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    UNA "ALIANZA" POCO CONVINCENTE

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    “Vamos a debilitar e, in fine a destruir al Estado Islámico (…) como lo hicimos con Al-Qaeda” dijo un no muy entusiasta Obama en su conferencia de prensa de cierre de la reunión el viernes pasado. El esfuerzo de los EE.UU. y el de algunos otros aliados europeos relativamente entusiastas había finalmente logrado con algunas dificultades que se aprobase, en la reunión que se llevó a cabo los días 4 y 5 de la semana pasada en la ciudad de Newport, Gales, la conformación de una “Alianza básica” (core coalition) destinada a enfrentar el vertiginoso desafío que está construyendo el llamado “Estado Islámico” o “Califato” (EI o ISIS por sus siglas en inglés) en Medio Oriente entre Siria e Irak.Desde una perspectiva mediática, el anuncio del nacimiento de esta “Alianza” que reúne por ahora a los EE.UU., el Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Polonia, Dinamarca, Canadá, Australia y a Turquía no dejó de preocupar a algunos. Y ello al menos por dos razones.En primer lugar, es imposible que el anuncio no haga recordar a los analistas a aquella otra “Alianza” anunciada en el año 2003 por Georges W. Bush para acompañar su desastrosa invasión a Irak al frente de una “multitudinaria coalición” que prometía varias decenas de países participantes de los cuales, finalmente, muy pocos se hicieron efectivamente presentes en el campo de batalla.En segundo lugar, el anuncio preocupó a muchos porque tuvo algo de improvisado y de “borrador de proyecto” a realizarse en un futuro cuyo “timing” de concreción es aún una incógnita. Esta “Alianza” anunciada tiene sólo un objetivo claro: enfrentar el creciente accionar del Estado Islámico. Pero, en buena medida, como requisito previo tiene que decidir cual será su modalidad de intervención. Aunque se insistió hasta el cansancio que los 10 primeros países integrantes de la Alianza son la “base” de la coalición y no pondrían directamente tropas en tierra (lo que es sobretodo una definición de lo que la “Alianza” NO va a hacer en su definición actual), al mismo tiempo se afirmó que la intervención política, la de inteligencia, la de entrenamiento y pertrechamiento militar, la de cobertura aérea y la humanitaria eran totalmente insuficientes para detener la ofensiva yihadista. Algún presidente perspicaz señaló que, por otra parte, la intervención de una coalición exclusivamente occidental para combatir al yihadismo islámico, era casi “una gaffe” particularmente caricatural.Por ello es que para resolver el problema de las tropas en tierra, y dada la debilidad endémica del ejército iraquí, en buena medida lo que será y hará esta “Alianza” depende esencialmente de cuantos y cuales de los países de la región se muestren realmente interesados en enfrentar al Ejército Islámico. En los hechos los únicos combatientes realmente operacionales en el terreno hasta ahora (y todavía queda por verse hasta) son los sectores kurdos más combativos que, por ahora, defienden su territorio. Pero cabe perfectamente hacer la hipótesis de que no forzosamente irán mucho más lejos de las que ellos consideran sus fronteras naturales. Como veremos, ese tema de quienes serán los soldados en tierra es un capítulo todavía más que impreciso aunque, paradójicamente, todos los involucrados están contestes en que el problema del tiempo es algo determinante.Sucede que la cuestión de los plazos de tiempo en los que la coalición tendrá andadura también son totalmente indeterminados. Aunque es obvio que todo tipo de operación ya en marcha en ningún caso hubiese sido divulgada, nadie espera un verdadero “despliegue” inmediato de envergadura, en especial cuando el propio Obama anunció que el Secretario de Estado John Kerry emprenderá un viaje por Medio Oriente para entablar conversaciones con los “aliados regionales”.Otro punto que permanece totalmente indefinido es la determinación de cuales habrán de ser los lugares en los que intervendrá esta nueva coalición. La información de la que se dispone es que los EE.UU. ya han realizado más de un centenar de operaciones de apoyo aéreo, fundamentalmente en el Este y Norte del territorio iraquí, y en la reunión se manejó el espinoso tema de que toda operación limitada al territorio de Irak no tendría verdadera efectividad si no se intervenía simultáneamente en Siria.Lamentablemente, como es sabido, el EI logró la capacidad operacional que ahora tiene porque hubo de replegarse de Irak a Siria para fortalecerse calladamente en medio del caos causado por Bashar al-Asad cuando vio cuestionado su poder hereditario. Y si Bashar al-Asad está todavía en su silla, es porque Rusia se opuso sistemáticamente a todo tipo de ayuda occidental a la oposición “democrática”. Durante el año largo de enfrentamiento entre esta oposición y el régimen alauita, los yihadistas, sin presentar batallas significativas y protegidos indirectamente por el veto ruso, lograron acumular fuerzas como para desplegarse, como lo han hecho ahora, por parte de Siria e Irak. Nuevamente, en esta cuestión la “Alianza” definió más lo que NO haría que lo que pensaba llevar adelante. Quedó claro no habría apoyo alguno a Bashar al-Asad pero no se dijo quien iba a combatir efectivamente a los yihadistas del EI presentes en Siria. Y este tema, como vimos, no parece encontrar solución fácil.Como si el papel de aliado objetivo de la barbarie que ha elegido Rusia no fuese suficiente problema, es ineludible plantear el desafío que significa el ineludible rol de Irán. Durante la reunión no se hizo mención pública alguna al tema iraní aunque nadie que conozca elementalmente la geografía puede dejar de advertir que de todos esos “países de la región” que la “Alianza” menciona como candidatos a sumarse a la guerra, y en el particularmente sacrificado papel de combatiente en el terreno, el único verdaderamente significativo es Irán.Por más que se mencione a Jordania (de escaso poderío militar), a Turquía (con funciones más de defensa de sus fronteras y serios contenciosos con los kurdos) o a Arabia Saudita (geográficamente algo lejana y con más recursos financieros que militares), el país con capacidad operacional en tierra es fundamentalmente Irán.Como era de prever, el vertiginoso desbordamiento del EI desde Siria sobre Irak en los últimos meses no podía dejar de ser percibido como una amenaza por los iraníes. Campeones mundiales del chiísmo, la situación iraquí le está obligando a considerar la posibilidad de salir en defensa de su vecino y aliado: el enclenque estado chiíta iraquí que se está viendo arrasado por la bestialidad descarnada del fundamentalismo sunita.Según la BBC, Irán estaría dispuesto a colaborar con la estrategia de los EE.UU. para detener a los fundamentalistas sunitas que, de hecho, debe admitirse al pasar que constituyen un peligro cierto prácticamente para todo país mínimamente decente del mundo actual.Aunque Teherán negase categóricamente nada parecido a lo divulgado por la BBC, cabe preguntarse si los líderes políticos iraníes no se han fatigado ya de lapidar mujeres y comienzan a advertir que su enfrentamiento sectario con Occidente y con los sunitas conducen directamente a un retorno a la Pre-historia. A pesar de las reiteradas negativas de las autoridades iraníes (y de que evidentemente la idea contraría toda la política exterior del régimen teocrático iraní desde 1979), la BBC insiste en que el General Soleimani, Comandante de los Guardianes de la Revolución, ya habría comenzado a trabajar en coordinación con los responsables de las fuerzas kurdas, iraquíes y estadounidenses. Es más, BBC sostiene que la liberación de la ciudad de Amerli, cercada por los yihadistas por más de un mes, se logró una semana atrás mediante la intervención combinada de la cobertura aérea norteamericana, de los “peshmergas” y de las tropas iraquíes chiítas encuadradas por oficiales iraníes.En cualquier caso la opacidad sistemática del totalitarismo teocrático iraní no permite avanzar con certeza en ningún tipo de análisis racional pero no deja de ser indicativo de la posibilidad de un cambio que, cuando los yihadistas ocuparon Mosul y el territorio kurdo en el noreste de Irak, en realidad se acercaron bastante más de la frontera iraní que lo que los ayatollahs estaban dispuestos a tolerar. Además, todo indica que la difusión de las atrocidades cometidas contra las poblaciones chiítas y la destrucción sistemática de las mezquitas y lugares sagrados del Chiísmo parece haber tenido un impacto significativo en Irán.Como se puede apreciar, la iniciativa esbozada en Newport, parece dejar abiertas más interrogantes que afirmar algún tipo de certeza. Si la “core coalition” recientemente forjada debe contar con la concurrencia de las fuerzas militares de Irán en el terreno para combatir al EI, la disyuntiva política que la coalición enfrenta es una del tipo de aquella que consiste en hacer una alianza con Jack el Destripador para combatir a Hannibal Lecter. En última instancia, es necesario concluir que, en el contexto global contemporáneo actual, Occidente se está viendo obligado a elegir con qué estado terrorista se alía para combatir a los terroristas sin estado. Para peor, todo ello bajo la desenfadada y divertida mirada del micro Zar moscovita.Sin embargo, no todo es negativo en lo que se ha esbozado en Gales. Debe reconocerse que, desde el punto de vista diplomático y más allá de sus limitaciones, el logro de conformar esta “Alianza” no es algo menor. Conviene recordar que, desde el punto de vista formal, la reunión de Newport era una reunión de la Alianza del Atlántico Norte (OTAN) y ella constituía una instancia que tenía como tema específico y central de su agenda la compleja situación de la disputa en Ucrania. El enfrentamiento del gobierno de este país con los grupos pro-rusos del Este y las inadmisibles intromisiones rusas en territorio ucraniano eran teóricamente el “plato fuerte” del encuentro en Gales.Entre otras cosas porque la OTAN, como su nombre lo indica, es una Alianza que nuclea al “Atlántico Norte”, es decir a Europa y a Norteamérica por lo que, lo que suceda en el Medio Oriente difícilmente puede caer con naturalidad dentro de sus “competencias”. Por ello es que fue necesario hacer más de un equilibrismo para separar el conflicto ucraniano (donde la competencia de la OTAN se entiende como relativamente “natural”) y el conflicto causado por la explosión del extremismo yihadista en Siria, Irak y demás ramificaciones hoy difíciles de cuantificar y dimensionar. Los efectos de estas aparentes sutilezas diplomático-institucionales no son menores: todo indica que al menos una de las razones por las cuales España no se sumó a la nueva “Alianza” es porque esta no operará como OTAN y Rajoy ha entendido que ello no era adecuado para la política exterior española que ha tenido ya suficiente desgaste por su participación en la anterior guerra de Irak.En gran medida a causa de este problema relativamente “formal” de competencias, es que hubo de anunciarse la fundación de esta nueva “Alianza” en la cual la OTAN se mostró protocolarmente reacia a participar de manera institucional por más que el anuncio de la conformación de esta “Alianza” fue, a la postre, la noticia más importante de la Cumbre de Newport.Anders Rasmussen, Secretario General de la OTAN, señaló su acuerdo con que 10 de los integrantes de su organización decidiesen comenzar a intervenir coordinadamente contra el EI en Siria e Irak: “Celebro esas decisiones porque la comunidad internacional debe hacer todo lo que pueda para parar al llamado Estado Islámico”, dijo Rasmussen afirmando que la OTAN podría apoyar la iniciativa ejerciendo a la vez un papel político y de coordinación entre todos los países que decidan sumarse en la naciente “Alianza”.Ahora, o mejor dicho desde hace un cierto tiempo, la palabra la tienen la capacidad política y militar de Occidente y de los estados no occidentales “decentes” (para retomar la consagrada terminología de John Rawls) para detener los diversos tipos de barbarie que se han desplegado impunemente por el planeta. Hay momentos para trazar líneas rojas en la arena y otros para trazarlas en la piedra

