Revistas UNTREF (Universidad Nacional de Tres de Febrero)
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Licencias laborales y experiencias de paternidad en hombres residentes en barrios pobres y vulnerables de Buenos Aires
En este texto se abordan las experiencias y normativas (morales y legales) vinculadas a las paternidades en contexto de pobreza y vulnerabilidad. En particular, se describen y analizan las normativas legales y la agenda legislativa vinculada a las licencias por paternidad y, también, se analizan las experiencias, conflictos y modos de conciliación entre ausentarse de sus trabajos y/o estar presentes durante el parto y los primeros días de vida de sus hijos/as en padres residentes en barrios pobres y vulnerables del Área Metropolitana de Buenos Aires. Para ello, se realizó una investigación cualitativa en la cual se realizó un análisis documental de proyectos de reforma de las licencias por paternidad y se realizaron entrevistas informales a padres y observaciones en los barrios, viviendas y trabajos.This text analyzed the experiences and normatives (moral and legal) related to parenthood in poor neighborhoods. In particular, I describe and analyzed: a) legal regulations and the legislative agenda related to paternity leave; b) the experiences, conflicts and ways of reconciliation in poor fathers living in poor neighborhoods of the Area Metropolitana de Buenos Aires between going to work and/or being at the birth of their childs. To do this, I did a qualitative investigation that combines documentary analysis of paternity leave reform projects, and informal interviews with parents and observations
Entrevista a Carolina Vanegas Carrasco
Exposición:Memoria en vilo: Auras anónimas de Beatriz GonzálezCuradora:Carolina Vanegas CarrascoCentro de Estudios Espigas, TAREA/IIPC-UNSAMDel 26 de marzo al 12 de julio de 2019
En los primeros meses del 2019, tuvo lugar en la sala de exposiciones del Centro de Estudios Espigas la exposición documental Memoria en vilo: auras anónimas de Beatriz González. Este fue el punto de partida para un diálogo entre Carolina Vanegas Carrasco, curadora del proyecto y María Amalia García, quienes no solo se propusieron abordar los sentidos históricos y políticos que atraviesan la intervención realizada por González en el Cementerio Central de Bogotá en 2009, sino también los debates que aún activan la escena del arte latinoamericano.
María Amalia García: Llama la atención el poco conocimiento sobre el arte colombiano, al menos, en la Argentina y más aún en relación a la obra de Beatriz González ¿qué factores crees que han influido en el desconocimiento general de la producción plástica colombiana?
Carolina Vanegas Carrasco: La producción artística colombiana ha tenido gran visibilidad en escenarios internacionales en las últimas décadas, sin embargo me parece que persiste en los países de América Latina cierta desconexión e interés entre sí. No podría decir que el arte argentino contemporáneo sea muy conocido en Colombia –más que por los especialistas que por lo general no lo han visto en Colombia, sino en exposiciones en Estados Unidos o Europa. Creo que otro de los factores que ha influido en que se conozca poco el arte colombiano en otros países latinoamericanos tiene que ver con la poca producción especializada y la limitada circulación de textos que aún hoy es evidente a pesar de las posibilidades de comprar por internet o leer los textos online. Entonces volvemos al punto anterior, hay poco interés mutuo, prevalece un sesgo nacionalista y un mayor interés por crear lazos con los especialistas y mercados de Estados Unidos y Europa que con los latinoamericanos. Por otra parte, hay que decir que los costos y condiciones de traslado de obras entre países latinoamericanos a veces superan los del desplazamiento desde Europa, lo cual sumado a ese desinterés, no contribuye a fortalecer el mutuo conocimiento e intercambio.
En el caso específico de Beatriz González, fue a través de la XI Bienal de San Pablo de 1971 que llegó a la Argentina como parte de una muestra surgida de esa participación, que se llamó Colombia, 1971 y tuvo lugar en el Museo Nacional de Bellas Artes. A finales de esa década, en 1979, volvió para participar en la Bienal de Grabado y luego su obra fue parte de exposiciones colectivas en el Museo Nacional de Bellas Artes en 1980, 1996 y 2000. El año pasado, fue incluida en la exposición Historia de dos mundos en el Museo de Arte Moderno.
