Sistema de revistas y publicaciones (Univ. ORT Uruguay)
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UNA GUERRA COMERCIAL NO TAN FRÍA
Luego de meses de una telenovela con giros imprevistos (y no tanto), el frío enfrentamiento y juego de influencia entre Rusia y la Unión Europea se ha transformado en una mini guerra económica.En julio pasado, venciendo las reticencias de varios Estados miembro (entre ellos Italia y Alemania) los representantes europeos lograron acordar la imposición de medidas económicas a Rusia, sus empresas y varios de sus hombres de negocios (muchos de ellos amigos personales del propio Vladimir Putin).El pasaje a medidas denominadas de Fase 3 (con corte económico-comercial) solamente fue posible luego del atentado contra el avión de Malaysia Airlines ocurrido el pasado mes de julio y del que se acusa a grupos separatistas ucranianos “apoyados” por Rusia. Como resultado del mismo, las voces europeas a favor de un “castigo serio” a Rusia se hicieron más fuertes y las presiones internas lograron que las reticencias de algunos países fueran dejadas de lado.Las medidas elegidas por los representantes europeos van desde restricciones en el acceso a los mercados de capital, el embargo a las importaciones de armas, material relacionado con ellas y bienes de uso dual (militar y no militar), así como restricciones comerciales específicas para Crimea y Sebastopol.La reticencia de algunos países europeos a la aplicación de medidas de Fase 3 respondía al temor de represalias, las que tendrían diversas consecuencias económicas en los miembros de la UE. Ese temor demostró ser muy fundado cuando el pasado 6 de agosto Rusia decidió implementar un embargo – por un año- sobre las importaciones de productos agrícolas prevenientes de la Unión Europea (así como de Estados Unidos, Canadá, Australia y Noruega, todos ellos países que adoptaron medidas en contra de Rusia luego de la anexión de Crimea).El embargo afecta especialmente a frutas, verduras, carnes y lácteos, todos ellos productos de particular relevancia para países como Polonia, Francia, Holanda, España, y Alemania entre otros. Con exportaciones agrícolas a Rusia cercanas a los 12.000 millones de euros, la preocupación de los productores europeos (que en muchos casos han adaptado las características de su producción a los requerimientos del consumidor ruso) no demoró en manifestarse y todas las autoridades comunitarias debieron salir a asegurarles que el impacto de la prohibición rusa sería tomado en consideración y que medidas específicas de contención serían implementadas.Las preocupaciones de los productores europeos se acrecentaron aún más cuando ciertos países agro-exportadores comenzaron a aprovechar el espacio “perdido” por los productos de la UE para aumentar sus cifras de negocios (algunos de forma mucho más evidente que otros). Cuando en setiembre pasado una misión empresarial argentina, encabezada por su Ministra de Industrias se hizo presente en Rusia para cerrar nuevos acuerdos de negocios, las quejas por el impacto de las sanciones en la UE y la “deslealtad” con la que otros países aprovechaban la situación para mejorar sus exportaciones llegaron al propio Parlamento Europeo, con algunos eurodiputados hablando de la “ridiculez” de aplicar sanciones a Rusia con consecuencias negativas para los propios europeos, más que para los ciudadanos rusos (que gracias a la sustitución de mercados de origen solamente debieron pasar por unas pocas semanas de precios altos y cierta escasez de productos frescos).En Bruselas, la prensa recogía información respecto a las expresiones de molestia manifestadas por las autoridades europeas a varios países del Cono Sur respecto a su actitud poco comprometida con la crisis en Ucrania y la “mala fe” con la que se aprovechaban de una situación originada en un intento de desestabilización de un país soberano.Estos “rezongos”, negados por los países supuestamente involucrados, tuvieron una importante función publicitaria a la interna de la Unión Europea. Pero, además de las manifestaciones políticas se hacía necesario demostrar con hechos concretos que la Unión Europea estaba preparada para proteger a sus productores de los efectos colaterales de sus decisiones en materia de política exterior.Por ello la Comisión Europea anunció, tempranamente en agosto, la implementación de un plan de ayuda consistente en volcar 125 millones de euros para la “retirada del mercado” de los productos afectados por las sanciones rusas (evitando así una depreciación de los precios que perdure en el tiempo).Esta primera medida, autorizada por la Política Agrícola Común de la UE (PAC) que prevé mecanismos para casos de emergencia, se agotó en los primeros días de “disponibilidad”, entre acusaciones de abusos en la asignación de los fondos. Por ello la UE debió implementar un nuevo paquete de medidas, anunciado el pasado 29 de setiembre, consistente en ayudas por un monto de 165 millones de euros.A fin de no repetir los errores cometidos con el primer paquete, estas nuevas ayudas estarán limitadas por país (por ejemplo, solamente serán elegibles aquellos países que tengan probados antecedentes de exportación a Rusia de cierto producto) y no podrán sumarse a las ya cobradas a través del paquete de agosto.Pero a pesar de estas medidas, muchas asociaciones de productores comienzan a reclamar otras acciones, como la introducción de subsidios a las exportaciones para encontrar alternativas al mercado ruso.Si el aumento de la demanda en el mercado ruso representa una oportunidad para los exportadores uruguayos, la afectación de la oferta y los precios en el mercado europeo (especialmente para productos exportados por el país como algunas frutas) representa un eventual peligro para el país. Más aún, el riesgo de utilizar el embargo ruso como “argumento” para introducir medidas de apoyo a la agricultura deberá ser monitoreado con atención, especialmente con vistas a la asunción de una nueva Comisión Europea, con un potencial Comisario de Agricultura irlandés (país tradicionalmente demandante de proteccionismo en el sector).La llegada del invierno europeo y los riesgos de una decisión rusa de suspender el envío de gas a varios países europeos (dependientes del mismo no sólo a nivel industrial sino para calefaccionar sus hogares) reaviva el debate en Europa y crecen los llamados a “reconsiderar” las sanciones a Rusia. En ese sentido, las discusiones trilaterales (UE/Ucrania/Rusia) que se vienen llevando adelante para intentar encontrar una solución a la crisis en Ucrania y lo que suceda con el cese al fuego acordado para las zonas aún en conflicto, serán fundamentales para determinar el futuro de esta mini guerra comercial. *Université Paris I, Panthéon-Sorbonne