    SER OTRO - “EL CABALLO PERDIDO O LA BÚSQUEDA DE LA TERNURA COMO GERMEN DEL PENSAMIENTO”

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    En el número anterior de Letras Internacionales, nos referimos a La Máquina Felisberto, un proyecto que reúne a varios artistas y que busca rendir homenaje al pianista y escritor nacional Felisberto Hernández.El psicoanalista Víctor Guerra fue uno de los encargados de encender los motores de la maquinaria con su conferencia inaugural “El caballo perdido o la búsqueda de la ternura como germen del pensamiento”. Guerra no efectuó un análisis literario de la novela de Hernández –El caballo perdido-. Tampoco se propuso psicoanalizarla. Para él, interpretar un texto implica despojarse de las certezas propias y descubrir hacia dónde nos puede llevar. Así lo hizo, recorriendo para ello los territorios transitados por el autor: el mundo infantil y su visión optimista, el mundo adulto y sus secretos, el pensamiento, los recuerdos, la ternura, la imaginación.A lo largo de los años, varios críticos literarios han destacado que la narrativa de Hernández aborda de manera explícita la temática filosófica, los procesos mentales y el mundo interior. Ana Inés Larre Borges, por ejemplo, en un artículo publicado en el número 22 de la Revista de la Biblioteca Nacional, señalaba que en el autor existía una “preocupación permanente por el conocimiento del yo y sus movimientos espirituales”.En particular, y en alusión a El caballo perdido, Larre Borges explicaba en aquella ocasión: “La marcada introspección de su discurso narrativo, y la importancia temática dada a los procesos mentales se verifica en forma más evidente en su segunda etapa creadora, la etapa memorialista de El caballo perdido, Por los tiempos de Clemente Colling y Tierras de la memoria”.Los primeros pasajes de El caballo perdido giran en torno a la relación de Felisberto niño con Celina, su profesora de piano. La novela comienza con la transición entre dos escenarios: la calle, y el living de la casa de Celina, donde está el piano. La descripción de ambos espacios es minuciosa, detallista. Como es frecuente en la prosa de Hernández, existe un detenimiento en los objetos, en las cosas: en las copas, las hojas, las flores y los troncos de los árboles de la calle; en las sillas, los sillones y el resto de los muebles de la sala.Para Guerra, en esa descripción, la sensorialidad adquiere prioridad. Lo mostró evocando una cita elocuente de la novela: En el instante de llegar a la casa de Celina tenía los ojos llenos de todo lo que habían juntado por la calle. Al entrar en la sala y echarles encima de golpe las cosas blancas y negras que allí había, parecía que todo lo que los ojos traían se apagaría. (…) Lo que nunca se dormía del todo, era una cierta idea de magnolias. Aunque los árboles donde ellas vivían hubieran quedado en el camino, ellas estaban cerca, escondidas detrás de los ojos (…) Por eso más adelante —y a pesar de los instantes angustiosos que pasé en aquella sala— nunca dejé de mirar los muebles y las cosas blancas y negras con algún resplandor de magnolias.El psicoanalista entiende que, en esas líneas, Hernández desliza, sutilmente, una serie de preguntas: ¿Qué sucede con lo que percibimos a través de nuestros sentidos y deja sus impresiones en nuestro interior? Al transitar de un espacio a otro, ¿cómo se abandona lo que fue percibido anteriormente? Y encuentra en el autor, una respuesta creativa: “ver las cosas con un resplandor de magnolias”. El pasado resurge en el presente. Guerra explica que en ese pasaje del texto el pensamiento aparece enlazado a la percepción y a la sensación. “El narrador no domina el pensamiento. Lo siente actuar de pronto, inesperadamente, y es capaz de esparcir sensaciones por el espacio”, dice.Volviendo al relato, al entrar en la sala, irrumpe en el niño el deseo de violar los secretos de los adultos. A su vez, surge una particular relación con los objetos - algo frecuente en la narrativa de Hernández-. Las cosas adquieren animación, se humanizan, y, en contraste, más adelante, las personas sufrirán un proceso de cosificación. El protagonista está entrando en la pubertad y su mirada infantil se superpone a la mirada del adolescente. A veces, el niño intenta acercarse infructuosamente a Celina y surgen momentos de rigidez; en otras ocasiones, le ocurre lo mismo con su abuela. Encuentra refugio en la animación de los objetos. Así, por ejemplo, el lápiz rojo con el que Celina escribe, es para él como un chanchito que, husmeando, busca un lugar blanco donde prenderse.Sin embargo, un día ocurre algo inesperado. Una vez ella me repetía una cosa que mi cabeza entendía pero las manos no. Llegó un momento en que Celina se enojó y vi aumentar su ira más rápidamente que de costumbre. (…) En el apuro ya ella había tomado aquel lápiz rojo tan lindo y yo sentía sonar su madera contra los huesos de mis dedos, sin darme tiempo a saber que me pegaba.El objeto que para los ojos del niño era un dulce chanchito, era un instrumento de castigo. Guerra interpreta que éste es un momento de quiebre: la disonancia entre la mirada infantil y la adulta se vuelve evidente. A partir de entonces, la decepción y la tristeza invaden la vida de Felisberto niño. Hasta ese momento, él había sentido una atracción por Celina, una suerte de enamoramiento. Pero ahora Celina había roto en pedazos todos los caminos; y había roto secretos antes de saber cómo eran sus contenidos.Una vez más, en el texto, el protagonista apela a la animación de los objetos y a la cosificación de las personas para escapar de los sentimientos. En esta ocasión, las personas se convierten en muebles que podían quedarse quietos o cambiar de posición.Pero de pronto, sucede algo que sorprende al lector. El narrador revela que todo el relato –desde el comienzo mismo y hasta ese momento- había sido, en realidad, una historia tramada por él mismo, y que él –el narrador- estaba sumergido en una crisis y ya no podía seguir escribiendo. No sólo no puedo escribir, sino que tengo que hacer un gran esfuerzo para poder vivir en este tiempo de ahora, para poder vivir hacia adelante.El narrador está paralizado; sus pensamientos están atados; lucha por liberarse de la angustia. Entonces, emerge un acontecimiento fundamental de la historia: Y fue una noche en que me desperté angustiado cuando me di cuenta de que no estaba solo en mi pieza: el otro sería un amigo. Tal vez no fuera exactamente un amigo: bien podía ser un socio. Yo sentía la angustia del que descubre que sin saberlo ha estado trabajando a medias con otro y que ha sido el otro quien se ha encargado de todo.Guerra explica que, en este pasaje, ocurre la disociación del yo. “Hay una escisión, en la que el doble –el socio- toma el lugar del yo en la escritura”, dice. “Una de las cosas más importantes que se escinden en este proceso es la relación del sujeto con los sentimientos. De a poco, el protagonista se va quedando solo. Se va anestesiando. Y al mismo tiempo, se pierde a sí mismo”.Ser otro. El protagonista insiste con esa idea. Por ejemplo, cuando dice: Al principio, cuando en aquel anochecer empecé a recordar y a ser otro, veía mi vida pasada, como en una habitación contigua. Antes yo había estado y había vivido en esa habitación; aún más; esa habitación había sido mía. Y ahora la veía desde otra, desde mi habitación de ahora, y sin darme cuenta bien qué distancia de espacio ni de tiempo había entre las dos.Para Guerra, la desesperada búsqueda de un sí mismo desconocido, de la otredad, representa una pérdida, pero también una ganancia fecunda. A su entender, en el texto, esa búsqueda se relaciona con los pensamientos, los sentimientos y la ternura.De vuelta al texto, el protagonista dice que sus pensamientos ya no cargaban sentimientos. Ahora se me acercaban los recuerdos como si yo estuviera tirado bajo un árbol y me cayeran hojas encima: las vería y las recordaría porque me habían caído y porque las tenía encima. Los nuevos recuerdos serían como atados de ropa que me pusieran en la cabeza: al seguir caminando lo sentiría pesar en ella y nada más, o era como aquel caballo perdido de la infancia: ahora llevaba un carro detrás y cualquiera podía cargarle cosas: no las llevaría a ningún lado y me cansaría pronto.Para Guerra, Hernández transmite algo esencial: cuando el sujeto se escinde de los sentimientos, emerge la vivencia del vacío. “El sujeto cae en el vacío del ser. En este caso, el personaje, agobiado, recupera la tranquilidad de un pensamiento. Pero es un pensamiento anestesiado”, explica el psicoanalista. “¿El contenido vital del pensamiento puede provenir de la ternura?”, se pregunta. Un poco más adelante, el texto le ofrece la respuesta.El protagonista tiene un sueño en el que aparecen unas terneras que van al matadero. También aparecen personas. Es angustiante, y el personaje se despierta bañado en lágrimas. Está conmovido. Durante el sueño la marea de las angustias había subido hasta casi ahogarme. Pero ahora me encontraba como arrojado sobre una playa y con un gran alivio. Iba siendo más feliz a medida que mis pensamientos palpaban todos mis sentimientos y me encontraba a mí mismo. Ya no sólo no era otro, sino que estaba más sensible que nunca: cualquier pensamiento, hasta la idea de una jarra con agua, venía lleno de ternura.Guerra señala que, luego de ese sueño, ocurre una nueva transformación del sujeto narrador. “El feliz encuentro de los sentimientos con los pensamientos implica la formalidad del yo, el personaje se reencuentra consigo mismo”, explica. Pero además, unas líneas más adelante, la relación con el socio también cambia. Es cuando el narrador dice: Como yo quería entrar en el mundo, me propuse arreglarme con él y dejé que un poco de mi ternura se derramara por encima de todas las cosas y las personas. Entonces descubrí que mi socio era el mundo. De nada valía que quisiera separarme de él.Como destaca el psicoanalista, la ternura adquiere un papel fundamental. “Para entrar en el mundo y salir de su encierro narcisista, centrado en el pasado y en la memoria, apela a la ternura”.Sobre el final de la novela, el protagonista dice que dejó partir al olvido al niño que se adhería a los objetos y a los espectros de la memoria. Él ya no es el mismo. “Hay miradas que estructuran, que conceden la certeza de existir, y otras que pasan a través del sujeto para perderse en la noche de los tiempos o en las trampas de la memoria. Son las miradas de la locura, entendida ésta como alineación del mundo”, explica Guerra.“Todos, en algún momento, dejamos partir al que fuimos para no quedar paralizados en la ilusión del pasado y abrirnos a lo nuevo y a lo inesperado que la vida nos ofrece. A veces un texto nos invita a efectuar una mirada nueva sobre nosotros mismos. Este texto nos sumerge en esa mirada”, concluye.Por cierto que El caballo perdido lo hace. Pero la mirada de Guerra es también profunda, cautivante, motivadora. Constituye, en sí misma, una invitación a leer El caballo perdido desde un nuevo lugar, despojándonos de nuestras certezas y descubriendo a dónde nos puede llevar.Víctor Guerra es psicólogo, psicoanalista.Nota:Las citas en cursiva corresponden a El caballo perdid

