertad. El trabajo es obra de tres docentes e investigadores: el sociólogo –especializado en religión- Néstor Da Costa, el psicólogo y coordinador del Programa de Seguimiento y Estudios Penitenciarios de la Universidad Católica, José Techera, y el profesor de filosofía y literatura - especialista en Derechos Humanos- Fernando Ordóñez. La búsqueda del sentido de la vida, la exploración de la trascendencia, o la religiosidad en general involucran, en mayor o menor medida, a todos los integrantes de una sociedad y una cultura. En ese marco, Da Costa, Techera y Ordóñez se propusieron indagar cómo experimentan la religiosidad las personas privadas de libertad, qué rol desempeña Dios en sus vidas, y cómo inciden estos aspectos en el vínculo con sus familias. Para ello, desarrollaron una investigación cualitativa basada en entrevistas semiestructuradas a personas que participan de los espacios religiosos que existen dentro de las cárceles de Montevideo. Como sucede con todo abordaje cualitativo, los resultados de este proyecto no son representativos del universo carcelario en su totalidad, sino que permiten comprender de qué manera ciertas realidades son entendidas y expresadas por los entrevistados, así como también descubrir perspectivas y escudriñar sobre algunas pistas. En nuestro país, prácticamente no existen antecedentes de estudios en esta materia específica. Por ese motivo, el primer desafío que debió enfrentar el equipo fue el definir un marco teórico pertinente para la investigación. Las disciplinas académicas de donde provienen sus integrantes, los llevaron a combinar elementos de la sociología y de la psicología. Así, desde la perspectiva sociológica, el trabajo aborda las transformaciones –de orden tecnológico, cultural y social, entre otros- que han experimentado las sociedades contemporáneas y que han impactado en el mundo religioso. En tal sentido, los investigadores señalan, por ejemplo, que las instituciones pesan cada vez menos en la vida de la gente. “Antes, las iglesias ostentaban el monopolio de lo sagrado. Ahora, las personas pueden, por ejemplo, definirse católicas y, sin embargo, estar en desacuerdo con muchos aspectos de la doctrina católica”, explicó Da Costa durante la presentación. Ese proceso está acompañado de un fenómeno de individuación: las opciones que tomamos ya no nos vienen resueltas de antes; el tiempo presente nos demanda a tomar nuestras propias decisiones. Por otro lado, hoy las pertenencias a los grupos religiosos pueden ser múltiples y variadas, así como también se puede creer sin pertenecer. En la actualidad, por ejemplo, el 23% de los uruguayos dice creer en Dios pero no pertenecer a ninguna institución religiosa. A nivel regional, en los últimos treinta años, el mundo pentecostal y neopentecostal ha experimentado un fuerte dinamismo en comparación con las iglesias tradicionales o históricas. La Iglesia Católica, en particular, ha descendido en el número de fieles aunque continúa siendo la mayoritaria. Desde una mirada psicológica, en tanto, el marco teórico aborda la religiosidad como actitud. En tal sentido, la persona es considerada como un sujeto de necesidades y la religiosidad como una dimensión de búsqueda de sentido. En lo que respecta a las personas privadas de libertad, la investigación apuntó a indagar acerca de los aspectos situacionales que motivan su acercamiento al mundo religioso. Para ello, los investigadores analizaron el origen de la actitud desarrollada: si fue adquirida desde la infancia, o si por el contrario es el resultado de una conducta adaptativa defensiva, una búsqueda de conocimiento sobre lo religioso, o una expresión de la propia identidad. La presencia católica en las cárceles se manifiesta a través de la Pastoral Penitenciaria de Montevideo. La evangélica, en tanto, a través del Ministerio Cristiano Carcelario del Uruguay. En el primer caso, los voluntarios pastorales visitan los centros de reclusión semanalmente, brindan un espacio de escucha, oración y reflexión a todo aquel que desee concurrir, sin importar su religión. Los pentecostales, por el contrario, se hacen presentes por medio de Pastores –muchas veces, ex reclusos- que se reúnen sólo con los presos que manifiestan tener fe cristiana. En ese marco, en el Módulo V del Comcar, los evangelistas promovieron la creación de un “piso cristiano”. “En el análisis de los