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    Encuesta sobre Nueva Historia Intelectual : Intervienen Carlos Altamirano / Paula Bruno / Peter Burke / Mariana Canavese / Gabriel Cid / Horacio Crespo / Francois Dosse / Alexander Gallus / Juan Guillermo Gómez García / Aimer Granados / Martin Jay / Andrés Kozel / Gilberto Loaiza Cano / Carlos Marichal / Maria Elisa Noronha de Sá / Alexandra Pita González / Christophe Prochasson / Horacio Tarcus / Enzo Traverso

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    1. What do you understand by intellectual history, and how --according to you-- is this practice distinct from other approaches such as the history of ideas, the history of intellectuals, the social history of culture, etc.? 2. To what extent has Marxism (or certain schools or understandings of marxism) contributed to the formation of intellectual history -- or has Marxism as a whole remained within the traditional framework of the history of ideas? 3. To what extent has your own research been carried out within the framework of intellectual history, and which works have been your main references in this domain?Encuesta sobre Nueva Historia Intelectual  Intervienen Carlos Altamirano / Paula Bruno / Peter Burke / Mariana Canavese / Gabriel Cid / Horacio Crespo / Francois Dosse / Alexander Gallus / Juan Guillermo Gómez García / Aimer Granados / Martin Jay / Andrés Kozel / Gilberto Loaiza Cano / Carlos Marichal / Maria Elisa Noronha de Sá / Alexandra Pita González / Christophe Prochasson / Horacio Tarcus / Enzo Traverso   desde  Alemania / Argentina / Brasil / Colombia / Chile / Estados Unidos / Francia / Gran Bretaña / México   Cuestionario ¿Qué entiende por historia intelectual y qué es lo que considera que distingue esa práctica de otras aproximaciones, como la historia de las ideas, la historia de los intelectuales, la historia social de la cultura, etc.? ¿En qué medida el marxismo, o algunas de las escuelas o las formas de entender el marxismo, ha nutrido la formación de la historia intelectual, o bien el marxismo in toto ha quedado inscripto en la tradicional historia de las ideas? ¿En qué medida encuadró sus investigaciones en la historia intelectual y cuáles fueron sus principales obras de referencia en el área

    Por una historia intelectual de las izquierdas: A 25 años de la creación del CeDInCI