    Documentos de interés

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    Esta semana:Se realizará un Encuentro Internacional en Homenaje a Marguerite Duras. Véalo aquí.El Centro de Información Europea Jacques Delors publicó información sobre las próximas elecciones europeas. Véalo aquíREDIAL publicó su Boletín Puentes América Latina relativo al mes de mayo. Véalo aquí. La Cooperación Regional Francesa en América del Sur publicó su Newsletter del mes de mayo. Véalo aquíEl Real Instituto Elcano publicó su Newsletter correspondiente al pasado mes de abril.Véalo aquí.En el marco de las celebraciones del día del medio ambiente, la Alianza Francesa invita a participar de un concurso de fotografía. Véalo aquí.La Alianza Francesa invita a la inauguración de la exposición de Mariana Olaso "Estoy sentada en medio de la soledad del bosque". Véalo aquí

    ESTADOS UNIDOS Y EUROPA, ALIADOS EN CRISIS

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    Hace unas pocas décadas, incluso antes del final de la Guerra Fría, antes y después del triunfo de Ronald Reagan, se sucedían unos periódicos análisis acerca de la decadencia de Estados Unidos. Otras veces, el turno del pesimismo le tocaba a Europa, sobre todo cuando no conseguía superar su ambivalencia ante la profundización del proceso de integración, especialmente por el fracaso del proyecto constitucional. Occidente estaba en crisis. Ahora la pareja parece pasar por una época similar, en la que cada uno intenta superarse en inferioridad.Estados Unidos parece estar sumido en horas bajas a causa de la aparentemente errática política exterior de Obama, que no parece haber hecho buen uso de la superación de la herencia de la actuación de George W. Bush en Oriente Medio. La agenda de Obama basada en “liderar desde atrás” le está causando al presidente norteamericano graves problemas que le representarían un serio obstáculo en caso de que pudiera optar a otra reelección. Ese lastre lo puede pagar Hillary Clinton en caso de que se decida, por fin, a optar a la presidencia. Lo cierto es que la indecisión en Siria, el desastre de Irak en desintegración y la todavía por ver resolución del desafío de Rusia en Ucrania ofrecen un diagnóstico de Estados Unidos en decadencia internacional.La Unión Europea, por su parte, no presenta un panorama mejor y solamente si consigue afianzar su entramado institucional después de las elecciones de mayo podrá afirmar que ha superado el generalizado diagnóstico de problemático futuro. Atenazada por el ascenso del populismo y el neo-nacionalismo, lastrada su economía por la desigualdad y la falta de crecimiento sostenido, la UE está lejos de ofrecerse como alternativa de liderazgo y esperanza para el resto del planeta y como socio idóneo para Estados Unidos en superar la crisis global.Pero curiosamente, esta extraña pareja, que históricamente es subsumida en lo que generosamente se llama Occidente, puede presumir de seguir disfrutando de un profundo capital y base no solamente de su supervivencia, sino de su sostenido liderazgo para el resto del planeta. En ambos casos, una imparable y tenaz tragedia humanitaria revela su mutua fortaleza y garantía de supervivencia futura. Los dramáticos y repetitivos acontecimientos ofrecidos por los procesos migratorios ofrecen el gran capital con que tanto Europa como Estados Unidos cuentan en comparación con otras regiones del planeta.Por un lado, los observadores atónitos contemplan cómo millares de adolescentes latinoamericanos proceden a una invasión pacífica del territorio de Estados Unidos. Van en busca de un futuro mucho mejor que el que dejan atrás en una Centroamérica devorada por el crimen, la pobreza y la desigualdad. Las cifras son aterradoras. Se detectaron ya unos 20.000 en 2009, para descender levemente un par de años después, pero ya en lo que va de este año se calcula que son más de 60.000 los niños y jóvenes latinoamericanos que, sin el acompañamiento de sus familias (esa es la novedad todavía más hiriente), optan por cruzar el Río Grande y los desiertos fronterizos. Los países de origen de este doloroso derrame humano son Honduras, Guatemala, El Salvador y, naturalmente, México. Obsérvese que la mitad de los desplazados citaban como causas de su odisea los malos tratos y abusos sufridos en sus propias comunidades. De ahí que cobre verosimilitud la explicación de que el éxodo también está facilitado por la supuesta interpretación de las víctimas que no serán deportadas a su origen.Pero este éxodo no es del todo espontáneo, sino que está en gran parte organizado por bandas de traficantes que cobran por el “servicio” unos $7.500. La alarma causada en el seno del gobierno norteamericano ha obligado a dedicar adicionales fondos para proyectos fronterizos, pero los apenas 1.400 millones de dólares para la acogida de los jóvenes refugiados no son más que una muestra caritativa insuficiente. El daño colateral para Obama es que esta invasión endurece todavía más la oposición a la regularización de la inmigración.Por otro, las costas de Italia siguen recibiendo el doloroso impacto de la inmigración de los desesperados lanzados por traficantes, con el resultado de naufragios y muertes por asfixia. Ya nadie se acuerda apenas del fallecimiento de más de medio millar de inmigrantes desesperados en las costas de Lampedusa. Las cifras se han multiplicado y ya solamente son noticia por la contumacia de los repetitivos incidentes, parte de un guión trágico. En un par de días, la Marina italiana rescató más de 5.000, pero otros treinta perecieron por asfixia, atrapados en la bodega de una embarcación, propia de tráfico de esclavos. Cálculos rigurosos estiman que en lo que va de este siglo, más de 23.000 inmigrantes han perecido ahogados en el Mediterráneo central y oriental. La actuación italiana mediante el programa llamado Mare Nostrum se siente incapaz de parar esta tragedia.De poco sirve para el gobierno de Roma reclamar que no se trata de un problema italiano, sino que es europeo, pues el Mediterráneo es la frontera natural de toda Europa. Aun sucede algo peor, pues los intentos humanitarios de las autoridades italianas son acusados de empeorar el problema, ya que se convierten en un “efecto de llamada” y atrae todavía más inmigrantes que se sienten protegidos por la labor de protección de vidas. Roma contesta que incluso sin la existencia de esos planes de detención y acogida, los inmigrantes descontrolados seguirían llegando. Se ignora si el gobierno del primer ministro Mateo Renzi, quien este semestre ocupa la presidencia de turno de la Unión Europea, y que ha comenzado a destacarse con ansias de protagonismo, más allá de la negativa actuación de sus antecesores, tendrá la fortaleza y ambición necesaria para enderezar al problema.Este drama sucede de forma similar en otro escenario más occidental, similar y diferente, con el intento (y éxito frecuente) sistemático de asalto de la frontera española en los enclaves de Marruecos, escena que ya ha dejado de ser noticia. Por un lado, el gobierno español no puede extralimitarse en el trato de los inmigrantes irregulares, especialmente procedentes de países subsaharianos, que optan por métodos expeditivos como el asalto a barreras fortificadas. Tampoco se puede permitir el lujo de actuar con contundencia especial ante los procedentes de los países vecinos, especialmente del propio Marruecos, ya que dañarían las delicadas relaciones con Rabat.