Cuando le propuse al director del Centro de Estudios Espigas-UNSAM, Agustín Diez Fischer, hacer la muestra de González, su respuesta afirmativa fue inmediata, pero sabíamos que iba a ser necesario explicar quién era ella, cuál su importancia en el escenario contemporáneo, además de la obra misma y la razón de ser de la exposición.
MAG: Entiendo que Beatriz González –por su rol como gestora institucional– es una figura que hoy continúa personificando un debate vigente en Colombia en relación a la disposición del ámbito artístico según la acción de Marta Traba durante los años 50 y 60. Básicamente, la exclusión de la línea de artistas comprometidos con lo vernáculo y la figuración de raigambre mexicana en pos de los artistas modernos. La cristalización del debate es limitativa pero actuante dado que divide perspectivas en relación con los estudios académicos en historia del arte. ¿Es acertada mi lectura? ¿Vos, cómo lo ves?
CVC: Los estudios en historia del arte en Colombia han sido y son todavía fruto del interés de unos pocos. No se ha logrado consolidar como disciplina y por ende, diría que el campo aun es incipiente. La historia del arte se empezó a enseñar como complemento de la formación artística en la Escuela de Bellas Artes decimonónica y esa dinámica no se ha modificado, por lo menos en el ámbito público. La presencia de Beatriz González en la gestión institucional no es comparable a la que tuvo Marta Traba a mediados del siglo pasado en términos de ejercicio efectivo de cargos públicos ni en duración, por supuesto. En lo que sí coincidieron fue en su interés y empeño en la formación de colecciones y de públicos. Creo que lo que se ha mantenido vigente de la obra de Marta Traba en Colombia es su labor crítica, posiblemente por la figuración pública que tuvo. En este terreno, algunos autores sostienen una anacrónica discusión sobre cuáles grupos de artistas fueron más o menos modernos, o si lo fueron primero que otros. Traba estaba impulsando un grupo de artistas contemporáneos a ella, es un proceso para historizar y no para polemizar como si la autora estuviese presente. Beatriz es considerada como “heredera” de Marta, aunque su actuación conjunta fue más en el rol de artista y crítica, respectivamente y no con la gestión institucional que Beatriz ejercería desde la década de 1980. Quienes aún se pelean hoy con Marta creen que pueden sostener esta misma discusión con Beatriz.
MAG: Centrándonos específicamente en la exposición, es muy interesante pensar que ese homenaje a los muertos tiene una gran vigencia en tanto provoca todo este debate en relación con la memoria y la conservación del patrimonio ¿cuál es tu perspectiva, como conocedora no solo de la obra de Beatriz sino también de la “monumentalización” de la memoria?
CVC: Justamente lo que me interesa de los monumentos es que hay cierto lugar común que los caracteriza como oficiales, unívocos y permanentes, condiciones que en realidad se cumplen en pocos casos. Los monumentos conmemorativos son lugares de debate sobre las memorias, que siempre están en conflicto, pero es necesario estudiarlos desde una perspectiva histórica que considere las apuestas simbólicas y políticas que los rodean. Aunque muchas veces sean (o parezcan) invisibles como decía Musil, no lo son. Sostienen ciertos consensos de la comunidad a la que se refieren y por eso dan lugar a intensos debates cuando pretenden ser removidos. Los que no generan estas reacciones es porque nunca conformaron un sentido particular, pero estas lecturas no provienen exclusivamente del momento de su creación, sino de los posibles sentidos que pueden adquirir a lo largo del tiempo. Esto fue lo que ocurrió en el Cementerio Central, un lugar que en el recuerdo de los bogotanos quedó asociado con las filas de cadáveres de la revuelta del 9 de abril de 1948 después del asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán. Fue por ello que cuando la alcaldía de Enrique Peñalosa a comienzos de este siglo empezó a demoler los edificios para dar lugar a un parque (que era la continuación del Parque del Renacimiento que fue construido sobre una fosa común), justamente la visibilidad de esos edificios fue la que impulsó la protesta de la sociedad civil que, encabezada por Doris Salcedo y Beatriz González, logró detener el avance de ese plan. Creo que esta actividad pública de las artistas y su discurso en favor de la preservación de un lugar de memoria de la violencia en Colombia (como muchos observadores han notado la capital de Colombia carece casi totalmente de huellas que hablen de este pasado y presente violentos). Siguiendo ese interés, la exposición pretende rescatar los debates sobre la pertinencia de su conservación. Resulta muy interesante que la obra haya “sostenido” simbólicamente los edificios y el lugar. Pareciera que a medida que pasa el tiempo y aumenta su deterioro representa con mayor fuerza las políticas locales sobre la memoria: en ruinas producto de la desidia y de la incapacidad de diálogo.