Artes del mundo
25 aniversario de la caída del Muro de Berlín.http://elpais.com/especiales/2014/aniversario-caida-muro-de-berlin/ A los 25 años de la caída del Muro de Berlín, BBC Mundo presenta el trabajo de un fotógrafo venezolano desde ambos lados de la capital alemana en abril de 1989.http://www.bbc.co.uk/mundo/video_fotos/2014/11/141105_galeria_berlin_oriental_occidental_aniversario_en_find
Eventos, documentos y llamados
Eventos internacionales Recordamos el evento "Digital Media Latinoamérica" que se llevará a cabo en Lima, Perú, los días 19 y 20 de setiembre.Invitación Documentos de interés académico "Obama on the world". Interviewed by Thomas Friedman.Fuente: The New York Times.Vea aquí. "¿África sí, Latinoamerica no?". Autor: Andrés Oppenheimer. Fuente: El Nuevo Herald.Vea aquí. Llamados internacionales Se encuentra abierta la convocatoria a Becas de Excelencia del Gobierno de Suiza.Para Uruguay se ofrecen becas para realización de PhD, Postdoctorado y estancias de un año de investigación para Masters o formación equivalente.La fecha límite de postulación es el 30 de noviembre 2014.Vea mayor información aquí (elegir "Uruguay" en el menú desplegable "country of origin") The McGill Institute for the Study of Canada (MISC) is currently accepting applications for the Eakin Visiting Fellowship in Canadian Studies at McGill University for the Fall 2014 and Winter 2015 terms. The Fellowship is awarded to scholars of all rank and discipline whose research focus on some aspect of Canada.Vea las bases aqu
Publicaciones
Esta semana Letras Internacionales presenta el siguiente material:En primer lugar, reseñamos en el link a continuación el listado completo de las Tesis de Grado producidas por los estudiantes que han culminado la carrera de Estudios Internacionales en la Universidad ORT. Vea más información sobre las Tesis aquí.En segundo lugar, un listado actualizado de las Publicaciones del Departamento de Estudios Internacionales las cuales puede visualizar aquí.En tercer lugar, a continuación destacamos algunas de las obras que nuestra biblioteca incorporó recientemente en relación a las áreas de interés de la carrera:*Venezuela's Chavismo and populism in comparative perspective / K. A. HawkinsFicha Bibliográfica*El cristianismo al descubierto / Paul Henri Thiry, Barón de Holbach Ficha Bibliográfica*El cosmopolita / Louis-Charles Fougeret de Monbron Ficha Bibliográfica
Conferencias, seminarios y eventos
ConferenciasEl Departamento de Estudios Internacionales organiza periódicamente diferentes conferencias de interés para nuestras áreas de actividad.Vea las conferencias realizadas anteriormente: Histórico Conferencias. Seminario de discusión teórica - Departamento de Estudios InternacionalesIntervención del Prof. Ricardo López Göttig: "El contractualismo de Algernon Sydney"Vea aquí.Intervención del Prof. Javier Bonilla Saus: "En los orígenes del constitucionalismo moderno: Introducción al pensamiento de Montesquieu"Vea aquí.Vea las sesiones realizadas anteriormente: Histórico Seminario. Eventos en UruguayLa Embajada de Francia en Uruguay invita a la exposición "1964-2014: el General De Gaulle y Uruguay", inaugurada el pasado 21 de agosto en la fotogalería del Centro de Fotografía en el Prado. La misma permanecerá hasta el 24 de setiembreInvitaciónHoy 28 de agosto comienza la 1a muestra de "avant-premieres" de cine francés en Life Cinemas Alfabeta hasta el 03 de setiembre.Invitación Program
Artes del mundo
Postales de BahíaMadrid celebra el centenario del nacimiento de Dorival Caymmi, pionero de la música popular brasileñahttp://cultura.elpais.com/cultura/2014/09/18/actualidad/1411063003_065473.html Intrigas policiales bellamente ilustradashttp://www.lanacion.com.ar/1726165-intrigas-policiales-bellamente-ilustradasEn fotos: pasado y presente fundidos en imágenes para recordar el golpe en Chilehttp://www.bbc.co.uk/mundo/video_fotos/2014/09/140910_galeria_chile_memoria_persistencia_il.shtm
La elección de Jean-Claude Junker y el supuesto déficit democrático de la Unión Europea
Finalmente, tras muchas idas y venidas, el 15 de julio el Parlamento Europeo refrendó al luxemburgués Jean-Claude Juncker como Presidente de la Comisión Europea. Juncker había sido designado el 27 de junio como candidato por 26 de los 28 Estados miembro, oponiéndose a tal designación el británico David Cameron y el húngaro Viktor Orban. De acuerdo con lo estipulado en el Tratado de Lisboa, el nuevo Presidente de la Comisión Europea debe ser ratificado por mayoría calificada de los eurodiputados. El 1ero de julio también fue reelecto como Presidente de ese Parlamento el euro-socialista (social-demócrata alemán) Martin Schulz.La ratificación de Juncker, lograda mediante negociación interna entre los Jefes de Gobierno y grupos parlamentarios, contó con el respaldo de una amplia mayoría. El luxemburgués obtuvo 422 de 729 votos emitidos, o sea el 57.9% (siendo la mayoría calificada 376 votos). Sus apoyos estuvieron en el Partido Popular Europeo (PPE), del que Juncker era el candidato, así como en parte de los votos socialistas (los socialistas españoles siendo una de las excepciones al oponerse abiertamente a su nominación) y liberales. Sin embargo, en los últimos dos campos hubo deserciones importantes que le amputaron la mayoría arrolladora que hubiera significado el apoyo de los tres grupos pro-europeos (480 parlamentarios).La elección de Juncker y el proceso previo que llevó a su designación, no ha dejado a nadie particularmente feliz. Los grupos parlamentarios comenzaron acordando entre ellos que el candidato