¿Qué revelan estos aparentemente disímiles escenarios? Simplemente, que la fortaleza de estos socios a ambas orillas del Atlántico, que ahora parecen estar en crisis, está basada en su comparativamente imponente poder de atracción para la inmigración. Por muchas dificultades que numerosos países europeos sufren en la actualidad, la perspectiva de la vida en Europa es comparativamente mucho mejor que en África o Asia, e incluso en América, a pesar del hecho del retorno de numerosos inmigrantes hacia sus lugares de origen. Se creyó que el deterioro económico por las dificultades financieras y el estallido de la burbuja financiera frenarían el éxodo y la presión inmigratoria. La esperanza de mejoras socioeconómicas de la “primavera árabe” se difuminó en pocos meses. El desastre de Siria agregó otra fuente de éxodo.El futuro (y el presente, como siempre fue en el pasado) de Estados Unidos sigue unido a la reserva de la inmigración. Sea por el atractivo de cursar estudios en sus universidades, conseguir trabajos mejor remunerados o expectativas de un nivel de vida mejor para sus hijos, la alternativa de cambio de residencia para los ciudadanos de numerosos países latinoamericanos con destino a Estados Unidos es parte del guión. De ahí que los sectores norteamericanos que se oponen a la reforma migratoria no solamente están destinados a fracasar sino que, de momento, están haciendo un flaco servicio al país. La lógica de Obama sigue basada en ese argumento.Obsérvese que en ambas regiones estos dos actores están ahora enfrascados en la exploración de un Acuerdo de Libre Comercio e Inversiones (TTIP, por sus siglas en inglés). Este proyecto está destinado a superar en nivel de vida y expectativas de futuro a otras regiones del mundo. Aunque no se acepte públicamente, el TTIP está pensado como un escudo de protección ante la competencia de las economías emergentes, principalmente los llamados BRICs. Lo que no está claro es si las rencillas, ambivalencias, competencias a ambos lados del Atlántico harán cada vez más lejana la consecución de un acuerdo más necesario que nunca. Ambos socios siguen siendo los aliados naturales en liderar al planeta en la superación de la crisis. Ambos tienen su futuro soldado en su destino, irrenunciable y necesario, inmigratorio. Lo hiriente de este diagnóstico es que se forje al precio de la diáspora de la emigración indocumentada de trágicas consecuencias.Joaquín Roy es Catedrático ‘Jean Monnet’ Director del Centro de la Unión Europea - Universidad de Miam

    EL UTILITARISMO COMO PUNTO DE PARTIDA

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    Como teoría de la justicia, el utilitarismo dominó los últimos dos siglos la discusión en el ámbito de la filosofía política anglosajona, ofreciendo una solución simple al problema de la distribución. Sin embargo, con la publicación de A Theory of Justice, en 1971, John Rawls se propuso demostrar las limitaciones de esta teoría, al tiempo que puso de manifiesto la necesidad de una nueva concepción liberal acerca de cómo es que la sociedad distribuye la utilidad generada en su conjunto.Según el propio Rawls lo define en las primeras páginas de su libro : “My aim is to work out a theory of justice that represents an alternative to utilitarian. (…) The main idea (of utilitarianism) is that society is rightly ordered, and therefore just, when its major institutions are arranged so as to achieve the greatest net balance of satisfaction summed over all the individuals belonging to it.” (1999, 20).El espíritu del utilitarismo puede resumirse de acuerdo con aquella vieja frase según la cual la mejor forma en la que una sociedad puede distribuir los beneficios generados por sus integrantes es otorgando “la mayor felicidad para el mayor número”, tal cual lo definiera Jeremy Bentham, padre de la doctrina utilitaria.Como bien lo describe Rawls, es imposible negar el atractivo inicial que nos genera esta concepción de la justicia. Su designación de la “mayoría” como beneficiario último de la distribución social, la inscribe en el marco de una concepción liberal de la justicia, digna del fervor libertario del siglo XIX.Atractivos del utilitarismoRawls, quien realiza un completo repaso por el corazón del utilitarismo antes de comenzar su demoledora crítica, sostiene que para combatirlo es necesario no solo aportar sólidos argumentos en su contra, sino que al mismo tiempo presentar una alternativa viable.Una de las principales razones por las cuales el utilitarismo ha gozado de tan amplia aceptación es su claridad frente a otras teorías que, aunque no menos interesantes, carecen de una ventaja fundamental: el utilitarismo ofrece un criterio general de decisión y al mismo tiempo permite una tecnificación de las decisiones morales y políticas. Si todos aceptáramos el criterio de maximizar el bienestar1, sería relativamente fácil implementar mecanismos matemáticos para la toma de decisiones (Da Silveira, 2003).Kymlicka, por su parte, agrega otras dos ventajas importantes del utilitarismo frente a otras teorías. Por un lado, el autor destaca su secularidad. Las metas que el utilitarismo persigue no dependen de la existencia de un Dios, un alma o cualquier otra entidad metafísica, y por lo tanto, no importa que tan seculares seamos, todos sufrimos y somos felices. De esta manera, no podemos negar que la felicidad (o el bienestar) es un valor que todos perseguimos en nuestras vidas.Por otra parte, y sumado a lo argüido por Da Silveira, el autor resalta lo que denomina como “consecuencialismo”, y que puede ser resumido como la capacidad de contrastar el resultado de las políticas públicas aplicadas a una sociedad determinada con respecto al bienestar que generan. Si todos utilizáramos este mecanismo, entonces no nos enfrascaríamos en discusiones acerca de los aspectos morales de temas como la homosexualidad o el aborto, y se evitaría una infinidad de prohibiciones morales arbitrarias (Kymlicka, 1990, 10-11).Estos dos aspectos son una síntesis del liberalismo que el propio Rawls defiende. Un liberalismo que no defienda ninguna concepción comprehensiva del bien ni se enfrasque en discusiones sobre los aspectos morales del libre accionar de los ciudadanos. Sin embargo, también presenta problemas.Poderosos argumentosA pesar de sus bondades, muchas de ellas muy persuasivas como el mismo Rawls admite, el autor elabora una poderosa crítica al utilitarismo, sobre la que erige una alternativa indiscutiblemente sólida.Rawls ataca al utilitarismo en sus puntos más débiles, valiéndose de una artillería que en su mayoría proviene desde el universalismo moral kantiano y pude ser resumida en una frase que ha pasado ya a la historia:“Utilitarianism does not take seriously the distinction between persons” (1999, 24).Esta crítica, en apariencia inofensiva, socava al utilitarismo desde su base más liberal. Como sentenciará Rawls, esta teoría no toma a las personas como fines en sí mismos, sino como meros medios para la consecución de ciertos fines, lo que da pie al viejo ejemplo de la esclavitud: si por alguna razón la esclavitud de una parte de la población maximizara el bienestar total de la sociedad, entonces no habría razones para no hacerlo2.El problema de la distribuciónPero esta no es la única crítica que Rawls realiza al utilitarismo. Por el contrario, el autor arremete contra el mecanismo de “justicia social” que la teoría propone, afirmando que el hecho de buscar la maximización total del bienestar solo permitirá que la sociedad reproduzca las más extremas formas de desigualdad, dado que, ver la justicia social como un promedio de bienestar, evita el hecho de preocuparse por la forma en que dicho bienestar es distribuido.En respuesta a estas dos críticas será que Rawls creará una alternativa que no solo se preocupe por la distribución de los beneficios obtenidos de la cooperación social, sino que además respete a ultranza las libertades individuales de todos y cada uno de los integrantes de la sociedad.Esa alternativa es la que hoy conocemos como liberalismo igualitario, sustento filosófico del Estado de Bienestar que muchas sociedades han conformado a través de una equilibrada mezcla de libertad e igualdad. Así, han constituido lo que Michael Lessnoff calificó como la síntesis sociopolítica contemporánea: una mezcla entre la democracia liberal, la economía de mercado y el Estadio distributivo del Bienestar (1999, 329), de la que la Rawls es piedra angular con una teoría que tiene al utilitarismo como punto de partida.1- Dependiendo del autor, el utilitarismo se refiere a bienestar o felicidad, en muchas ocasiones de manera indiferente.2- “Si lo que cuenta es la utilidad total o promedio, la satisfacción o el sufrimiento de cada individuo no tiene otro valor del que agrega o quita al conjunto. Y esto supone de instrumentalizar una parte de la sociedad” (DA SILVEIRA, 2003, 53).BibliografíaDA SILVEIRA, Pablo. 2003. John Rawls y la justicia distributiva. Madrid: Campo de ideas.KYMLICKA, Will. 1990. Contemporary Political Philosophy. Oxford: Oxford University Press.LESSNOFF, Michael. 1999. Filosofía política del siglo XX. Madrid: AKAL.RAWLS, John. 1999. A Theory of Justice (Revised edition). Cambridge: Harvard University Press.Andrés Riva Casas es Licenciado en Estudios InternacionalesUniversidad ORT -Uruguay