MAG: Comenzás tu texto de la exposición señalando a la silueta como esa figura visual que materializa la ausencia y su vinculación con el “siluetazo” en la Argentina ¿es una analogía propia o estuvo presente para Beatriz esta referencia a la hora de proyectar los columbarios?
CVC: Es una analogía propia que surgió del interés de conectarme con el imaginario local. Con esta pregunta volvemos a la primera: ¡somos tan cercanos y tan mutuamente desconocidos! Y la conexión te la explico con una anécdota: el año pasado cuando vino Beatriz a ver la exposición Historia de dos mundos. Arte experimental latinoamericano en diálogo con la colección MMK, 1944-1989 en el Museo de Arte Moderno (otra prueba de que nuestros acercamientos suelen estar mediados por Europa o Estados Unidos), recorrimos la muestra juntas. Cuando vio las fotos de Eduardo Gil (Siluetas y canas. El Siluetazo. Buenos Aires, 21/22 de septiembre 1983) se mostró muy interesada. Le dije que se había escrito mucho sobre esto en la Argentina y ella me pidió que se lo enviara para estudiarlo. Evidentemente nunca lo había visto y yo lo recordé en el momento que empecé a escribir el texto de sala.
La Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF) ha realizado los mayores esfuerzos para localizar a los posibles titulares de derechos de las obras de terceros reproducidas en esta publicación. Por cualquier omisión que pudiera haberse dado por favor contactarse con [email protected]
Un desierto transgénico para la nación neoliberal
Exposición:Una historia de la imaginación en la ArgentinaCurador:Javier VillaMuseo de Arte Moderno de Buenos AiresDel 6 de abril al 3 de noviembre del 2019
Se sabe –lo dicen Borges y Didi-Huberman– que una de las propiedades fundamentales de cualquier tradición artística es que funda un tiempo propio, carente de cronologías. Así, cualquier nueva obra no continúa un hilo temporal en línea recta, sino que ingresa en una vasta red anacrónica de reapropiaciones y reescrituras. Bajo el influjo de esta convicción, la propuesta curatorial de Una historia de la imaginación en la Argentina, curada por Javier Villa en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, apuesta a rastrear cómo los imaginarios territoriales que desde el más temprano siglo XIX fundaron los proyectos liberales del país perviven y se resignifican en el arte contemporáneo.
En la primera sala, “Pampa”, son las luces tenues, los viejos andamios y el telón adelante y detrás de los cuadros la escenografía precisa que inflige en quien visita la fantasía de que se adentra en los bastidores de una geografía vacía, en la producción teatral de una nación. Es el motivo de la llanura como un desierto el que enhebra en este mismo espacio paisajes decimonónicos de Eduardo Sívori, Prilidiano Pueyrredón y Martín Malharro con obras contemporáneas de Luciana Lamothe, Daniel Santoro o Carlos Herrera, entre otres. Esta acertada presentación simultánea de obras tan distantes en el tiempo es la que permite que el viejo desierto decimonónico, esa geografía improductiva habitada por indígenas y que los proyectos liberales del siglo XIX quisieron conjurar traduciendo violentamente cuerpos y territorios al lenguaje del capital, se desplace y resignifique a la luz de los actuales procesos de desertificación por el monocultivo de soja, la deforestación, los agrotóxicos y la precarización laboral. Así, acaso el efecto más interesante de este montaje sea que formatos más contemporáneos como la instalación o el ready-made hallan una inesperada precursoría en los paisajes de Sívori o Pueyrredón, que se resitúan de esta manera no en una llanura del siglo XIX sino en un desolado y yermo desierto post-apocalítpico de glifosato y cianuro.
