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    Durmiendo con el enemigo

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    Cervantes dijo que donde una puerta se cierra, otra se abre. Debió aclarar que siempre ayuda que vuestro cerrajero amigo sea uno de los hombres más poderosos del mundo. Así deben pensarlo Marine Le Pen y otros tantos dirigentes de partidos europeos de extrema derecha, agradecidos por el nuevo maná financiero proveniente de una Rusia aparentemente deseosa de estrechar vínculos políticos con los “renegados” de la política europea.La revelación data del 22 de noviembre, cuando una fuente periodística francesa, Mediapart, confirmó que el Front National de Marine Le Pen recibió un préstamo por 9 millones de euros de un banco ruso, la First Czech-Russian Bank. Esto fue confirmado por los dirigentes del FN, que adujeron que ningún banco francés accedió a prestar dinero para la financiación del partido, práctica a la que recurren normalmente todos los partidos políticos en Francia. Varias pistas extranjeras habrían sido exploradas para conseguir financiamiento, pero la opción rusa fue finalmente privilegiada. No ha de extrañar si consideramos que desde hace años el FN ha estrechado sus vínculos con importantes dirigentes rusos, que Marine Le Pen dice admirar a Vladimir Putin y que dentro de la UE los apoyos más fervientes a la política rusa en el diferendo con Ucrania provienen de los partidos de extrema derecha. La transacción se habría llevado adelante gracias a la intermediación del eurodiputado del FN Jean Louis Schaffhauser y el diputado de la Duma (cámara baja del parlamento ruso) Alexandre Babakov, ex jefe del partido nacionalista Rodina y una de las 50 primeras fortunas de Ucrania.El 26 de noviembre Mediapart fue aún más lejos anunciando que los 9 millones serían tan sólo el primer giro de un préstamo equivalente a 40 millones de euros. Esta información ha sido categóricamente desmentida por Marine Le Pen. Coincidencia o no, en octubre de este año el tesorero del FN, Wallerand de Saint-Just, estimaba que para poder lanzar y competir en las elecciones legislativas de 2017, el partido necesitaría entre 35 a 40 millones de euros. Jean Marie Le Pen, fundador del FN, recibió igualmente un préstamo de 2 millones de euros para su micro partido Le Cotelec, asociación destinada supuestamente a promover la “imagen y acción del líder Frentista”, pero que no sería más que una fachada para recaudar fondos para financiar al FN. Este préstamo le fue otorgado por una sociedad chipriota en manos de Yuri Kadimov, un ex agente de la KGB y del FSB, reconvertido en banquero de negocios.Conviene aclarar que el préstamo recibido por el FN en nada es ilegal, ya que se trata de un préstamo y no de una donación. Sí podríamos interrogarnos sobre un posible conflicto de interés o la injerencia de una potencia extranjera en los asuntos de un determinado partido político. De manera bastante irónica, el 19 de noviembre el parlamento ruso aprobó una ley que prohíbe toda financiación extranjera de los partidos rusos, provenga ésta de Estados, instituciones, ONG´s o individuos y hasta de entidades rusas cuya parte del capital extranjero sea superior a 30%. El apoyo financiero ruso no se limitaría únicamente al FN francés. El diario alemán Bild denunció igualmente que el Kremlin estaría subsidiando al partido euroescéptico alemán AfD. En Hungría y en Lituania las autoridades están investigando el financiamiento ilícito ruso. El Jobikk, partido de extrema derecha húngaro, es acusado de espiar a la UE a través de su eurodiputado Bela Kovacs a cuenta de Rusia. Kovacs fue uno de los pocos eurodiputados en votar a favor de la legalidad del referendo de autodeterminación en Crimea.Pero la conexión Rusia-Extrema Derecha va mucho más allá de la simple financiación a través de instituciones, bancos privados o posibles donaciones secretas. Varios líderes políticos rusos no tienen inconveniente en demostrar públicamente su apoyo a los partidos euroescépticos, nacionalistas, neo fascistas, neo populistas, etc. Así sucedió el 29 de noviembre en el XV Congreso del Front National, donde uno de los invitados de marca fue Andreï Issaïev, vicepresidente de la Duma y miembro de Rusia Unida, el partido de Vladimir Putin. Frente a una asamblea compuesta por otros líderes de extrema derecha europeos (Geert Wilders del PVV holandés, Matteo Salvini por Lega Nord o Hans Christian Strache del FPÖ austríaco), el diputado ruso fustigó a una “UE dirigida por funcionarios desconocidos, títeres de los EEUU”, criticó el golpe de Estado inconstitucional en Ucrania contra el presidente Yanukovych y subrayó la injusticia de las medidas económicas adoptadas contra Rusia. En complemento, Marine Le Pen defendió la idea de una “Europa que se extienda desde el Atlántico a los Urales, no de Washington a Bruselas” y de crear una “nueva cooperación entre las naciones”. El consenso general entre los participantes fue demostrar claramente su rusofilia, expresar un antiamericanismo profundo y rechazar de pleno la inmigración y la manipulación ideológica por parte de las élites multiculturales.Al estrechar los vínculos con los partidos de extrema derecha, el Kremlin persigue una doble estrategia. En primer lugar y como consecuencia del auge electoral de estos partidos en varios países europeos, el gobierno ruso ha encontrado defensores que cuentan con un legítimo respaldo electoral. En efecto, no es lo mismo que un oscuro partido neo fascista proscrito aporte su apoyo a Putin a que lo haga un partido que cuenta con cerca del 20% de respaldo popular, como puede ser el FN, el FPÖ o el Partido por la Libertad holandés. Este apoyo a la causa rusa se ha cristalizado en particular en el seno del Parlamento Europeo, donde los partidos de extrema derecha y euroescépticos han ganado varias bancadas en las últimas 2 elecciones. Así, partidos como el FN, el PVV, el FPÖ, el Vlaams Belang (Bélgica), Lega Nord, Jobikk, Ataka (Bulgaria) son los principales (y casi únicos) defensores de la política rusa en Crimea y en Ucrania y opuestos a las diferentes sanciones que la UE ha adoptado contra Rusia. El segundo pivote de la estrategia rusa de apoyo a los partidos de extrema derecha podría definirse como de desestabilización interna. Al apoyar y financiar estos partidos, muchos de ellos anti-sistémicos, se debilita al mismo tiempo el tejido institucional y la estabilidad del sistema de partidos. Claramente, al favorecer y fortalecer al FN, Rusia debilita tanto a la derecha conservadora como a la izquierda tradicional francesa. El éxito de los Le Pen, Wilders y compañía se construye a expensas de los partidos pro-sistema y gubernamentales.Más allá de esta estrategia de apoyo que puede no ser más que una respuesta pragmática y calculadora por parte del Kremlin, resultado del conflicto sobre el dossier ucraniano, lo que debe realmente alertarnos es que innegablemente existe una “conexión autoritaria, anti-europea y anti-liberal” entre Rusia y los partidos de extrema derecha. No debemos engañarnos, la Europa de Le Pen es la misma Europa de Wilders, Farrage, Strache y tantos otros, pero si la visión puede ser compartida, la lógica marca que la solución final no puede más que llevar a la división, a la desconfianza y al conflicto. Lo que los líderes populistas y de extrema derecha no quieren ver (o más probablemente no se atreven a decir), es que el problema fundacional de esta alianza de partidos que dicen compartir una visión común de una misma Europa, es que la Europa con la que sueñan jamás estará unida, ya que descansa precisamente sobre principios excluyentes como el nacionalismo, la preferencia nacional, el proteccionismo y chauvinismo económico, la exclusión cultural y el rechazo de toda forma de supranacionalismo. Me gustaría saber entonces cómo es posible “compartir” una visión que lleve a la “cooperación entre las naciones” cuando el único proyecto común es el odio recíproco. Los partidos nacionalistas y autoritarios, por definición ontológica, no pueden ser más que aliados circunstanciales (y tambaleantes), jamás socios plenos en la construcción de una comunidad de naciones. Una Europa del Atlántico a los Urales que descanse sobre los principios pregonados por Le Pen no es más que una farsa irrealizable y antinómica, mas no deja de ser una idea peligrosa.Sin embargo, los partidos de extrema derecha harían bien en desconfiar de la mano tendida de Putin y de los “regalos” del Kremlin. Putin puede ser tan generoso como fríamente calculador. De subsidiar el gas ucraniano y considerar a Ucrania como un aliado estratégico y comercial privilegiado, pasó primero a llevar adelante la anexión de Crimea y luego a implementar una guerra “semi-encubierta” destinada a desestabilizar a Ucrania y recuperar de paso algún que otro territorio a vocación separatista. En los últimos tiempos, además, el ejército ruso ha aumentado el número de ejercicios militares y de “provocaciones” frente a sus vecinos territoriales y a las fuerzas de la OTAN. Un reporte británico (Dangerous Brinkmanship) de noviembre menciona más de 40 incidentes “altamente preocupantes” que involucran fuerzas rusas y de la OTAN, como sobrevuelos agresivos de jets rusos sobre barcos de la OTAN, un ataque simulado de bombarderos rusos sobre la isla danesa de Bornholm, la penetración de navíos de guerra rusos en las aguas territoriales lituanas en situación de simulacro real, etc. Estos ejercicios tendrían varios cometidos, entre otros desincentivar a Finlandia y Suecia de unirse a la OTAN e intimidar a los Estados bálticos y darles a entender que la OTAN no podrá defenderlos.Los partidos de extrema derecha deberían comprender igualmente que el eje de la política rusa pasa en este momento por un fortalecimiento de los vínculos con Asia, y en particular con China. Asimismo, una normalización futura de las relaciones entre los gobiernos de la UE con Moscú, como es de esperar una vez solucionada la crisis ucraniana, conducirá probablemente al Kremlin a retirar, por lo menos de manera pública, su apoyo a los partidos de extrema derecha a fin de retomar un diálogo más cordial con los partidos gubernamentales. Por lo tanto, más allá de ciertas sintonías ideológicas que indudablemente existen, los aliados de hoy podrían tranquilamente dejar de serlo mañana.Es imposible concluir este artículo sin referirse al conflicto entre Rusia, la UE y los EE.UU. La historia europea de los últimos 60 años nos enseña que la integración europea se ha edificado sobre la cooperación y, punto fundamental, el respeto del derecho y de las instituciones. Si la Unión Europea es el proceso de integración política más avanzado que ha conocido la historia reciente, es precisamente porque el recurso a la violencia y a la fuerza nunca ha sido un argumento válido al interior de sus fronteras. El entendimiento y aceptación de este principio básico y fundacional por parte de todos los miembros de la UE es lo que ha permitido el éxito de este proceso. Pero no hemos de engañarnos, si esta comunidad “kantiana” de naciones, fundada antes que nada sobre la subordinación al derecho internacional, ha crecido y se ha expandido hasta los límites mismos de Europa, es en gran parte porque durante 50 años las “cañoneras“ y los misiles estadounidenses desincentivaron a aquellos que hubieran querido extender sus fronteras más allá de la Cortina de Hierro. El problema actual es que si hoy en día Putin se comporta en ciertos aspectos como un líder soviético de los 70 y la UE sigue aferrándose al Rule of Law, el tercer actor en discordia sufre de un grave trastorno de identidad disociativo.¿A qué me refiero con esto? Es muy simple: mientras que Putin habla como un Liberal (respeto del derecho, consolidación de procesos democráticos, mano tendida y cooperación entre naciones) y actúa como un Realista, su contraparte Obama habla como un Realista pero actúa como un Liberal (¿debo acaso recordar el asunto de la “línea roja” y las armas químicas de Bashar al-Assad?). Los filósofos políticos pueden discutir durante siglos sobre si el mundo es mejor y más seguro bajo principios realistas o liberales (¿existe acaso otra discusión relevante en las Relaciones Internacionales?), pero donde todos estarán automáticamente de acuerdo es que un escenario global que combina una (ex)superpotencia regida por principios Realistas y una por principios Liberales es sin duda la opción más explosiva e inestable posible. No se trata aquí de debatir sobre concepciones opuestas de la naturaleza humana, mas de entender qué reacción debe adecuarse a cada acción. En la medida en que Rusia siga haciendo gala del recurso a la amenaza a la fuerza, la respuesta no puede ser más que igualmente proporcional a la amenaza percibida. El fracaso en entender esta lógica básica del accionar ruso es lo que ha permitido a Putin ganar espacios y consolidar su situación internacional y doméstica. Putin ha acusado a los occidentales de aplicar un nuevo containment contra Rusia, y declaró que Rusia no teme ni cederá ante el uso de la fuerza. Putin puede dormir tranquilo, Rusia no tiene nada que temer

