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    Pensamiento y meditación

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    Libro reseñado:Bagatelas & Literatura y Sociedad. Hernando Téllez, Universidad de los Andes, Bogotá, 2014, 126 págs. De Hernando Téllez (1906-1966) puede decirse que es un escritor secreto. Solo ciertos iniciados en la literatura y especialistas conocen hoy en día su nombre. Fue un gran prosista, un periodista de renombre, cuentista, ensayista, perteneció al consejo de redacción de El Tiempo y a la revista Mito, colaboró con el diario El Universal de Caracas, fue subdirector de la revista Semana en su etapa inicial, etc.Hace unos 30 años, el entonces Instituto Colombiano de Cultura, Colcultura, hizo una edición de su obra completa. No creo que haya tenido después muchas otras. En buena hora, la Universidad de los Andes reedita sus Bagatelas y Literatura y sociedad

    ¿Se piensa en español?

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    Libro reseñado:Pequeño tratado del libre pensador. Freddy Téllez. Sílaba Editores, Medellín, 2015, 194 págs. Hace algunos años, un cantante y compositor colombiano solía subirse a todos los escenarios con una camisa negra en la que se leía: “SE HABLA ESPAÑOL”. Esta consigna, tomada de aquellos negocios y locales en Estados Unidos que atienden a una población latina, era, con toda su ironía y resignación, una reacción contra el creciente fenómeno de artistas latinos que decidían cantar en inglés para entrar a un mercado internacional.Una profesora de filosofía me comentó, también hace un tiempo, que mientras adelantaba en Estados Unidos sus estudios de doctorado en esta disciplina, la universidad en la que estudiaba le exigió la certificación de dos idiomas aparte del inglés. Su idea fue certificar el francés que aprendió en el colegio y su español nativo. Sin embargo, el departamento de filosofía no aprobó este segundo idioma argumentando que no “tiene una tradición filosófica” y le planteó como alternativas estudiar alemán, latín o griego. En este caso y en el del compositor, pareciera que defender un idioma es defender también una manera de pensar

    El usuario ha cerrado sesión. Cinco historias de Internet

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    Libro reseñado:El último donjuán. Andrés Mauricio Muñoz. Seix Barral, Bogotá, 2017, 304 págs. A mediados de 1999, Microsoft lanzaba al mercado Messenger. El ícono de dos fichitas azules, de este programa, tintineaba en la barra inferior del escritorio en modo “en línea”, “ausente”, “no disponible” o “desconectado”. Los usuarios de aquellos días, sin muchas abreviaturas ni emoticones, solían escribir todo lo que tenían por decir; por lo general, largas pastorales escritas con ortografía y, de cuando en vez, accionaban la webcam y dejaban que los pixeles y la lentitud de la red mostrasen del otro lado un remedo de video en tiempo real. En este punto, las conversaciones eran más extensas de lo que son ahora, no había códigos abstrusos y en lugar de los mil y un muñequitos perversos que tenemos hoy día en WhatsApp o Facebook, se empleaban cerditos que bailaban a pantalla completa o molestos cimbronazos que servían de llamado de atención cuando un contertulio no daba al otro lado de la “línea” alguna señal de vida. El Messenger era el punto de acceso al progreso tecnológico y al sofisma de la comunicación (según aquella idea lacaniana de que la comunicación no existe).Precisamente, el Messenger es el encargado de dar a esta novela de Andrés Mauricio Muñoz (Popayán, Colombia, 1974), el elemento catalizador necesario para desenmascarar a su personaje principal. El último donjuán pone en conflicto cinco disímiles relatos forman parte de la novela —dividida además en seis momentos o “partes”—, con un solo objeto determinador: la forma en la que las personas crean una fantasía de sus propias vidas, inmersas en el espejismo de la comunicación virtual

    Vendimia

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    Una lectura inteligente de María