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    A 25 años de la creación del CeDInCI Por una historia intelectual de las izquierdas   Después de un esfuerzo sostenido, durante nada menos que un cuarto de siglo, el CeDInCI cuenta con una nueva sede. En 2003 había abierto su segunda casa en un inmueble del barrio porteño de Flores cedido por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Diecinueve años más tarde, en abril de 2022, inauguró su sede definitiva gracias al apoyo de la Fundación Friedrich Ebert. Se trata de un edificio de tres plantas ubicado en el centro de la ciudad, a metros de la mítica avenida Corrientes.  Desde este nuevo emplazamiento, el CeDInCI continúa en mejores condiciones su labor de formación de colecciones bibliográficas y hemerográficas, su tarea de rescate archivístico y la apertura a la consulta pública. En forma paralela, ha reanudado en la nueva sede sus actividades de investigación, con un Área académica en crecimiento y albergando diversos programas: Programa de Investigación del Anarquismo, Programa de Memorias Políticas Feministas y Sexo-Genéricas, Programa Mundos Impresos, Programa Bios del Sur, Programa Nuevas Izquierdas Latinoamericanas y el Programa de Historia Intelectual “José Sazbón”. Todas y cada una de estas líneas de trabajo han recibido amplio reconocimiento, tanto en nuestro país como en el exterior. En 2007, el CeDInCI fue reconocido por el CONICET como lugar de trabajo donde radicar investigaciones y becas. Hoy su equipo de investigación suma 20 integrantes. En 2010, firmó un acuerdo de colaboración con la Universidad Nacional de San Martín. Gracias al respaldo de la UNSAM, sostiene gran parte de su equipo profesional y, mediante un convenio con su Escuela de Humanidades, se acreditan académicamente los seminarios de posgrado dictados en nuestro Centro. En 2015, la Colección de Prensa Obrera del Cono Sur del CeDInCI fue declarada “Patrimonio Documental de América Latina y el Caribe” por la UNESCO. En septiembre de 2018, recibió el Diploma al Mérito otorgado por la Fundación Konex como una de las “cinco mejores instituciones culturales de la última década”. Diversos proyectos del CeDInCI obtuvieron subsidios y apoyos de instituciones nacionales (Ministerio de Cultura de la Nación, Ministerio de Ciencia y Tecnología, Mecenazgo Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, Fundación Friedrich Ebert, Fondo Nacional de las Artes, Fundación Williams) e internacionales (Endangered Archives Programme, British Library, Fundación Rosa Luxemburgo, LAMP de Estados Unidos, SEPHIS de Ámsterdam, entre otras). Hemos celebrado también convenios con instituciones como la Universidad de Harvard, la Universidad de Princeton, la Universidad de Stanford, el Instituto Iberoamericano de Berlín y la Bibliothèque de Documentation Internationale Contemporaine de Nanterre. Ahora, a punto de cumplir 25 años de vida, nos propusimos hacer un alto para esbozar un balance.  En principio, el CeDInCI es un centro de documentación e investigación. ¿Qué políticas fueron necesarias para que estas dos dimensiones, lejos de darse las espaldas como áreas profesionales escindidas, se mancomunaran entre sí? ¿En qué medida el centro de documentación contribuyó a fomentar líneas de investigación? ¿Hasta qué punto las políticas de formación de colecciones bibliográficas, hemerográficas y archivísticas están informadas por líneas de investigación? Aunque las líneas de investigación que alberga son temáticamente diversas, involucran distintas áreas disciplinares y asumen perspectivas teóricas y metodologías heterogéneas, el CeDInCI propuso desde un principio –en sus seminarios, en sus jornadas, en su revista, en sus proyectos de investigación– un acercamiento entre dos universos que en tiempos de su creación aparecían como separados e incluso hostiles: la historia de las izquierdas y la historia intelectual. ¿En qué medida fue eficaz la crítica que libramos a los modos convencionales de hacer historia obrera e historia de las izquierdas que le daban la espalda a la renovación teórica e historiográfica de las últimas décadas del siglo XX? ¿Cuánto contribuyó a la expansión de los estudios de historia de las izquierdas la ampliación del horizonte conceptual que implicaba repensar nuestro objeto en términos de “cultura de izquierdas”, una noción programática que aspiraba a exceder la historia institucional de los partidos, de sus dirigentes y de sus programas, invitando a pensar dimensiones ocluidas o subalternizadas, como los procesos de subjetivación militante, la relevancia de la cultura letrada, las políticas editoriales y revisteriles, la construcción de lenguajes políticos, la propaganda política como empresa retórica, los itinerarios biográficos, el peso de la simbología o los rituales y la liturgia en la construcción de los imaginarios de izquierda? A tal punto se ha extendido este programa en el presente que es lícito preguntarse si, 25 años después, queda algo en pie de aquella objeción de “desviación culturalista” que habían dirigido al CeDInCI los cultores de la historia obrera y partidaria. Para proponer su proyecto de renovación de los estudios de historia de las izquierdas, quienes investigan en el CeDInCI abrevaron en ciertos desarrollos contemporáneos de la historia intelectual. Estos ejercicios implicaron la reapropiación de conceptos forjados en otros universos teóricos para dar cuenta de realidades muy distintas, algunos concebidos incluso con talantes liberal-conservadores, como los de la Escuela de Cambridge. Asimismo, la incorporación de las herramientas que proveía el llamado “giro material” parecía especialmente propicia para volver sobre la grafosfera izquierdista, aunque ninguna de estas operaciones era de por sí evidente. Partimos de la premisa de que los grandes procesos políticos no se difundieron por el mundo de modo homogéneo, sino que despertaron distintas discusiones y polémicas intelectuales. Acudimos entonces a los aportes de la “estética de la recepción”, concebida en la segunda mitad del siglo XX por filólogos romanistas de la Escuela de Constanza y reelaborada luego por críticos culturales como Stanley Fish, entendiendo que podían contribuir, más allá de su foco inicial en las obras literarias y la creación estética, a una teoría de los procesos de difusión y recepción internacional de las ideas.  En suma, el texto colectivo que ponemos a disposición de nuestros lectores es el resultado de una pregunta más general respecto de la productividad de estos y otros ejercicios de reapropiación de herramientas y perspectivas de la historia intelectual para la renovación de la historia de las izquierdas. I. Documentación Los testimonios de las dificultades que, a comienzos del nuevo siglo, encontraban los cultores de la historia social y la historia intelectual para acceder a acervos documentales en América Latina son incontables. Las investigaciones más sólidas de historia social producidas en las últimas décadas del siglo XX y comienzos del XXI eran resultado de prolongadas estancias de investigación en las grandes bibliotecas del llamado “primer mundo”. Los acervos disponibles en la sección latinoamericana de las universidades de Harvard, Princeton o Austin, en el Instituto Iberoamericano de Berlín o el Instituto de Historia Social de Ámsterdam contrastaban con la penosa situación de los acervos documentales en nuestro propio continente: colecciones enteras libradas al abandono; otras desguazadas en remates públicos o vendidas a los grandes archivos imperiales (como ocurrió recientemente con la Colección de afiches de Juan Carlos Romero); documentos inaccesibles, ya sea porque se mantienen en manos de celosos coleccionistas, de fundaciones fantasma, de organizaciones políticas o de sindicatos que carecen de los recursos, los conocimientos o la vocación para catalogarlos y abrirlos a la consulta pública. La fundación del Arquivo Edgard Leuenroth en Campinas y la del CeDInCI en Buenos Aires significaron el inicio de una tarea de reparación histórica que demandaría la creación de centros semejantes en todas las capitales de América Latina. La posibilidad de expandir la historia intelectual de las izquierdas y de los movimientos sociales tiene como condición de posibilidad esa labor de recuperación patrimonial. Pero crear y poner a disposición series y colecciones no ofrece sólo nuevas condiciones materiales de posibilidad. La renovación historiográfica, la apertura de áreas de interés y de campos de discusión se derivan en buena medida de las definiciones e hipótesis que propone la propia confección de un acervo. Así como una investigación obtiene un momento no narrativo de sus hipótesis a partir del proceso de construcción de su corpus, a una escala mucho mayor, un centro de documentación propone un tipo de intervención —tácita pero efectiva— sobre el campo historiográfico. La organización de colecciones da lugar a series que ya contienen en sí mismas lecturas y donde un tema se transforma en un área de estudios. Baste recordar la sentencia de Borges: el orden de una biblioteca es una forma silenciosa de ejercer la crítica. Podríamos glosarlo sosteniendo que el orden de un centro de documentación contiene una forma implícita de ejercer la crítica historiográfica. De tal modo, las colecciones desarrolladas por el CeDInCI excedieron el monolingüismo trazado por la tradicional historia del movimiento obrero. En sus fondos documentales no sólo se registran la fundación de sindicatos y federaciones, la organización de huelgas y manifestaciones que dan cuenta del conflicto social y el crecimiento de la conciencia de clase, o la acción pública de sus mayores líderes gremiales y políticos, sino que también permiten acreditar dimensiones cotidianas de la acción colectiva, formas rituales y ceremoniales que contribuyen a la construcción de identidades sociales, modalidades y espacios de la sociabilidad militante. Al lado de documentos imprescindibles como las actas de una federación obrera o un boletín de huelga, cobran relevancia papeles hasta poco tiempo atrás considerados “menores”, como la fotografía de una sede gremial o de una asamblea, un volante con el programa de un curso de formación, un listado de precios de libros y folletos en venta, un cancionero político, la carta de un militante de base de una región distante de la ciudad capital que adapta el discurso oficial al habla coloquial de su propio pago.  