Banco de la República
Not a member yet
8091 research outputs found
Sort by
Una guerra absurda e indigna
Libro reseñado:Marea de ratas. Arturo Echeverri Mejía. El Peregrino Ediciones, Bogotá, 2015, 204 pp. En la historia de la literatura colombiana se suele asignar la etiqueta de “novelas de la Violencia” a aquellas obras que relatan historias sucedidas durante la denominada época de la Violencia, entre los años de 1946 y 1957. La narración suele estar enmarcada en el conflicto armado de la época, dando cuenta de los horrores y las injusticias cometidos en nombre de los dos partidos políticos enfrentados: el liberal y el conservador. La crítica suele dar poco valor literario a muchas de estas obras y arguye que se limitan a describir escenas sangrientas y escabrosas, a denunciar los actos de violencia, dejando de lado el valor estético, sin cuidar la forma, el estilo y el lenguaje.Como afirma Augusto Escobar Mesa en su ensayo “Literatura y violencia en la línea de fuego”:(...) en esta novelística no importan los problemas del lenguaje, el manejo de los personajes o la estructura narrativa, sino los hechos, el contar sin importar el cómo. Lo único que motiva es la defensa de una tesis. No hay conciencia artística previa a la escritura; hay más bien una irresponsabilidad estética frente a la intención clara de la denuncia. (p. 116)Sin embargo, como plantea Laura Restrepo en “Niveles de realidad en la literatura de la ‘violencia’ colombiana”, a un grupo de novelas que empezaron reaccionando a los horrores de la violencia con “la presentación de corte naturalista de los hechos” (p. 127) se sumó la producción de novelas de mayor calidad estética: “Las páginas plagadas de violaciones y cortes de franela fueron desapareciendo, en tanto que se escribían obras que no necesitaban relatar un solo crimen para captar la ‘violencia en toda su barbarie’ ”(p. 127)
Tantas veces Pedro (Manrique Figueroa)
Libro reseñado:
Yosoyu. Carolina Sanín. Destiempo, Bogotá, 2013, 92 pp., il.
Yosoyu es un libro corto: no llega al centenar de páginas. Tiene varias ilustraciones, capítulos breves, diversos registros estilísticos, personajes pintorescos, una rica polifonía de voces narrativas, incluso frescura y ligereza. Sin embargo, requiere de una lectura atenta y prolongada (estirada, tal vez es más preciso), y al llegar a la última página le queda a uno la sensación de haber pasado demasiado tiempo entre sus páginas; en parte porque el relato (¿los relatos?) cuenta las desventuras de un personaje desde diversas perspectivas, pero sobre todo porque su planteamiento se repite constantemente, lo que produce un efecto de desaceleración, de continuo retorno al punto de partida.
En el prólogo, Sanín revela los mecanismos de las variaciones del chiste de 92 páginas que se dispone a contarnos
La novela y las lecciones
Libro reseñado:
Alguna vez estuve muerto. Fernando Quiroz. Planeta, Bogotá, 2013, 225 pp.
Con la novela Alguna vez estuve muerto, de Fernando Quiroz, podría hablarse del estado adolescente de la novela en Colombia, si tal aseveración estuviera tomando en serio el papel de una novela así en una visión global del género en nuestro país. Pero eso sería —además de una frase más o menos rimbombante— muy injusto con lo que ese género literario ha producido en Colombia y lo que actualmente produce, que puede que no sea la octava maravilla, pero tampoco es como para decir que no ha pasado de una fase de mera formación o aprendizaje.