    Publicaciones

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    Esta semana LETRAS INTERNACIONALES presenta el siguiente material:En primer lugar, reseñamos en el link a continuación el listado completo de las Tesis de Grado producidas por los estudiantes que han culminado la carrera de Estudios Internacionales en la Universidad ORT. Vea más información sobre las Tesis aquí.En segundo lugar, un listado actualizado de las Publicaciones del Departamento de Estudios Internacionales las cuales puede visualizar aquí.En tercer lugar, a continuación destacamos algunas de  las obras que nuestra biblioteca incorporó recientemente en relación a las áreas de interés de la carrera:*El respeto: sobre la dignidad del hombre en un mundo de desigualdad / Richard Sennett Ficha Bibliográfica*La invención de los derechos humanos / Lynn Hunt Ficha Bibliográfica*Allende: la biografía / Mario Amorós Ficha Bibliográfica*Right-wing populism in Europe: politics and discourse / ed. Ruth Wodak, et al. Ficha Bibliográfica*The extreme right in Western Europe : success or failure? / E. Carter Ficha Bibliográfica*Extreme right wing political violence and terrorism / Max Taylor Ficha Bibliográfica*Mapping the extreme right in contemporary Europe / ed Andrea Mammone; E.l Godin Ficha Bibliográfica*The extreme right in Western Europe / P. Hainsworth Ficha Bibliográfic

    Llamados internacionales

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    BID-INTAL y RED SUR promueven el Llamado a Proyectos de Investigación.Se seleccionarán 4 estudios, uno para cada área temática, y se asignará un financiamiento de USD 15.000 a cada uno.La fecha límite para enviar las propuestas es el 03 de noviembre 2014.Vea mayor información aquí BID-INTAL y RED SUR convocan al Premio para Jóvenes Ecnomistas.Se seleccionará un proyecto de cada una de las areas temáticas. Los premios consisten en una beca para llevar adelante la investigación presentada y el apoyo de un/a investigador/a como tutor del proyecto.La fecha límite de envío de propuestas es el 03 de noviembre 2014.Vea mayor información aquí Se encuentra abierta la convocatoria a Becas de Excelencia del Gobierno de Suiza.Para Uruguay se ofrecen becas para realización de PhD, Postdoctorado y estancias de un año de investigación para Masters o formación equivalente.La fecha límite de postulación es el 30 de noviembre 2014.Vea mayor información aquí (elegir "Uruguay" en el menú desplegable "country of origin") The McGill Institute for the Study of Canada (MISC) is currently accepting applications for the Eakin Visiting Fellowship in Canadian Studies at McGill University for the Fall 2014 and Winter 2015 terms. The Fellowship is awarded to scholars of all rank and discipline whose research focus on some aspect of Canada.Vea las bases aqu