resultados de la investigación fuimos detectando algunas variables centrales. Por ejemplo: la existencia de una cultura que está delimitada por su arquitectura y por el espacio; la constitución de una vida social alternativa, regida por las reglas de la cárcel y su lógica; el manejo del tiempo y qué hacer con ese tiempo. Todo ello en una situación de privación de libertad, donde predomina la lógica de la seguridad sobre las prácticas de rehabilitación”, explicó Fernando Ordóñez. Al momento de referirse a los núcleos temáticos que aparecen como sustanciales en la vivencia de lo religioso para los entrevistados, los investigadores señalaron determinados aspectos. En algunos casos, dijeron, el espacio religioso es considerado como una motivación o refugio para encontrar un sentido a la vida. En otros casos, la presencia de las iglesias en las cárceles genera paz y serenidad; las personas se sienten comprendidas y tratadas como seres humanos. Algunos entrevistados, por su parte, conciben a los espacios religiosos como lugares de pertenencia, donde poder forjar una identidad distinta a la de “preso”. Otros entienden que la religión es una oportunidad para mejorar la situación actual, y otros la consideran un camino para un cambio de vida y romper con el pasado. En muy pocos casos, los investigadores detectaron que existiera coherencia entre la fe y la vida de los entrevistados: algunos toman conciencia del delito que cometieron, pero la mayoría no vincula lo religioso con el delito, sino que, por el contrario, se sienten víctimas. La investigación analiza también qué imagen de Dios subyace detrás de cada discurso. Así los autores identifican la aparición de un Dios protector, de uno justiciero, de uno omnipotente, y de un Dios que no abandona y ayuda siempre. Para algunos, Dios es como un amigo en quien confiar. Para otros, Dios es misericordioso y de presencia constante. “No estamos muy lejos de la categorización de Dios que existe dentro de la sociedad”, señaló Da Costa. Pero sobre todo, los espacios religiosos dentro de las cárceles ordenan el tiempo vital de los presos. “La periodicidad parece ser importante. Tiene una función ordenadora en una experiencia que es narrada como un caos permanente”, señaló Ordóñez. “Además, el espacio religioso ofrece un espacio de paz que permite defenderse de las hostilidades. ‘Es un lugar donde voy porque cantan, voy a escuchar cantar’, nos dijo alguien. El piso cristiano, por ejemplo, cumplía con todo esto”. Durante la presentación, los investigadores se refirieron a la experiencia del “piso cristiano” del Módulo V del Comcar en varias ocasiones. También lo hizo Álvaro Garcé, Comisionado Parlamentario para el Sistema Penitenciario, que participó del encuentro. “En un momento, el “piso cristiano” del Módulo V era un espacio de tranquilidad, de seguridad, de no agresión. No fue casualidad que en el motín del 24 de abril de 2012 el único lugar que se mantuvo en pie, que quedó exactamente igual, fue el “piso cristiano”. Cuando a la mañana siguiente del motín recorrimos la cárcel, el módulo estaba arrasado. Pero había una especie de isla, donde todo había permanecido en su lugar. Esto demuestra que los internos que allí estaban no entraron en esa lógica de destrucción. En esas situaciones limites, vemos hasta qué punto lo religioso tiene su efecto concreto”. La problemática vinculada a los sistemas de reclusión, como bien fue señalado en la presentación de Fe entre rejas, refleja de qué manera una sociedad resuelve y afronta sus propios conflictos. Por tal motivo, entonces, no debe ser considerado un asunto ajeno al grupo social. El fenómeno, por cierto, requiere de aproximaciones interdisciplinarias que permitan abordar su complejidad. El trabajo de Da Costa, Ordóñez y Techera apunta en esa dirección. Sus resultados, de los cuales aquí sólo se reseñan unos pocos, dejan al descubierto elementos que permiten comprender la experiencia religiosa de personas privadas de libertad en Montevideo y abren el camino a futuras investigaciones. 1 Fe entre rejas. Itinerarios religiosos en personas privadas de libertad en Montevideo. Néstor Da Costa, Fernando Ordóñez, José Techera. Montevideo: Fundación Entre Todos. 201
DOS CONCEPCIONES DE LOS DERECHOS HUMANOS