El radar que puso el equipo del CeDInCI en el armado de sus colecciones respondió a esta expansión del horizonte historiográfico. Reunió así numerosas bibliotecas temáticas que superan la cifra de 160.000 libros y folletos, 11.000 títulos de publicaciones periódicas, 40.000 volantes, 6.000 fotografías, 4.000 afiches y más de 100 discos de vinilo, además de una nutrida colección de objetos vinculados a la militancia (pines, carnets, medallas, almanaques, remeras, llaveros, señaladores, banderas, etc.). Entre los productores de los 170 fondos de archivo personales que el CeDInCI atesora, no sólo están presentes los nombres de grandes personalidades de nuestra historia cultural y política —José Ingenieros, José Sazbón, David Viñas, Nicolás Repetto, Herminia Brumana, Héctor P. Agosti, Cayetano Córdova Iturburu, Nora de Cortiñas, Juan Antonio Solari, Jorge Tula, Guillermo Almeyra, Héctor Raurich, Samuel Glusberg, Sara Torres, José Luis Mangieri, entre otros nombres—, sino también los de cuadros medios o militantes de base. En suma, así como la ampliación de los horizontes de la investigación histórica demandó la recopilación de nuevas series documentales, la organización y la puesta a disposición de estos repositorios invitan a enriquecer y ensanchar nuestro campo de preguntas e indagaciones. La tarea de recuperación funcionó acorde a una segunda dimensión que resulta crucial: las condiciones de acceso. La apertura del acervo del CeDInCI a la consulta pública en el año 1998 pudo apoyarse en el pujante desarrollo de las ciencias de la información que desde principios de siglo modificó sustancialmente, y a escala global, las condiciones de búsqueda y acceso a las fuentes documentales. La respuesta de las bibliotecas nacionales latinoamericanas frente a la incesante innovación tecnológica, que iba tornando obsoletos los diversos dispositivos de preservación documental propios de la segunda mitad del siglo XX e inicios del XXI —el microfilm, la fotocopia, el disco compacto, el CD-ROM—, fue desigual. Mientras las bibliotecas nacionales de Brasil y de México tomaban la delantera en políticas de automatización, otras (como la Biblioteca Nacional de la Argentina) las resistían esgrimiendo argumentos de nacionalismo cultural. Como aconteció en otras latitudes, el rezago de las grandes instituciones argentinas (Biblioteca Nacional, Biblioteca del Congreso de la Nación, Archivo General de la Nación) en la informatización de su patrimonio documental iba siendo parcialmente compensado por iniciativas complementarias, llevadas a cabo por instituciones más pequeñas y dinámicas, con presupuestos sustantivamente menores pero proclives a sellar una nueva alianza entre humanidades y tecnologías. El CeDInCI no fue el único, pero fue uno de los actores más activos de ese proceso. Dos años después de su fundación, el CeDInCI publicó un primer catálogo, que hoy en día sólo funciona como un registro histórico del crecimiento patrimonial posterior. Valga decir también que este proyecto surgido desde una organización civil sin fines de lucro fue pionero a nivel local en el uso del software libre que hoy utilizan la mayoría de las instituciones: todo el acervo del Centro se encuentra catalogado y puede ser consultado mediante las bases de datos Koha (para Biblioteca y Hemeroteca) y Atom (para Archivos y colecciones particulares).  En lo que hace a las políticas de preservación y reproducción, el CeDInCI llevó a cabo, a partir del año 2000, cuatro proyectos sucesivos de microfilmación de sus colecciones más antiguas de prensa periódica. Paralelamente, comenzaba a digitalizar algunas de las piezas más valiosas de su patrimonio. En el año 2000 ofrecía una edición digital en CD-ROM de la revista Contorno, a la que le sumó un índice y un estudio preliminar. En años posteriores, el emprendimiento fue seguido por otras colecciones. Cuando estas tecnologías se iban tornando obsoletas, tomó como referencia pionera en América Latina el portal Publicaciones Periódicas del Uruguay para preparar su propio portal de revistas, pero proyectado ahora a escala latinoamericana. En el año 2015, al mismo tiempo que AHiRA lanzaba su plataforma de revistas argentinas, el CeDInCI ofrecía AméricaLee, su portal de revistas político-culturales latinoamericanas. Ahora bien, ¿cómo puede pensarse la apuesta historiográfica de un centro de documentación que reúne registros tan diversos como bibliotecas especializadas en marxismos y en anarquismos, colecciones de catálogos editoriales, libros de bibliotecología, fondos de archivo de militantes, editores e intelectuales, volantes de actos y manifestaciones de distintos movimientos sociales, colecciones de folletería de libre-pensamiento y naturismo, boletines del movimiento gremial, gacetas del movimiento estudiantil y fanzines producidos por los activismos feministas, lésbicos, gays, bisexuales, travestis y trans? ¿Cómo interpretar la conjunción de estas series documentales? ¿A qué tipo de apuesta historiográfica responden? II. Historia intelectual e historia de las izquierdas Hoy es posible contabilizar un significativo número de tesis, libros y artículos que, desde distintas perspectivas, abordan la historia de las izquierdas. Mientras a fines del siglo XX ocupaba apenas un lugar residual en la agenda historiográfica, a comienzos del presente siglo el interés por este tipo de estudios creció de modo exponencial. En la década de 1990, dominada a escala planetaria por la afirmación del neoliberalismo, la demanda social de experiencias históricas de las izquierdas había alcanzado uno de sus niveles más bajos. Sin embargo, con el cambio de siglo la historia de las izquierdas conoció una expansión sin precedentes que se sostiene por más de dos décadas. A nivel local, las discusiones alrededor del estallido social de 2001 contribuyeron a que la agenda académica comenzara a conceder un lugar legítimo a la historia de las izquierdas. Pero con el nuevo siglo no renacía la historia de la izquierda tradicional anclada en la centralidad de la clase obrera. Ante la emergencia de nuevos sujetos sociales, nuevos movimientos con renovadas demandas y originales formas de organización se hicieron necesarios enfoques teóricos alternativos a la historia obrera convencional. Abroquelada en un proyecto historiográfico profundamente conservador, la historia obrera apenas disimulaba un método empirista de registro de la conflictividad obrera encuadrándose en un marxismo decididamente reduccionista. La promesa de narrar la historia obrera partiendo de la “clase en sí” para llegar a la “clase para sí” se veía una y otra vez frustrada porque esta perspectiva carecía de las herramientas conceptuales para pensar en toda su problematicidad los procesos de formación de la acción colectiva, de las identidades sociales o de las culturas políticas. Los historiadores y sociólogos que cultivaban la historia obrera tradicional (y la historia de las izquierdas como ancilar a la historia obrera) no sólo llevaron a cabo una recepción moderada y recelosa de la renovación historiográfica marxista que tuvo lugar en Europa durante las últimas décadas del siglo XX —de E. P. Thompson y Raymond Williams a Perry Anderson y Stuart Hall—, sino que le dieron la espalda a la revolución historiográfica contemporánea —digamos de Michel Foucault a Ranahit Guha, de Carlo Ginzburg a Michelle Perrot o Joan W. Scott—, no tanto por pereza intelectual sino porque socavaba buena parte de sus supuestos epistémicos. Mientras la historia obrera no daba muestras de diálogo con esta renovación historiográfica vertiginosa a escala global, a fines de la década de 1990 emergía en nuestro continente un campo sumamente heterogéneo pero pujante y productivo de lo que comenzaba a denominarse como historia intelectual. La nueva historia política, la historia de los conceptos, la historia de los lenguajes políticos, la historia de los intelectuales, la historia del libro y la edición, la mediología y sus estudios sobre la grafosfera, la estética de la recepción, entre otras perspectivas, ofrecían herramientas teóricas sumamente productivas para concebir una nueva historia multidimensional de las izquierdas. Una vez rota la cadena explicativa de la estructura económica —de la clase obrera a la conciencia de clase y de la conciencia de clase al partido obrero—, se abría un enorme horizonte poblado de una pluralidad de sujetos sociales, de demandas y de aspiraciones de mejora, transformación o revolución, siempre moldeadas por la formación o la mutación de culturas políticas y de imaginarios sociales, habilitándose así ensayos novedosos de articulación de reivindicaciones, formas renovadas de organización, experiencias colectivas vividas que daban lugar a la construcción de diversas subjetividades. Abierto el horizonte de la imaginación histórica, estas herramientas permitieron poner en cuestión la circulación internacional de los grandes sistemas ideológicos —llámese anarquismo, marxismo, socialismo o comunismo— como unidades homogéneas y transhistóricas, para atender a sus discusiones regionales conforme las culturas políticas del espacio de recepción. Al desplazar el énfasis del momento de la producción intelectual al de la difusión y la recepción, fue posible enfocar el estudio en la experiencia de quienes desde la periferia latinoamericana llevaban a cabo operaciones selectivas y apropiativas de lectura, traducción, edición, difusión, divulgación y recreación. Al repensar la política en términos gramscianos de construcción hegemónica, el universo de la acción militante se expandió mucho más allá de la cuestión de la inserción del partido en tal o cual fábrica o gremio, del éxito o el fracaso de las experiencias de proletarización o de la eficacia político-militar de la acción armada. La nueva perspectiva permitió percibir otras figuras menos visibles de la experiencia militante y, sin embargo, constitutivas de la cultura de izquierdas: periodistas, traductores, editores, impresores, libreros, artistas gráficos, diseñadores, escritores, cursillistas de las “escuelas de cuadros”, entre muchas otras. Incluso las figuras clásicas del militante de izquierda fabril o del combatiente armado, idealizadas en los relatos tradicionales, ganaron en multidimensionalidad cuando se las comenzó a repensar con perspectiva de género, así como una mirada crítica desde los feminismos y los activismos LGTBQ+ incorporó la lucha de las mujeres y evidenció resabios patriarcales y homofobias. Buena parte de la producción sobre historia de las izquierdas que tuvo lugar en los últimos 20 años se nutrió de este tipo de problemáticas y abordajes. Los propios cultores de la historia obrera y partidaria tradicional, ante la necesidad de ofrecer programas más atractivos a los jóvenes investigadores, fueron sucumbiendo al “culturalismo”. Al poner en diálogo la historia de las izquierdas y la historia intelectual, el CeDInCI libraba su batalla programática en dos frentes. Por una parte, postulaba la productividad de las herramientas y las perspectivas de la historia intelectual dentro del campo local de la historia de las izquierdas tradicional. Por otra, introducía la historia de las izquierdas junto con sus herramientas en un campo de historia intelectual hegemonizado por los estudios sobre las élites letradas liberales. Esta última operación se vio favorecida por diversos caminos abiertos por la generación anterior de sociólogos de la