Si el paisaje fue el artefacto romántico que constituyó geografías coloniales como vírgenes espacios que invitaban a la ilimitada apropiación y a la incalculable ganancia económica, en la actualidad, de acuerdo a Jens Andermann (2018), es la destructividad radical de los procesos de extractivismo la que agota el lenguaje figurativo del paisaje y demanda nuevos géneros expresivos, para dar cuenta de aquello que los geólogos han dado en llamar Antropoceno, aquel período en el que el capitalismo y sus emprendimientos extractivos se han vuelto la fuerza rectora que gobierna los procesos geológicos y climáticos de la Tierra (Povinelli, 2016). Así, es notorio en la muestra el desfasaje entre las producciones del siglo XVIII, XIX y comienzos del XX, en las que prevalece el paisaje, y las contemporáneas, en las que hay una buena cantidad de telas de grandes dimensiones, videos, esculturas e instalaciones, signados en todos los casos por la violencia y la destrucción como ejes temáticos. Extraordinarios ejemplos son Hito de frontera. Mulita verde sobre escombros, de Carlos Huffmann, que presenta una mulita radiactiva sobre un montón de basura, los caños oxidados y estallados de Luciana Lamothe, los sellos de marcado de ganado con los símbolos masculino y femenino de Daniel Leber, o las cabezas decapitadas de Pablo Suárez y Nicanor Aráoz.
Uno de los grandes méritos del trabajo curatorial de la muestra (que reúne más de 250 obras) es haber exhumado de olvidados museos municipales y provinciales trabajos de artistas poco exhibidos en Buenos Aires, como ocurre en las salas “el Litoral” y “el Noroeste”, donde abundan rescates notables, como es el caso de las pinturas de Juan Grela o las esculturas de Leonardo Iramain. En estas salas, también, notoriamente emerge variedad de estéticas y cosmogonías indígenas, invisibilizadas en las lecturas canónicas sobre la pampa. En “el Litoral” destaca la escultura Idilio criollo de Laura Códega, enorme instalación de piezas de cartapesta que funde en dos figuras lo humano, lo animal y el ambiente, en una visión de la naturaleza antagónica a la del extractivismo sojero, mientras que en “el Noroeste” la propuesta de Calixto Mamani (Objetos andinos) funde originalmente universos expresivos aborígenes en un género contemporáneo como es la instalación, y que resuena con las propuestas de Ticio Escobar en Paraguay, que indagan la asociación entre arte indígena y formatos actuales.
Por último, la sala que cierra la muestra reconstruye la violencia de género en la historia del arte a partir del motivo de la Cautiva, desde las vírgenes virreinales poseídas por el Espíritu Santo a las mujeres asesinadas y mutiladas de Raquel Forner y Franco Mala. La muestra culmina con una de sus obras más extraordinarias, el díptico Biodélica, de Florencia Rodríguez Giles, una exuberante orgía de cuerpos mutantes en una llanura radiactiva y distópica, cuyo paisaje ya fue devastado por el extractivismo capitalista.
En un claro guiño a Las aventuras de la China Iron, las telas aventuran un horizonte utópico y comunitario que reposa en la bacanal, el exceso barroco y las identidades trans, pero fundamentalmente en un nuevo imaginario territorial, antagónico a los que marcaron en el suelo con sangre, fuego y alambre los proyectos liberales, y que recupere la relación primordial que los indígenas tenían con la tierra. Un devenir indio que, como afirma Viveiros de Castro (2017) en una reciente alocución, defina a los cuerpos por pertenecer a la tierra en lugar de ser propietarios de esta.
