Collections de Corpus Oraux Numeriques (COCOON)
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Historia de las abejas en Fischat
Pedro Rojas (Utej) recuerda los años en que abundaban las colmenas naturales a orillas del bañado. Los nivaĉle buscaban la miel en el monte y por la costa, la cargaban en bolsos de cuero y la compartían en familia. Las mujeres limpiaban los panales sin exprimirlos, y los ancianos preparaban hidromiel y cantaban para que las colmenas se multiplicaran. Con el tiempo, los elé (misioneros) introdujeron los primeros cajones y máquinas, y algunos nivaĉle comenzaron a criar abejas. Tras la sequía del río, las colmenas se alejaron, pero la apicultura se mantuvo como oficio y fuente de alimento. Pedro se formó como apicultor, enseña en su idioma y defiende el precio justo de la miel. Hoy continúa con su trabajo, aunque las abejas escasean y el monte se seca
El nijocitaĵ
Relato sobre una anciana nivaĉle llamada Caá, conocida por poseer poderosos cantos de los seres del agua. Durante una iniciación femenina en el campamento de Pilcomayo cué, los chamanes advirtieron la presencia del nijocitaĵ, un ser que, según los relatos, cava la tierra y hace hundir las aldeas. Mientras la comunidad bailaba, el nijocitaĵ intentó abrir un cauce bajo el campamento para hundirlo, y los chamanes intervinieron para evitarlo. Dicen que el cauce formado entonces desvió el río hacia los actuales bajantes de Fischat y Padilla cué. La anciana Caá enfermó poco después y no volvió a cantar. Los nivaĉle recuerdan que podía hacer aparecer peces con su voz y que fue la última que tuvo todos los cantos de los seres del agua
Sexuación de los yinôôt lhavos
Los antiguos nivaĉle contaban que, al principio, los yinôôt lhavos —seres del agua— no tenían distinción entre macho y hembra. Vivían todos dentro del agua y no se diferenciaban. En cierto momento, algunos salieron del bañado y comenzaron a encontrarse con las nivaĉchei. Uno de ellos formó su cuerpo masculino cuando se le arrojó una sacha sandía entre las piernas, que se convirtió en sus testículos. Desde entonces, los yinôôt lhavos se dividieron en machos y hembras. Decían los antiguos que estos seres también robaban los pescados cocinados de los nivaĉle, asaban su comida y desaparecían bajo el agua. Eran miedosos y se escondían al ver a los nivaĉle. Los hombres nivaĉle, en aquellos tiempos, cubrían sus genitales con una bolsita de caraguatá, y las mujeres con cueros de animales silvestres
Entretien avec un sénan, à l'Île de Sein, AD_23012025
Entretien avec un sénan au sujet des pratiques culinaires
insulaire