    EL MOMENTO DE LA VERDAD (O DE LA MENTIRA) PARA EL MERCOSUR

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    Días atrás, al finalizar la Cumbre de Presidentes del MERCOSUR, con sorpresa descubrimos que el bloque está pronto para ingresar en la etapa de intercambio de ofertas con la Unión Europea (UE).Efectivamente, en su Comunicado de Caracas, los Presidentes del bloque manifiestan su satisfacción “por el acuerdo alcanzado en la preparación de una oferta común de acceso al mercado del MERCOSUR, y la expectativa de que, una vez que la Unión Europea concluya las consultas necesarias para la presentación de su oferta de acceso a mercados, se fije fecha para el intercambio de las respectivas propuestas, paso necesario para continuar avanzando en el proceso negociador” (ver párrafo 45 del mencionado Comunicado).Posteriormente a esta comunicación pública, se ha escuchado a la Presidenta de Brasil Dilma Rousseff manifestar su descontento porque a pesar de que el MERCOSUR está pronto, la UE no da una señal similar a la del bloque sudamericano.Como se recordará, el esperado intercambio de ofertas de acceso a mercados entre el MERCOSUR y la UE estaba previsto para fines del pasado año 2013, luego de un entendimiento alcanzado entre los Cancilleres de ambas partes en enero de ese mismo año. Sin embargo, llegada la fecha límite, ninguna de las partes parecía en condiciones de cumplir con el compromiso político asumido por lo que se responsabilizaron mutuamente de un “pequeño retraso” en los planes de negociación.Es así que gran parte del año 2014 transcurrió entre conversaciones y anuncios a la prensa: “la culpa es de Argentina y de su política neo-desarrollista”, decían algunos; “la culpa es de Brasil y su falta de liderazgo”, decían otros; “la UE nunca estará lista para ingresar en una etapa final de la negociación por los temores de los agricultores franceses e irlandeses” decían algunos desde este lado del Atlántico. En medio de estas declaraciones cruzadas diversas autoridades uruguayas resaltaban la importancia de esta negociación, especialmente teniendo en cuenta que en enero de este año dejó de tener validez para nuestro país el sistema de preferencias unilaterales otorgado por la UE y del cual se beneficiaban diversos sectores exportadores uruguayos, como los cítricos, la pesca y los cueros (el Sistema Generalizado de Preferencias, o SGP).Para Uruguay, señalaban desde la Presidencia de la República y la Cancillería, la finalización de esta negociación es la prioridad número uno de la escueta agenda de negociaciones comerciales del MERCOSUR. Esta declaración de importancia, además, ha sido compartida por los representantes de todos los partidos políticos y, en épocas de campaña electoral, ha sido una de las únicas coincidencias en las agendas de política exterior de oficialismo y oposición.Ante esta coincidencia de intereses, cabe preguntarse si es posible vislumbrar un futuro exitoso para una negociación iniciada más de 15 años atrás, entre quienes en ese momento eran las “promesas” del fenómeno de la integración regional.El MERCOSUR ha utilizado los pasados meses para aprontar su oferta de acceso a los mercados, que comprendería los bienes (agrícolas e industriales), los servicios y las compras públicas. Esta oferta debería contemplar las diversas sensibilidades de sus 4 socios (recordemos que Venezuela es un mero observador en este proceso), especialmente las diferencias en sus planes de desarrollo, con Uruguay y Paraguay aspirando a un mayor acceso para sus productos de exportación y una mayor captación de inversiones, a cambio de asegurar una mayor apertura y transparencia de sus mercados; y Argentina y Brasil inmersos en estrategias desarrollistas que apuestan al neo proteccionismo como herramienta para darle futuro a industrias que en la práctica parecen poco viables en condiciones de mercado y que, por tanto, comparten el interés por una mayor apertura de mercados para su oferta exportable, pero están menos dispuestos a “pagar” con la apertura y desregulación de sus propios mercados (especialmente en el sector industrial).Una oferta del MERCOSUR alcanzada en la búsqueda de equilibrios entre estas posiciones y entre los intereses (no comunes) de sus 4 miembros originales parece cercana a un milagro y, habiéndose alcanzado, como manifiestan sus Presidentes, sería la primera muestra de realismo del bloque en materia de inserción internacional en muchos años. Por su parte, la UE ha indicado en varias oportunidades que asigna gran importancia a las negociaciones con el MERCOSUR y que está dispuesta a fijar una fecha para el intercambio de ofertas de acceso a mercados. Sin embargo, desde el pasado 29 de julio, fecha del Comunicado de los Presidentes del MERCOSUR, no se ha manifestado en línea similar y no ha anunciado claramente que su oferta también está lista. Es cierto que agosto es, para Europa, lo que enero es para Uruguay y que, si intentáramos comunicarnos con los responsables de esta negociación en estos días, seguramente obtendríamos mensajes pre-grabados indicando la “ausencia de la oficina por las próximas semanas”. Aun así, la falta de una respuesta inmediata de parte de la UE nos hace preguntar si los defensores de la teoría de la confabulación no tendrán razón y si las “preocupaciones y temores de productores agrícolas comunitarios” no harán imposible que la UE cuente con una oferta final de acceso a mercados.Frente a esta fotografía a agosto de 2014: ¿qué escenarios son imaginables para el futuro de esta negociación?El escenario optimista: Este escenario consiste en una simple concretización de las declaraciones políticas de ambas partes. Es decir, además de las grandes declaraciones políticas a la prensa, en las próximas semanas ambas partes deberían estar en condiciones de anunciar una fecha creíble de intercambio de ofertas de acceso a mercados. Esa fecha, además de fijarse para la prensa y los observadores nacionales, se cumpliría y el intercambio realmente tendría lugar.Incluso en este escenario hay dos alternativas de futuro imaginables: una en la cual el intercambio es exitoso y ambas partes consideran las ofertas recibidas de la otra como “razonables” para esta etapa de la negociación y otra en la que las ofertas son consideradas como “inaceptables”. En el primero de los casos, la negociación (luego de 10 años desde el último intento de intercambiar ofertas en 2004) entraría en una etapa final y existirían posibilidades de éxito. En la segunda alternativa, una vez más, el MERCOSUR y la Unión Europea mostrarían al mundo que una negociación entre bloques regionales con intereses productivos en conflicto es imposible en la práctica.El escenario pesimista: Este escenario simplemente consiste en la no concreción de las declaraciones de interés político en la práctica de la negociación. En el mismo, del lado del MERCOSUR habría tranquilidad porque la oferta común se alcanzó y la culpa ya “no es nuestra”, mientras que del lado de la UE se esgrimirían diversos argumentos para explicar por qué un intercambio de ofertas no es viable en este momento (cambio de autoridades luego de las elecciones parlamentarias europeas, complejidad de la agenda de negociaciones comerciales que está centrada en el Acuerdo con los Estados Unidos, o incluso “desconfianza” del nivel de ambición del MERCOSUR). Sea cual sea la excusa elegida, el resultado de este escenario es claro: una vez más la negociación entre los dos bloques quedaría paralizada, a la espera de un eventual relanzamiento en el futuro lejano.Es claro que ni siquiera el escenario optimista garantiza un resultado feliz para los intereses comerciales del Uruguay. Como en cualquier negociación comercial, no existen garantías absolutas de éxito. Sin embargo, antes de finalizar este artículo, vale la pena reflexionar sobre la situación en que queda la futura inserción comercial internacional de nuestro país dependiendo del resultado de esta negociación.A la fecha, la esperanza inicial de que el MERCOSUR brindaría a Uruguay una herramienta para tener mayor peso en la escena internacional no se ha concretado. Desde su creación en 1991 el MERCOSUR ha sido incapaz de culminar una negociación con verdadero contenido comercial. Con gobiernos liberales, populistas, progresistas, desarrollistas o como quiera denominárselos, los resultados han sido los mismos: acuerdos poco profundos y que no generan oportunidades de negocios con países latinoamericanos (mucho menos significativos que los firmados por la UE y los EE.UU con esos mismos países) y acuerdos meramente declarativos con países por fuera de la región (India, Egipto, Israel, Palestina, o Sudáfrica).La única negociación comercial relevante (o negociación simplemente) que el bloque mantiene abierta es la negociación con la Unión Europea. Más de 15 años después de su lanzamiento y aún en momentos en que las desaparecidas preferencias del SGP ya no están disponibles, el MERCOSUR no ha sido capaz de abordar con realismo y solidaridad esta negociación: si Uruguay, Paraguay e incluso Brasil necesitan finalizarla, Argentina necesita mantener su mercado cerrado y esto no da espacio a la solidaridad ni al trabajo conjunto, los objetivos y las agendas de desarrollo son diferentes y chocan entre sí y nadie está dispuesto a “soltar” al vecino para que siga su propio camino. Pero esto no se debe a que la UE representa una “amenaza” especial para los productores o el gobierno argentino… Simplemente se trata de que cualquier sugerencia de negociación comercial y apertura de mercados es contraria a los objetivos de desarrollo de nuestros vecinos del Sur. No debemos confundirnos, el MERCOSUR ha sido, a la fecha, tan incapaz de negociar con la UE como lo ha sido con China, Rusia, India, Estados Unidos, Canadá o la propia Latinoamérica.Mientras tanto, el mundo avanza.Incluso aquellos que hasta hace unos años rechazaban la idea de firmar acuerdos de preferencias comerciales o de libre comercio, hoy se embarcan activamente en los mismos, porque reconocen que el escenario multilateral no dará soluciones de inserción en el futuro cercano. No se trata de abandonar las expectativas multilaterales en la OMC, simplemente se trata de puro realismo político: si todos negocian bilateral y plurilateralmente, no hacerlo significa quedar fuera del escenario internacional. Basta con analizar lo que está sucediendo en Asia y con China, en el Pacífico (incluso en la costa Pacífica de Latinoamérica), en Rusia y las ex Repúblicas Socialistas Soviéticas, entre Estados Unidos y la propia UE para entender que, hoy por hoy, TODO el mundo negocia acuerdos comerciales.En ese escenario, hay solo un pequeño rincón del mundo que aún permanece aislado y ajeno a la realidad: el MERCOSUR. Y ni siquiera es por convicción. A esta altura parece que simplemente es porque sus líderes no están dispuestos a realizar un ejercicio de sinceramiento y a reconocer que, para encontrar el desarrollo, las herramientas y objetivos no tienen por qué ser los mismos pero, al menos, el desarrollo de unos no debería venir en detrimento del desarrollo de otros.La negociación con la Unión Europea no es ya simplemente una ocasión para alcanzar el acceso a un mercado estable con mejores oportunidades de negocios para los productores del Cono Sur, esta negociación se han transformado en la prueba final de la capacidad del MERCOSUR para jugar un rol realista en el escenario internacional y un verdadero desafío para sus líderes que deberán demostrar una vez por todas que son capaces de coordinar el accionar de sus países, sin comprometer las oportunidades de desarrollo de sus pueblos. Si la integración es una herramienta de desarrollo y el MERCOSUR es necesario para nuestra inserción internacional y para nuestra propia supervivencia como país pequeño, ha llegado la hora de demostrarlo en los hechos. Théophile de Verne - Université Paris I, Panthéon-Sorbonne

    UCRANIA: ¿QUÉ ES LO QUE QUIERE RUSIA Y QUÉ ES LO QUE QUIERE EUROPA?