del grupo que resultara mayoritario en las elecciones sería el candidato “obligado” a Presidente de la Comisión, en base a una interpretación un tanto “generosa” del Tratado de Lisboa (que solamente establece que el Consejo deberá designar a su candidato tomando en consideración los resultados de la elección europea). Con ello, el Parlamento intentaba dar un paso hacia una verdadera “transición democrática”, hacia una Europa “popular y transparente”, donde el voto de los ciudadanos influiría en las futuras decisiones europeas. Además, el Parlamento inteligentemente instaló así un debate sobre la representatividad de los cargos europeos y la necesidad de otorgar mayor poder de decisión a la ciudadanía.Claro está que esta interpretación no fue compartida por la gran mayoría de Jefes de Estado y de Gobierno, que no imaginaban ceder poder de decisión al Parlamento. Sin embargo, ignorando el efecto de la campaña parlamentaria y las consecuencias que la misma podría tener a la interna de sus países, los líderes permitieron que fuera creciendo la interpretación de “candidato de partido ganador equivale a candidato a la presidencia de la Comisión”. Aunque el Consejo retiene la potestad de proponer al candidato que desea, las presiones populares y de sus propios partidos políticos (asociados a uno u otro de los grandes grupos europeos) impidieron que los principales líderes europeos impusieran candidatos diferentes al del partido ganador.El discurso generalizado anti-Juncker que precedió a los comicios y perduró durante los días siguientes a la elección (Merkel, Hollande, Renzi, Cameron) se fue apagando, fruto de la repartición que populares, socialistas y liberales hicieron de los cargos disponibles a fin de “quedar todos contentos” y al definir ellos las próximas autoridades europeas. Así, por primera vez, los líderes europeos debieron agachar la cabeza y aceptar al candidato del Parlamento, incluso reconociendo que no era el mejor “hombre para el puesto”, pero poco dispuestos a verse como “irrespetuosos de la voluntad popular”.Pero, si los Jefes de gobierno parecen no estar del todo contentos con Juncker, ¿qué podemos decir de la ciudadanía? ¿Con la elección de Juncker el ciudadano europeo que decidió emitir su voto el pasado mes de mayo está realmente satisfecho y siente que ha triunfado finalmente la voluntad popular? La respuesta es clara: NO. Esto es así por dos razones. Quien votó por el PPE en cualquier país de Europa no votó una papeleta con la cara y el nombre de Juncker (quien ni siquiera fue candidato por Luxemburgo, argumentando que no se puede ser al mismo tiempo candidato a parlamentario europeo y candidato a la Presidencia de la Comisión), sino que eligió a sus representantes nacionales. En este caso, el europeo promedio no tenía idea que estaba optando también por Jean-Claude Juncker como próximo Presidente de la Comisión. Si esto se aplica a los votantes del PPE, mucho más se aplica a los votantes de los demás grupos europeos. Más evidente aún es la segunda razón: el 25% de los votantes europeos apoyaron a partidos y eurodiputados euroescépticos, lo que muchos consideraron un llamado al “cambio”. Para esos electores y para quienes prefirieron no votar, Jean-Claude Juncker no es más que un “insider”, un burócrata europeo que si algo no representa, es la voluntad de cambio. Este mecanismo de elección, democrático no obstante, no habría seguido el proceso de “trickle down” hasta su culminación lógica, o mejor dicho, el círculo que partiría del apoyo del ciudadano hacia su eurodiputado local, de este eurodiputado hacia el candidato a Presidente de la Comisión, culminando con el vínculo o sintonía de dicho Presidente hacia ese ilustre ciudadano al cual le debe, por la mágica propiedad transitiva de los procesos electorales, su elección, no ha logrado cerrarse. ¿Por qué? Por la simple razón de que nadie vota en las elecciones europeas PARA las elecciones europeas.Esto es producto del desconocimiento de lo que pasa en Bruselas, del desinterés o de que, como ciudadanos, nuestras preocupaciones están dominadas por la política doméstica, y cada instancia de sufragio, regional, local o supranacional, representa una nueva oportunidad para expresarnos sobre los gobiernos nacionales de turno. Aquellos que argumentan que votar directamente por un candidato a Presidente de la Comisión aumentaría el interés de los ciudadanos, tienen un punto válido.No obstante, es difícil creer que los mismos patrones de validación electoral, las mismas herramientas y atajos cognitivos a la hora de elegir nuestros candidatos, no sean reproducidos al elegir al Presidente de la Comisión. Los ciudadanos votarían por el Presidente de la Comisión como si lo hicieran por un presidente, diputado o senador local, es decir influenciados por las estructuras partidarias locales, con preocupaciones y arraigos bien locales, por más campaña europea que intente hacerse.. Nadie vota por Juncker o por Schulz, sino que vota por Hollande, Merkel, Le Pen, Farrage, Renzi, etc. Pero esto, evidentemente, no es responsabilidad ni culpa de Juncker. En todo caso, los responsables son los partidos nacionales que no impiden la desinformación y la instrumentalización de dichas elecciones por los partidos políticos con fines políticos nacionales. Las principales críticas escuchadas tienen que ver con la supuesta falta de transparencia y de mecanismos democráticos en la elección del Presidente de la Comisión, así como con la no representatividad de la burocracia de Bruselas y la opacidad de los procesos de toma de decisiones.Analicemos cómo cambiarían las cosas en caso de votar directamente por un candidato a Presidente de la Comisión, ya que éste es el principal argumento de los euroescépticos y de aquellos que critican la falta de democracia de todo este proceso. El primer escenario alternativo sería que cada partido nacional elija a su(s) propio(s) candidato(s) y se lo(s) presente a sus electores nacionales. Por ejemplo, podríamos considerar que en un futuro no muy lejano, cuando ambos se encuentren desempleados, los franceses de derecha voten por Sarkozy como candidato a Presidente de la Comisión y los de