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Carta declaratoria de Alberto Gallegos a César Cervantes, sexta página
Me di cuenta de lo tremendo de mi crimen y pense en huir, lejos muy lejos. Vi que en el suelo habia quedado impresa en sangre mi mano y para borrarla busqué agua, fuí al comedor, tome una olla que estaba sobre una mesa y baje la escalera de servico para tomar agua de una llave que habia visto el dia que regresamos del garage. Con mi pañuelo borre aquella huella sangrienta y me lave las manos. Nuevamente la idea maldita del robo se poseciono de mi y fui al tocador, al ropero y al buro y me robe lo que de mas valor alli habia. Después me guarde en los bolsillos traseros del pantalón el arma homicida, puse en la cara de mi victima una colcha y sali de la casa con el alma llena de terror, y ahora Señor Cervantes júzgueme Ud. como quiera, lo que hice fue en un momento de locura, de miedo, nunca podré explicarme como cometi ese crimen, Señor Cervantes tenga Ud. piedad de mi, jamas he robado un solo centavo antes de este mi crimen, siempre habia sido un hombre honrado, todo lo que se ha venido a decir de mi son calumnias, si antes no habia dicho nada de mi crimen era por no arrojar tanta deshonra sobre mis queridos padres que es lo que más amo y adoro en la vida, yo soy el único culpable y para descargo de mi conciencia y para que dos hombre inocentes no arrojen sobre mi su maldición confieso todo, yo soy el único culpable yo.. rompa Ud. esta carta y creame que yo confesare todo ante mis jueces diré donde vendí las cosas que me robe, señor tenga compasión de mi, no me desprecie usted es bueno yo, lo se y todos lo dicen perdoneme.. Contodo repeto y cariño quedo de Ud. como el mas desgrasiado de sus servidores. Alberto Gallegos
Why don\u27t you hit me? (or men of color versus white women: anatomy of a dilemma)
Christopher Gallegos presents CSP readers with a very personal account on heterosexual attraction, and the levels of complexity that gender and ethnicity bring to this all too human experience. The piece is portrayed by the author as a man of color\u27s manifesto against the marketing of the white woman as the sole example of female beauty. It is unfair to everyone: men and women of color and the white women themselves
The Story of "Me" Contemporary American Autofiction
Cover -- Title Page -- Copyright Page -- Contents -- Acknowledgments -- Introduction -- 1. Masculinity, Whiteness, and Postmodern Self-Consciousness -- 2. Rage against the Dying of the Author -- 3. The New Journalism as the New Fiction -- 4. Trauma Autofiction, Dissociation, and the Authenticity of "Real" Experience -- 5. Memoir vs. Autofiction as the Story of Me vs. the Story of "Me" -- Coda -- Appendix -- Notes -- References -- IndexDescription based on publisher supplied metadata and other sources.Electronic reproduction. Ann Arbor, Michigan : ProQuest Ebook Central, YYYY. Available via World Wide Web. Access may be limited to ProQuest Ebook Central affiliated libraries
Carta declaratoria de Alberto Gallegos a Cesar Cervantes, segunda página
contrario por el que yo hiba caminando, a una mujer jovén y bonita la que traía en brazos a un primoroso chiquítin, -con esta señora hago negocio, me dije- la abordé, y después de hablarle sobre la belleza y excelente calidad de los retratos de la Photo Chic, casa a quien yo representaba. así como de encomiar la hermosura de su chiquítin y la de ella misma, me compro tres cupones de a cincuenta centavos. Con mi peso cincuenta centavos ganado y lleno de contento seguí caminando hasta llegar a la esquina que forman las calles de Aquiles Serdán y Santa Veracruz. Al llegar a este lugar me quede un momento indeciso sobre que rumbo tomar. Fijé mi vista en el bello Edificio de Correos y me dije.- hace ya mucho que no doy una visitadita a esta oficina, h
Carta declaratoria de Alberto Gallegos a César Cervantes, cuarta página