Es un hecho que los derechos humanos se han erigido como el principal regulador del accionar político – y también moral – a nivel internacional desde mediados del siglo pasado, monopolizando los debates y convirtiéndose en un verdadero contrapeso de las decisiones tomadas por los Estados, llegando incluso a transformarse, cada vez con mayor frecuencia, en una fuerza relativizadora de la soberanía estatal. En este sentido, es posible afirmar que en la actualidad, los derechos humanos intentan cumplir la función de un código moral universal.Sin embargo, desde la creación de las Naciones Unidas, y con la posterior Declaración Universal de los Derechos Humanos (en adelante DUDH), estos han ocupado un lugar preponderante en la política internacional sin hacerse eco del profundo debate académico a su respecto, y se han nutrido de una imponente burocracia internacional que ejecuta las políticas delineadas para su defensa de forma automática.Esta falta de relación entre el debate académico y la evolución de los derechos humanos, sumado a la carencia de debate público acerca de los fundamentos que los sustentas, ha generado un estancamiento que se evidencia a través de una aparente aceptación universal de los derechos humanos tal cual los definen y defienden las Naciones Unidas. La avasallante lógica expansiva que caracteriza a los organismos que trabajan en la materia – cuya única preocupación parecería ser, en muchos casos, la de aumentar las áreas de la vida humana reguladas por estos derechos – impide, en gran medida, que el foco de debate se centre en cómo concebimos dichos derechos, una cuestión central que se encuentra en el origen del inmenso aparato burocrático en el que se han convertido las Naciones Unidad.Para comenzar a echar luz sobre este tema, sería bueno introducir un conocido debate entre de dos diferentes concepciones de los derechos humanos que se enfrentan en sus postulados más básicos. El análisis de dicho debate nos permitirá esclarecer los sustentos filosóficos de un concepto que ha devenido en un factor de vital relevancia en la política internacional, y que a su vez justifica el accionar de una organización internacional en la que muchos ven el “germen” de un futuro gobierno mundial.¿Derechos naturales o políticos? La idea de que los derechos humanos son universales, inalienables e incluso inherentes en toda su dimensión a la naturaleza humana, se ha convertido ya en un lugar común a la hora de tratar el tema, amenazando incluso con convertirse en una verdad incuestionable. Sin embargo, esta simple definición tiene serias implicancias filosóficas que no pueden ser dejadas de lado al momento de realizar una abordaje serio de dicha cuestión.En concreto, la aparente obviedad de que los derechos humanos radican de forma natural sobre todos los seres humanos, en todo lugar y momento histórico, implica la aceptación, a priori, de una concepción iusnaturalista de estos derechos, que los presenta como naturales y los identifica en una instancia previa a la sociedad y su posterior ordenamiento. Esta concepción, que podríamos identificar como universalismo naturalista, colisiona de manera frontal con la concepción política de los derechos humanos, que los entiende como una construcción esencialmente política y por ende también humana.Surge aquí una contradicción notoria. Estas concepciones son absolutamente incompatibles, pues si los derechos humanos son una construcción política, es imprescindible renunciar a la idea de que radican sobre todos los seres humanos simplemente en base a nuestra “humanidad” compartida, al tiempo que la idea de que son innatos caería por su propio peso.La argumentación esgrimida por los partidarios del universalismo naturalista es quizá la más conocida, no solo por estar presente en la DUDH, sino además por el atractivo inicial de sus principales postulados. La idea de que los derechos humanos son universales, pues son poseídos de igual forma por todos los seres humanos, e independientes a todo reconocimiento social, político o jurídico, resulta sumamente atractiva desde un punto de vista moral, más aun si lo miramos desde una sociedad cuya organización política corresponde a una democracia liberal. Pero la solidez de este argumento puede ser fácilmente puesta en cuestión, tan solo con analizar cuáles son los derechos humanos reconocidos en las principales convenciones internacionales.En este caso podemos seguir la sugerencia realizada por Kenneth Baynes (2009,373) para testear en qué