izquierda voten por Hollande. Cada país tendría varios candidatos nacionales y contaríamos en toda la Unión con más de 100 posibles presidenciables (o 200, o 300…). Ahora, en este caso, ¿cómo elegiríamos al próximo presidente? ¿Sería el presidente electo el candidato del partido nacional más votado a nivel europeo? En este caso, salvo raro milagro, el futuro Presidente de la Comisión será siempre un alemán y, para agravar el caso, con un muy escaso porcentaje de los votos totales a nivel europeo.Por supuesto que la opción de múltiples candidatos por países no sería nunca una opción válida, ya que terminaría siendo mucho menos democrática que cualquier opción actual. La hipótesis alternativa es que los partidos nacionales determinen uno o más candidatos (al cabo de negociaciones conjuntas con sus contrapartes europeas) que presentarán luego en sus listas nacionales. Así, por ejemplo, el votante del PSOE español tendrá la opción entre 2 o 3 candidatos socialistas… Pero espere un momento, ¡¿no es acaso esto algo muy similar a lo qua ya ocurre en la actualidad con la selección anticipada de los candidatos por los grupos parlamentarios europeos?! La única diferencia es que el candidato actual no está claramente identificado en la boleta de voto, pero, en la práctica, el votante informado de un partido afiliado al PPE sabía que su candidato a Presidente siempre fue Juncker, así como los socialistas sabían que el candidato siempre fue Schulz, y esto antes de iniciar la campaña. Ahora, puede usted ser de derecha y no gustarle Juncker, o ser de izquierda y no gustarle Schulz (es cierto que podría haber habido más de un candidato por partido europeo…), ¿pero en qué medida es eso diferente de, por ejemplo, si es usted un votante de derecha alemán y no le agrada Merkel? En la medida que la elección del candidato de cada grupo europeo sea el resultado de la negociación interna de los eurodiputados nacionales, en poco o nada difiere de los mecanismos internos de nominación de los candidatos de los partidos nacionales. Por lo tanto, en la práctica, el mecanismo de elección “directa y democrática” no cambiará en nada si es llevado adelante por los ciudadanos o los eurodiputados, siempre que la información y las reglas de juego sean claramente explicadas y aplicadas, e incorporadas por la ciudadanía.En relación a la supuesta falta de democracia de las instituciones europeas, conviene precisar que los que más claman contra la falta de transparencia y democracia son, como siempre, las fuerzas menos democráticas, transparentes y tolerantes. Estos son los Le Pen, los Farrage, los Wilders y tantos otros, que camuflan, como todos los representantes de movimientos de este tipo (los hay, y también bien coloridos, a la izquierda), sus principios autoritarios en la denuncia de un supuesto ataque a los valores democráticos y más en particular a la democracia directa, única forma de gobierno que, según ellos, no ha sido corrompida por las instituciones burguesas y las élites tecnocráticas. Pero su ideal democrático es sobre todo el del liderazgo carismático, paternalista y autoritario, su lenguaje democrático es el de la demagogia y la desinformación, su ideal social se basa en la segregación y en la xenofobia, en fin, su ideal de proceso democrático no es otro que el que los vea hacerse con el poder, independientemente de los medios para dicho fin. No nos engañemos, ni Marine Le Pen ni Nigel Farrage están preocupados por la calidad democrática de las instituciones europeas, lo único que les preocupa es cómo capitalizar el descontento hacia la integración europea de una parte de la población y poder así afianzar su posición nacional. En esa óptica, la plataforma europea les ofrece la posibilidad de maximizar el impacto de su discurso y minimizar los riegos relacionados a la toma de decisiones. En definitiva, estos partidos son los free riders del proceso de integración política de la UE, se benefician con todas las ganancias relativas a su participación en el sistema (exposición, financiación, tribuna pública, ayuda a las colectividades, etc.) y al tener una posición abiertamente contraria a la integración, y ningún puesto de responsabilidad, no pagan los costos políticos relacionados al momento de crisis en Europa. Es cierto que la UE se ha transformado en una unidad administrativa gigantesca, incomprensible para la gran mayoría de los ciudadanos, y esto agrega al sentimiento que es el “burócrata de Bruselas” el que controla el proceso de toma y ejecución de decisiones y no así el representante democráticamente electo. Pero entendamos aquí a la burocracia, no en su acepción peyorativa y comúnmente compartida, sino como ese concepto weberiano de un cuerpo administrativo, formado y calificado, y necesario para la administración y el buen funcionamiento del Estado. Este proceso de toma de control de las potestades ejecutivas, pero también legislativas por parte de un órgano no electo, es la principal crítica de los euroescépticos. Sin embargo, no resulta en nada diferente del proceso de burocratización que se viene dando, desde larga data, al interior del Estado. En efecto, la complejidad creciente de los temas, la falta de tiempo y de horas disponibles de los parlamentarios, así como la necesidad de llevar adelante ciertos procesos de manera diligente y eficiente, han llevado a que en todos lados (inclusive en los regímenes parlamentarios), el parlamento haya perdido poder frente a los ejecutivos y su cuerpo burocrático. Pensar que cualquier unidad política puede sobrevivir únicamente con un cuerpo de representantes electos responsables tanto de legislar y ejecutar, es cándido en el mejor de los casos, irresponsable y peligroso en el peor de ellos. Los que atacan a la UE en este punto no atacan realmente la falta de transparencia democrática, lo que está realmente bajo amenaza es el concepto mismo de la integración y del supranacionalismo de las instituciones. Lo que molesta a Marine Le pen no es que un burócrata estonio no electo decida por ella, ¡sino que un burócrata estonio (electo o no electo, es irrelevante) decida por ella!Algunos desearían ver en la importancia de estas nuevas