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    Libro reseñado:Jorge Isaacs y María ante el proceso de secularización en Colombia (1850-1886). Iván Vicente Padilla Chasing. Universidad Nacional de Colombia, 2016, 244 pp.María es nuestra novela canónica por muchas razones; porque su lectura se volvió institución, porque se volvió un monumento al que le rendimos ofrendas de diverso tipo y también porque es el centro de discusión intelectual desde los más diversos flancos disciplinares. Es una novela que nos pone a conversar, para bien o para mal, de ella misma. A quienes hayan creído que ya se ha dicho todo sobre esa novela hay que decirles que no; al contrario, es posible decir cosas nuevas porque es posible multiplicar nuestros modos de representarla y releerla. Una prueba del remozamiento interpretativo alrededor de esa obra es, precisamente, este libro de Padilla Chasing. El autor, muy modesto, dice que su libro es otro más sobre Jorge Isaacs y su novela María. Y no es así; es cierto que se han escrito muchas cosas poco consistentes sobre esa novela y su autor, pero lo que ha escrito el profesor Padilla Chasing es algo que no dudamos en considerar como un genuino aporte interpretativo de una novela que alcanzó una estatura de clásico de la literatura latinoamericana. El autor de este ensayo ha demostrado que las teorías literarias pueden cumplir una función provechosa a la hora de sugerir interpretaciones posibles y plausibles de un texto literario.El autor se propuso cumplir dos objetivos en este libro. El primero, lanzarse a una revaluación de las categorías literarias que han sido utilizadas hasta hoy en la valoración estética de la novela; es decir, se ha propuesto salir de los lugares comunes de la crítica literaria y ofrecernos otras posibilidades de comprensión de la obra. Y el otro objetivo de su ensayo es restituir la historicidad de la novela, lo que significa saber situarla en las circunstancias sociohistóricas que ayudan, también, a comprender la obra. Digamos de una vez que el autor logra cumplir de modo muy convincente con esos objetivos, así no compartamos plenamente lo que logra mostrarnos en su análisis

    Dónde reside la ficción

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    Libro reseñado:El médico del emperador y su hermano. Roberto Burgos Cantor. Seix Barral, Bogotá, 2016, 127 pp. No es esta la primera vez ni será la última que un escritor se valga de la figura de Napoleón para escribir una obra literaria. La fábula del corso, cuyos restos reposan en el corazón de los Inválidos, en París, ha sido recreada y reinventada una y otra vez por plumas tan variadas y autorizadas como las de Balzac, Stendhal, Victor Hugo, Tolstoi, Heine, Byron y Leopardi. Y ahora, Roberto Burgos Cantor. El reto, por supuesto, es grande, pero el cartagenero lo afronta haciendo gala de lo que mejor sabe hacer: recrearse en el lenguaje, partir de la historia para desembocar en la reflexión ontológica, atemporal, estética.Tal vez sea injusto catalogar a El médico del emperador y su hermano como una novela sobre Napoleón, de la misma manera que es injusto reducir los Inválidos a la tumba de Bonaparte. Esta no es una novela sobre Napoleón; bueno, lo es, pero también, y sobre todo, es una novela sobre los cauces extraños del tiempo que llevan del presente al pasado. De hecho, Burgos Cantor se cuida de no nombrar a Napoleón casi hasta el final. Lo llama “el emperador”, lo que le permite fijar con un símbolo (Napoleón) otro símbolo (el poderoso caído). En definitiva, lo importante no será contar al coloso de la historia sino a un personaje menor, casi anónimo (como suelen ser los de las historias de Burgos Cantor), que en su trasegar une la isla-prisión de Santa Elena con una casona francesa en Cienfuegos, con un Santiago de Cuba abrumado por la fiebre amarilla, con unas tierras caribeñas en lo que es hoy Colombia, con el anfiteatro de la facultad de medicina de una universidad en Bogotá, con un escritor cubano de quien se cuenta que escribe un texto inconcluso, con el autor de la novela y, finalmente, con el lector

    Otros discursos de autoridad

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    Libro reseñado: Traducir la imagen. El arte colombiano en la esfera transcultural. Yvonne Pini y María C. Bernal Laura Ramírez Palacio (asistencia de investigación). Universidad de los Andes, Bogotá, 2012, 262 pp.   En medio de la Rusia soviética, con el realismo socialista pisando los talones a la vanguardia, el discurso del fotógrafo Rodchenko se oía desde las páginas del Novyi LEF. Sus imágenes tomadas desde arriba, desde un lado, con perspectivas inesperadas, sufrían las más duras críticas por parte de los conservadores: eran la prueba última de cierta complicidad con las estrategias publicitarias de Occidente; subsidiarias de las mismas. Culpables, pues, de contaminar la mirada limpia que el pueblo necesitaba según el aparato en el poder. La respuesta de Rodchenko no se hacía esperar y era tan clara como contundente para un país que aspiraba a domesticar la modernidad: ¿se puede acaso hablar de los nuevos héroes con los viejos puntos de vista?, reflexionaba Rodchenko. ¿No parece más razonable buscar otra forma de aproximarse al mundo, de narrarlo visualmente, de volverlo a narrar... sobre todo cuando se trata de un mundo en transformación