    Presentación - El duro deseo de durar: Retratos latinoamericanos, en la periautografía de los intelectuales del siglo XX

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    La escritura de memorias (o periautografía, en la acepción concebida por Giambattista Vico que aquí se recupera) cuenta con una abundante y rica tradición en América Latina, que si bien ha sido visitada por aproximaciones críticas anteriores, no contaba hasta ahora con un estudio en profundidad desde las preguntas y problemas de la historia intelectual. El presente dossier, que responde a esa inquietud, ofrece un anticipo del libro resultante del proyecto “Retratos Latinoamericanos. Escritura memorialística de artistas e intelectuales latinoamericanos del siglo XX”, dirigido conjuntamente desde hace varios años por el historiador argentino Jorge Myers y el sociólogo brasilero Sergio Miceli. De esa importante iniciativa, que reunió el concurso de 34 especialistas que han escrutado los textos periautográficos de un extenso abanico de figuras del continente, Políticas de la Memoria publica en esta ocasión una decena de contribuciones. Abre el dossier un razonado estudio introductorio a cargo de Myers y Miceli, que recorta problemáticamente la especificidad de la perspectiva memorialística, y ubica la cultivada en América Latina dentro de las más amplias tradiciones de escrituras del yo surgidas ya no sólo en Occidente sino en el conjunto del pasado humano. Seguidamente, Ricardo Benzaquén (PUC-Río de Janeiro), Ricardo Martínez Mazzola (UNSAM/CONICET), María Inés de Torres (Universidad de la República, Montevideo), Sergio Ugalde (Universidad Autónoma de México), Martín Bergel (Centro de Historia Intelectual-UNQ/CeDInCI/CONICET), María Alice Rezende (PUC-Río de Janeiro), Judith Podlubne (Universidad Nacional de Rosario/CONICET), Nora Catelli (Universidad de Barcelona), y Sergio Miceli junto a Heloisa Pontes (Universidad de San Pablo y Universidad Estadual de Campinas, Brasil), acometen respectivamente textos memorialísticos de Mário de Andrade, Enrique Dickman, Juana de Ibarbourou, José Lezama Lima, Luis Alberto Sánchez, Jorge Amado, Victoria Ocampo, Adolfo Bioy Casares sobre Jorge Luis Borges, y exponentes de la escena teatral brasilera como Jorge Andrade y Gianfrancesco Guarnieri. Jorge Myers es investigador del CONICET y uno de los miembros fundadores del Centro de Historia Intelectual (antiguo Programa de Historia Intelectual) de la Universidad Nacional de Quilmes. Estuvo al cuidado del tomo de la Historia de los Intelectuales en América Latina consagrado al siglo XIX. Sergio Miceli, por su parte, es profesor de la Universidad de San Pablo, autor de Intelectuais à Brasileira —entre otros muchos libros y ensayos— , y animador principal de la historia intelectual, y de los grupos asociados con ella, en el Brasil

    Presentación: Dossier Intelectuales, revistas culturales y antifascismo en Francia

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    En su ya clásico libro sobre Los intelectuales en Francia, Pascal Ory y Jean-François Sirinelli afirman que “incluso antes de llegar al poder, el Frente Popular hace un amplio llamamiento a los intelectuales, ya sea a prestigiosos individuos que están en primera línea o a asociaciones preocupadas por no situarse ni en el terreno de los partidos ni en el de los sindicatos y agrupaciones corporativas”. Esa particularidad marcó desde sus inicios a la experiencia del Frente Popular el que, contrariamente al Cartel de Izquierda, no buscó ser una mera coalición electoral, sino también una unión de decenas de organizaciones cuyos objetivos eran principalmente culturales. Por ello, en Francia, y en gran parte de los ámbitos atraídos por esta prédica, el antifascismo fue un combate librado fuertemente en el plano de la cultura y un asunto en el que los intelectuales tuvieron un papel muy destacado. Este dossier propone volver a repensar algunos aspectos de esa “bella ilusión” que marcó un momento clave de la historia francesa del siglo XX. El primer artículo, a cargo de Ricardo Pasolini, —investigador independiente del Conicet y profesor de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN)—, estudia el rol del Comité de Vigilancia de los Intelectuales Antifascistas (C.V.I.A.) a través de las principales publicaciones del antifascismo cultural (Commune, Europe, Esprit y La Révolution Prolétariènne), atendiendo al clima de renovación de la vida intelectual y política francesa de los años treinta. Cierra el dossier un artículo de Magalí Devés —doctora en Historia y profesora de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires—, sobre el papel de la gráfica y los cruces entre arte y política en el segundo proyecto editorial conducido por Henri Barbusse luego de la experiencia de Clarté: la revista Monde (1928-1935). &nbsp