elecciones europeas la transición hacia una cierta forma de parlamentarismo, y en la ratificación (o elección) de Juncker por el parlamento, la emergencia de una figura similar a la de un primer ministro. Un par de precisiones se imponen. En primer lugar, Juncker no es el Presidente de la UE, es tan sólo el Presidente de la Comisión, con importantes potestades, es cierto, pero lejos de ser todopoderoso. Es el Consejo Europeo el que mantiene el rol de fijar las grandes líneas políticas de la UE, no la Comisión, quien ejecuta, legisla, lleva adelante las negociaciones, controla y sanciona. La UE es un mecanismo de integración supranacional, pero no es, y probablemente no lo sea nunca, una única entidad política totalmente integrada, es decir, un Estado. Por más competencias supranacionales que la UE haya desarrollado en los últimos años (comerciales, monetarias, fiscales, etc.) los Estados retienen aún gran parte de sus funciones gubernamentales “régaliennes”.El debate sobre la “democracia” detrás de los procesos de selección de las autoridades de la UE y del control popular sobre los organismos burocráticos de gestión, es ocioso y capcioso, y ampliamente instrumentalizado por las fuerzas antieuropeas. La nominación de Juncker es democrática porque fue acordada entre los jefes de Estados, electos todos democráticamente por sufragio universal, y los eurodiputados, electos igualmente democráticamente. La democracia representativa implica, le pese a quien le pese, la elección de representantes. Si se exige mayor transparencia y democracia, se debe exigir igualmente un comportamiento ejemplar de la ciudadanía. Un sistema político, para ser eficiente (en la articulación y representación de los intereses y en la consecución de los objetivos), debe ser como un organismo en simbiosis, todas las partes trabajando en conjunto para el beneficio mutuo. Aquellos que ven sólo las culpas y responsabilidades de un lado y las víctimas del otro, o son irresponsables, o mienten descarada y peligrosamente, o sencillamente no han entendido nada a la vida política.En conclusión, me pregunto: si la elección de Juncker no es democrática, ¿qué dejamos entonces para el Secretario General de las Naciones Unidas? Electo supuestamente de manera democrática por los líderes del mundo, cuando más de un tercio de estos no son avalados por ningún proceso democrático. ¿Y qué decir del presidente del FMI o del Banco Mundial? Y por favor, ni siquiera toquemos el tema de la FIFA y de la CSF… Germán Clulow es Licenciado en Estudios Internacionales por la Universidad ORT - Uruguay, Master en Ciencia Política por la Université de Genève - Suiza, y Master en Estudios de Desarrollo por el Instituto de Altos Estudios Internacionales y de Desarrollo (IHEID-The Graduate Institute) Ginebra, Suiz
EL MISTERIO DE BERLÍN
Entre el 13 de agosto de 1961 y el 9 de noviembre de 1989 se llevó a cabo en la ciudad alemana de Berlín un experimento social inédito. El posterior estudio de los resultados de este experimento ha generado una pobre literatura científica. Particularmente, la historia económica ha ignorado la potencial riqueza analítica de la experiencia berlinesa. ¿Por qué ha sucedido ello? ¿Por qué los científicos sociales no usan o incluso abusan de semejante experimento?Podemos intentar meternos en la mente de un investigador en 1900, dialogar con él y proponerle el siguiente experimento: en 1961 aislaremos a Berlín por 28 años, 2 meses y 27 días, utilizando para ello un muro. En un lado del muro se establecerá un sistema sociopolítico donde los agentes económicos tendrán derecho a la propiedad privada y en el otro se implementará un sistema donde las decisiones económicas sean centralmente planificadas y el Estado sea propietario de los medios de producción.Es posible que el investigador reaccione con incredulidad ante la posibilidad de asistir a semejante experimento social. Sin embargo, ¿sería tan diferente la reacción de un científico en septiembre de 2014? En parte, la percepción ante la evidencia de la experiencia berlinesa no sería muy distinta en 2014 que en 1900. En ambos casos, reflejarían formas de incredulidad. En 1900 por la literal inexistencia del evento. En 2014 probablemente por la incapacidad de interpretar la implicancia de un experimento social efectivamente comenzado, desarrollado, colapsado y terminado. ¿Cómo interpretar esta última incredulidad?La historia es un escenario donde las ciencias sociales pueden recurrir para realizar experimentos dejando de lado reparos morales ya que el pasado es inmodificable. La historia nos provee un ámbito donde el investigador puede llevar a cabo un experimento que moralmente no podría ni debería realizar en el presente o futuro. El pasado nos aporta tanto una "liberación moral" como una limitación cronológica. Sin embargo, a poco de andar vemos que estamos hablando de lo mismo: la oportunidad de llevar a cabo experimentos donde no existan los reparos morales se debe a que, justamente, el pasado es inmodificable. Apreciamos la construcción de la mezquita Azul de Estambul y las Pirámides de Egipto, llevada a cabo por decenas de miles de personas esclavizadas, porque se encuentran en el pasado y no en el presente o futuro. Admiramos algo (como estas obras de arquitectura) del pasado que nos provocaría repugnancia si su construcción estuviera sucediendo ahora o sucediera en el futuro.La oportunidad metodológica que ofrece el pasado para el investigador refleja también una obvia limitación: si un experimento social (consciente o azaroso) no aconteció no será posible ya recurrir a él. Los experimentos aleatorios que las personas no realizaron en el pasado no será posible realizarlos ahora o en el futuro porque ya no serían aleatorios y, por ende, tendrían una limitada validez metodológica. La pregunta que surge es la siguiente: ¿Habrá sido el pasado lo suficientemente rico como para encontrar en él experimentos sociales espontáneos relevantes? Es decir, ¿habrá sido el pasado en 1961 tanto más complejo que en 1900 para generar en un investigador del 1900 la suficiente incredulidad para concebir un acontecimiento en 1961 que nosotros, dado que estamos