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FILO:Digital (Facultad de Filosofía y Letras-Universidad de Buenos Aires)Not a member yet
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16. La ideología romana del imperio universalista. Sus sostenedores y detractores
Si bien se puede intentar rastrear los comienzos de la ideología del título
en época republicana (Polibio, Historia, Libro I: “¿Quién será tan ligero o frívolo para no querer saber por qué medios y con qué organización estatal los romanos, en menos de 53 años, han logrado ser los que están a la cabeza de casi toda la tierra habitada, poniéndola bajo un solo mando?”, o “Los romanos han sujetado a su gobierno no alguna parte, sino casi todo el mundo”, o aún: “Yo no habría narrado los hechos de los romanos a no ser porque nosotros (los
griegos) no conocemos bien a los dos Estados que se disputaron el imperio o gobierno de todo, de todas las tierras (Roma y Cartago)”), sobre todo como base ideal desarrollada a través de la asimilación del pensamiento helénico —especialmente estoico— a fin de dar fundamento especulativo “a posteriori” al hecho real de la exitosa y ubicua expansión militar de Roma, la formulación clara y madura de este programa se inicia definitivamente con Julio César, quien —no es secreto para nadie— tomó como modelo el ideal de Alejandro (Suetonio,
Los Doce Césares: El Divino Julio, Libro 1, Parágrafo VII) y cuyos planes de
continuar “más allá”, frustrados en parte por las luchas civiles y por su asesinato, se nos revelan en su tentativa de conquista del Norte (Britannia) y del
Este (su programada expedición contra los parthos), continuados —después
del nuevo intervalo de las luchas entre Antonio y Octavio— con las campañas
de conquista de este último y de sus familiares (Druso Senior, Tiberio, Germánico y Druso Junior), a su vez detenidas por primera oportunidad en fronteras,
no fijas, pero sí funcionando como hitos momentáneos, en los tres grandes ríos
Rin, Danubio y Eufrates, por causa del descalabro de Varo (9 E.C.) o por la
“vejez y cansancio”, tanto de Augusto como de Tiberio, como dice un autor
moderno (John Cecil Mann, de Durham — Artículo “The Frontiers of the Principate”, in “Aufstieg und Niedergang der Rómischen Welt — De Gruyter, Berlin - New York, 1974 - 11 (Principat) 1, pág. 511, líneas 28 y sgtes.).Fil: Mariño, Aldo A. Universidad de Buenos Aires; Argentina
12. Recordando a Arnold J. Toynbee
Se discute si Arnold
Toynbee
es un historiador o un filósofo
(un
filósofo de la historia). Veamos hasta qué punto se ocupa, en sus escritos,
de otra cosa que no sean procesos históricos. Comenzando por la base:
determinar qué es la historia —o sea, su definición—, y cuál es su fundamentación como disciplina científica, es necesario recordar que muchas
ciencias cuentan ya con una metaciencia, es decir, con una serie de principios o postulados científicos que las fundamentan y delimitan. La historia, que es el estudio del cambio —y de su contraparte la perduración—
en el universo, busca su fundamentación científica, básicamente, en el
estudio del problema de la existencia del tiempo (cambio y tiempo, que es
espacio + movimiento, al menos para la filosofía tradicional, están íntimamente relacionados) y de esa tarea se ocupa la Filosofía de la Ciencia.