    Presentación

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    Dossier Philosophy and politics in Argentina We offer in this dossier two articles that coincide in the importance of analyzing Argentine philosophical writings -and those of other latitudes- in their contexts of production. The first one was prepared by Martín Forciniti, who focuses on the political dimension of Rodolfo Kusch's essays of the sixties. In the second article, Martín Cremonte returns to the polemic National Congress of Philosophy of 1980 to analyze the role played by the vindication of Socrates' philosophy presented by one of the organizers of the event, Francisco Olivieri.Rodolfo Kusch (1922-1979) studied philosophy at the University of Buenos Aires during the 1940s. After graduating, he worked as a professor and at the same time began a creative reflection that made use of Heidegger's philosophy and the anthropologies of symbolic forms to illuminate the "thought of deep America". To his voluminous individual work he added between 1971-1975 the collective bet for a Philosophy of Liberation. In this Kusch stood out together with Arturo Roig, Juan Carlos Scannone and Enrique Dussel, among others.This year 2022 marks the 100th anniversary of Kusch's birth and the centenary has motivated several academic events aimed at highlighting the relevance of his philosophical production. In view of this, Martín Forciniti proposes that we dwell on the second edition, published in 1973, of El pensamiento indígena y popular en América. Its purpose is to discuss with the studies that have been recovering the political dimension of Kusch's work, since they coincide in raising this dimension from the present, suspending, as the title proposes, the "ideological function of philosophical discourse". Since the 1950s Kusch assimilated his sought-after indigenous and popular thought to Peronism. Thus, the historical contextualization that Forciniti undertakes must review the latest studies on the Peronist left and right, and this leads him to conclude that the danger of "misappropriation" and "Marxist infiltration" that Kusch denounced at the time confronted both the Peronist Youth and the Tendency and offered the growing Peronist right an indigenist and Latin American foundation, which found little audibility.Seven years after the publication of the second edition of El pensamiento indígena y popular en América, in October 1980, the professors of the philosophy department of the University of Buenos Aires organized in the Argentine capital the IIIº Congreso Nacional de Filosofía. The event was presented in continuity with the one organized in 1949 in Mendoza and with the one that had taken place in 1971 in Córdoba. In 1980 the military junta, which had been ruling Argentina since 1976 and had begun to be denounced for systematic and bloody violations of human rights, financed Argentine philosophers to discuss academic topics and to counterbalance the "anti-Argentine campaign". Martín Cremonte analyzes the agenda of the Congress to highlight subtle modes of philosophical collaboration with the image of the dictatorship, with special reference to the Socratism proposed by Francisco Olivieri (1932-2003), then professor of ancient philosophy at the University of Buenos Aires.From a more complex theoretical-methodological apparatus and a more extensive approach to the problem, Cremonte agrees with Forciniti that the critical bibliography -in his case on the work of Olivieri and the Congress- has been overlooking the philosophical meanings derived from the historical context. Moreover, Cremonte's broad and documented analysis allows us to discover an ethical-political affinity between the inner withdrawal Olivieri calls for from his interpretation of Socratic philosophy and the "prudential reasons" elaborated almost a decade later by the legal philosopher Carlos Nino as the philosophical framework of the Due Obedience Law.In short, the articles that make up the dossier do not merely confirm that the philosophical theses disseminated in the last decades of the twentieth century in Argentina circulated in close connection with certain political positions. Given the undisputed intertwining between philosophy and politics, both articles resort to diverse approaches from intellectual history to offer us a way of doing philosophical research that recovers not only the conceptual plot but also the historical plot. Translated with www.DeepL.com/Translator (free version)Dossier Filosofía y política en la Argentina   Ofrecemos en el presente dossier dos artículos que coinciden en la importancia de analizar los escritos filosóficos argentinos –y de otras latitudes– en sus contextos de producción. El primero fue preparado por Martín Forciniti, quien se detiene en la dimensión política de la ensayística de los sesenta de Rodolfo Kusch. En el segundo artículo, Martín Cremonte vuelve sobre el polémico Congreso Nacional de Filosofía de 1980 para analizar el rol que cumplió la reivindicación de la filosofía de Sócrates que expuso uno de los organizadores del evento, Francisco Olivieri. Rodolfo Kusch (1922-1979) estudió filosofía en la Universidad de Buenos Aires durante la década de 1940. Ya egresado trabajó como profesor, al tiempo que inició una creativa reflexión que se valió sobre todo de la filosofía de Heidegger y las antropologías de las formas simbólicas para iluminar el “pensamiento de la América profunda”. A su voluminosa obra individual sumó entre 1971-1975 la apuesta colectiva por una Filosofía de la Liberación. En ésta Kusch se destacó junto con Arturo Roig, Juan Carlos Scannone y Enrique Dussel, entre otros. En este año 2022 se cumplen cien años del nacimiento de Kusch y el centenario ha motivado varios eventos académicos orientados a destacar la vigencia de su producción filosófica. Ante ello Martín Forciniti nos propone detenernos en la segunda edición, aparecida en 1973, de El pensamiento indígena y popular en América. Su propósito es discutir con los estudios que vienen recuperando la dimensión política de la obra de Kusch, pues éstos coinciden en plantear esa dimensión desde el presente suspendiendo, según propone el título, la “función ideológica del discurso filosófico”. Desde la década de 1950 Kusch asimiló su buscado pensamiento indígena y popular al peronismo. De modo que la puesta en contexto histórico que emprende Forciniti debe revisar los últimos estudios sobre las izquierdas y las derechas peronistas y ello lo lleva a concluir que el peligro de “malversación” e “infiltración marxista” que entonces denunciaba Kusch se enfrentaba tanto con la Juventud Peronista como con la Tendencia y ofrecía a la creciente derecha peronista una fundamentación indigenista y latinoamericana, que encontró escasa audibilidad. Siete años después de la publicación de la segunda edición de El pensamiento indígena y popular en América, en octubre de 1980, los profesores de la carrera de filosofía de la Universidad de Buenos Aires organizaban en la capital argentina el IIIº Congreso Nacional de Filosofía. El evento se presentaba en continuidad con el organizado en 1949 en Mendoza y con el que había tenido lugar en 1971 en Córdoba. En 1980 la Junta Militar, que gobernaba la Argentina desde 1976 y que había comenzado a ser denunciada de violar sistemática y sangrientamente los derechos humanos, financiaba a los filósofos argentinos para que discutieran temas académicos y mediatamente contrapesaran la “campaña antiargentina” . Martín Cremonte analiza la agenda del Congreso para destacar modos sutiles de colaboración filosófica con la imagen de la dictadura, con especial referencia al  socratismo que propuso Francisco Olivieri (1932-2003),  entonces profesor de la cátedra de filosofía antigua de la Universidad de Buenos Aires. Desde un aparato teórico-metodológico más complejo y un recorte del problema más vasto, Cremonte coincide con Forciniti en que la bibliografía crítica –en su caso sobre la obra de Olvieri y el Congreso– ha venido pasando por alto los sentidos filosóficos derivados del contexto histórico. Es más, el amplio y documentado análisis que realiza Cremonte permite descubrir una afinidad ético-política entre el repliegue interior al que llama Olivieri a partir de su interpretación de la filosofía socrática y las “razones prudenciales” que casi una década después elabora el filósofo del derecho Carlos Nino como marco filosófico de la Ley de Obediencia debida. En definitiva, los artículos que componen el dossier no se limitan a confirmar que las tesis filosóficas difundidas en las últimas décadas del siglo XX en la Argentina circularon en estrecha vinculación con determinados posicionamientos políticos. Ante el indiscutido entrelazamiento entre filosofía y política, ambos artículos recurren a aproximaciones diversas provenientes de la historia intelectual para ofrecernos un modo de hacer investigación filosófica que recupera no sólo la trama conceptual sino también la trama histórica. &nbsp