Es un acierto curatorial de Una historia de la imaginación Argentina poner en funcionamiento las a veces imprevistas series temáticas que constelan el paisajismo argentino del siglo XIX con las tendencias del arte contemporáneo local, aunque por momentos la abrumadora cantidad de material vuelva confusa la propuesta, y llamativamente falte una sala consagrada a la Patagonia, región que vertebra muchos de los imaginarios pasados y presentes del país, y que actualmente encarna las más urgentes problemáticas por la tierra y los reclamos indígenas.
Carlos Huffman, Hito de frontera (maqueta), 2019, resina poliéster, pigmento, cemento, pintura al óleo y fibra de vidrio.
Nicanor Aráoz, Sin título, 2015, poliuretano, metal y neón.
Daniel Leber, Sellos, 2019, hierro y madera.
Florencia Rodríguez Giles, Biodélica, 2019, grafito sobre tela.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Andermann, Jens (2018). Tierras en trance. Santiago de Chile: Metales Pesados.
Povinelli, Elizabeth (2016). Geontologies: A Requiem to Late Liberalism. Durham: Duke University Press.
Viveiros de Castro, Eduardo (2017). Os involuntários da Pátria. Belo Horizonte: Edições Chão da Feira.
La Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF) ha realizado los mayores esfuerzos para localizar a los posibles titulares de derechos de las obras de terceros reproducidas en esta publicación. Por cualquier omisión que pudiera haberse dado por favor contactarse con [email protected]
Cuerpos con oportunidad de futuro: Nacimiento de Ni Una Menos y muerte del sujeto que nunca pudo ser
En su famoso artículo sobre conocimiento situados, Donna Haraway afirma que si la teoría feminista atiende a las teorizaciones sobre el modo en que los significados y los cuerpos son construidos (get made) no lo hace para negar los significados y los cuerpos, sino, en cambio, para hacer posible vivir en significados y en cuerpos que tengan oportunidades de futuro. Este artículo toma la obra de Judith Butler como reflexión que cumple la tarea que Haraway señalaba. Se ofrecerá una interpretación del modo en que las reflexiones sobre la performatividad del género se conectan íntimamente con sus últimas preocupaciones ético-políticas al refigurar el cuerpo como precario, expuesto, indisociable de su inconsciente y dependiente de sus condiciones materiales, discursivas y afectivas de existencia.
En su visita de 2015 a Argentina, Butler afirmó que “el cuerpo puede ser el nombre de nuestra humildad conceptual”. Esta humildad nomina tanto la complejidad de toda teorización del sujeto como la ocasión de reinventar, de proponer un nuevo relato de cómo somos en tanto sujetos situados, encarnados. Pero esto demandará, como Butler misma dirá, un necesario duelo: el de la muerte de una cierta clase de sujeto, uno que nunca fue posible, la muerte de una fantasía de control, y por tanto, la pérdida de lo que nunca tuvimos.