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    Hasta hace muy poco tiempo el presidente Petró Porochenko había decidido unilateralmente un cese al fuego en las regiones del Este de Ucrania soliviantadas por una rusofilia, mitad real y mitad inflada por el gobierno ruso, que amenaza con transformarse de un guerra interna regional en una guerra civil relativamente generalizada en buena parte del territorio ucraniano.Como es sabido, el cese al fuego no fue respetado -(fundamentalmente por los separatistas pro-rusos)- y los combates prosiguieron con variada intensidad. En estos momentos, terminado el alto el fuego, el ejército ucraniano lleva adelante una ofensiva relativamente consistente, pero cuidadosa, como para ir achicando la zona de control de los pro-rusos y acorralarlos en un espacio militarmente manejable.De cualquier manera, antes de seguir con el desarrollo de las acciones militares, conviene recalcar que una de las cosas más llamativas de este conflicto es la poca transparencia de las intenciones rusas y la total desorientación de la política de Bruselas ante la situación creada. Incomprensión de las intenciones de Rusia y cacofonía interna en la política de Europa ante el conflicto.Razones para que Europa se encuentre desorientada en el conflicto de Ucrania seguramente sobran pero algunas deben ser destacadas porque, en el fondo, son reveladoras de una crisis profunda del proyecto europeo, por lo menos en su formato tradicional. Y son reveladoras, también, de la fuerte transformación que está sufriendo la “Alianza Atlántica” en su versión pos-Guerra Fría.Pero comencemos por Rusia. La “Era Putin” que quizás podría ser designada la “Era Gazprom-Putin-Medveded” responde a una lógica bastante clara y a una estrategia de despliegue relativamente elemental. Quien se ponga a reflexionar sobre el grado de orfandad política que padeció Rusia después de la disolución de la URSS, no puede dejar de admitir que la política actual es el primer planteo, a la vez relativamente modesto y coherente, que Rusia logra articular desde su desmoronamiento como polo comunista entre 1985 y 1991.A caballo de la única herramienta que Rusia podía concretamente “vender” al mundo desarrollado, es decir la energía de los hidrocarburos manejados por su monopolio estatal -(fundamentalmente el gas)-, el otrora gran país ha dedicado más de 20 años para encontrar un proyecto medianamente viable para recomponer su imagen de país en búsqueda de algún tipo de relevancia en la arena internacional.Seguramente la tarea no ha sido fácil. El lector conoce las condiciones políticas internas de una Rusia donde reina una dictadura de excomunistas, de mafiosos y de capitalistas salvajes, sobre una población despojada de los derechos más elementales. A esa población Putin y Medveded la humillan cotidianamente pero le ofrecen la fantasía de que Rusia -(en sus baladronadas de Osetia del Sur, de Abjasia o, ahora, de Crimea)- es un país importante y relevante. Alcanza con recordar la demencia desplegada en los Juegos de Invierno de Sochi para comprender qué es lo que venden estos “dictadores gasíferos”: esencialmente espejitos para consumo de los pobres ciudadanos rusos esquilmados por mafias estatales y privadas.Es cierto que Rusia conserva, quizás, buena parte de su antiguo poderío nuclear. No tenemos informaciones serias al respecto: ni sobre su estado de mantenimiento ni sobre su eventual desarrollo. Es claro que Rusia sigue siendo dueña de un arsenal nuclear poderoso pero cuya tecnología ya tiene, seguramente, un atraso suficiente como para haberse tornado relativamente obsoleto. Por lo que queda claro que Rusia puede, aún, hacer muchísimo daño nuclear a un enemigo. Y también que, en el brevísimo lapso de tiempo que transcurriría entre el momento que ataque y el momento en el que llegue la respuesta quedará definitivamente borrada del mapa.O sea que, dadas las condiciones reales con las que Rusia se enfrentó a partir de 1991, hay que decir que la nueva Troika “Gazprom-Putin-Medveded” no ha hecho las cosas tan mal. De uno de los fracasos históricos mayores de la Historia han podido construir un país que “parece fuerte” -(vea el lector el “body language” de Putin cuando camina hacia un estrado)-, que se ha apoderado de unas cuantas regiones menores, que intenta detener el avance de Europa sobre su frontera este y que ha logrado transformarse en el abastecedor clave de gas para una parte importante de esa misma Europa. Hasta ahí ha ido Rusia. Astucia empresarial con el gas, tejido de influencias en Europa comprando líderes como Gerhard Schröder y “patoteo” en los puntos débiles de sus vecinos fronterizos de manera de ir rapiñando “espacio vital”, para usar una expresión tristemente consagrada.Veamos ahora: ¿qué ha hecho Europa mientras tanto? Tampoco se ha quedado quieta. No sólo la “naturaleza tiene horror del vacío”: la geopolítica también. Y el vacío dejado por la evaporación de la URSS, además de desencadenar un gran descalabro en Asia Central y el mundo turcomano, ha determinado que Europa prácticamente dejase de mirar hacia el Atlántico. Y la responsabilidad alemana, en esto, es realmente mayor. Desaparecida la URSS, los alemanes creyeron que ya no había enemigos. Al Oeste, EE.UU. y Europa Unida, eran sus aliados sino padrinos. Ahora, al Este, el vasto espacio dejado libre por la catástrofe soviética, no sólo estaba liberado de los enemigos de siempre: estaba “disponible” para una nueva etapa histórica en la que quizás un nuevo Reich fuese ahora realmente “inmortal”.Y, de manera muy poco prudente, Europa le dió la espalda al Atlántico y al Mediterráneo y, llevada irresponsablemente por el nuevo empuje germánico, se extendió vertiginosamente hacia el Este (descuidando de manera perfectamente frívola, por ejemplo, sus lazos con América y particularmente con América Latina, las cuales, ambas, poblaron el concepto de Occidente casi desde su nacimiento). ¡De esta manera, Europa estuvo discutiendo seria pero paradójicamente cómo se integraba a Turquía (¡¡¡!!!) a la Unión Europea antes de siquiera considerar cómo se podía comenzar a imaginar la integración de Canadá, Brasil, Argentina o estructurar algún acuerdo de envergadura con los EE.UU.!Europa con su seguidismo germánico, se encuentra ahora empantanada en Ucrania, hasta donde nunca debió llegar sin precauciones previas puesto que es un país, corroído por la más profunda corrupción, cuya vocación cultural es esencialmente eslavófila y cuyo interés por los valores occidentales se basa fundamentalmente en la esperanza de poder incorporar la noción de “salario mínimo”.Pero no solamente en esto, “Euro-Germania” se equivocó. Empujó imprudentemente la Unión Europea hacia el Este sin siquiera darse los medios militares mínimos para defender esa expansión. “La Defensa Europea”, capítulo central del proyecto bosquejado en Roma y postergado por décadas, ni siquiera registró que la nueva dirección que Alemania le imponía a Europa tenía sus relativos riesgos geopolíticos. Pero como si había riesgos, los misiles de los EE.UU. en Europa Oriental estaban para defenderla, mejor vender un relato lleno de kantismo vulgar y proclamar la superioridad de un cosmopolismo universal imaginario a pueblos y civilizaciones que yacen desde hace siglos en los particularismos, localismos, fanatismos y fundamentalismos religiosos más elementales. Y no sólo eso: “Euro-Germania” le proporcionó su excanciller a Gazprom como directivo de excelencia y se hizo la abanderada, y casi representante, de la empresa rusa en toda Europa. Ésta última, hoy, depende en más del 50% del gas de ese origen lo que le permite a Putin mirar con una leve sonrisa irónica las parrafadas pro-Kiev de Europa y las amenazas a las milicias pro-rusas. Sobre todo que, sin la menor previsión (“business is business”), las empresas europeas importantes son hoy infinitamente más dependientes del mercado ruso que las norteamericanas y el volumen del comercio entre ambos bloques es infinitamente mayor que el existente entre Rusia y los EE.UU. Por ello también sonríe Putin ante la amenaza de “sanciones europeas” (mientras se apresta a recibir 2 importantes barcos de combate ultramodernos vendidos sin el menor escrúpulo por Francia). Porque, además, en última instancia, si Europa se pone impertinente, alcanza con que gire él también hacia el Oriente para comenzar a hablar con la China.Porque, y ahora en tercer lugar, lo que no estaba en el programa de “Euro-Germania” era que los EE.UU. tienen su problema energético mucho mejor arreglado que Europa y que quizás sea posible que ya estén algo cansados de sacarle las castañas del fuego a una Europa que le dicta lecciones de derechos humanos al planeta pero muy rara vez pone un hombre en primera línea de fuego cuando se trata de enfrentar a los Putin, los Ianuchennko y demás dictadores corruptos.Todo indica que Obama ha marcado una inflexión importante en el casi permanente activismo norteamericano en el mundo de post-Guerra. Finalmente, parece que, de una vez por todas, la Guerra Fría ha terminado (aunque no ha terminado la Historia) y que la distribución del poder en la arena internacional comienza lentamente a abrirse nuevamente hacia una configuración más compleja