    Publicaciones

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    Esta semana Letras Internacionales presenta el siguiente material:En primer lugar, reseñamos en el link a continuación el listado completo de las Tesis de Grado producidas por los estudiantes que han culminado la carrera de Estudios Internacionales en la Universidad ORT Uruguay. Vea más información sobre las Tesis aquí.En segundo lugar, un listado actualizado de las Publicaciones del Departamento de Estudios Internacionales las cuales puede visualizar aquí.En tercer lugar, a continuación destacamos algunas de  las obras que nuestra biblioteca incorporó recientemente en relación a las áreas de interés de la carrera:Plebe versus ciudadanía. A propósito del populismo contemporáneo / Javier Bonilla Saus, Pedro Isern Munne Ficha bibliográficaIn the name of reason: technocrats and politics in Chile / Patricio Silva Ficha BibliográficaWorld order / Henry Kissinger Ficha bibliográficaLuis Batlle Berres. El Uruguay del optimismo / Julio María Sanguinetti Ficha bibliográficaSistema de la naturaleza / Paul Henry Thiry, Barón de Holbach Ficha bibliográfic

    JAPÓN: LOS DESAFÍOS DE SHINZO ABE - Parte II

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    En el artículo anterior hablamos acerca de la política energética propuesta por Shinzo Abe. Tratamos los diferentes obstáculos a superar para llevarla a cabo, el impacto del accidente nuclear de Fukushima, la posición de los ciudadanos y las necesidades de los sectores industriales así como el papel de las autoridades reguladoras al momento de reconstruir la confianza del público en las centrales. En la presente entrega, veremos las pretensiones de reforma constitucional propuestas por el Partido Liberal Democrático, los objetivos que yacen detrás de ellas así como el contexto en el que se desarrollan. También, abarcaremos la reciente decisión del Primer Ministro nipón de reinterpretar la cláusula pacifista de su Constitución.2 - Reforma constitucionalLa actual constitución japonesa fue promulgada durante la ocupación americana el 3 de noviembre de 1946 y tomó efecto seis meses más tarde, el 3 de mayo de 1947. Completada por las fuerzas aliadas en pocas semanas, y bajo los términos de la Declaración de Postdam, sustituyó a la antigua constitución de Meiji de 1889. Contrario a las predicciones de muchos, y pese al debate constante sobre la impuesta Carta Magna, esta se ha mantenido sin sufrir ninguna enmienda desde su entrada en vigor. Si bien la reforma a la Constitución ha sido una cuestión que ha estado en debate en la escena política desde haces décadas, no es hasta finales de los 90, cuando los partidos que se oponían a su revisión comenzaron a perder poder en la Dieta, que se comienza a ver la reforma como una meta factible. Poco a poco, el poder fue pasando de los partidos anti-enmienda, entre los que se encontraban los comunistas y socialistas, a los partidos de centro y derecha. Por otra parte, las continuas tensiones internacionales tanto con Corea del Norte como con China han beneficiado a las fuerzas en favor de la revisión. Así, muchos políticos han sabido vincular los problemas de seguridad regional con las limitaciones de la constitución pacifista para de esta forma reavivar el debate público. Desde sus comienzos en 1955 el Partido Liberal Democrático ha abogado por la revisión de la ley fundamental. Este al igual que otros partidos conservadores como El Partido de Todos y el Partido de la Restauración tienen la misma visión con respecto a la actual Constitución. Para ellos la reforma es, entre otras cosas, algo esencial como forma de poner fin al régimen de posguerra en Japón, concluyendo de esta manera las restricciones hacia la soberanía nacional de su país. Así pues, entienden que Japón necesita de una constitución imbuida en la cultura y tradiciones de su propio pueblo. En este escenario, el 28 de abril del 2012, en el 60 aniversario de la firma del Tratado de Paz de San Francisco, el Partido Liberal Democrático publicó un nuevo proyecto de constitución en donde se presentan varios cambios que, según ellos, son los más apropiados a los tiempos y circunstancias en las que se encuentra actualmente el país. Si bien la mayoría de los cambios planteados son ajustes menores, de naturaleza técnica, que no supondrían una diferencia significativa, algunas de las propuestas son de gran envergadura y generan inquietud tanto dentro como fuera del país. Algunas de las reformas propuestas por el Partido Liberal Democrático:- El Emperador será designado como Jefe de Estado, como lo era en la Constitución Meiji, así como, en el actual documento, el símbolo y la unidad del pueblo.- El artículo 97, que garantiza derechos humanos y en donde se afirma que deben permanecer intactos, será eliminado.- El artículo 12 será modificado para priorizar el mantenimiento del “orden” y “el bien público” sobre los derechos individuales.- Se le confiere al Primer Ministro el poder de declarar el estado de emergencia y suspender así la legislación ordinaria. Según el Primer Ministro, es momento de que el pueblo japonés dé un paso adelante en la creación de una nueva nación mediante un debate más activo sobre la reforma constitucional. Pasados ya 68 años desde su redacción, se considera que la actual Carta Magna no es capaz de responder a las problemáticas actuales, alegando además de que Japón es el único país desarrollado que aún no ha modificado su Constitución. Dentro de estas reformas, el artículo 9 es el que mayor protagonismo ha tenido. Este artículo ha jugado un papel central a la hora de determinar el desarrollo de la política de seguridad japonesa. En él se presentan una serie de principios en donde se impide el uso de la fuerza militar como forma de solución de disputas internacionales. Además, se prohíbe el mantenimiento de fuerzas armadas así como de cualquier otro potencial bélico. A pesar de esto, con los años, y al amparo del artículo 51 de las Naciones Unidas, se ha llegado a hacer una interpretación de la legislación tal que se le ha permitido al país mantener una fuerza militar limitada exclusivamente a la defensa del propio territorio japonés. A partir de esta cláusula también se generan barreras en lo que respecta a la colaboración militar tanto con sus aliados como con las Naciones Unidas. En un contexto regional donde se perfila la expansión militar de una China cada vez más asertiva y la amenaza nuclear de Corea del Norte, Shinzo Abe busca optimizar su alianza con los Estados Unidos y de esta manera ofrecer una capacidad disuasoria mayor frente a posibles contingencias. Con la reforma del artículo 9 se espera conseguir la creación de un ejército en regla así como la capacidad de participar en acuerdos de defensa colectiva. Con esta iniciativa Japón lograría desarrollar un rol militar más activo para con sus aliados y el resto del mundo. Shinzo Abe lo define como “pacifismo activo”, esta idea refiere a la contribución a la paz mediante el principio de la cooperación internacional, por tanto no solo se estaría contribuyendo a la estabilidad regional sino a la paz global. Este concepto fue introducido en la primer Estrategia de Seguridad Nacional de Japón, publicada en diciembre de 2013.El principal desafío que afronta el Primer Ministro para la reforma del artículo 9 se encuentra en su partido aliado de coalición, el Nuevo Komeito. Mientras que ambos partidos han acordado en la mayoría de sus objetivos políticos, existen divergencias en cuestiones claves como la energía nuclear y la reforma a la Constitución. La posición de este partido está determinada principalmente por sus raíces pacifistas. Fundado por miembros de la organización budista Soka Gakkai, el Komeito se opone a la expansión de las actividades militares más allá de la defensa del propio territorio nacional, adhiriéndose de esta manera a los principios del artículo 9. Además, niega el derecho a la autodefensa colectiva alegando que no habría mecanismo que impidiera el uso excesivo de este derecho por parte de Japón. Sin el apoyo de este aliado Abe perdería la mayoría parlamentaria en la cámara alta de la Dieta, es por esto que se hace todo lo posible para crear una reinterpretación de la Constitución aceptable para él. Debido a la oposición de su partido aliado y con solo 114 de los 242 asientos de la cámara alta de la Dieta, el Partido Liberal Democrático encuentra difícil alcanzar los dos tercios necesarios para la reforma del artículo 9 entre otros. Por esta razón el Primer Ministro aboga por reformar en primer lugar el proceso de enmienda. En el artículo 96 es donde se estipula que, para realizar cualquier enmienda a la Constitución, es necesario lograr una mayoría de dos tercios en ambas cámaras del Parlamento. Luego el proyecto puede ser enviado a referéndum. Si bien es cierto que este cambio haría las cosas más fáciles para el Primer Ministro, al momento de rescribir la Carta Magna, esta medida encuentra gran oposición popular. Según una encuesta realizada por el diario Asahi Shimbun en abril del 2013, un 54% de los encuestados están en contra de facilitar los procedimientos de enmienda constitucional, mientras que sólo un 38% se mostró a favor de la iniciativa. Semejante cambio en el artículo 96 daría poder a cualquier partido de turno, que contara con mayoría tanto en el parlamento como en el electorado, a realizar de manera sencilla enmiendas. La razón de ser de este artículo es la de una constitución rígida evitando así reformas imprudentes, seguir por este camino deterioraría las bases de una democracia constitucional. Además, derechos tan fundamentales como los derechos individuales quedarían vulnerables frente a mayorías temporales. A causa de estos obstáculos el Primer Ministro ha optado por seguir el camino de la reinterpretación. Así pues, el gabinete de Abe aprobó el 1 julio un cambio en la interpretación del gobierno de la cláusula pacifista. Mediante esta modificación se le permite a Japón ejercer el derecho de autodefensa colectiva, con la posibilidad de ayudar militarmente a sus aliados fuera de su territorio. A pesar de que con este procedimiento Abe se evita la necesidad de llegar a referéndum así como de la obligación de conseguir los dos tercios necesarios en la Dieta, el haber tratado un asunto de tal importancia, como lo es la interpretación del artículo 9, a puertas cerradas ha deteriorado fuertemente su imagen pública. La reciente reinterpretación lograda, en base a negociaciones con su partido aliado de coalición, ha demostrado los límites no solamente de sobrepasar la lógica fundamental del artículo 9 sino, además, de la posición fundamental de Nuevo Komeito. Este partido demandó, como precio por su apoyo a la medida, la introducción de tres condiciones para el uso de la fuerza militar. Según Abe, estas limitaciones son “the most stringent in the world as conditions for exercising the right to collective self-defense." Si el Primer Ministro busca realizar una reforma del artículo 9 en toda su dimensión y sin restricciones deberá ser, como lo señala el presidente del Nuevo Komeito Natsuo Yamaguchi, por medio de un proceso formal de revisión constitucional. Para esto, la reforma del artículo 96 volvería al punto de mira. El Primer Ministro se encuentra en una situación en donde si busca la reforma de este artículo hallará gran oposición tanto del público como del Parlamento, puesto que sus motivaciones son bien conocidas y el debate solo cambiaría del artículo 9 al 96. Por otro lado, si desiste de esta iniciativa, su trabajo en la Dieta al momento de llevar a cabo el proyecto del Partido Liberal Democrático de reforma constitucional, en donde se afectaría a casi la totalidad de los 103 artículos de la constitución, se haría mucho más arduo.Christopher Batista es estudiante de la Licenciatura en Estudios InternacionalesUniversidad ORT - Urugua