en 2014, sí podemos o podríamos concebir? La respuesta parece ser afirmativa: hoy sabemos que entre 1900 y 1961 sucedieron suficientes cosas como para que una persona en 1900 no tuviera herramientas para entender o interpretar esa posible hipótesis.Nuestro punto aquí es que esa complejidad que hace ininteligible una hipótesis en 1900 sobre un suceso de 1961 es la misma que enfrentamos hoy para interpretar ya no un hipotético acontecimiento en el año 2061 sino para interpretar lo acontecido entre 1961 y 1989 en la ciudad alemana de Berlín. ¿Dónde residen las limitaciones de este enfoque? ¿Qué nos enseña el experimento social desarrollado en Berlín entre 1961 y 1989? Nos enseña que son científicamente muy limitados incluso los experimentos de características excepcionales como el acontecido en la ciudad alemana. Si bien sostuvimos que era imposible para un científico social en 1900 comprender el experimento que efectivamente aconteció entre 1961 y 1989 en Berlín, una vez acontecido el experimento tenemos hoy (2014) la posibilidad de contemplar y comprender que sus implicancias o enseñanzas son limitadas. ¿Por qué? Porque el experimento de Berlín sólo nos ha informado sobre un único evento y sus limitadas variantes en un mundo donde conviven billones de eventos con sus respectivas variantes. Después de un experimento social tan excepcional sólo ha sido posible verificar en un caso específico las bondades de un modelo socioeconómico sobre otro.¿Cómo calificar a Berlín desde su capacidad de revelar o resolver dudas científicas?Podemos sostener que resuelve algo antes que nada. Es difícil sostener que la experiencia berlinesa no ha contribuido en nada a la comprensión de determinados fenómenos o causalidades sociales. Sin embargo, debemos marcar una relación entre el volumen del experimento y su capacidad para proveernos de soluciones claras. Paso seguido, la relación costo-beneficio es ineficiente en la experiencia berlinesa porque el “enorme esfuerzo científico" realizado ha dado como resultado apenas algunas sugerencias y pocas certezas. Por ende, la capacidad científica real de un experimento social consiste en generar una eficiente relación costo-beneficio entre una hipótesis, su verificación y la riqueza o caudal posterior que significa para el conocimiento o la comunidad científica la comprobación de la hipótesis. Es por esto que la experiencia berlinesa no ha tenido la relevancia o influencia que, en principio, supusimos debió haber tenido. Como mencionamos, hay un papel ético que sólo el estudio de la historia puede jugar: desarrollar experimentos científicos que las sociedades no pueden permitir ni tolerar hacer en el presente o en el futuro. Si bien Berlín nos ha posibilitado un riguroso estudio experimental, fundamentalmente nos ha ayudado a comprender algunos límites estructurales de los experimentos sociales. En el extremo, el experimento de Berlín habría contribuido a confirmar apenas una creencia: la imposibilidad del cálculo económico en el socialismo, debate que habían llevado a cabo en la década del 30’ el economista austríaco Ludwing Von Mises y el economista polaco Oskar Lange. Asumamos por un momento que la experiencia berlinesa hubiese contribuido a confirmar esa imposibilidad. Sin embargo, ¿cuál ha sido la enseñanza berlinesa sobre la posibilidad del cálculo económico en un mundo donde los agentes realizan intercambios libres y voluntarios? La experiencia berlinesa contribuiría a confirmar la ineficiente asignación de los recursos escasos cuando esa asignación se hace centralizadamente, pero poco diría sobre la magnitud de la eficiencia de la economía de mercado. La experiencia berlinesa apenas nos informaría que la economía de mercado asigna más eficientemente los recursos que la economía planificada de manera centralizada pero no ha quedado claro cuánto mejor.Esto significa que los experimentos (bien hechos) en las ciencias sociales sólo contribuyen a refutar una opción mientras que dejan poco margen, en primer lugar, para saber cuál es la real distancia entre esa opción refutada A y la opción temporariamente no refutada pero, más aún, en segundo lugar, el experimento social que refuta A no puede informarnos la distancia que existe entre los distintos Bs (B, B’, B’’,..., Bn). El experimento berlinés realizado entre 1961 y 1989 constituye hoy un buen escenario científico donde refutar la eficiencia y transparencia de una economía planificada de manera centralizada. Sin embargo, nos informa muy poco sobre la comparación entre los diferentes niveles de eficiencia que posee la asignación individual de los recursos económicos. Sabemos que en Berlín Occidental la ausencia de una planificación centralizada de la economía contribuyó a una asignación más eficiente que generó mayor prosperidad individual y transparencia. Sin embargo, no sabemos (no podemos saber) cuál es la relación entre esa mayor prosperidad (que hemos denominado B) y otros Bs posibles, donde la ausencia de planificación centralizada signifique otra cosa que B. Este parece ser un error analítico relevante en los experimentos sociales: la negación de A confirma a B como mejor que A pero nada dice sobre si B es mejor y cuánto mejor que los sucesivos B´, B´´,..., Bn. La experiencia berlinesa nos informa sobre la imposibilidad de A (cálculo económico en una economía planificada de manera centralizada) pero nada nos dice sobre las diferentes posibilidades de los sucesivos Bs porque no ha habido en el experimento (en nuestro caso, en Berlín) una comparación ni siquiera tácita entre los distintos Bs posibles.En el capítulo 3 de “El diseño de la investigación social”, King, Keohane y Verba sostienen que “evitar el lenguaje causal cuando la causalidad es el auténtico objeto de la investigación o bien hace irrelevante el estudio o bien le permite no respetar las reglas de la inferencia científica. Nuestra incertidumbre acerca de las inferencias causales nunca desaparecerá, pero esto no debe significar que evitemos extraerlas…la causalidad se define como un concepto teórico que es independiente de los datos utilizados para conocerlo…la condición contrafáctica es la esencia de la definición