    LAS “PROVOCACIONES” DE RUSIA

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    En los últimos días de la semana pasada, la OTAN hizo público que por lo menos 15 aviones rusos habían sido detectados operando, sin aviso previo de ningún tipo, “en espacio aéreo europeo” y, en general, la Alianza denunciaban “un nivel inusual de actividad aérea” de parte de ese país. Aunque la denuncia era inicialmente un poco vaga, no deja de llamar la atención de que la OTAN mencionara, ya bastante mas específicamente, la presencia de aeronaves rusas en tres diferentes lugares: los países Bálticos, en el Mar del Norte y en el Mar Negro.Señala la OTAN, en este caso con mucho más precisión, que por lo menos un grupo de ocho aviones rusos ingresaron en espacio europeo sobre el Mar del Norte el miércoles 29 de octubre y que, al ser interceptados por la aviación de Noruega, seis de esas aeronaves se replegaron mientras que las dos restantes continuaron un insólito trayecto hasta el espacio aéreo portugués.Ante el análisis de este tipo de conflicto conviene recordar que la información disponible es, toda ella, de muy difícil comprobación. Debemos recordar, por ejemplo, que no tenemos información alguna sobre la realidad y/o intensidad de una eventual “contra-actividad” aérea de la aviación de los países de la OTAN sobre territorios o el espacio aéreo ruso. Esa es una información que nos resulta muy difícil de obtener por dos razones. En primer lugar porque la OTAN no habrá de proporcionarla y, en segundo término, porque cualquier fuente de prensa rusa que se pronuncie en la materia es radicalmente no confiable dadas las conocidas restricciones a la libertad de prensa que reinan en dicho país.Pero, en todo caso, lo que la prensa occidental reporta no es un simple error de navegación ni una mera escaramuza aislada. En realidad, todo esto se inserta en una lenta estrategia que podríamos llamar “de provocación” que, aunque Rusia siempre mantuvo en operación a niveles mucho más discretos, en los últimos tiempos parece haberse tornado más agresiva. Este incremento de las incursiones irregulares rusas puede ser relacionado a muchas razones.Pero, en cualquier caso, es necesario centrarnos en una primordial y evidente explicación. Muy buena parte del “mal humor” creciente de Rusia está vinculado a una clara violación del compromiso establecido a fines de la década de los 80, entre la OTAN y los EE.UU, en el sentido de que la OTAN no se “extendería” hacia el Este de Europa Central. Conviene detenerse un instante en ello porque el tema constituye, aún hoy, el telón de fondo de conflictos como el de Georgia y el de Ucrania. Y seguramente de otros que han de venir.Cuando la URSS estaba en su etapa de agonía, Gorbachov confió en lo que decían James Baker y los EE.UU.: en términos muy resumidos, la OTAN no se desplazaría un milímetro hacia el Este, aunque cayese el Muro de Berlín. En ese momento Gorbachov advirtió que “…cualquier extensión de la zona de influencia de la OTAN sería inaceptable para nosotros”. “Estoy de acuerdo”, replicó Baker.Este acuerdo, por cierto histórico, nunca pasó de ser verbal. Entre otras cosas porque la mayoría de los analistas e historiadores de entonces estuvieron de acuerdo en que la OTAN estaba esencialmente caduca y mal adaptada a las realidades del mundo de la post Guerra Fría que estaba desplegándose. Es más, todavía algunos años más tarde, el Consejero de Seguridad de Bush, Brent Scowcroft, y también el Secretario de Defensa de Bill Clinton, reiteraron esa postura y también estuvieron de acuerdo en que la OTAN era algo que pertenecía más al pasado que al nuevo presente de cooperación con Rusia y el Asia, que parecía viable.Hacia 1994, ya aquel contrato verbal inicial comenzaba a ser mirado, simultáneamente, con avidez y recelo por algunos de los sectores más agresivos de los partidos norteamericanos. El cambio de la política exterior norteamericana tomó la forma de una conocida publicación: “Not Whether but When: The US Decision to Enlarge NATO” que el entonces Profesor de American y George Washington University, James Goldgeier, publicara en 1999.Muchos piensan que, como tantos internacionalistas de Washington, Goldgeier no hacía otra cosa que vestir con ropajes académicos más púdicos cambios en la política exterior de los EE.UU. relativamente audaces y arriesgados. No sería raro que hubiese sido efectivamente el caso. No puede ser mera casualidad que, hacia fines de 1997, el acuerdo verbal Gorbachov-Baker-Bush era una promesa semi-perdida en el olvido y, nada menos que Hungría, Polonia y la República Checa, eran aceptados en la OTAN. Para rematar, en 2004, los antiguos países satélites soviéticos Lituania, Letonia y Estonia eran admitidos en la Alianza y, cinco años después, Croacia y Albania se unían a la OTAN.Es en parte por ello que nadie puede sorprenderse mucho que “el mal humor” ruso haya ido in crescendo. Durante el año pasado la OTAN había registrado una treintena de incidentes como los reportados pero, en lo que va de este año, el número de apariciones extemporáneas de la Fuerza Aérea rusa se eleva ya a un centenar.Conviene recordar también que, hace dos semanas y en el mismo orden de cosas, la marina sueca estuvo en un alto estado de alerta por la supuesta presencia de actividades submarinas directamente frente a la capital, Estocolmo. Fue el Ministerio de Defensa de aquel país que denunció el viernes 17 de octubre el descubrimiento de una operación submarina que se estaría desarrollando en el archipiélago de Estocolmo. Naturalmente todos los analistas pensaron en Rusia ya que, precisamente, la presencia constante de aeronaves de ese país, cerca o dentro del espacio aéreo sueco, funcionaba casi como “prueba” de la reiteración de las provocaciones rusas. Aunque inicialmente la marina sueca declaró disponer de informaciones confiables de tres testigos sobre la presencia de un submarino, lo cierto es que, finalmente, Suecia no insistió con sus denuncias. El asunto desapareció de la prensa y tema clausurado.Detrás de este conflicto larvado, en el cual Rusia acusa con razón a la OTAN, y en realidad a los EE.UU. y a Europa, de no haber cumplido con la palabra empeñada en aquellos aciagos años del desmoronamiento de la URSS, hay sin embargo algunos elementos no explicitados que explican el derrotero posterior de los acontecimientos.Estos elementos son que, esencialmente, los EE.UU. , Europa y, en definitiva la OTAN, cumplieron durante un período prudencial con su palabra de no modificar, contra los intereses rusos, el equilibrio militar en Europa. Pero lo que Putin no quiere entender es que si, entre fines de la década de los 80 y fines de los 90, Occidente mantuvo bastante prolijamente la política acordada, las realidades políticas y económicas en los países que estaban anteriormente en la órbita soviética cambiaron radicalmente.Si Hungría, Polonia, la República Checa, Lituania, Letonia, Estonia, Croacia y Albania se unieron a la OTAN entre 1997 y 2009, y si, además, la Unión Europea tiene, hasta la fecha, una verdadera “cola” de países que pretenden ingresar en dicha Unión, ¿será esto “una maniobra imperialista” como pretenden hacer creer Rusia y sus más pasmados aplaudidores o, más razonablemente, ello es, simple y sencillamente, la prueba flagrante del absoluto fracaso y la total incapacidad de Rusia de ofrecer un “partnership” mínimamente atractivo a los países que la rodean? A parte de Bielorrusia -(cuya población nunca sabremos hasta donde fue lealmente escuchada)- ¿qué país de esa vasta región del planeta -( dentro de poco, esto mismo se planteará incluso en países del Asia Central)- está dispuesto hoy a desperdiciar la doble oportunidad de quedar política y militarmente protegido por la OTAN y de lograr el acceso a las economías europea y norteamericana? Sólo la ancestral incapacidad rusa de concebir la relación con su entorno geo-político en términos de cooperación y su obtusa insistencia en conducirse por la vía de la imposición imperial, pueden explicar semejante fracaso.Y en ese fracaso ruso estamos pero ahora concretamente centrado en el caso ucraniano. Y, nuevamente, la persistencia de las incursiones de aviones rusos trae el tema al centro de la atención internacional. El despliegue de aviones sobre espacio aéreo europeo, sin dar aviso a las autoridades internacionales de aviación civil, refleja la voluntad rusa de mantener la tensión con los países de la OTAN y ello mientras alimenta simultáneamente “guerras vecinales” en los confines de los países que se le alejan inexorablemente. Hoy el conflicto con Ucrania figura, bastante artificialmente, contenido por una frágil tregua establecida desde el 5 de septiembre. Fuentes aliadas interpretan los mencionados movimientos aeronáuticos como un intento de Moscú de poner a prueba a la Alianza Atlántica y, al mismo tiempo, de demostrar que tiene “capacidades militares”, a aquellos escasos sectores rusófilos que están dispuestos a seguir soñando con un antiguo “imperio soviético” que pretende conservarse a la sombra de herrumbradas estatuas de Lenin.Si nos limitamos al tema de Ucrania, nótese que este país -(o al menos una muy amplia parte de él)- acaba de ir a elecciones. Como resultado de dichas elecciones el partido comunista y los partidos pro-rusos prácticamente desaparecieron del escenario político. Al mismo tiempo que reconocía esos resultados, Rusia anunciaba que reconocería también los resultados de las elecciones que los independentistas pro-rusos del Este ucraniano van a realizar el fin de semana y cuyos resultados desembocarán en el intento de imponer algún formato de una nueva partición de Ucrania.Ante ello, los EE.UU no se han pronunciado, pero Bruselas reaccionó inmediatamente lamentando esa decisión y urgiendo al Kremlin a atenerse a los acuerdos de alto el fuego firmados el 5 de septiembre, que excluían la legitimidad de elecciones -(salvo las locales)- en esa región. En consecuencia, y adelantándose a los acontecimientos, la Unión Europea reafirmó las sanciones económicas contra Rusia que fuesen oportunamente aprobadas en el mes de julio primero y, luego, ampliadas en septiembre.Aunque en las reuniones recientes de la Unión Europea no se han aprobado nuevas sanciones, su sólo mantenimiento parece servir de excusa a Rusia para escalar el nivel de sus “provocaciones”. Los países europeos insisten con el mantenimiento de las sanciones -(aún considerando que los EE.UU. están en una postura mucho más dura en materia de sanciones)- porque entienden que la conducta de los grupos pro-rusos operativos en el Este de Ucrania, y la de las propias fuerzas armadas rusas en la frontera ucraniana, no está cumpliendo con los acuerdos que regulan un más que hipotético “alto al fuego”. En función de ello los europeos advirtieron que no descartan un endurecimiento de las sanciones contra Rusia de no aclararse la permanente ambigüedad de este país en el conflicto en buena medida por él creado. Rusia que ha sido totalmente incapaz de convencer realmente a la población ucraniana que su futuro está del lado de Rusia. Hoy, aplastantemente, Ucrania ha elegido Occidente.Resulta evidente que la agresividad rusa -(que, debe advertirse, es sobretodo verbal porque el poderío militar ruso nunca se recuperó realmente de la implosión de la Unión Soviética)- no cejará y continuará de bravuconada en bravuconada. Y, en buena medida, porque Occidente y la OTAN han arrinconado a Putin -(cuyas luces y virtudes políticas no son demasiado evidentes)- a jugar de “Macho Alfa” de la escena internacional sin tener nada realmente sustantivo que ofrecer a cambio a algún país vecino por su cercanía con Rusia.De cualquier manera hay cosas prácticas que arreglar, efectivamente, ahora. El viernes 31 de octubre en la madrugada, Ucrania, Rusia y la Unión Europea declararon haber llegado a un acuerdo sobre dos temas concretos. El pago de la deuda atrasada que Ucrania mantiene con Gazprom por sus consumos pasados de gas -(que se pagará en dos tramos aparentemente ya bien definidos)- y un segundo acuerdo relativo a un precio futuro para el gas y los volúmenes que Ucrania requiera de ahora en adelante de la empresa energética rusa.Cabe apostar que es muy probable que tampoco este acuerdo dure mucho y, si dura, no irá más allá de marzo 2015. Dado que el precio de los hidrocarburos se desploma rápidamente en el mercado internacional y que Rusia tiene cada vez más dificultades para mantener una economía enclenque que descansa, en un porcentaje altísimo, en la exportación de hidrocarburos, su poder de negociación internacional parece cada vez más volátil