    TIEMPO Y ESCASEZ EN LAS TEORÍAS DE JUSTICIA: POSIBLE PAPEL PARA UNA OPCIÓN DE SALIDA - Parte I*

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    1 - IntroducciónEl contrato social clásico es una construcción estática. Su relevancia ha radicado en la justificación de un orden político legítimo. En cambio, el contrato social contemporáneo, cuyo principal exponente es la posición original elaborada por Rawls en “A Theory of Justice” en 1971, aspira a justificar las condiciones que debe poseer una vida social justa donde la estabilidad de un orden político es menos importante que la búsqueda de la igualdad. Sin embargo, la justicia como equidad en Rawls tiene un obvio componente distributivo y todo proceso redistributivo sucede en un ámbito (analítico y político) donde el tiempo y la escasez son variables centrales. Rawls comprende el inconveniente que supone en la concepción contractualista clásica la ausencia de sucesivos momentos analíticos pero hace poco para solucionarlo. Hay una aspiración a una teoría de justicia distributiva porque hay escasez. Si no hubiera escasez no habría necesidad de distribuir nada.La escasez es parte de una teoría de justicia distributiva y como tal debe ser definida o, al menos, pensada. Es decir, la existencia de la escasez influye tanto en el valor de un bien como en el valor relativo de los bienes. Por ende, no sería posible teorizar sobre la justicia de distribuir el bien X y el bien Z para que dos personas “obtengan lo mismo” sin antes definir o argumentar cuánto vale X y cuánto Z y por qué valen eso. En este trabajo incorporamos el ejercicio de la opción de salida, articulado por Albert Hirschman, como posible mecanismo para justificar la dimensión temporal2-Introducción: el Contrato como un ejercicio de la opción de salida¿Dónde reside un valor ético del contrato como opción de salida? En una premisa ética-política relevante: ejerzo la opción de salida porque acepto que el otro puede tener razón. Porque pienso distinto respeto la decisión del otro y le doy el beneficio de la duda. Así, ejerzo la opción (“me voy”) porque el otro, que piensa distinto sobre cómo debieran ser las reglas de la nueva polis, podría tener razón. Políticamente, acepto que la diversidad no sólo genera la posibilidad de que me encuentre equivocado sino que, más aún, genera las condiciones políticas para que yo actúe como si estuviera equivocado. El contrato dinámico que genera la aparición de la opción de salida es éticamente legítimo y valioso porque yo actúo como si estuviera equivocado. Esta es una diferencia política de suma relevancia: mientras cuando hay dos posiciones uno cree, obviamente, estar en lo correcto (por eso lo cree) y el otro equivocado, en la construcción de un contrato dinámico yo creo estar en lo correcto pero actúo políticamente como si estuviera equivocado y, paso seguido, ejerzo la opción de salida.La idea del contrato social tiene una larga y noble tradición. Pensadores como Hobbes, Locke, Rousseau y, contemporáneamente, Rawls asumen la existencia de un momento inicial desde donde las personas acuerdan integrar un ámbito con determinadas reglas que todos respetarán. Un problema relevante en la idea del contrato social es que en los asuntos humanos no puede haber momento To o momento inicial porque el momento analítico anterior a To (que podemos denominar T-1) compone parte esencial del significado político de To y el momento anterior a T-1 (que podemos denominar T-2) compone parte esencial del significado político de T-1 y así sucesivamente. Incluso asumiendo que en los asuntos humanos haya habido alguna vez algo así como un momento inicial o momento To, será necesario repensar ese momento en tanto quien lo piensa siempre ha estado y estará en un momento T posterior desde donde construirá su idea de ese momento inicial. Es decir, toda idea de contrato inicial o momento To tiene sentido porque ha habido momentos históricos anteriores y posteriores que le dan significado analítico a una posición original.Así, podemos citar dos inconvenientes conceptuales relevantes de la idea del contrato social o momento To: primero, la constitución dinámica que tiene la vida política humana; segundo, la necesidad que conlleva la idea de contrato de acordar, es decir, de converger sobre un ámbito donde las partes depongan diferencias y vivan armónicamente. Paso seguido, es necesario repensar el significado del consenso. Como mencionamos, podemos pensar en un contrato original o momento To con características distintas, incluso opuestas, a las generalmente concebidas: ese contrato debe partir de la aceptación de la diferencia y, por ende, de la aceptación de la existencia de otros contratos. Así, el momento original es en realidad consecuencia de diferencias pasadas que encuentran un “punto inicial” que tiene o se compone de características políticas y éticas. Políticas porque busca un mecanismo de solución de conflictos. Éticas porque lo encuentra en la aceptación por parte del agente de la verdad en la posición del otro y otros. En la construcción de un contrato social donde la opción de salida constituye un valor ético y político, podemos repensar la dimensión estática y originaria del mismo. Así, podemos sostener que la opción de salida como valor político principal supone la comprensión de la existencia de momentos Ts anteriores a To y supone la aceptación analítica de momentos Ts posteriores a To que podrían re-significar el contrato inicial expresado en ese To.Si una parte ética y política principal del contrato es el ejercicio de la opción de salida, luego es válido pensar que un nuevo ejercicio de esa opción generará la posibilidad de modificar el contrato sucesivas veces. Cuando se ejerce la opción de salida se reinscribe parcialmente el momento inicial. Así, podemos marcar una característica de este contrato social o momento inicial generalmente ausente en las distintas construcciones teóricas: la opción de salida como valor ético y político principal genera la posibilidad de pensar el contrato social como herramienta dinámica. El contrato social clásico como ámbito analítico descansa en la idea de encontrar puntos en común para vivir en una comunidad política. En cambio, esta posible alternativa descansa en la creencia que el contrato no debe garantizar la unidad sino la diversidad. Para ello, construimos una Polis donde cada una de los actores parte de la premisa de que podría estar equivocado y actúa en consecuencia. En tanto cada uno asuma que puede estar equivocado (es decir, que otro puede estar en lo correcto), el contrato tendrá la obligación moral de darle un lugar o ámbito a cada uno de los participantes.