de causalidad…De este modo, esta sencilla definición de causalidad demuestra que nunca podemos conocer con certeza un efecto causal. Para Holland, éste es el problema fundamental de la inferencia causal y lo es porque, independientemente de lo perfecto que sea el diseño de la investigación, de la cantidad de datos que recojamos...nunca conoceremos a ciencia cierta la inferencia causal" (2000, 88-89).La relevancia científica de la explicación causal depende de la rigurosidad del contrafáctico que elaboremos. La experiencia berlinesa entre 1961 y 1989 ha sido por cierto un contrafáctico riguroso para la ciencia social. Allí se llevó a cabo un experimento social donde tanto los "científicos" como los materiales (las personas) no sabían que eran parte de un experimento. Paso seguido, podemos ahora recurrir a Berlín como un contrafáctico tan eficiente que en un punto aconteció. Es decir, Berlín Occidental actuó como un riguroso contrafáctico (virtual y paralelo) para Berlín Oriental y éste actuó como un riguroso contrafáctico para aquel. Si bien la rigurosidad del estudio ha contribuido a enriquecer nuestra capacidad para entender parte de la realidad, lo ha hecho de una manera mucho más limitada de la que en principio creíamos o esperábamos.*Profesor Depto. Estudios Internacionales, FACS - Universidad ORT Uruguay.Master en Filosofía Política, London School of Economics and Political Science
RUSIA Y EUROPA: EL CARO PROBLEMA DEL GAS BARATO
La dependencia de varios países de Europa del suministro de gas ruso tiene una dimensión económica y una dimensión ética. Por un lado, la dimensión económica obviamente refleja una ecuación costo-beneficio donde los agentes económicos buscan maximizar su ingreso en una coyuntura delicada, como es la profunda crisis que atraviesan los principales países de la Unión. Por otro lado, los países de Europa no pueden ya desentenderse de la directa relación que ha habido y hay entre los precios de las materias primas y la consolidación de procesos autoritarios que abusan del poder y violan derechos civiles y políticos.Básicamente, ¿cómo sintetizar o exponer el problema? El problema consiste en la clásica relación de una democracia (en este caso, un conjunto de democracias de alta calidad institucional como es la Unión Europea) con una dictadura o, en este caso, un proceso autoritario como la Rusia gobernada desde el 2000 por Vladimir Putin (con un intervalo de su subordinado, Dmitry Medveded, entre 2008-2012). La democracia expresa un sistema donde los gobernados demandan respeto de sus derechos civiles y, en segundo lugar, demandan eficientes políticas económicas. En ese ámbito, los gobernados se enfrentan, en nuestro ejemplo, a dos opciones: importar gas a un precio caro de otra democracia donde se respetan los derechos humanos o importar gas barato de una dictadura o proceso autoritario (como Rusia) donde se violan derechos humanos básicos como la libertad de expresión y la participación política.La sociedad civil europea ha consolidado esta peligrosa relación con el proceso autoritario ruso: por un lado, es una sociedad celosa del estado de los derechos humanos dentro de sus respectivas comunidades pero, o precisamente por ello, considera más importante importar gas barato que cuestionar el estado de las libertades dentro de Rusia.Es necesario intentar cuantificar la dimensión ética del problema: supongamos que el gas caro importado desde una democracia tuviera un precio de 100 y el gas barato importado desde Rusia costara 80. Podemos pensar que el precio de la indiferencia en relación al grado de represión realizada por Putin dentro de Rusia es 20. Es decir, a cambio de un ahorro de 20 unidades, una parte relevante de la sociedad europea ha estado dispuesta a tolerar conductas que serían intolerables si sucedieran dentro de algún país de la propia Unión.El punto de este artículo es remarcar la necesidad de pensar el argumento opuesto: en lugar de cuantificar el ahorro para tolerar la indecencia, es necesario cuantificar el costo de no tolerarla. Europa (y las democracias) debe dejar de ver cuánto ahorra tolerando violaciones a los Derechos Humanos y tiene que comenzar a exponer cruda y claramente a su sociedad civil el costo de denunciar esas violaciones. En el ejemplo que hemos mencionado, Europa debiese enorgullecerse de pagar 20 unidades más por defender determinados valores, exclamando: “Si, efectivamente, pagamos un precio mayor de gas porque asumimos que tiene un costo no tolerar, admitir o ser cómplice de determinadas violaciones a las libertades”.Obviamente, es fácil decirlo en una columna de opinión y es políticamente muy difícil explicitarlo como funcionario o candidato en países que sufren hace un tiempo (5 años) una crisis económica cuya real dimensión y consecuencias todavía desconocemos. Pero incluso podemos pensar que la crisis es una buena oportunidad para cuestionar esa parte del complejo proceso de relacionamiento de la Unión Europea con el capitalismo autoritario que se ha consolidado en Rusia en la última década.La pregunta que debemos formular es: ¿Cuánto encarece nuestra vida la negativa a asociarnos a regímenes que violan derechos? En cambio, la pregunta que hasta ahora nos hemos formulado es ¿cuánto abarata nuestra vida asociarnos a regímenes autoritarios y desinteresarnos de las amenazas que esos regímenes pueden llevar a cabo, precisamente, porque obtienen recursos por comerciar con nosotros? Otra manera de formularnos la pregunta sería: ¿Cuánto estamos dispuestos a pagar de más el gas para que Putin no viole (o incluso, para que viole menos) derechos de los ciudadanos rusos? Más aún: ¿estamos dispuestos a pagar algo para ello? Sí, no es posible que no estemos dispuestos a pagar nada. Por cierto, es comprensible que nuestra disposición no sea ilimitada. Obviamente, hay un límite monetario a la generosidad de las personas y las sociedades pero ese límite debe ser mayor (bastante mayor) a cero. Pedro Isern es profesor del Depto. Estudios Internacionales, FACS - Universidad ORT Uruguay.Master en Filosofía Política, London School of Economics and Political Science
BRICS: ¿hacia un nuevo paradigma global?