encontraba, y calidad del motor, me dijo que ella no entendia de esas cosas, y que mejor bajaramos al garage para que yo lo viera. Asi lo hicinos. Allí me mostró el coche, un Ford, cerrado, usado y de modelo antiguo; le hice notar estas circunstancias lo que la contrarió visiblemente, pero calmandose un tanto me dijo que ella quería que le llevara un comprador conocedor y no un imbecil, manifestandome que en lo menos que podia dejar su coche era en la cantidad de novecientos pesos. Me abstube de decirle que era una locura pensar que le fueran a dar tal cantidad, para no contrariarla. Después de hablar un buen rato sobre las excelentes cualidades, según ella, de dicho vehículo, regresamos al hall de la casa, pues al bajar al garage había dejado por indicación de ella, mi abrigo, mi sombrero y mi portafolio en una silla del hall. Después de haberle prometido buscar un buen comprador para su coche y en los momentos que me disponia a retirarme me dijo: -Mire, si quedo contenta con su trabajo lo recomendaré con muchas personas de la alta sociedad con quie yo cultivo relaciones y puede Ud. ganar mucho dinero, y le voy a dar un consejo: , con las personas que yo lo recomiende, cobreles fuertecito pues todas mis amistades son de alta posición y dinero, yo no cultivo amistad con pelagatos. Cuando Ud. me entrege ese trabajo -continuo diciendo- y si quedo contenta, le voy a dar unos retratos para que me haga unas miniaturas, que quiero poner al derredor de la virgen de Guadalupe, y apropósito a ver a Ud. que es artista que le parece mi idea, dirigiendose al piano tomo de encima de este un cartón de regular tamaño y mostrándomelo me dijo: mire en este óvalo grande va a ir la virgen de Guadalupe y en estos chiquitos que estan al derredor van a ir los retratos del rey Alfonso XIII, del Arzobispo, del delegado apostólico, del embajador de Brasil y de otras personas de alta categoria. Después de estar largo tiempo discutiendo sobre la distribución y colocación artistica de dichos retratos, le dije que si ella estaba desidida a que se hiciera ese trabajo lo mejor sería hacerlo desde luego, pues que en la casa donde me hacian las reproducciones que después yo iluminaba me cobraban más barato cuando se trataba de varios retratos. Contestó diciendome que en vista de eso y de que yo le habia prometido hacerle un trabajo de primer órden, regresara al día siguiente entre diez y once, pues por el momento no tenia a la mano dichos retratos y que necesitaba buscarlos entre sus cosas. Me encargo que le hiciera dos letreros muy bien hechos que dijeran: ""Se alquila esta casa con o sin muebles"" uno, y el otro ""Se vende un coche en buen estado"" diciendome que los necesitaba para el día siguente. Me despedi de la señorita Aznar diciendole que regresaria al día siguiente en la mañana para que me diera los retratos de los que se íban a hacer las miniaturas. Asi lo hice, llege a casa de la Srta. Aznar como a eso de las once de la mañana. A mi primer llamada al zaguán y después de un momento de esperar salió al balcón y reconociemdome bajó a abrirme invitandome a que pasara. Subimos la escalera y llegamos al hall; íbamos a iniciar la conversación, cuando llamaron al zaguán, se levanto de su asiento y fue al balcón para ver quien era, oí que cerró este diciendo: espere ahorita le abro. Como yo viera que se dirigia a la escalera con la intención de bajar a abrir el zaguán, me ofrecí yo a hacerlo, accedió y me dió las gracias. Abrí el zaguán entrando un muchacho joven quien traía sobre el hombro y bajo el brazo, no recuerdo bien, un bulto de varias colchas. Subimos al hall y el muchacho después de saludar a la Srta. Aznar le mostró una de las colchas que llevaba diciendole: aquí esta la que me encargo Ud. Ella la tomo en us manos y después de examinarla dijo: ¡pero esta no es la que le encargué Ud. me ha traido otra cosa!. El joven vendedor de colchas insistió en que esa era la que había encargado. Despues de mucho discutir sobre ese punto (ella y él) discutieron mas aun sobre el precio, el vendedor pedí