medida un derecho humano es o no genuino. El autor, gran defensor de la concepción política, sostiene que para ser concebidos como naturales, los derechos humanos deben ser derechos negativos y no positivos, pues de lo contrario confirmarían la sospecha de que son una construcción meramente humana. El ejemplo favorito en este caso es el derecho a tener vacaciones periódicas pagas, consagrado en el artículo 24 de la DUD1, punto que no merece mayor discusión, dado que es muy claro su carácter positivo. Sin embargo, el aspecto fundamental de este simple “test” sugerido por Baynes, es que pone en entredicho el carácter natural de los derechos humanos, pues estos suponen, en varios casos, la existencia de instituciones políticas y sociales sin las cueles no serían jamás comprendidos. El carácter “pre-social” que se les atribuye sería entonces imposible, pues su existencia se adscribiría a un lugar y momento dado, lo que tiraría por tierra toda pretensión de universalidad.Quienes se oponen al universalismo naturalista desde el foco del relativismo cultural esgrimen este argumento como una de sus más potentes objeciones. ¿Cómo es posible que para respetar debidamente los derechos humanos una sociedad deba contar con determinado tipo de instituciones? El artículo 25 de la DUDH es quizá más revelador aun, introduciendo conceptos como el de “nivel de vida” o “bienestar”2.Pero esto último no significa que todos los derechos comprendidos en la DUDH adolezcan de los mismos vicios que los artículos 24 y 25. Por el contrario, los derechos primordiales, como el derecho a la vida, son claramente derechos negativos, y en tanto tales podrían ser entendidos como derechos naturales con una validez suprapositiva. Esta suprapositividad a la que hacemos referencia implicaría su elevación por encima de todo ordenamiento jurídico ya sea nacional o internacional, por lo que los legisladores de turno no podrán hacer más que garantizarlos, pues nunca serán capaces denegarlos ni mucho menos derogarlos (Ferrara, 2003).Sin embargo, siguiendo la crítica que Habermas (1997, 81) realiza a los defensores del universalismo naturalista, por más que en los principales documentos se refiera a los derechos humanos como “innatos”, nada los protegerá “del destino de todo derecho positivo”, pues estos podrán ser “cambiados” o “derogados” en cualquier momento, dado que solo hace falta para ello el cambio del régimen político que los aprueba y ampara. Como bien nota el mismo Habermas, concebidos “como normas constitucionales – los derechos humanos – gozan de validez positiva, pero como derechos que les corresponden a cada persona como ser humano se les adscribe al mismo tiempo una validez suprapositiva”.Esta validez suprapositiva es, en cierta medida, la que intenta combatir la concepción política a la que hacemos referencia. La explicación que ofrece Habermas (1997, 81) es la siguiente:“El concepto de derechos humanos no tiene un origen moral, sino una acuñación específica del concepto moderno de derechos subjetivos, esto es, de una terminología jurídica. Los derechos humanos tienen originariamente una naturaleza jurídica. Lo que le presta la apariencia de derechos morales no es su contenido, y con mayor motivo tampoco su estructura, sino su sentido de validez, que trasciende los ordenamientos jurídicos de los Estados nacionales”.El pensamiento de Habarmas con respecto a los derechos humanos podría ubicarse en un extremo de la concepción política, pues para el autor alemán estos derechos no son más que puras herramientas jurídicas que, a pesar de regular aspectos morales, deben su validez y legitimidad al ordenamiento jurídico que los comprende. Sin embargo, dentro de esta misma concepción podemos encontrar posturas menos radicales que la de Habermas y que, a pesar de negar y combatir la asociación de los derechos humanos con algún tipo de derechos naturales, sí le otorgan una validez suprapositiva en el sentido que no requieren ningún tipo de reconocimiento legal o político para ser validos, dado que han sido creados para funcionar como una unidad de medida para juzgar el éxito de una determinada sociedad (Baynes, 2009, 327).Jack Donelly, reconocido teórico defensor de la universalidad de los derechos humanos, ha introducido un concepto intermedio entre la concepción política y la universalista. En un texto titulado The Relative Universality