    A 150 años: la Comuna en imágenes

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    Las ilustraciones de este número A 150 años: la Comuna en imágenes La Comuna parisina de 1871 fue el primer acontecimiento de la historia obrera y social que contó con imágenes que circularon por buena parte del globo. Y no sólo los clásicos grabados: la reciente invención de la fotografía y el uso extendido del daguerrotipo y el método de impresión mediante la litografía permitieron poner en circulación una importante masa de imágenes en grandes tirajes a través de los magazines de la época. Entre la crítica, el documento y la propaganda, estas imágenes se convirtieron también en un campo de batalla por la representación del acontecimiento. Hasta tal punto que a fines de ese mismo año fueron censuradas aquellas imágenes que pudieran poner en peligro la paz pública. El presente número de Políticas de la Memoria comparte una serie de reconocidas ilustraciones de esos años que fueron reproducidas en: Maurice Moissonier y Claude Willard, Barricades: révoltes et révolutions au 19e siècle, Paris, MEssidor, 1991; y Pierre-Louis Basse y Carole Bitoun, Aux armes citoyens ...": barricades et manifestations de rue en France de 1871 à nos jours, Paris, Hugo & Cie, 2010.    Según se indica en las referencias, muchas de esas ilustraciones forman parte de la colección del Musée de l’ Histoire vivante en Paris.  Sobre la ilustración de tapa Fotografía de Bar Floréal. Obtenida del libro: Maurice Moissonier y Claude Willard, Barricades: révoltes et révolutions au 19e siècle, Paris, Messidor, 1991.     Las ilustraciones de este número A 150 años: la Comuna en imágenes La Comuna parisina de 1871 fue el primer acontecimiento de la historia obrera y social que contó con imágenes que circularon por buena parte del globo. Y no sólo los clásicos grabados: la reciente invención de la fotografía y el uso extendido del daguerrotipo y el método de impresión mediante la litografía permitieron poner en circulación una importante masa de imágenes en grandes tirajes a través de los magazines de la época. Entre la crítica, el documento y la propaganda, estas imágenes se convirtieron también en un campo de batalla por la representación del acontecimiento. Hasta tal punto que a fines de ese mismo año fueron censuradas aquellas imágenes que pudieran poner en peligro la paz pública. El presente número de Políticas de la Memoria comparte una serie de reconocidas ilustraciones de esos años que fueron reproducidas en: Maurice Moissonier y Claude Willard, Barricades: révoltes et révolutions au 19e siècle, Paris, MEssidor, 1991; y Pierre-Louis Basse y Carole Bitoun, Aux armes citoyens ...": barricades et manifestations de rue en France de 1871 à nos jours, Paris, Hugo & Cie, 2010.    Según se indica en las referencias, muchas de esas ilustraciones forman parte de la colección del Musée de l’ Histoire vivante en Paris.  Sobre la ilustración de tapa Fotografía de Bar Floréal. Obtenida del libro: Maurice Moissonier y Claude Willard, Barricades: révoltes et révolutions au 19e siècle, Paris, Messidor, 1991.    &nbsp

    Políticas de la Memoria n°22

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    Research yearbook of the Center of Documentation and Research in Left-wing Cultures - CeDInCI. It publishes refereed articles, critical reflections, interviews, surveys and reviews that contribute to the study and reflection of current debates on the intellectual history of the left and social and political movements in Argentina, Latin America and the world, as well as to the contemporary development of critical and emancipatory theories and policies of archiving, preservation and representation of collective memory, from various disciplinary traditions.Anuario de investigación del Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas - CeDInCI. Publica artículos arbitrados, reflexiones críticas, entrevistas, encuestas y reseñas que contribuyan a los estudios y reflexión de los debates actuales sobre historia intelectual de las izquierdas y los movimientos sociales y políticos en la Argentina, en América Latina y en el mundo, así como al desarrollo contemporáneo de las teorías críticas y emancipatorias, y de las políticas de archivo, preservación y representación de la memoria colectiva, desde diversas tradiciones disciplinares