La creciente complejidad a nivel de relaciones internacionales de carácter político, jurídico o económico, ha provocado una creciente generación de organizaciones, organismos, foros, grupos y cumbres, con tal de encauzar dichos lazos de una manera ordenada. En este sentido, a mediados de julio y en la ciudad brasileña de Fortaleza, hemos podido presenciar otra reunión del novedoso grupo BRICS, que englobaría a las denominadas potencias emergentes.El BRICS o los BRICS (confusión que surge de ser un acrónimo entre los países que comprende y el término “ladrillo” en inglés) [1] fue un concepto acuñado por algunos economistas con tal éxito que terminó convirtiéndose en realidad a través de cumbres anuales de sus representantes. El BRICS comprende actualmente a Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica; aunque no se descarta que vayan sumando más participantes con el correr del tiempo. Para Jim O’Neill, analista y responsable original del término, el BRICS constituiría un desafío al statu quo geopolítico y económico a un horizonte de 50 años, que surgiría por fuera de los que fueran los principales epicentros de desarrollo global (Norteamérica, Europa y Japón; reunidos en su propio grupo, el G7.).La idea algún sentido tiene. Se trata de un conjunto de países ya de por sí poderosos (podríamos llamarlos naciones-continente) pero que además cuentan con un magnífico potencial si consideramos un desarrollo productivo de los mismos, sumado a la inmensidad poblacional y territorial de sus mercados. Esto trasciende las consecuencias económicas y se hace un tanto explícito el deseo de aumentar la participación decisoria de dichas naciones en el marco de la política global. El hecho de haber incluido a Sudáfrica (un país bastante menor a los otros, pero que “representa” al continente africano) en el grupo es una clara manifestación de esto.Podría, sin embargo, calificarse de ingenua la premisa de que los integrantes son “iguales”. Podrán serlo de jure en las sucesivas reuniones del grupo (que han tomado una frecuencia anual a partir del 2009), pero en los hechos las asimetrías son superlativas. Si bien dicha entidad comprende una cifra mayor al 40% de la población mundial, dicho indicador se deriva de la presencia de China e India en el bloque, que prácticamente multiplican por diez a Rusia o Brasil, ni que hablar Sudáfrica.También podemos hablar de asimetrías significativas en términos de tamaño de las economías (PBI nominal en dólares según FMI: China 8.250.241, Brasil 2.425.052, Rusia 1.953.555 e India 1.946.765) y en renta per cápita, como queda evidenciado con la paupérrima performance de Nueva Delhi.En cuanto a política, debemos recordar las notorias diferencias entre los distintos regímenes en cuanto a su política interna. Esto no ha impedido, como hemos señalado, que el grupo haya reclamado explícitamente una mayor participación para Brasilia y Nueva Delhi en el entorno global, algo que probablemente implique el ansia de las mismas en cuanto a una participación permanente y relevante en el Consejo General de las Naciones Unidas.Ahora bien, en lo concreto, ¿qué aspirar de este nuevo marco de diálogo entre las potencias emergentes? ¿Qué se ha hecho? ¿Qué se hará? Además del potente mensaje de unir a los cinco países de manera anual y de esta manera implicar simbólicamente una transición de poder del centro a la periferia, los BRICS han determinado en la Cumbre de Fortaleza la materialización de dos ideas concretas que han venido manejando desde un principio.En primer lugar, la creación del “Nuevo Banco de Desarrollo”, entidad destinada principalmente a la financiación de infraestructura de países miembros y terceros, y a su vez una alternativa a las actuales organizaciones y modalidades internacionales de crédito.En segundo lugar, y como complemento, la creación de un Acuerdo de Reservas Contingentes que sirva de blindaje ante potenciales descalabros financieros globales, trascendiendo a través del mismo de las ataduras y exigencias del Fondo Monetario Internacional (lo que no evitó que su titular, Christine Lagarde, dijera estar “encantada”).Estos logros no hacen olvidar el problema de las asimetrías, esencialmente respecto al coloso chino. Fue de esta forma que los otros cuatro socios han reclamado a Beijing en reiteradas oportunidades la generación de relaciones comerciales bilaterales más “justas” (es decir, que los chinos compren más y con mayor valor agregado), antes que la competencia china termine por deglutir los procesos industrializadores de sus compañeros y la diversificación de sus economías (temor compartido por el mundo en general). Y es que los Estados del BRICS no están precisamente en un buen momento económico, siendo bastante apreciable la desaceleración en el crecimiento de sus respectivas economías en estos últimos años.Otro choque más notorio y reciente se basó en la creación del mencionado Nuevo Banco de Desarrollo, fundamentalmente en la capitalización del mismo. Mientras China deseaba una participación proporcional al tamaño de cada economía, el resto de los países lucharon (y lograron) que la misma fuese completamente equitativa. De este modo se planea una participación inicial de 10 mil millones de dólares por miembro que eventualmente, en un futuro, llegaría a los 20 mil. Como consuelo parcial para los chinos, se decidió que la sede del banco fuera Shanghai.Cabe aclarar que los 100 mil millones no sería una cifra espectacular si se compara con los bancos de desarrollo regionales ya existentes, sin siquiera superar el capital manejado por Banco Interamericano de Desarrollo.En el Acuerdo de Reservas sí puede encontrarse una mayor participación china, más precisamente 41.000 millones de dólares de los 100.000 que se manejan para la misma.Finalmente, y regresando al plano político, otra potencial dificultad del BRICS es que el mismo sea utilizado en hechos concretos extra económicos por fuera del ya mencionado principio de plasmar en las instituciones internacionales el ascenso de las potencias emergentes. Fue el caso de Moscú en la última cumbre, que, a través de su canciller Sergei Lavrov, aprovechó el encuentro para condenar las medidas contra su país por la crisis ucraniana.Concluyendo, el BRICS no se trata de la panacea ni tampoco es, por el momento, una amenaza real al orden establecido. El temor a que el grupo termine funcionando como una suerte de trampolín chino hacia un papel hegemónico es comprensible y real; y quedará por verse qué tan efectivas y eficientes son las políticas comunes adoptadas. Por el momento siguen siendo mucho más importantes las inquietudes particulares de cada miembro que una eventual política exterior común entre dichos países. [1] En un principio se excluía a Sudáfrica del grupo, cosa que cambiaría en el 2010.Marcos Rodríguez Schiavone es estudiante de la Licenciatura en Estudios InternacionalesFACS-ORT-Urugua