of Human Rights, el autor bosqueja lo que ha denominado como Universalismo Relativo, evitando relacionar a los derechos humanos con cualquier versión de universalismo antropológico u ontológico, dejando así espacio para particularidades nacionales, regionales y culturales. Este matiz reconoce su origen político pero nada implica que por ello deban dejar de ser universales.En cambio, lo que sí trasciende a todos los defensores de la concepción política es la idea de que los derechos humanos, por su condición de creación política, han sido diseñados para cumplir con determinados objetivos en el seno de la sociedad que los comprende. El hecho de que “dejen” de ser derechos naturales implica, de manera esperable, una cierta instrumentalidad que varía según el autor al que nos refiramos. El caso paradigmático en este aspecto es quizá John Rawls, quien en El Derecho de Gentes (1999) propone una doctrina de los derechos humanos en la que estos no cumplirían la función de proteger a los seres humanos en el ejercicio de sus derechos más básicos, sino que tendrían como único fin regular las relaciones entre Estados. Por el contrario, como ya ha sido expuesto anteriormente, muchos autores ven en los derechos humanos un marco de referencia para juzgar el funcionamiento de una sociedad y su éxito en el respeto de los derechos y libertades de sus integrantes.ConclusiónEl breve análisis de estas dos concepciones nos permite ingresar en un amplio debate acerca de sustentos filosóficos de los derechos humanos. Su origen, fundamentación y alcance son algunos de los temas que mayor polémica generan en el debate académico. Hemos realizado aquí la aproximación tan solo a uno de estos temas, dejando de lado apasionantes discusiones, como por ejemplo si todos los derechos humanos deberían ser considerados como tales o si existen diferentes niveles de importancia dentro de los reconocidos en la actualidad. Sin embargo, es importante reconocer que toda discusión acerca de los derechos humanos comienza con el problema de establecer cuál es su origen, pues dependiendo a la conclusión que lleguemos, las implicancias sobre el derecho y la política internacional serán realmente importantes. Es indudable que el universalismo naturalista ha prevalecido en el sistema de derechos humanos desarrollado por Naciones Unidas, pero ello no implica desconocer la validez de otras concepciones que tienen mucho que decir al respecto, incluso en cuanto a la mejora de la concepción dominante. BibliografíaBAYNES, Kenneth. 2009. Toward a political conception of human rights. Philosophy & social criticism, (35, 4): pp. 371-90.DONNELLY, Jack. 2007. The relative universality of human rights. Human Rights Quarterly (29, 2): pp. 281-306.FERRARA, Alessandro. 2003. To notions of humanity and the judgment argument for human rights. Political theory, (31, 3): pp.392-420.HABERMAS, Jürgen. 2010. El concepto de dignidad humana y la utopía realista de los derechos humanos. Diánoia, (55, 64): pp. 3-25.RAWLS, John. 1999. The Law of peoples: with “The idea of public reason revisited”. Cambridge: Harvard University Press.UNESCO. 2008. Declaración Universal de Derechos Humanos. Santiago de Chile: ORELAC/UNESCO.1- “Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas” (Unesco, 2008).2- El artículo 25 de la DUDH consagra lo siguiente “1. Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez y otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad. 2. La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales. Todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual protección social”. Sobre el autorEstudiante de Estudios Internacionales (Universidad ORT-Uruguay
AFRICA: ESTADOS UNIDOS NO QUIERE DAR VENTAJAS