    Publicaciones

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    Esta semana Letras Internacionales presenta el siguiente material:En primer lugar, reseñamos en el link a continuación el listado completo de las Tesis de Grado producidas por los estudiantes que han culminado la carrera de Estudios Internacionales en la Universidad ORT. Vea más información sobre las Tesis aquí.En segundo lugar, un listado actualizado de las Publicaciones del Departamento de Estudios Internacionales las cuales puede visualizar aquí.En tercer lugar, a continuación destacamos algunas de  las obras que nuestra biblioteca incorporó recientemente en relación a las áreas de interés de la carrera:*Imperfect institutions. Possibilities and limits of reform / T. Eggertsson Ficha Bibliográfica*Redesigning social enquiry : fuzzy sets and beyond / Charles C. Ragin Ficha Bibliográfica*Del espíritu / Claude-Adrien Helvétius Ficha Bibliográfica*Faut-il sauver le libéralisme? / Nicolas Tenzer, Monique Canto-Sperber Ficha Bibliográfic

    ARGENTINA: PAPELÓN EN LA ONU

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    “Con este gobierno pasamos de vender soja a exportar el ridículo˝ fue la lapidaria frase que pronunció el diputado argentino Martín Loustaeu, cuando empezaron a llegar a Buenos Aires las noticias sobre el discurso espetado por Cristina Fernández de Kirchner ante la 69ava. Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York y en la Sesión de Alto Nivel convocada por los EE.UU. en Consejo de Seguridad.El mundo de los analistas internacionales está ya acostumbrado a mirar con cierto recelo (cuando no con asombro o ironía) las performances discursivas de algunos mandatarios por lo que, las reacciones adversas, más marcadas por la vergüenza que por la cólera, que inundaron la prensa argentina no son del todo justificadas. Hace tiempo que los más folklóricos jefes de gobierno han optado por “discursear” sin ton ni son en la ONU en la esperanza de poder convocar desde esa privilegiada palestra la atención que no logran concitar en sus respectivas gestiones políticas. Este caso fue sólo un poco más grave que el de alguno de sus antecesores dado que la Presidenta hizo coincidir su discurso con la aparición de un suplemento pago de “USA Today”, (diario de altísimo tiraje en los EE.UU.), donde, entre abundantes fotos de ella misma, se cantan loas a la figura presidencial, a los principales funcionarios y a una gestión que ha llevado a la Argentina a una más de sus interminables crisis.O sea que, bien mirado, el incidente resulta bastante intrascendente desde la perspectiva del mundo. Los lectores de “USA Today” no saben dónde queda la Argentina, aunque como buenos ciudadanos norteamericanos se han de preguntar quién pagaba el exorbitante costo de esa insólita publicidad. En cuanto al mundo de la política internacional, analistas y especialistas, etc. éstos saben perfectamente quién es Cristina Kirchner, están habituados a sus reiterados dislates, saben de la corrupción que carcome a su gobierno desde la Presidencia hacia abajo, de los reiterados avasallamientos del Poder Judicial y tampoco han olvidado ni la explosión del patrimonio de la Presidenta ni las valijas con dólares intercambiadas con Venezuela, para no nombrar otros quince escándalos más que no merece el lector que le sean recordados.La argumentación presidencial argentina es prescindible pero debe al menos ser consignada. Cristina Kirchner pretendió invocar a la protección de la ONU para salvaguardar a la Argentina del “terrorismo financiero” de los “fondos buitres”. Pidió un “marco regulatorio” que debería ser aprobado antes de la Asamblea del próximo año. Más allá del problema de fondo (que en un marco de discusión sensato puede tener relevancia), el discurso presidencial se preocupó por agredir explícitamente a los EE.UU. e implícitamente a las “potencias”.En el primer caso, se sospecha que la Presidenta argentina le reprocha al presidente Obama no haber violado la autonomía del Poder Judicial de su propio país y no haberle enmendado la plana al juez del distrito sur de Nueva York, Thomas Griesa, y a la Suprema Corte. Le cuesta comprender que los atropellos a la Justicia son usuales en la Argentina pero no lo son en buena parte del mundo.Indirectamente, la referencia a las “potencias” terminó aclarándose a posteriori cuando el canciller Timmerman y el Jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, acusaron al gobierno de Merkel y a Alemania de tomar “decisiones contra los intereses populares” refiriéndose a declaraciones, ya algo viejas, del ministro alemán de Finanzas, Wolgang Schäuble.La referencia al “terrorismo financiero” fue, por otra parte, el pobre mecanismo que la limitada capacidad retórica de la Presidencia argentina encontró para articular sus “quejas” en el marco de la discusión sustantiva que era sobre el desborde del terrorismo en Medio Oriente y otras partes del mundo. A todo esto se agregaron referencias críticas a la política que pretende desplegar Occidente frente al terrorismo islámico que rozaron la defensa del terrorismo de ISIS, juicios claramente inapropiados sobre la cercanía manifestada entre el gobierno argentino y la teocracia iraní en el caso del protocolo relativo al atentado cometido por este último gobierno contra la AMIA, etc.En consecuencia, los múltiples países y mandatarios agredidos en el descabellado discurso en su aplastante mayoría han optado por el más despectivo silencio. En el mundo “en serio”, Cristina Kirchner, y por lo tanto la Argentina, hace tiempo que no cuentan, y un periódico de Buenos Aires anota que la “…única reacción conocida a la diatriba presidencial fue el agradecimiento que le deparó Obama: muchas gracias, su excelencia”. Fue tal la furia de la Presidenta frente el notorio “ninguneo” a sus agresiones que, ante la duda que cundió posteriormente de si Obama había oído la traducción al inglés de su discurso, ella incluyó al día siguiente en su Twitter fotos para “demostrar” que el Presidente de los EE.UU. tenía, efectivamente, los auriculares puestos cuando ella hablaba.Pero quizás el tema tenga un poco más de trascendencia en la política interna donde, en el marco de un descalabro financiero ya bastante significativo, y con una erosión de imagen que empieza preocupar al argentino medio sobre el futuro gobierno que Cristina seguramente no podrá ocupar, este incidente ha significado un llamado de alerta. Al preexistente clima de “crisis” financiera que reinaba, con este discurso que agredió a sectores internos importantes y avergonzó notoriamente a la opinión pública, la Presidenta quedó políticamente más desnuda que nunca.Los efectos internos del discurso y de los actos políticos realizados por la Presidenta en el conjunto de su gira han sido múltiples.En primer lugar conviene recordar que la retórica pro-iraní ha desatado las furias de la comunidad judía argentina que nunca ha terminado de digerir (y con más que justificables razones) las permanentes ambigüedades de los gobiernos peronistas con el caso AMIA. La diputada Patricia Bullrich, del partido Unión-Pro, fue la primera en acusar al discurso de la Presidenta de “falso”, “ignorante” y, sobretodo, “antisemita”.Pero quizás lo que más ha molestado en la Argentina (país donde la Iglesia Católica ha sido siempre poderosa) fue la escandalosa intentona de utilizar al Papa como supuesto acompañante de las posiciones políticas del régimen kirchnerista.Es cierto que el Pontífice tuvo la indulgencia de invitarla a comer inmediatamente antes de la aparición de la Presidenta en Nueva York. Pero las dudas fueron enormes (y las acusaciones de utilización política improcedente, estruendosas) cuando la Presidenta hizo pesar constantemente en sus intervenciones un supuesto apoyo que hubiese sido otorgado por el Vaticano en ocasión de la estadía con el Pontífice.Todo argentino informado sabe que el Papa Francisco se ha pronunciado reiteradamente contra las atrocidades del ISIS y, particularmente, contra las ejecuciones masivas de cristianos y que, en un acto de gran valentía para un Pontífice, llegó a manifestar un virtual respaldo a las acciones militares contra los yihadistas de ISIS, las mismas acciones militares que la Presidenta le critica a los EE.UU. y a Occidente.En todo caso, mientras todo esto acontecía en una arena internacional en la cual la Argentina no solamente está aislada sino que, además, hace sistemáticamente lo imposible para permanecer definitivamente excluida, la economía argentina seguía dando síntomas cada vez más fuertes de agotamiento. Con una brecha entre el precio “oficial” del dólar y el precio real de la divisa que llegó a casi 100%, con un dato de crecimiento nulo en el último trimestre (que todos los argentinos saben fue dibujado a dedo por el INDEC porque, de haber sido negativo, la Argentina entraba técnicamente en recesión) y con una inflación ya totalmente fuera de control, la población argentina sabe que todos los exabruptos de su Presidenta sólo son las últimas boqueadas de un régimen condenado a la desaparición