El caso es que la novela de Fernando Quiroz (Bogotá, 1964) es un relato sobre un tema tan trillado y tan de poco interés (por trillado y por superado), que parece escrito no por un escritor hecho y derecho, sino casi por un principiante (o un adolescente). Quiroz es periodista y ha escrito columnas y crónicas en periódicos y revistas nacionales e internacionales; es autor de un bello libro de crónicas de Bogotá (Tanto Bogotá, 2011) y de otras cuatro novelas (de las cuales no he leído ninguna). Esta que reseño es la quinta y última publicada. Y es la historia de un publicista bogotano que se hace muy rico y muy reconocido en muchas partes del mundo. Antes de terminar su carrera ya era un hombre con ofertas, con dinero y al que le encantaba la vida cosmopolita y llena de lujos. Todo eso se incrementa con los años hasta volverse un hombre fatuo, y llega, según él mismo, (la narración se hace en primera persona) a cometer pendejadas más o menos absurdas, como ordenar a uno de sus criados que le pida su desayuno, a pesar de que ambos están en países distintos y la diferencia horaria es sustancial (es ingenuo querer mostrar con un detalle así la estupidez de alguien banalizado por el dinero y el poder, me parece). Esta manera de evidenciar cómo Jorge Mario (en algún momento del relato se nos cuenta que ese es el nombre del protagonista) se ha convertido en un tonto absoluto no es la única: en la novela abundan los casos en los cuales su protagonista, antes y después de sus distintas vidas —como se verá—, piensa y hace cosas inverosímiles y tontas. Pero en él hay convencimiento, aquí no puede hablarse en ningún momento de ironía ni de humor sarcástico
Animales y otras especies del humor satírico en la prensa del siglo XIX
Partiendo de que el carácter subversivo está estrechamente relacionado con el desarrollo de la autonomía intelectual y la capacidad crítica, las autoras proponen una revisión del zoomorfismo como recurso para interpretar y satirizar el contexto político del país en algunos periódicos del siglo XIX. Gracias a la utilización del lenguaje irónico, los juegos de palabras y, en general, la alusión a animales para ridiculizar o burlar a las principales figuras de los regímenes políticos (La Regeneración, el liberalismo radical, etc.), la prensa decimonónica funcionó como un arma contundente contra las censuras y la corrupción, así como un recurso para avivar los continuos debates de la época.Mencionan las autoras que las estrategias del humor, ironía y sátira, como lenguajes particulares y propios de este momento histórico, tuvieron sus principales manifestaciones en los nuevos géneros periodísticos que aparecieron en el siglo XIX (pasquín, hoja suelta y panfleto), así como en las formas literarias más tradicionales: fábula, décima, copla, verso, ensaladilla, epigrama, seguidilla, calambur, moraleja, cuña, aviso, semblanza, silueta y camafeo. En estas últimas, las autoras destacan los casos de tres autores (Francisco de Paula Carrasquilla, Clímaco Soto Borda y Joaquín Pablo Posada), que se destacaron por su prolífica incursión dentro de la sátira política
Premio El Barco de Vapor - Biblioteca Luis Ángel Arango: diez años de descubrimientos en la literatura infantil colombiana
En este artículo se hace una reflexión sobre el significado del Premio de Literatura Infantil y Juvenil El Barco de Vapor-Biblioteca Luis Ángel Arango, que sin duda abrió, durante la década 2007-2017, nuevos horizontes en la literatura infantil colombiana, reanimándola con una oferta literaria diversa que se presta para múltiples análisis, si bien aquí nos concentraremos en tres temas: describir los orígenes de la alianza entre la Fundación SM y el Banco de la República, destacar las tendencias estético-narrativas que predominan en los diez relatos ganadores, y valorar el modo como el premio fortalece el ecosistema del libro infantil en Colombia.Tomado del artícul
Una mirada al movimiento estudiantil colombiano. 1954-1978
El movimiento estudiantil de la Universidad de Córdoba, en Argentina, fue un emblema de la lucha estudiantil del siglo XX, que demandaba la democratización de la universidad, sustentada en la no intervención de grupos de presión en la enseñanza superior. Sus preceptos permearon las generaciones estudiantiles de la época en toda América Latina e incidió en la realidad política de Colombia en momentos en que tomaba fuerza un proyecto liberal y laico de universidad.En este artículo se pretende evidenciar que es a mediados del siglo XX que la sociedad colombiana ve germinar una generación de jóvenes que desde la universidad pública se apropia de manera crítica de la realidad del país. Este movimiento estudiantil colombiano, también considerado como una generación heroica, apareció públicamente, primero, haciendo parte de los partidos tradicionales, y ya luego, en los años sesenta, radicalizó sus posiciones y dio un giro hacia posturas políticas de izquierda. Fue la máxima expresión de participación de la juventud de la época y sacrificó su vida para transformar la universidad y el país
Rock and roll en Colombia: el impacto de una generación en la transformación cultural del país en el siglo XX