Carta declaratoria de Alberto Gallegos a César Cervantes, segunda página
contrario por el que yo hiba caminando, a una mujer jovén y bonita la que traía en brazos a un primoroso chiquítin, -con esta señora hago negocio, me dije- la abordé, y después de hablarle sobre la belleza y excelente calidad de los retratos de la Photo Chic, casa a quien yo representaba. así como de encomiar la hermosura de su chiquítin y la de ella misma, me compro tres cupones de a cincuenta centavos. Con mi peso cincuenta centavos ganado y lleno de contento seguí caminando hasta llegar a la esquina que forman las calles de Aquiles Serdán y Santa Veracruz. Al llegar a este lugar me quede un momento indeciso sobre que rumbo tomar. Fijé mi vista en el bello Edificio de Correos y me dije.- hace ya mucho que no doy una visitadita a esta oficina, hoy traigo buena suerte y de seguro hago negocio-. Con este pensamiento en la mente, de una manera resuelta me dirigí a dicha oficina. Una vez allí, me dirigí a una de las ventanillas que miran hacia el Teatro Nacional, hable a la señorita encargada de dicha ventanilla mostrandole los retratos; me manifesto que no tenía dinero y que mejor volviese el día de quincena. Estaba para retirarme, cuando se acercó un empleado de esa misma ventanilla a quien igualmente propuse los retratos; se excuso con algun pretexto de comprarme un cupón, sin embargo, de una manera muy fina y atenta, me dijo que para ayudarme, hiba a animar algunas de las empleadas sus compañeras para que me compraran algunos cupones. Para el efecto le di a través de las rejas de la ventanilla unos marcos con retratos y el talonario de los cupones. Al cabo de un rato regresó diciendome que ninguna de las muchachas tenía dinero y que mejor volviera el día de pago, que el con todo gusto me ayudaría a que colocara algunas órdenes entre las empleadas sus compañeras. En los momentos que dicho señor me estaba devolvíendo los retratos, se acercó una señora respetable, como de unos cuarenta y cinco a cincuenta años de edad, bien vestida, casi elegante y quién mirando los retrato exclamó: ¡¡que primorosos están!! ¿usted los hace? -sí, señorita, yo los ilumino haci como Ud. los ve-. -si es así, pase a mi casa por que quiero que me pinte a colores, igual como están esos, dos retratos que tengo en mi casa, apúnte mi dirección Av. Insurgentes No. 17, Srta. Aznar. Hice lo que me decia. Vaya a verme hoy sin falta entre tres y media y cuatro -agregó- y tendiendome su enguantada mano se despidió de mi de la manera mas atenta. Yo le prometí que iría sin falta. Después de despedirme del empleado de correos, obsequiarle un cupón y darle las gracias por su fina atención para conmigo, me fuí por diversas calles colocando algunos cupones mas. Serían las tres y media de la tarde cuando salí de mi casa de la calle del Sol para dirigirme a la de la Srta. Aznar. En la esquina de Lerdo y Camelia abordé un camión de la línea de Peralvillo-Guerrero. Legado que hube a la Av. Insurgentes, bajé del vehículo y me di a buscar el No. 17. Pronto localizé el número y llamé al zaguán de la csas de la Srta. Aznar. Nadie salió a abrir; volví a llamar con más fuerza obteniendo el mismo resultado; espere un rato y como nadie saliera a abrir, volví a llamar fuertemente una vez mas, el resultado fué el mismo, nadio salió a abrir. Iba yo a retirarme con la idea de regresar otro día, cuando se me ocurrió que lo mejor sería dejarle un recado. Así lo hice. Saque mi pluma de fuente y en una hoja de mi libreta de apuntes le escribí un recado, manifestandole que habia acudido s su cita, que deploraba mucho no haberla encontrado, pero que regresaría a otro día. Una vez que hube introducido dicho recado por una rendija del zaguán y cuando me disponía a retirarme, de la acera de enfrente, una señora vestida de negro y quien estaba parada en la puerta de una sastrería, me hizo señas llamandome. Acudí a su llamado y me dijo: -Ya ni siga Ud. tocando, la señora salió yo creo que regresa como a las cinco o las seis-. es la hora mas segur