Lejos de pretender hacer un análisis abstracto, me interesa a situar la teorización de Butler en el contexto de las reflexiones, debates y acciones colectivas posibilitado en Argentina por la irrupción del movimiento Ni Una Menos. ¿Cómo podemos hacer(nos) posible vivir en significados y en cuerpos que tengan oportunidades de futuro en el arco problemático que se abre entre la efervescencia de los feminismos en Argentina -y Latinoamérica- y el amenazante ataque a la supuesta “ideología del género”
Universidad, innovación y desarrollo
Este artículo pretende dar cuenta de la génesis de la conformación y emergencia, en las últimas décadas, de una nueva demanda social dirigida a las universidades: su contribución como institución clave en la conformación de sistemas de innovación en su entorno socioproductivo, particularmente en el ámbito latinoamericano. Partiendo del correlato teórico que sustenta esta nueva demanda en el marco de la denominada sociedad del conocimiento, se analiza y problematiza desde una perspectiva teórica el rol de la universidad en articulación con los ámbitos productivos y gubernamentales (triple hélice). Asimismo, se vinculan las discusiones actuales con los aportes del pensamiento local en materia de políticas de Ciencia y Tecnología de las décadas del `60 y `70. De esta manera, se pone luego en discusión la tensión entre los valores de autonomía universitaria y pertinencia social de la producción de conocimiento, dando cuenta de la apropiación débilmente problematizada de esta nueva demanda a las universidades desde posturas antagónicas: tanto posiciones “neoliberales” inspiradas en New Public Management como también desde perspectivas “progresistas” orientadas al desarrollo local. Finalmente se abordan las dificultades de estas políticas en la obtención de los resultados esperados para la región, así como la tensión entre las orientaciones hacia la consolidación de la estructura productiva y el desarrollo social inclusivo en el contexto de la puesta en práctica de la denominada tercera misión de la universidad en Latinoamérica
Modos de leer y escribir, estrategias de apropiación de la alfabetización académica de los estudiantes de primer año de la Licenciatura en Nutrición de la Universidad Nacional de La Matanza.
El proceso de democratización del acceso a la educación superior tuvo, entre otros efectos, el aumento de la expansión de la matrícula del sector y la ampliación y diversificación de la oferta institucional. A su vez, dicho proceso encontró su límite en la posibilidad de retener a los/as alumnos/as y expandir la tasa de graduación, volviendo no sólo al acceso sino también a la permanencia en la universidad un problema social. En este marco, nos interesa específicamente analizar un aspecto de la permanencia que se vincula con el desencuentro entre lo esperado por los profesores y lo que los estudiantes logran en sus experiencias de lectura y escritura académica, así como, a la preocupación por las consecuencias de este desacople en torno a la trayectoria y la permanencia de los estudiantes en la universidad. Para ello, en este artículo presentamos los resultados de una investigación cuyo objetivo fue indagar sobre modos de leer, escribir y estrategias de apropiación de alfabetización académica de estudiantes de primer año de la Licenciatura en Nutrición de una universidad del conurbano bonaerense. Se trató de un estudio que combinó diversas técnicas: entrevistas en profundidad, observación de clases y un cuestionario autoadministrado a estudiantes. Entre los resultados principales se destacan las grandes dificultades que los estudiantes encuentran relacionadas con la organización del tiempo y de la carga de lectura. Así como, también, los relatos autoculpabilizadores e individualizantes que componen en torno a la imposibilidad de construir una trayectoria académica que respete los tiempos institucionales propuestos. Partiendo de estos hallazgos, buscamos contribuir al diseño de acciones que posibiliten a los docentes mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje de la lectura y la escritura en el nivel superior
Desigualdades de género y oportunidad de aprender en la educación secundaria de Argentina PISA 2018
La desigualdad de la distribución de los aprendizajes entre géneros es un aspecto relevante para evaluar los niveles de (in)equidad educativa en cualquier sociedad. En este trabajo se dimensionan y comparan regionalmente el grado de inequidad por género en los rendimientos de los alumnos evaluados por PISA/2018 en matemática, lectura y ciencia. En el análisis se incluyen también mediciones relativas a la Oportunidad de Aprendizaje (OdA) y al origen socioeconómico (NSE) del alumno. Los resultados del análisis de los datos con modelos regresionales multinivel indicaron que la incidencia del género en la distribución de los rendimientos es significativa, pero varía por disciplina evaluada y por regiones. Las desigualdades por género persisten aun cuando se controlan la OdA y el NSE. En algunas regiones y materias se constataron interacciones entre el efecto del género y la repitencia escolar, uno de los indicadores de OdA. Se verificó también variaciones significativas de la desigualdad entre género a los largo del conjunto de escuelas incluidas, infiriéndose que la capacidad de suavizar el efecto del género varía entre las escuelas. Finalmente, se infiere la relevancia de investigar posibles factores explicativos de estos hallazgos