Pero la palabra
historia
designa,
consuetudinaria
y etimológicamente,
a
una disciplina que sí ciertamente investiga una trayectoria temporal, pero
específicamente ésta es la de la especie humana o la de grupos de esa
especie (el hombre es aquí no sólo el sujeto que estudia sino también el
objeto, estudiado en su pasado social) y, en este sentido, vista desde una
perspectiva científica omnicomprensiva, aquella fundamentación sólo la
alcanzaría en segundo término, debido a la calidad de la historia de ser un
enfoque parcial de una temporalidad total.Fil: Mariño, Aldo Alejandro. Universidad de Buenos Aires. Facultad de Filosofía y Letras. Instituto de Historia Antigua y Medieval “José Luis Romero”; Argentina
09. La rogatio Livia agraria del año 122 a. C. Punto de partida en la disolución del programa agrario gracano
La rogatio Livia agraria, junto con otros proyectos de ley propuestos al pueblo por el tribuno Mareus Livius Drusus en el año 122 a.C., tuvo como objetivo principal e inmediato desprestigiar ante la plebe de Roma a su colega en el tribunado, Caius Sempronius Gracehus. Las dos fuentes que poseemos al respecto nos informan que los nobles y el Senado, para poner término a la popularidad de Graco y sobre todo a las medidas ganadas por éste en favor de la plebe, medidas todas que hacían peligrar los intereses y beneficios de la aristocracia, recurrieron al tribuno Druso, persuadiéndolo para que interpusiera su veto —dice Apiano l—, invitándolo a atacar a Cayo y a unirse con ellos en contra de aquél —dice Plutarco—, con el propósito de agradar a la plebe y ganar su favor en beneficio de la clase senatorial.Fil: Muschietti, Mabel. Universidad de Buenos Aires. Facultad de Filosofía y Letras. Instituto de Historia Antigua y Medieval “José Luis Romero”; Argentina
14. Colección de revistas que posee el Instituto de Estudios Clásicos y Medievales
Fil: Comité Editorial. Universidad de Buenos Aires. Facultad de Filosofía y Letras. Instituto de Historia Antigua y Medieval “José Luis Romero”; Argentina
00. Portada, índice
Fil: Universidad de Buenos Aires. Facultad de Filosofía y Letras. Instituto de Historia antigua, medieval y moderna “José Luis Romero”; Argentin
11. La provocación y la ejecución de los cómplices de Catilina
El derecho de los ciudadanos romanos de provocar al pueblo cuando
estaban amenazados de la ejecución de una sentencia capital. ha sido y
continúa siendo tema de vivas polémicas en cuanto se refiere a su naturaleza, a la época en que fue establecido y al tiempo hasta el cual se
mantuvo. Es un tema que se comparte entre la historia jurídica y la historia política, pero con caracteres tan especiales que no puede resolverse
sólo con las fuentes leeales, y en cuanto al análisis de los hechos políticos,
vemos por ambas partes en lucha en cada época, areumentaciones que
pretenden ser jurídicas, pero que, a poco que se las examine, muestran
su índole puramente política y muchas veces estrechamente partidista.
De
ahí
el desconcierto,
la confusión
y la contienda
entre
constante
los
diferentes intérpretes.Fil: Herrán, Carlos M. Universidad de Buenos Aires. Facultad de Filosofía y Letras. Instituto de Historia Antigua y Medieval “José Luis Romero”; Argentina
00. Portada, índice
Fil: Comité Editorial. Universidad de Buenos Aires. Facultad de Filosofía y Letras. Instituto de Historia Antigua y Medieval “José Luis Romero”; Argentina
06. Reseñas
Fil: Comité Editorial. Universidad de Buenos Aires. Facultad de Filosofía y Letras. Instituto de Historia Antigua y Medieval “José Luis Romero”; Argentina
05. El título de procónsul en algunas inscripciones imperiales
Según lo afirma Dión Casio y lo atestiguan monedas e inscripciones en general, el emperador
al salir de Roma asumía el título de procónsul, pues el imperíum proconsulare que le daba el comando en jefe de las fuerzas armadas no era ejercido ni en la capital ni en Italia. En los títulos romanos e itálicos es llamado procónsul cuando se halla en las provincias y en los provinciales cuando el emperador está ausente de Italia. Hay, sin embargo, excepciones a este último aserto: en una inscripción de Mauretania del año 137, Hadriano,
que estaba en Roma, es llamado solemne; en otra de 206 de África pasa Carnuto en la Panonia Superior de 212,
a Geta en Roma, mientras él se refugia en el campamento pretoriano, el emperador recibe igual título.Fil: Gesino, Marta J. . Universidad de Buenos Aires. Facultad de Filosofía y Letras. Instituto de Historia Antigua y Medieval “José Luis Romero”; Argentina
02. Un episodio dinástico en la historia de Egipto. El reinado de la reina Hatsheput
El reinado de la reina Hatshepsut, abundante en peripecias de menguada política, figura entre los sucesos más singulares de la historia de Egipto. Trátase de uno de los renovados episodios de luchas dinásticas que acaecieron, con frecuencia, en aquel imperio remotísimo. Tales querellas — aún no del todo aclaradas o dilucidadas por los egiptólogos — fueron siempre favorecidas por los sacerdotes del gran dios Amón-Ra, quienes por medio de intrigas brindaban o negaban su apoyo a tal o cual príncipe o princesa. Para el estudio del caso de la reina Hatshepsut las fuentes son innumerables: monumentos de arte como el templo funerario de Deir-el-Bahari y los obeliscos de Karnac que ella mandó erigir triunfalmente; papiros con escritura de la época; relieves e inscripciones lapidarias preciosas por su valor histórico.Fil: Destéfano, José R. . Universidad de Buenos Aires. Facultad de Filosofía y Letras. Instituto de Historia Antigua y Medieval “José Luis Romero”; Argentina