Aunque en Colombia, como en otros países de la región, el rock and roll no se llamó en realidad de esa manera ni fue un género fácil de definir, se le consideró un enemigo foráneo que atentaba contra la tradición, las instituciones y la familia, que usaba a los jóvenes como su principal instrumento para desafiar los cánones culturales establecidos en el país. No obstante, en cuanto fenómeno cultural de los años sesenta y setenta, fue gracias al rock and roll que la juventud colombiana llegó a ocupar con el paso del tiempo un lugar en las representaciones sociales, culturales y políticas del país en un momento en el que este también estaba cambiando de manera vertiginosa.Titulares de prensa y programas de televisión y de radio reflejan aquellas precepciones y críticas sobre las juventudes en ciudades como Bogotá y Medellín
Postales de la Bella Villa
Libro reseñado:Crónicas. Elkin Obregón. Fondo Editorial Universidad Eafit, Colección Bicentenario de Antioquia, Medellín, 2013, 150 págs. Debería existir una historia dedicada a las miniaturas, las viñetas y los bocetos, ese tipo de piezas que, a pesar de su tamaño y de su fragilidad, logran contener y capturar el espíritu de las cosas, sus recorridos. Igual, una que hable de la familia particular que forman los fotógrafos, los arquitectos de antaño, los exploradores que aún coleccionan piedrecillas, el dibujante hábil como el cronista capaz. Ellos son una raza aparte. Son, al final, artistas que encuentran sentido en los detalles, en los pequeños engranajes, en las mecánicas invisibles que hablan del orden del mundo y revelan esa verdad oculta mediante los trazos que retratan las singularidades de las gentes, los lugares, sus caminos. Algo que solo gracias a una mirada atenta, se hace posible para los otros.Es precisamente la unión de esos dos principios, lo que sucede en las páginas de este libro, aunque su título parezca desacertado. Más que crónicas, en el “estricto sentido del término”, lo que se encuentra en estos escritos es un conjunto de situaciones fugaces, esbozos de personajes, momentos de una ciudad, una geografía acotada. Pensamos entonces en los viejos cuadros de costumbres, en las crónicas cotidianas; mejor aún, en las postales esas que ya no llegan, las que cuentan historias por sus dos lados, esas de esquinas redondeadas por el uso, nostálgicas, al fin y al cabo
La verdad sobre Julia
Libro reseñado:Niebla al mediodía. Tomás González. Alfaguara, Bogotá, 2015, 148 págs. Niebla al mediodía gira en torno a la figura de Julia, poeta desaparecida meses atrás en circunstancias inciertas. Tres personajes la evocan: Raúl, un prestigioso diseñador de casas y muebles que trabaja a partir del uso y aprovechamiento de materiales autóctonos, especialmente la guadua, una variante del bambú. Fue su pareja durante un tiempo que compartieron en la sabana de Bogotá, junto al río Lapas, en medio de una naturaleza húmeda y nebulosa, a la que se alude ya desde el título de la novela y cuya presencia es recurrente en el argumento; Raquel, hermana de Raúl y profesora de Literatura, residente en Nueva York; ella rememora la relación de Julia con su hermano y los efectos que provocó en él su ruptura y la posterior desaparición de ella; por último, Aleja, profesora de yoga y amiga de Julia, que mantiene el contacto con sus dos hijas tras su desaparición.Con este esquema narrativo, la novela de González se acerca a uno de los modelos prototípicos del relato policial: aquel que se articula a partir de la reconstrucción que hacen diversos personajes de hechos pasados. Ellos van ofreciendo sus puntos de vista sobre un acontecimiento de perfiles inciertos. El enigma de la muerte de la protagonista se mantiene en Niebla al mediodía mediante fogonazos, alusiones y pequeños apuntes que van tejiendo la última etapa de la vida de Julia y su trágico desenlace
Recuerdos y traumas de un hombre que vivió la guerra
Libro reseñado:Recuerdos de la Guerra de los Mil Días en las provincias de Padilla y Valledupar y en La Guajira. Juan Lázaro Robles. Gobernación de la Guajira, Fondo Mixto para la Promoción de la Cultura y las Artes de La Guajira, Colección Guajira 50 años, Riohacha, 2015, 128 págs, il. La Gobernación de la Guajira propuso en 2015, en el cincuentenario de la creación del departamento, la reedición de este libro en el que Juan Lázaro Robles ofrece una emotiva y detallada narración de episodios vividos por él durante la Guerra de los Mil Días en las provincias de Padilla y Valledupar y en la Guajira, que pertenecían entonces al departamento del Magdalena. Originalmente, se publicó en 1946. En calidad de capitán del Ejército Liberal, Robles fue partícipe de la prolongada pugna entre liberales y conservadores por este territorio del nororiente de la Costa Atlántica y en torno a ello construye su narración.Riohacha, como puerto periférico y mal guarnecido, fue de las primeras ciudades tomadas, sin mucho esfuerzo, por los rebeldes. Allí centraron sus operaciones por diez meses, de febrero a diciembre de 1900 y fue ese el lugar de acopio de armas y de dos vapores de guerra: el “Peralonso” y el “Gaitán”. Además, se constituyó como ciudad de reunión de los liberales de la Costa y, de paso, de los varios generales que salían derrotados de las campañas del interior; entre ellos, el Director Supremo de la guerra, Gabriel Vargas Santos, y su máximo promotor, Rafael Uribe Uribe. Sobre la visita de este último, Robles hizo una bella descripción: se le recibió como a un general victorioso, regándole flores a su paso, a los acordes de las bandas y en medio de aclamaciones y aplausos (p. 57)