    Bitácora del Año Segundo de la Peste

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    Bitácora del Año segundo de la Peste   Cuando por primera vez asistimos a la declaración de una pandemia; cuando por segundo año consecutivo la vida colectiva se restringe y la crisis económica y política se profundizan; cuando lo cotidiano y lo doméstico continúan apoderándose de la energía que antes dejábamos en instituciones, en calles y en bares… ¿qué se sostiene? ¿Qué se mantiene con algún sentido todavía, atravesando todas las dificultades y los nuevos desafíos virtuales? Este equipo no dudó de que los proyectos colectivos de reflexión y producción intelectual tenían que continuar. Prueba de ello es el extenso índice de este número, que de ser impreso como nos gustaría tendría un lomo grueso y bien visible en nuestras bibliotecas. Difícil decidir cuál merece ser destacado. A las nuevas entregas de las secciones Sexo y revolución, a cargo de Laura Fernández Cordero, e Historia de libro y la edición, coordinada por Ezequiel Saferstein, se suma desde este número la sección Centro de documentación para el estudio de las izquierdas, que coordinan Lucas Domínguez Rubio y Horacio Tarcus, y que en esta entrega cuenta con tres artículos —traducidos especialmente— sobre tres instituciones que antecedieron al CeDInCI en la tarea de preservación documental de las izquierdas: la Biblioteca-Instituto Fetrinelli, el Instituto Marx-Engels y el Archivo de Bakunin. Pese a las restricciones, entre el último número de Políticas de la memoria y esta nueva edición, los meses vinieron muy cargados de cuestiones políticas globales de fuerte impacto y de coyunturas locales vertiginosas. Las transformaciones en los espacios y las lógicas de trabajo y la crisis de cuidado generalizada que desató la pandemia, demostraron la pertinencia y la oportunidad histórica de los aportes que venían haciendo los feminismos. Y ello se acompañó de una perplejidad generalizada que puso en jaque nuestros supuestos sobre el futuro, pero también nuestras formas de reflexionar sobre el pasado. Más sentido aún adquiere una revista que intenta pensar de manera crítica las políticas de la memoria y sus efectos presentes.  Sin dudas, fue un año en el que consolidamos nuestros aprendizajes sobre la vida virtual. Con la sede semicerrada por las restricciones sanitarias y los protocolos inestables, despotricamos contra las plataformas virtuales, pero también les agradecimos que nos permitieran abrir nuestra pequeña sala al mundo de una manera que no habíamos previsto y, al final, comenzamos a experimentar no sin temblor los primeros reencuentros presenciales.   El fin de la URSS, treinta años después Otra cuestión que signó este segundo año de pandemia fue la respuesta a la ingenua pregunta de cuán mejores nos haría la nueva crisis global, crisis que coincide con un inquietante resurgir de las derechas a escala mundial. Y todo ello en un año en el que se cumplen tres décadas de un acontecimiento que nos introdujo en otra crisis global: la disolución de la Unión Soviética. Tres décadas es distancia más que suficiente para volver a un evento de vital importancia no sólo para Rusia sino también para todo el mundo. Y es también distancia más que suficiente para hacer necesario ese regreso. Son las renovadas preocupaciones sobre el presente las que coordinan las preguntas que hacemos al pasado con la esperanza de poder encontrar allí insumos que nos ayuden a entender nuestra propia actualidad. La pregunta por la disolución de la URSS no sólo nos permite comprender mejor los múltiples factores que intervinieron allí, sino también el impacto y los alcances que dicho evento generó en dos dimensiones fundamentales: el reordenamiento global del espacio ruso y la viabilidad del proyecto comunista. Varias cuestiones que sobrevuelan hoy la realidad de Rusia y del mundo están atravesadas por la problemática relación que el presente ruso establece con su pasado soviético y su traumático fin. Sin dudas, la disolución de la Unión Soviética marcó para todos aquellos que vivían en su territorio el fin de un proyecto compartido y de un universo que, a pesar de sus múltiples falencias, les resultaba familiar. En ese sentido, la caída significó para todos ellos —o al menos para una gran mayoría— lo que podríamos considerar como un “fin del mundo”. Pero, y como bien apunta Alejandro Galliano en su último libro, “después del fin del mundo, el mundo siguió existiendo”. Por lo tanto, quienes continuaron viviendo en la Rusia post-soviética tuvieron que pensar el modo en el cual reconstruir ese mundo después del fin del mundo en sus múltiples sentidos. La recomposición de la identidad nacional no fue una cuestión menor. Hacia allí se dirigió el Estado, sobre todo a partir de la llegada a la presidencia de Vladímir Putin en el año 2000, luego de la década maldita de 1990 que Boris Yeltsin había comandado aplicando una doctrina de shock que pauperizó la vida social interna y degradó a Rusia de la escena global, además de mostrar signos erráticos y confusos para responder a la inquietante pregunta de quiénes son los rusos.  Sobre todo desde el tercer mandato de Putin, que se inició en 2012, el problema de la identidad nacional comenzó a resolverse con un fuerte rol del Estado, privilegiando una intención geopolítica de reposicionamiento global de Rusia y con una fuerte impronta conservadora que coloca a Rusia como guardiana de valores tradicionales pervertidos por Occidente. La salida propuesta por Putin apuntó entonces a privilegiar el orden por sobre cualquier atisbo de cambio social. Esto, sin embargo, no es un producto de su pasado como espía ni del camino especial ruso, sino apenas un capítulo más dentro del resurgimiento de los neoconservadurismos a nivel global. En ese sentido, el gobierno ruso atina a reforzar su carácter nacionalista y conservador con el fin de reconstituir el lazo social y saldar cuentas con su pasado soviético, pero también para acallar a la oposición y disimular su incapacidad de hacer frente a la crisis económica y social que ya lleva varios años. La caída de la Unión Soviética legó problemas para Rusia y el mundo que, como muestra el actual resurgimiento mundial de las derechas, todavía pretenden ser resueltos con un espíritu cada vez más lejano de los ideales que le dieron nacimiento en 1917.      Nuestro nuevo número   Entre los problemas legados por la Unión Soviética se encuentra el que recorre el dossier Trotskismos latinoamericanos: la (im)posibilidad de que los gobiernos comunistas contengan a sus oposiciones de izquierda. El movimiento trotskista no logró cumplir con las expectativas de su fundador: constituirse en la segunda posguerra en la dirección revolucionaria de recambio. Los dos anuncios del Programa de Transición trotskista habían fallado, pues el stalinismo salía fortalecido de la guerra y el capitalismo se mostraba capaz de desarrollar las fuerzas productivas más allá de lo imaginable en las primeras décadas del siglo XX. A pesar de su constante fragmentación y de nadar una vez más contra la corriente, los trotskismos de nuestro continente lograron por momentos trascender la dimensión testimonial y escribir algunas páginas de la historia latinoamericana. Además de las investigaciones de Andrey Schelchkov y de Dainis Karepovs, nuestro dossier ofrece dos documentos inéditos: el Diario de Samuel Glusberg en México, en el que narra sus encuentros con Trotsky y Diego Rivera, y la entrevista de Juan José Sebreli a Nahuel Moreno sobre los años de formación de su corriente política. Al dossier Trotskismos latinoamericanos se suma uno sobre Historia intelectual. Por un lado, a pedido de nuestra revista, el historiador Christophe Prochasson —reconocido por sus estudios sobre el socialismo francés y los intelectuales— preparó una reflexión sobre la historia intelectual en el espacio europeo, reflexión que prosigue la investigadora del CeDInCI Mariana Canavese centrándose en el espacio argentino de las últimas dos décadas. Y hay más. No podía faltar en este nuevo número un problema que ensayó una breve vía de resolución en los comienzos de la Unión Soviética y que, como mencionamos, la pandemia puso en el centro: la politización del reducto doméstico para remediar las inequidades en el reparto de las labores de limpieza, cuidados y crianza. Las dos décadas transcurridas del siglo XXI comprueban el acierto de un movimiento de carácter internacional como el feminista, que no reduce sus intercambios y reflexiones a los ámbitos locales, sino que potencia su crítica en el escenario global.  Que la construcción de ese movimiento lleva décadas lo demuestra la nueva entrega de la sección del Programa de memorias políticas y sexogenéricas, Sexo y Revolución. Allí se compilan las huellas en la prensa de uno de los tantos episodios de intercambio y diálogo de las izquierdas en torno a la “cuestión sexual” en clave revolucionaria. Como un antecedente, entre tantos, de la agitación de las identidades y las luchas sexogenéricas, la escritora y librepensadora brasileña Maria Lacerda de Moura realizó una serie de conferencias en el Buenos Aires de hace casi un siglo en diálogo con los espacios más combativos, en especial, el anarquismo. Su escritura y su presentación pública enlazaba una renovación del “problema sexual” con una fuerte denuncia del fascismo imperante. Recuperar estas aparentes anécdotas menores fortalece las luchas presentes, sobre todo porque no las alimenta de heroicidades ni grandes nombres, sino de una construcción colectiva persistente e inclaudicable. Del mismo modo, recuerda esas vertientes de los feminismos y los activismos LGBT+ que no se detienen en una necesaria batalla por reconocimientos y derechos, sino que tienen en su horizonte un cambio radical.  Last but not least, Políticas de la memoria n° 21 vuelve a ocuparse, como en números anteriores, de la historiografía de las izquierdas. En esta entrega lo hace con una encuesta sobre los estudios anarquistas preparada por las investigadoras María Miguelañez Martínez e Ivanna Margarucci, y con dos dossiers temáticos.  En suma, presentamos un nuevo número de Políticas de la memoria y nos reconforta confirmar que esa decisión no fue solitaria sino acompañada por decenas de personas que colaboraron con sus textos y con ello reafirmaron que al infortunio global y al empobrecimiento generalizado de las condiciones de vida, se le oponen intervención intelectual y escritura comprometida. Más allá de estas palabras preliminares, la aparición de un nuevo número es una manera de afirmar que, contra la adversidad económica y política, apostamos a la escritura del compromiso, la reflexión crítica y el archivo vital que hace a la historia de las izquierdas.    El Colectivo Edito