Durante décadas, África fue conocido como el continente olvidado, sin embargo, en virtud de los cambios significativos acontecidos en el mundo globalizado de hoy, el continente se encuentra en el punto de mira de la comunidad internacional. China fue la potencia avanzó primero, (después de concluido ej proceso de decolonización) prometiendo no comportarse como las antiguas potencias coloniales. Estados Unidos, tarde y sin tanta necesidad comercial por abastyecerse de commodities, no quiere quedarse atrás.Apelando a la democracia y a las instituciones, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, inició, el miércoles 26 de junio, una gira por tres países africanos: Senegal, Sudáfrica y Tanzania.El objetivo principal del gobierno norteamericano fue fomentar el comercio y la inversión, ya que África es un mercado que se está convirtiendo cada vez más atractivo. El mandatario fue acompañado de empresarios, inversionistas y altos funcionarios buscando darle sobretodo un perfil económico al viaje, aunque los temas de geopolítica internacional también estuvieron sobre la mesa. Tres destinos, tres objetivosSenegal: el terrorismo islámico en la regiónLa gira de Obama por África comenzó en Dakar, Senegal. Este país es un socio fundamental para Estados Unidos en la lucha contra el terrorismo islámico en el Magreb y a ello se debe esta visita. El incremento de la influencia de los grupos islámicos radicales es uno de los problemas geopolíticos que vive el continente africano. Washington busca que esta situación no se reproduzca en los distintos países de África.Obama visitó, en primer lugar, una de las democracias más sólidas del continente y una de las naciones más estables de la región. Bajo inmensos operativos de seguridad, el presidente se reunió con su homólogo Macky Sall, participó de un foro de agricultores y visitó la “Casa de los Esclavos”, para rendir tributo a los prisioneros que se embarcaron desde allí rumbo a Estados Unidos.Senegal se encuentra rodeado de países como Mali, que enfrenta una crisis militar importante por la incursión de los yihadistas provenientes de la antigua Libia, del sur de Argelia y del Sahel en general. En Mali, la intervención del Ejèrcito francés fue decisiva para detener a los fundamentalistas pero, el problema para Francia es demasiado grande. Para frenar el avance de los terroristas en Níger se acaba de aprobar un consentimiento expreso para que los drones norteamericanos puedan ser estacionados en su territorio. Un caso altamente representativo de la crisis política y militar que pueden causar estos grupos es Nigeria. Allí, la potente agrupación Boko Haram, busca instaurar “la sharia” en todo el país, manteniendo en jaque al gobierno de Goodluck Jonathan. Sudáfrica: un actor clave en ÁfricaFue Sudáfrica la segunda parada del Presidente de los EE.UU. Obama encontró un país sacudido por el crítico estado de salud del histórico presidente, Nelson Mandela. La Casa Blanca tuvo en cuenta la situación y el mandatario mantuvo una reunión con la familia del Premio Nobel de la Paz. El presidente norteamericano visitó Sudáfrica por ser este país un peso pesado en el continente, un país clave en términos geopolíticos.Estados Unidos necesita mantener buenas relaciones con el gobierno de Jacob Zuma para estar posicionado ante los diversos conflictos de África. Sudáfrica, además, es importante para contrarrestar un segundo problema geopolítico que enfrenta el continente: los reclamos históricos y territoriales que derivan en conflictos como el sucedido en Sudán. Actualmente el gobierno de Zuma busca lidiar entre Sudán y Sudán del Sur, mientras movimientos rebeldes intentan derrocar al dictador de Sudán, Omar al Bashir.Además de pertenecer al grupo de los países emergentes, Sudáfrica es una arteria principal en la promoción de la democracia y es considerado un mediador fundamental en los asuntos africanos. La histórica colaboración en las operaciones de pacificación en la región confirma lo dicho y el último ejemplo es el intento por mantener al gobierno de la República Centroafricana, tras la revuelta del grupo Seleka. Tanzania: su economía y sus vecinos.En el tercer destino de Obama, los objetivos fueron principalmente económicos, debido al crecimiento galopante de la economía de Tanzania. Sin embargo también es este país un lugar geoestratégico para detener el avance islámico radical en la región, principalmente del grupo Al Shabab, cercano a Al Qaeda.Tanzania está situada en una zona importante del continente, el conflictivo cuerno de África. En dicha región se ubica Somalia, lugar del que las potencias occidentales –incluso Estados Unidos, en los 90’- han tenido que “huir” por no poder controlar la situación de un territorio complejo. Tanzania limita con Kenia, donde nació el padre de Obama, sin embargo la Casa Blanca evitó una visita a dicho país ya que la nación realizó elecciones meses atrás. En dichos comicios salió victorioso Uhuru Kenyatta, personaje que posee un proceso abierto en el Tribunal Penal