¿Cuáles son las alternativas posibles en la constitución de la posición original? En la posición original que privilegia el escenario de salida o exit, la existencia de dos actores (A y B) supone la posibilidad de 4 outcomes: primero, A y B coinciden en la opción de salida como punto original del contrato y ambos permanecen en un único ámbito. Segundo, A y B coinciden en la opción de salida pero A permanece y B ejerce dicha opción. Tercero, A y B no coinciden en la opción de salida como principio moral principal pero A ejerce la opción y B la acepta o tolera. Cuarto, A y B no coinciden en la opción de salida, A intenta ejercer esa opción pero B sostiene que es ilegítimo, es decir, que A necesita el consentimiento de B para salir. El conflicto aparece sólo en la cuarta alternativa3-Tiempo y escasez¿Por qué es más acuciante o problemática la ausencia del tiempo en la filosofía política contemporánea que en la clásica? Porque toda política distributiva (más aún, la justicia distributiva) tiene una dimensión temporal. Se aspira a “hacer justicia” en una situación que por definición era injusta o menos justa y, para ello, debe darse una sucesión temporal. No hay justicia distributiva sin tiempo y no hay tiempo sin escasez. Esto es evidente para todos. Sin embargo, no ha sido tan evidente para la Filosofía Política Contemporánea que la aparición del tiempo y la escasez como condición necesaria para pensar una política distributiva introduce la necesidad de definir primero una teoría del valor.¿Por qué es relevante incorporar la escasez en las teorías distributivas contemporáneas? Porque el contrato aparece como parte de una acción humana que aspira a mejorar una situación anterior. Esta situación anterior es insatisfactoria porque, precisamente, las personas involucradas sufrían ausencia de algo (escasez). Luego, hay contrato porque hay personas que aspiran a mejorar una situación precaria y esta situación precaria existe porque la condición humana convive con la escasez. Una situación es injusta, entre otras cosas, porque no hay de todo para todos. Una situación humana es desigual porque algunos tienen más que otros y ello es así porque hay escasez. Si no existiera la escasez, habría infinitos bienes de todo para todos y la hipotética desigualdad no existiría o no tendría sentido ni filosófico ni económico. ¿Cómo incorporar la dimensión temporal que tiene toda política distributiva? El contrato pensado por Rawls en “Una teoría de Justicia” adiciona a la búsqueda clásica de legitimar el poder político la más demandante búsqueda de legitimar las condiciones que supone alcanzar una sociedad justa. Rawls define a su búsqueda como “Justice as Fairness” o “justicia como equidad”. En el comienzo de “A Theory of Justice” Rawls sostiene que “My aim is to present a conception of justice which generalizes and carries to a higher level of abstraction the familiar theory of the social contract as found, say, in Locke, Rousseau, and Kant. In order to do this we are not to think of the original contract as one to enter a particular society or to set up a particular form of government. Rather, the guiding idea is that the principles of justice for the basic structure of society are the object of the original agreement” (Rawls 1971, página 11).Esto supone dos cosas. Por un lado, su punto de partida analítico es una sociedad desigual. En segundo lugar, en una sociedad injusta será necesario implementar políticas distributivas que aspiren a igualar ese (injusto) estado de cosas desigual anterior. Sin embargo, para ello es necesario pensar un contrato dinámico. El contrato clásico es un contrato estático y el contrato rawlsiano asume, pero nunca precisa rigurosamente, las condiciones para ser dinámico.Como mencionamos, el contrato clásico ha desdeñado dos variables relevantes: el tiempo y la escasez. Para la definición clásica del contrato social los acuerdos se hacen en un único momento. ¿Dónde reside la relevancia de la escasez? La escasez es central para pensar la justicia como equidad y las posteriores políticas redistributivas. La relación entre escasez, equidad y distribución es clave y no es posible comprenderla si no asumimos la existencia de un contrato social dinámico, es decir, la existencia de un contrato social que tenga más de un momento cronológico y analítico. ¿Cómo introducimos el tiempo en la idea del contrato? Para ello, en este trabajo recurriremos a Albert Hirschman: mediante la decisión conceptual de definir el primer paso del acuerdo a través del ejercicio de salida en lugar del ejercicio de voz (Hirschman, 1970). El contrato social clásico ha construido su legitimidad a través del ejercicio de la voz. Es decir, las personas involucradas alcanzan un acuerdo sobre determinadas condiciones mínimas para vivir, civilizadamente, en sociedad. Dado que el acuerdo se asume como de todos los miembros, no ha sido necesario incorporar la dimensión temporal. Al no incorporar la dimensión temporal en sus construcciones analíticas, la filosofía política contemporánea o post-rawlsiana ha subestimado el papel clave que juega el tiempo en la comprensión de la escasez y, a su turno, el papel imprescindible que tiene la escasez para pensar la justicia distributiva. Nuevamente, sin comprender el papel de la escasez no habrá una eficiente justicia distributiva.La necesidad de incorporar la escasez a toda reflexión sobre justicia distributiva es tan evidente que deviene tautológico: se piensa en la justicia como equidad porque se parte de un estado de desigualdad y esta desigualdad es injusta porque no hay suficiente para todos. Para comprender analíticamente la dimensión de la escasez es necesario comprender la relación entre escasez y tiempo. Dicho de otra forma, no será posible comprender el papel de la escasez si sólo pensamos el contrato desde un único momento, es decir, estáticamente. ¿Por qué? Porque la escasez cuestiona una premisa principal de las teorías de justicia distributiva: la medida del valor de los bienes que se distribuyen. Es decir, cuestiona la esencia de la justicia como equidad al preguntarse quién y por qué han definido que tal proceso distributivo genera igualdad y por ende es justo.Podemos realizar una breve síntesis antes de adentrarnos en la relación entre la teoría del valor y la justicia distributiva que veremos en la próxima entrega. Es necesario marcar 3 conceptos principales: 1) el contrato no centraliza el acuerdo sino institucionaliza la opción de salida, pudiéndose definir ésta como “la persona política actúa como si el otro estuviera en lo cierto y ella equivocada”; 2) el ejercicio de salida como opción política posibilita la construcción de diversas polis con diversos modus vivendi, 3) el ejercicio de salida como opción política permanente constituye al contrato como mecanismo dinámico. Así, la idea de contrato no es fundacional porque deviene un elemento dinámico. Esto contribuye a una idea más realista del papel de un contrato en los asuntos humanos.*Este artículo fue presentado en la 2° sesión el Seminario Interno de Discusión Teórica 2014, organizado por el Departamento de Estudios Internacionales de la Universidad ORT Uruguay.Pedro Isern es Profesor Depto. Estudios Internacionales, FACS - Universidad ORT Uruguay.Master en Filosofía Política, London School of Economics and Political Science