    Varios

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    Llamados internacionalesSe encuentra abierto el llamado al programa de intercambio "SUSI 2015 for Scholars and Secondary School Educators" a desarrollarse en Estados Unidos en junio/julio 2015.Se ofrecen 7 institutos para profesores universitarios y de secundaria en temas diversos. Los mismos serán ofrecidos en inglés.La fecha límite para enviar postulaciones es el 08 de diciembre de 2014.Vea mayor información y el formulario aquí Se encuentra abierta la convocatoria a Becas de Excelencia del Gobierno de Suiza.Para Uruguay se ofrecen becas para realización de PhD, Postdoctorado y estancias de un año de investigación para Masters o formación equivalente.La fecha límite de postulación es el 30 de noviembre 2014.Vea mayor información aquí (elegir "Uruguay" en el menú desplegable "country of origin") The McGill Institute for the Study of Canada (MISC) is currently accepting applications for the Eakin Visiting Fellowship in Canadian Studies at McGill University for the Fall 2014 and Winter 2015 terms. The Fellowship is awarded to scholars of all rank and discipline whose research focus on some aspect of Canada.Vea las bases aqu

    EL DERECHO DE GENTES UNA RELECTURA CRÍTICA - Parte II*

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    1 El "Derecho de Gentes"“In structure, motivation, and detail, there is nothing quite like it. In my view, is destined to become a central text in the international political theory”Charles Beitz (1999)Vistos en la anterior entrega los aspectos centrales de la teoría que revolucionó el pensamiento liberal, es fácilmente apreciable un trasfondo universalista de inspiración kantiana explícitamente asumido por el propio Rawls. Sin embargo, las “variantes” que el autor introdujo a lo largo de su carrera significaron un lento pero marcado desprendimiento del universalismo moral. El intenso debate que mantuvo con los comunitaristas tras la aparición de A Theory of Justice dio como resultado una modificación sustancial del pensamiento del autor, que poco a poco internalizó algunas de las críticas realizadas desde esta corriente de pensamiento. No es objeto del presente trabajo las razones o la dimensión de tales cambios – que pueden verse plasmados en Political Liberalism – , aunque representan una referencia obligada, dado que, en cierta medida, son premonitorios de lo que sucederá en 1999 con la publicación de The Law of Peoples, donde esta “contaminación” comunitarista se traduce en un claro acercamiento al realismo político.Sin lugar a dudas, este “último”1 Rawls ha sido el más criticado y sus postulados han propiciado una interesante polémica. Sus obras anteriores habían generado particular expectativa en una posible aplicación de su teoría de la justicia en el ámbito internacional. Sin embargo, cuando la obra fue publicada, las reacciones fueron de decepción y confusión. Rawls sorprendió a sus lectores y defensores con una teoría más cercana al realismo político que a cualquier otra corriente política y filosófica, dejando de lado la inspiración distributiva e igualitaria que lo caracterizaba y la intención cosmopolita que algunos dedujeron (Martin & Reidy, 2006)2.A modo de breve definición, debemos decir que el Derecho de Gentes no es otra cosa que el intento de crear una teoría normativa de las relaciones internaciones, cuyo objetivo central es diseñar un sistema internacional justo y pacífico, del cual sean erradicados los peores males, causados, en su mayoría, por la injusticia política. En él, Rawls arguye que una vez que dichas injusticias sean eliminadas siguiendo políticas sociales justas, y estableciendo instituciones básicas igualmente justas, estos males finalmente desaparecerán.La preocupación de Rawls por la guerra – y también, por ende, por la paz – poco tiene de novedoso en la historia de las relaciones internacionales, teniendo en cuenta que desde siempre ha sido una herramienta de la política exterior de los Estados y constituido uno de los principales flagelos para la humanidad en su conjunto. Sin embargo, lo novedoso no es su preocupación por erradicar lo que llamará las “guerras injustas”, sino la forma en que pretende hacerlo.Cuando en las primeras páginas del Derecho de Gentes, el autor declara que “the crucial fact for the problem of war is that constitutional democratic societies do no go to war with one another” (1999,8), no sólo nos está revelando su profunda convicción en favor de la democracia constitucional como promotora de un relacionamiento pacífico con sus pares, sino que establece, además, uno de los principales aspectos de su teoría. Con clara inspiración en el ideal kantiano de “La Paz Perpetua”, y en consonancia con lo que llamará además la ley de Doyle, el autor se inscribe en lo que se conoce comúnmente como la “tesis de la paz democrática” y que es considerada como lo más cercano a una relación empírica en las relaciones internacionales3.Así, Rawls apela nuevamente al contrato social como forma de construir un nuevo Sistema Internacional, pero con una diferencia que pocos hubieran imaginado. Los individuos no serán ya (como tales) los integrantes de la posición original, sino que este lugar será ocupado ahora por representantes de los pueblos4.La concesión que realiza Rawls en este punto no es irrelevante. Mientras en su teoría de la justicia realiza una encendida argumentación en contra de la arbitrariedad moral, llegando a considerar que una sociedad justa debe tender a neutralizar en los individuos las consecuencias de circunstancias de las que no son moralmente responsables, ahora, el autor reconoce que para la consecución de la justicia en el ámbito internacional no es posible ni deseable la eliminación de las fronteras estatales a la hora de establecer los principios que regirán a la sociedad internacional. Dicho de otra forma, la arbitrariedad moral de nacer dentro de las fronteras de un Estado no democrático no es algo que una teoría de la justicia global deba tener en cuenta. Por el contario, el respeto por las fronteras políticas y su influencia en las relaciones de poder será un rasgo característico del Derecho de Gentes.1.1 El contractualismo en el Derecho de GentesLa estrategia contractualista que Rawls se plantea para diseñar su teoría presenta algunas dificultades adicionales, dado que es necesaria la existencia de tres posiciones originales diferenciadas. La primera es la que se produce dentro de las fronteras del Estado y los participantes son los ciudadanos que acuerdan los principios de justicia que regirán a dicha sociedad. La segunda, que plasma la inspiración kantiana antes mencionada, es protagonizada por representantes de los pueblos democráticos5 que negociarán las normas básicas para guiar su política exterior. En la tercera y última, los pueblos “decentes no liberales”, como los llama Rawls, se sumarán a las democracias liberales en la búsqueda de normas que todos puedan respetar sin seguir ninguna concepción comprensiva del bien (Berenstein, 2011).Thomas Pogge es particularmente crítico de esta idea, teniendo en cuenta que Rawls deja afuera de la instancia contractual a una gran cantidad de Estados integrantes del sistema.“La representación se garantiza selectivamente sólo a aquellos pueblos que están bien-ordenados por tener un orden institucional doméstico liberal o decente, mientras que los restantes (“Estados proscritos”, “sociedades menos favorecidas”, y “absolutismos benevolentes”) no son aceptados como iguales y por lo tanto se les niega igual respeto y tolerancia” (2004, 28).Pero las diferencias no son apreciables únicamente en la posición original, sino también en el velo de ignorancia – sustancialmente más delgado – que Rawls le impone a las partes contratantes.“They do not know, for example, the size of the territory, or the population, or the relative strength of the people whose fundamental interests they represent. Though they do know that reasonably favorable conditions obtain that make constitutional democracy possible – since they know they represent liberal societies – they do not know the extent of their natural resources or the level of their economic development, or other such information” (Rawls, 1999, 32-33).La misión de los representantes reunidos en la posición original internacional difiere radicalmente de la doméstica, como bien apunta nuevamente Pogge:“Su función no es, como se podría esperar, el lograr un acuerdo sobre los criterios públicos para la valoración, diseño y reforma del orden global institucional, sino acordar un conjunto de normas de buena conducta que los pueblos en cooperación deben obedecer (y esperar que sean recíprocamente obedecidos)” (2004, 29).Esta apreciación es, quizá, una de las más recurrentes críticas a la propuesta rawlsiana, que se conforma con establecer normas que encaucen el comportamiento de los Estados por un camino donde las guerras sean justas y su utilización estrictamente regulada y donde exista la posibilidad de sancionar a quienes incumplan un especie de código moral internacional que el autor diseñará a través del la creación de una particular doctrina de los derechos humanos.Así, quienes se inspiraron en Rawls para el diseño de impuestos redistributivos a nivel global, que neutralizaran la arbitrariedad moral y sus consecuencias, deberán ahora conformarse con la