    Editorial

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    Políticas de la Memoria, la publicación del CeDInCI, vuelve a ver la luz luego de más de dos años de aparecido su último número. La demora en salir nuevamente responde a una única razón, que se deriva de dos realidades yuxtapuestas y difíciles de conciliar: la voluntad de poner a disposición de los lectores una revista de excelencia en los temas y enfoques que le son caros —la historia de las izquierdas, la historia de los intelectuales, los estudios sobre memoria y otras dimensiones culturales—; y los escasos recursos humanos que concurren en la realización de un esfuerzo de esa índole. Como muchas otras iniciativas del CeDInCI, esta revista lleva la marca de la autogestión: todas las tareas involucradas en su factura (escritura, traducción, corrección, pedidos de artículos, ilustraciones y colaboraciones, etc.) son obra del reducido Colectivo Editor y de algunos pocos generosos amigos que han brindado su tiempo para que la realización de este edición fuera posible (de ellos, debemos subrayar el trabajo de los amigos del CEMICI de Córdoba, con Ana Clarisa Agüero, Diego García, Alejandro Dujovne y Ezequiel Grisendi a la cabeza). Una vez más, esperamos que la calidad y cantidad de materiales que ofrecemos a los lectores compensen la demora. Abre este número Horacio Tarcus con un crítico cuadro de situación de los archivos obreros, de los movimientos sociales y de las izquierdas en la Argentina, que de alguna manera actualiza el proyecto bibliotecario y archivístico cedinciano. A continuación, nos enorgullece publicar un breve dossier que revisita el decisivo ensayo del crítico literario brasileño Roberto Schwarz «Las ideas fuera de lugar». La entrega, que se compone de una conferencia del propio Schwarz y de una rese- ña de su obra a cargo de María Elisa Cevasco, surge de la sesión de cierre de las últimas Jornadas del CeDInCI consagradas, precisamente, al problema de la circulación internacional de las ideas. El debate sobre la «Literatura Mundial» —un concepto acuñado por Goethe a comienzos del siglo XIX, y aludido en un célebre pasaje del Manifiesto Comunista por Marx y Engels, que ha adquirido nuevo vigor en algunos núcleos académicos europeos y nor- teamericanos—, no ha despertado hasta aquí entre nosotros gran atención. El dossier Intelectuales y Constelaciones Posnacionales, que presenta dos importantes ensayos que se inscriben más o menos directamente en la problemática —los de Mariano Siskind y de Gisèle Sapiro, precedidos por una introducción a la cuestión a cargo de Diego García y Alejandro Dujovne,— salda con creces ese vacío, y dispone una serie de ideas e hipótesis que pueden resultar estimulantes para pensar la historia y la socio- logía de la dimensión trasnacional de las prácticas intelectuales y culturales. Al cuidado de Laura Fernández Cordero, quien se encargó de su selección y estudio preliminar, la sección de documentos de Políticas de la Memoria presenta esta vez un mosaico de textos que intervinieron en los albores de los debates en tor- no al emergente feminismo a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Se trata de un corpus hasta aquí de muy difícil acceso, puesto que, con una sola excepción, se compone de textos que nunca fueron reeditados. La aparición del presente número coincide con la apertura pública del Fondo de Archivo de José Ingenieros, depositado por sus herederos en el CeDInCI. Horacio Tarcus transcribe aquí una serie de cartas y documentos inéditos extraídos de este fondo, y los enmarca en una reflexión sobre el programa juvenil que unió a Ingenieros y Lugones en la encrucijada entre el modernismo finisecular y el socialismo romántico. Esta edición de la revista presenta además dos secciones nuevas, que esperamos que se sostengan en el tiempo y se alimenten del concurso de lectores e investigadores. En primer término, de un espacio enfocado a la historia intelectual europea, de reducida atención en los medios locales. En modesto homenaje a quien fuera su principal sostenedor en la Argentina, desde su propio nombre esta nue- va sección quiere además colaborar en la continuación de la tenaz labor desarrollada en la materia por José Sazbón. En la ocasión, la sección se compone de dos artículos dedicados a dos figuras trágicas de la Europa de entreguerras, Romain Rolland y Stefan Zweig, a cargo de David James Fisher y Afrânio Garcia. En segundo lugar, inauguramos en este número un espacio dedicado a la historia de la edición, los libros y las prácticas de lectura, un campo que ha conocido recientemen- te un significativo desarrollo. Integran esta vez la sección estudios de Gustavo Sorá, Ignacio Barbeito y Diego García. Esta última sección se complementa en esta edición con una encuesta dirigida a veintisiete reconocidos intelectuales de diversa trayectoria y origen que residen en diferentes ciudades del país. La indagación se propuso averiguar a través de dos sencillas preguntas cuáles fueron las editoriales y las librerías que los acercaron a la cultura libresca. La historia de las tradiciones de la izquierda argentina es nuevamente abordada en este número en un dossier consagrado a distintos temas, figuras y momentos del socialismo argentino. Conforman este bloque ensayos de Juan Manuel Viana, Augusto Piemonte y María Cristina Tortti. La polémica sostenida por Horacio Tarcus y Elías Palti en ediciones anteriores de Políticas de la Memoria originada inicialmente en la estela del debate del Barco sobre la legitimidad de la violencia revolucionaria, y que conoció luego bifurcacio- nes hacia las tradiciones del marxismo local e internacional, y hacia las vinculacio- nes entre prácticas intelectuales y políticas, se prolonga en este número de la revista a partir de dos contribuciones de Laura Sotelo y Ariel Petruccelli. El número se completa con una sección de artículos de temática diversa, con el espacio habitual dedicado a dar cuenta de las novedades de la vida del CeDInCI, y con otra novedad que nos complace anunciar: una nutrida sección de reseñas y fichas de libros y revistas de reciente aparición a cargo de Martín Ribadero, flamante editor de la sección

    Presentación: Aproximaciones a la historia del libro y la lectura en el Perú

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      Políticas de la Memoria retoma en esta edición su habitual sección consagrada a la Historia del Libro y la Edición. Si en un número anterior la dedicamos a experiencias pasadas de ese campo desarrolladas en México, en esta ocasión presentamos dos trabajos, inscriptos ambos en investigaciones de largo aliento, sobre temas relativos a la historia de la cultura impresa en el Perú. En primer lugar, Martín Bergel ofrece una inspección del lugar de los textos impresos en los años en que el aprismo peruano se transforma en un partido de masas, y desarrolla una hipótesis sobre sus usos en un período en el que ese movimiento político debió obrar necesariamente en condiciones clandestinas. Y a continuación, Carlos Aguirre —profesor de la Universidad de Oregon y autor de varios ensayos dedicados a la historia del libro, entre los que se destaca su reciente volumen La Ciudad y los Perros. Biografía de una novela— ofrece una reconstrucción de la trayectoria y los claroscuros de Populibros, una de las iniciativas más ambiciosas de popularización del libro y la lectura en el país andino. &nbsp
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