    ÉBOLA: LA PEOR ENFERMEDAD EN EL PEOR ESCENARIO POSIBLE

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    La fiebre hemorrágica del Ébola se trata de una terrible y fulminante enfermedad que ha despertado alarma entre la comunidad médica desde su identificación en el occidente de la actual República Democrática del Congo en 1976. Probablemente adquirida por el contacto con excremento o secreciones de murciélagos de la fruta o de monos, episódicamente se fueron dando brotes en el África Central, pero los mismos jamás se habían extendido a más de unas pocas decenas de pacientes. ¿La causa? Fundamentalmente la mortalidad generada por el virus (en ocasiones de un 90%), su rapidez para matar y el que se diera en zonas rurales, aisladas e incomunicadas.En otras palabras, el ebola virus era demasiado letal para su propio bien, y al acabar con una comunidad pequeña, desaparecía al no contar con más pacientes que atacar. Esto no impidió que la terrible enfermedad fuera centro de atención de médicos y la población en general (dando lugar a su estudio metódico y tratada en libros y películas apocalíptico/as). En todo caso, nadie esperaba que la realidad terminara superando a la ficción.Todos los años la publicación Foreign Policy presenta su estudio en cuanto a la existencia de “Estados Fallidos”, noción manejada a lo largo del tiempo por varios pensadores, desde la escrupulosa conceptualización de Max Weber al neoconservadurismo ramplón de Francis Fukuyama. Por supuesto, dicho índice toma en cuenta una serie de indicadores que trascienden lo político y se extienden a lo económico y social, mas enfoquémonos en los dos conceptos básicos que engloban al conjunto y se retroalimentan entre sí: (a) la imposibilidad de un Estado de ejercer el monopolio de la violencia legítima en todo su territorio o parte de él; (b) la incapacidad de recibir, procesar y dar respuesta a las demandas internas y externas a través de su sistema político y su burocracia, generando un quiebre entre el gobierno y una población que no ve satisfechas sus necesidades más básicas. La inexistencia de una infraestructura sanitaria es un claro síntoma de ello: en estos días contemplamos las consecuencias.Era de esperar que la mayoría de las naciones del África Subsahariana encabecen el mencionado ranking y entre los primeros lugares encontramos a Guinea, Liberia y Sierra Leona, vecinos que al día de hoy son los países más afectados por el cruento e imprevisto estallido del virus del Ébola que muestra, por lo terrible, la potencial destrucción del Estado. Podría decirse que se ha tirado una cerilla encendida en un balde de gasolina.Por una cruel ironía del destino, los Estados establecidos alrededor de Monrovia y Freetown, que en su momento sirvieran de santuario para esclavos libertos de EE.UU. y el Reino Unido, tan solo lograron con esto la imposición de unas élites occidentalizadas y detentadoras del poder por sobre los nativos. Sumemos a esto la complejidad étnico-tribal de los moradores de antaño y el interés de las multinacionales por las riquezas naturales (diamantes, caucho, hierro), y como resultado alcanzamos un estado de tensión permanente que incluso se tradujo en una guerra civil presente en los dos países, finalizada con el retorno de una frágil “democracia” en los últimos años.Fue un breve alivio: a finales del 2013 (según las últimas investigaciones), en el sureste de la vecina Guinea (con su propia historia de violencia e inestabilidad), estallaría un brote de Ébola que, una vez traspasadas las fronteras, destruiría todo orden político y social de manera fulminante. La tierra prometida de la libertad terminaría en caos y muerte: si había un área donde la plaga podía desplegar toda su fuerza, sin dudas era esta.Si bien Guinea se encuentra a varios miles de kilómetros de los anteriores focos del virus, la aparición del mismo es razonable por un factor elemental: la presencia de los ya mencionados murciélagos de la fruta, vectores de la enfermedad, y el contacto y consumo de los nativos con/de dicha especie. Evidentemente no todos los murciélagos son portadores transmisores del ebola virus, pero basta con un contagio para desatar la peste de forma exponencial: primero un individuo, siguiendo la familia, luego la comunidad…El inicio de la epidemia data de diciembre de 2013, según las investigaciones posteriores con tal de dar con el origen del brote. Éste se habría dado en una pequeña localidad guineana cercana a la triple frontera y es aquí donde encontramos los primeros –y tal vez entendibles- errores humanos en la detección del virus: en un principio se pensó en el cólera o la malaria, y más tarde –dado el carácter hemorrágico- en el virus de Lassa. En marzo del presente año, ya con la presencia de Médicos sin Fronteras (MSF) y la Cruz Roja en el área, el gobierno guineano y luego la Organización Mundial de la Salud (OMS) dan la inesperada noticia de que se trataba de Ébola. La tardanza en el diagnóstico es un elemento fundamental para entender la multiplicación de casos en áreas cada vez más lejanas. Las comunicaciones, la densidad de población y -paradójicamente- la presencia de trabajadores de la salud (quienes, confundidos, se transformaron en portadores sin saberlo), explican el resto.Se equivoca nuevamente la OMS en abril, al considerar –tal vez extrapolando de la experiencia en el Congo- que se había llegado al “pico” de casos y que el brote comenzaría a remitir. Esto no sucedió y pronto ocurrió el peor de los escenarios posibles, con el Ébola alcanzando progresivamente las grandes capitales: Conakry (2 millones), Monrovia (1,2 millones) y Freetown (1 millón). Aquel virus que en su historia sólo había atacado a aldeas, de repente había llegado al hacinamiento de las grandes urbanizaciones.Como dijimos, Guinea, Sierra Leona y Liberia pertenecen al grupo de Estados Fallidos. ¿Qué podían hacer los gobiernos para controlar la situación? Evidentemente muy poco. Para hacernos una idea, recurramos a los datos:- Guinea: 0,1 médicos y 0,3 camas de hospital por cada mil habitantes.- Liberia: 0,01 médicos y 0,8 camas cada mil habitantes.- Sierra Leona: 0,02 médicos y 0,4 camas cada mil habitantes.Sobra decir que las condiciones hospitalarias no son, precisamente, las adecuadas, como tampoco lo es la calidad de vida en cuanto a necesidades sanitarias como acceso al agua potable o al saneamiento.La cosa empeora aún más cuando tenemos en cuenta que los médicos y los enfermeros, al carecer de medios para una correcta protección, se convierten en portadores y luego víctimas de la enfermedad, y existen testimonios que los pacientes son depositados en los hospitales esperando por alguien que los atienda, algo que ocurre con suerte una vez por día. Los más afortunados reciben un balde para depositar los vómitos y las heces y un poco de suero para mitigar la deshidratación. Mientras tanto, pacientes con otras enfermedades como la Malaria o personas víctimas de accidentes no encuentran auxilio alguno.La ayuda internacional, fundamentalmente de MSF y la propia OMS ha levantado hospitales de campaña que más parecen campos de concentración, y con la misma escasez de recursos. En todo caso la población considera que esto es mejor que nada, y los moribundos suelen apilarse en las entradas a estos lugares.En estos últimos días, MSF y el gobierno de Sierra Leona, aún a la espera de una ayuda internacional que ya se hace tardía, tiraron la toalla y decidieron promover el tratamiento en casa. Para el mismo, se pide que los enfermos queden recluidos en una habitación y se entregan guantes, cloro y suero para que un familiar pueda intentar mantenerlos con vida.La prevención es otro problema y la ignorancia de la población sólo sirve para propagar el caos. Los gobiernos han tomado medidas tan extremas como prohibir cualquier aglomeración pública (escuelas, eventos o incluso salir a la calle). También tanto en Monrovia como en Freetown se “cerraron” barrios enteros con el poco personal militar disponible, pero las protestas y la violencia hicieron a las autoridades desistir de tal extremo.Mientras tanto, se ha querido concientizar a una población completamente confundida en el caos sobre la existencia del mal (con campañas repitiendo el eslogan “Ebola is real” a través de canciones, radio y televisión), pero aún queda gente sumida en la mayor de las desinformaciones, principalmente en las zonas rurales. Uno de los mayores problemas es el de los entierros, donde la tradición marca que se debe lavar y vestir al cadáver previo a depositar el cuerpo, lo que garantiza un contagio automático. Poco a poco esta práctica se va dejando, dando lugar a la existencia de enterradores recorriendo las calles en busca de cuerpos como en los peores años de la peste negra.La ignorancia también genera sorpresivos dramas dentro del drama, y no pocos creen que la enfermedad es propagada por los funcionarios de la salud. En un caso extremo, ocho voluntarios para luchar contra la enfermedad fueron linchados y enterrados en una fosa común en Guinea. Mientras tanto, en Liberia los empleados sanitarios se declararon en huelga para solicitar mayores salarios y mejores equipos de contención, lo mismo que hicieron los “enterradores” de Sierra Leona la semana pasada.Mirando el futuro, el escenario es sombrío. La OMS declara que se esperan diez mil casos nuevos por semana (sin contar Guinea) hasta diciembre y, a partir de entonces, un progresivo descenso de contagios. En palabras textuales: “la más severa crisis sanitaria de la época moderna”. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades(CDC) estadounidenses son aún menos optimistas, y consideran que la cifra de afectados puede alcanzar hasta un millón y medio a comienzos del 2015.Esto dependerá exclusivamente de la ayuda internacional: qué, cuánta y cómo. Hasta ahora la misma ha sido insuficiente y tardía, pero finalmente parece que el mundo ha tomado conciencia de las dimensiones de la tragedia.La primera organización en reaccionar fue MSF, que actualmente cuenta con ocho centros de tratamiento y dos centenas de voluntarios internacionales, una cifra muy estimable teniendo en cuenta que los mismos saben que cualquier error puede conducirlos a una muerte segura. Un gesto parecido es el de Cuba, que se ha comprometido a enviar 300 médicos en las próximas semanas. Veremos. Mientras tanto, países como EE.UU. y el Reino Unido se han comprometido a enviar militares para poder montar nuevos centros de tratamiento.La gran mayoría de la ayuda, sin embargo, es económica, con varios países, ONGs y organizaciones internacionales donando dinero que se espera sea canalizado por la OMS para invertirlo de la manera más eficiente y necesaria. Es en este sentido que la ONU ha propuesto el “plan 60-70-70”: 60 días, 70% de pacientes tratados, 70% de entierros realizados de la forma adecuada. Es de esta manera que se pretende alcanzar el mejor escenario dentro de lo que se viene. Las vacunas y tratamientos experimentales también han sido autorizados por la OMS en una estrategia de “nada que perder”. Habrá que esperar unos meses para saber si todo este esfuerzo será suficiente para que los Estados Fallidos no pasen directamente a desaparecer.Marcos Rodríguez Schiavone es estudiante de la Licenciatura en Estudios InternacionalesFACS-ORT-Urugua

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