mera mención de un deber de ayuda que los Estados tienen con los menos favorecidos y que poco difiere con lo que hoy conocemos como cooperación internacional, ayuda para el desarrollo o ayuda humanitaria.Para Rawls, las normas que regirán al sistema internacional luego de la negociación de las partes en las sucesivas posiciones originales serían las siguientes:1) Los pueblos son libres e independientes y su libertad e independencia debe ser respetada por otros pueblos; 2) Los pueblos tienen que cumplir los tratados y las obligaciones a las que se comprometen; 3) Los pueblos son iguales y tienen que ser partes de aquellos acuerdos que los comprometen; 4) Los pueblos tienen que respetar una obligación de no-intervención; 5) Los pueblos tienen un derecho a autodefensa, pero ningún derecho a iniciar guerras por otra razón que la autodefensa; 6) Los pueblos tienen que respetar los derechos humanos; 7) Los pueblos tienen que cumplir ciertas restricciones especificadas en la conducta de guerra; 8) Los pueblos tienen una obligación de asistir a otros pueblos que viven bajo condiciones no-favorables que les impiden tener un orden político y social justo o decente (Rawls, 1999, 37).1.2 Del universalismo moral al realismo políticoPor otra parte, vale destacar que, a pesar incluso de no haber cubierto las expectativas igualitaristas puestas en el Derecho de Gentes, la obra de Rawls no perdió por ello su afán por generar una teoría totalizadora de las relaciones internacionales. La complejidad de su estructura, sin embargo, y el horizonte del alcance de su ideal de justicia, no pueden ser comparados con su predecesora Teoría de la Justicia. Mientras en esta última Rawls pretendía construir los cimientos de una sociedad “justa”, capaz incluso de neutralizar aspectos morales tanto como las consecuencias de la lotería natural, el Derecho de Gentes pretende simplemente conseguir, mediante los principios antes mencionados, la escasa noción de “decencia” en el comportamiento de los Estados en su relacionamiento.Aquel Rawls que había rehuido a la herencia hobbesiana en su Teoría de la Justicia para refugiarse en el universalismo moral kantiano, desecha ahora la idea de libertad como autonomía individual y renuncia asimismo al imperativo categórico en pos de de la “decencia”, concepto que se asemeja a la idea de “estabilidad” propuesta por Hobbes en su Leviatán, cuando éste exploraba mecanismos en su búsqueda de la paz dentro de las fronteras del Estado.Este peregrinaje de Rawls hacia el campo de juego “realista”, desechando explícitamente objetivos más profundos en el relacionamiento interestatal e intentando adaptar su teoría a la complejidad de las relaciones de poder existentes, no significa sin embargo que el autor haya dejado de lado toda pretensión igualitarista. Por el contrario, encontramos en el Derecho de Gentes lo que podría calificarse como una concepción hobbesiana de la igualdad, según la cual los Estados no serán iguales en sus recursos, capacidad bélica, etc., sino en su condición de “insubordinados” frente un sistema incapaz de fijar normas de conducta igualmente válidas para todos, situación que los empuja a hacer uso de un cálculo estrictamente racional en el manejo de la política exterior. De hecho, es más importante para Rawls la erradicación de la guerra que las limitaciones a la libertad de conciencia que se puedan implementar en el seno de cualquier sociedad integrante del sistema6.En tal caso, si asumiéramos como nuestras las interpretaciones de la obra de Hobbes realizadas desde el campo internacional, podríamos decir que en la etapa pre contractual, los Estados estarían sometidos a una suerte de igualdad impuesta por la lógica anárquica del Sistema Internacional – entendida como ausencia de autoridad soberana –, mediante la cual todos y cada uno serían capaces de actuar según su parecer, teniendo incluso la libertad de emprender cualquier enfrentamiento bélico sea cual fuere su motivación. Más aun, la situación posterior al contrato iguala nuevamente a las partes mediante la aplicación de principios de comportamiento por lo que, en caso de no obedecerlos, los Estados se arriesgan a la imposición de sanciones preestablecidas.Finalmente, es pertinente realizar una última consideración con respecto a la idea de “decencia” manejada por Rawls y que constituye un factor central en su ideal de justicia en el ámbito internacional. Dejando de lado (momentáneamente) las complejidades que dicha noción encierra tanto como el cúmulo de consideraciones que sobre ellas se han hecho, podríamos decir que, para el autor, decencia es sinónimo de respeto por los derechos humanos. A grandes rasgos, su Sistema Internacional “ideal” se circunscribe a promover una determinada concepción de los derechos humanos que se desempeñe como un límite a la tolerancia de la pluralidad en las relaciones internacionales.Decimos por tanto, y en línea con lo antes expuesto, que la teoría contractualista de Rawls tiene como objetivo principal la búsqueda de estabilidad o, lo que es lo mismo, el encarrilamiento de las relaciones internacionales por un camino exento de excesos y que se desarrolle en un ámbito de tolerancia, sí, pero limitada por el estricto cumplimiento de unos principios que se erigen en torno a la ya mencionada concepción de los derechos humanos.Al considerar la decencia como piedra angular de su teoría, Rawls no hace más que confirmar que, a pesar de llamarle “ideal de justicia”, la decencia no puede ser entendida más que como un mero llamado a la estabilidad, un llamado, de alguna forma, a la conformación de un mundo donde la guerra sea limitada y los excesos duramente penalizados. De ninguna manera, sin embargo, se encarga de cuestiones como el ingreso, la discriminación o la igualdad de oportunidades. 1 - Habitualmente se habla de un primer (A Theory of Justice) y un segundo (Political Liberalism en adelante) Rawls. Sin embargo, en The Law of Peoples podríamos hablar incluso de un tercer Rawls, por las diferencias sustanciales que esta obra marca en comparación con su producción anterior.2 -“The Law of Peoples has attracted so much attention is that it did not meet the already well-developed expectations or predictions of many careful readers of Rawls’s earlier works. In the latter half of his seminal 1979 book, Political Theory and International Relations, Charles Beitz drew on Rawls’s domestic theory of justice to develop what he regarded as a Rawlsian liberal cosmopolitanism, one with radical implications, especially with respect to global economic justice. Thomas Pogge’s influential 1989 book, Realizing Rawls, unfolds in its final chapters in a similar spirit.” (Martin & Reidy, 2006, 7).3 - En “La Paz Perpetua”, publicada en 1795, el filósofo prusiano considera que la creación de una sociedad de Estados independientes, un “fedous pacificum”, constituye una condición indispensable para la erradicación de la guerra como herramienta de la política exterior de los Estados. Para Kant, los Estados republicanos tienen en su constitución una razón de peso para evitar ir a la guerra, dado que esa decisión, según él, solo pueden tomarla gobernantes que no sufran sus consecuencias. El Gobernante de una República, por el contrario, debe legislar tomándose a sí mismo como objeto de las leyes que promulga, o sea, como un ciudadano más. Al respecto Rawls dice: “When that happens, as I believe, following Kant, it will, the society of these peoples will form a group of satisfied peoples. As I shall maintain, in view of their fundamental interests being satisfied, they will have no reason to go to war with one another”(Rawls, 1999, 19).4 - Nótese que Rawls no habla de Estados sino de “pueblos”. Esto tiene su justificación en que, como mencionáramos anteriormente, el autor pretende desarrollar una nueva concepción de la soberanía. “Another reason I use term ‘peoples’ is to distinguish my thinking from that about political states as traditionally conceived, with their powers of sovereignty included in the (positive) international law for the three centuries after the Thirty Years’ War (1618-1648)” (1999, 25).5 - Sin lugar a dudas, el término “pueblos democráticos” – o liberales, como también los llama Rawls – representa una forja terminológica un tanto problemática. Ya hemos hecho referencia a las razones que llevan al autor a hablar de pueblos en lugar de estados, pero es necesario advertir que a lo largo del Derecho de Gentes, la palabra “pueblos” no solo es una denominación sustituta para las entidades soberanas, sino también un estrategia para evitar las cuestiones que respectan a los individuos despojados de su traje de integrantes de un determinado grupo social.6 -Vale destacar que en su Teoría de la Justicia, Rawls rechaza justamente el aporte de Hobbes a la teoría del contrato social por su inclinación a pensar a los hombres (entendidos como las partes contratantes) como tendientes a la cooperación y mutuamente desinteresados o, lo que es lo mismo, perseguidores de su propio interés desconociendo el de los demás. *Este artículo fue presentado en la 4° sesión el Seminario Interno de Discusión Teórica 2014, organizado por el Departamento de Estudios Internacionales de la Universidad ORT Uruguay.Andrés Riva Casas es estudiante de la Licenciatura en Estudios Internacionales

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