    El humor que da la tierrita

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    En este artículo, el periodista Wilmar Vera Zapata caracteriza los elementos propios del humor paisa, manifestación del carácter jocoso, ingenioso y sencillo de este pueblo. Partiendo de que las condiciones adversas del territorio definen los rasgos de la identidad cultural, se comenta que el ciudadano promedio es católico, tímido y trabajador, situación que explica la recurrencia a la chanza fácil, la exageración, el doble sentido, la trova y la falta de sutileza en la crítica a los distintos ámbitos de la realidad.El autor analiza las iniciativas culturales propias del territorio paisa desde el siglo XIX, de las cuales surgieron algunos periódicos que se convirtieron en escenarios para la difusión de ideas y causas políticas en medio de los procesos de consolidación regional y nacional. Entre los periódicos que menciona el autor se encuentran El Bobo, publicado hasta 1848, que incluyó también la aparición de poemas y otras manifestaciones literarias en donde se desarrolló el ingenio paisa; El Bateo (1907-1957), caracterizado por su tono humorístico y mordaz; El Mundo contraparte de El Colombiano y columnas particulares como “Estrados Judiciales”, de Alfonso Upegui Orozco; “Columna Desvertebrada” y “Otraparte” de Óscar Domínguez, y “Charlas” del manizalita Roberto Londoño Villegas, en las que se informó siempre con humor y buena pluma sobre el caos social, las contrariedades de la política y otros aspectos propios de la cotidianidad en la región.Finalmente, el autor comenta sobre distintos autores de la época, tales como Juan de Dios Restrepo Ramos (Emiro Kastos), el Indio Uribe, el Tuerto Echeverri, Tomas Carrasquilla, Julio Vives Guerra, Salvo Ruiz, Benjamín Palacio Uribe, Tartarín Moreira, Carlos Mario Gallego (“Mico”), Eliseo Bernal González, y los manizalitas Rafael Arango Villegas y Néstor Cardona Arcila (“CAN”), quienes contribuyeron con sus manifestaciones artísticas a afianzar la personalidad paisa: radical, costumbrista, ingeniosa, liberada de las represiones propias del siglo XIX y, sobre todo, orgullosa y “echada pa´lante”

    Conociendo el Pacífico colombiano

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    Libro reseñado: Atlas marino-costero del Pacífico Norte colombiano. Juan Manuel Díaz Merlano y Manuel Camilo Velandia. Fundación MarViva, Bogotá, 2016, 130 pp., il. MarViva, una ONG centroamericana que en nuestro país se dedica al estudio de la riqueza natural y humana de las costas chocoanas sobre el Pacífico, aca­ba de editar un segundo volumen que resume su trabajo de dos décadas, tras la publicación de La pesca artesanal en la costa norte del Pacífico colombiano: un horizonte ambivalente. Este atlas, que contó con la autoría de Velandia y Díaz, coeditores del anterior libro, se halla dividido en seis capítulos, profu­samente ilustrados

    Desigual

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    Libro reseñado: Drogas, bandidos y diplomáticos: formulación de política pública de Estados Unidos hacia Colombia. Winifred Tate. Universidad del Rosario, Bogotá, 2015, 308 pp. Decir que las declaraciones de amor en las lomas antioqueñas dependen de la cotización del café colombiano en el mercado de Nueva York se constituyó en una célebre afirmación de la depen­dencia de nuestro país con respecto a los Estados Unidos. Esa afirmación que se mencionó por primera vez en el libro Colombia cafetera, de Diego Monsalve, publicado en 1927, luego fue retomada por Mario Arrubla en Estu­dios sobre el subdesarrollo colombiano y por Eduardo Galeano en Las venas abiertas de América Latina, siendo el escritor uruguayo quien la hizo mun­dialmente conocida.Esta frase podría actualizarse, a partir de la lectura del libro que co­mentamos en esta reseña, diciendo que la vida o la muerte de los sembradores de hoja de coca en el departamento del Putumayo dependen de lo que se de­cida en el Departamento de Estado de los Estados Unidos o en la Presidencia de ese país. La actualización de la fra­se serviría para recordar la crisis del café colombiano y la importancia de la cocaína, uno de los primeros pro­ductos de la economía estadounidense y mundial

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