Internacional. Cabe destacar que tanto Kenia como Tanzania sufrieron ataques contra la Embajada de Estados Unidos por parte de yihadistas islámicos en 1998.En Tanzania, Obama se reunió con líderes empresariales en Dar es Salaam, capital económica de la nación. ¿Contrarrestar el avance chino?Con su visita Obama, busca aparentemente equiparar los avances geoestratégicos de Beijing en África. Estados Unidos examina una estrategia distinta para mostrarse como alternativa. La importancia de la energía y el plan presentado por Obama durante su viaje puede ser una arista importante del plan de Washington.En un comienzo, desde África se observaba a China como un contrapeso a la histórica influencia occidental. En buena medida porque ese país apoyó, en su momento, a los movimientos independentistas. Sin embargo con el correr de los años también se teme que la potencia asiática comience a ejercer una nueva etapa de “neo-colonialismo”.Desde el liderazgo de Hu Jintao, China ofrece créditos y financia obras de infraestructura en el continente africano. Comprando materias primas fundamentales para sostener su crecimiento económico y vendiendo productos manufacturados, se convirtió en el primer socio comercial de África. Si bien desde Beijing se intenta disimular la situación la injerencia de la China en asuntos internos de los países africanos y la relación con gobiernos corruptos y autoritarios terminó siendo inevitable. Incluso se prestó ayuda militar a regímenes como el de Omar Al Bashir en Sudán, a quien, además, se le brindó ayuda diplomática en el seno de las Naciones Unidas. También se apoyó a Zimbabwe en la capacitación de las fuerzas de seguridad del régimen dictatorial de Robert Mugabe. La diferencia: el progreso de África y la democraciaEn su reciente viaje Obama apeló a su experiencia personal para incitar a África a ponerse de pie y luchar por su libertad y su futuro. Afirmando aquellos logros independentistas, el mandatario norteamericano insistió en la creación de instituciones eficaces, confiables y transparentes para poder lograr sociedades democráticas y justas. Estados Unidos se quiere mostrar como una contribución “democrática” al desarrollo africano. En este sentido, el gobierno dio a conocer durante este viaje una nueva iniciativa para duplicar el acceso a la energía eléctrica, denominado “Power Africa”.Estados Unidos busca, en buena medida, enseñar el camino “occidental” y diferenciarse de China, principal inversor en el continente. En sus giras por África, ambos mandatarios visitaron Sudáfrica y Tanzania. Sin embargo, Estados Unidos apuntó también a Senegal, país que celebró elecciones con resultados pacíficos y democráticos en 2012. Mientras, el gobierno chino se embarcó hacia la República Democrática del Congo, un socio conflictivo.Si bien comercialmente los EE.UU se encuentran lejos de los logros alcanzados por Beijing, el gobierno de Washington no puede descuidar una región clave. Décadas atrás, el futuro era solamente el sudeste asiático; hoy también lo es África.Con este significativo viaje de Obama, predicando la democracia en la región, Estados Unidos intentó aparentemente salir al cruce de la potencia asiática. El futuro nos dirá de su eficacia. Sobre el autorLicenciado en Estudios InternacionalesUniversidad ORT - Uruguay
Documentos de interés
Esta semana:El BID publica su Carta Mensual INTAL, Nº 202. Véalo aquí.La revista de Teoría Política Crítica Contemporánea abre el llamado a artículos para su tercer número. Véalo aquí.Sciences Po de París publica su Newsletter Global Horizons. Véalo aquí. El Real Instituto Elcano publica su Boletín 159: Patronato Elcano, junio 2013. Véalo aquí.El pasado jueves 20 de junio, la Academia Nacional de Economía organizó en laUniversidad ORT Uruguay, la primera mesa redonda técnica sobre el tema de su ciclo 2013:“Inflación o Competitividad: ¿necesariamente un dilema?”.Vea el resumen aquí.LaFundación Astur lanza un llamado a la participación de jóvenes menores de 29 años a contribuir al proyecto que lidera el Cr. Enrique V. Iglesias de elaboración de una visión prospectiva del país y de las vías para lograrla. Véalo aquí.El Portal Europeo publica una nueva edición de Puentes. América Latina, julio de 2013. Véalo aquí.La Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República,abre las inscripciones a suMaestría en Historia Política. Véalo aquí.