Carta declaratoria de Alberto Gallegos a César Cervantes, quinta página
cinco pesos lo que a ella le pareció carisimo. Por fin y despues de un buen rato de seguir discutiendo sobre el precio el vendedor le dijo que lo menos en que se la podia dejar era en cuatro pesos cincuenta centavos. La rta. Aznar me tomo mi opinión acerca de si la colcha era cara en ese precio, le manifesté que a mi manera de ver no era cara. Despues de un pequeño incidente enojoso entre la Srta. Aznar y el vendedor, le pagó retirandose este. Entonces yo le pregunte a la Srta. Aznar si ya tenia los retratos de los que hibamos a hacer las miniaturas, me contestó que no, que no había tenido tiempo de buscarlos, preguntandome a la vez se ya había hecho los letreros, le contesté que ya los estaba haciendo y que en la tarde se los entregaría. En tonces mire -me dijo- en la tarde que me traiga los anuncios le doy los retratos voy a buscarlos bie. Me retiré. serian las cinco y media o un cuarto para las seis cuando llege a la casa de la señorita Aznar con los letreros bajo el brazo, llame al zaguán y, como de costumbre, salió ella al balcón y reconociéndome bajó a abrirme. Subimos al hall y le mostre los letreros diciendome que estaban muy bien hechos. Como volviera yo a tocar el punto de si ya tenia los retratos que hiba a ponerse al derrededor de la virgen de Guadalupe, me dijo que no, que mejor me los entregaria hasta que le llevara los que ya me habia mandado a hacer. Seguimos conversando hacerca de los retratos y sobre una aplificación grande que le había hecho el fotografo Avalos invitandome a que pasara a su recámara para que la viera. En la recámara y casi a la entrada de esta, pude ver una amplificación grande, en donde aparecia ella, dicha fotografía estaba iluminada. Cuando estaba examinando dicha fotografía muy cuidadosamente para encontrarle un defecto y asi decirle que necesitaba arreglarse, me dijo de pronto: espere un momento ahorita regreso. Me quede solo y como tardaba en volver comencé con la vista a examinar los objetos que estaban en la recamara; de pronto mis ojos se fijaron en algo que brillaba intensamente, me fije bien y vi que era un par de aretes con brillantes, en esos momentos la idea maldita del robo me poseyó sintiendo algo horrible. Tomé aquella alhaja, un anillo y un collar. Como en esos momentos oyera que alguien se acercaba, me guarde presipitadamente dichos objetos en el bolsillo de mi saco. La señorita Aznar apareció y debió notarme algo sobresaltado, pues se me quedo mirando fijamente, vio hacia el tocador y como notara que una pequeña parte del collar que me habia robado apareciera por el bolsillo de mi saco, comenzó a gritar diciendo: ¡ladrón! ¡ladrón! ¡ahorita lo entrego a la polícia! y como viera yo que se dirigia al balcón con objeto de pedir auxilio, me interpuse a ella, entonces corrio hacia el hall con la intención de bajar al zaguán y pedir auxilio y entregarme a la polícia. Corri tras de ella y le di alcance en el hall mismo, con una mano trataba yo a todo trance de taparle la boca para que no gritara, empezo a forcejear conmigo y caimos al suelo, en la caída ella se golpeó en la cara con el piano haciendose sangre; quiza poe el dolor que este golpe le causo comenzo a gritar con más fuerza no obstante que yo a toda costa trataba de taparle la boca; como ya caída seguia forcejeando conmigo y gritando no obstante mis esfuerzos para callarla, vi cerca de allí un rodillo de madera y con este le di de golpes en la cabeza y en la cara. Con las manos llenas de sangre y hecho un loco me levante, sentía que las pieras me flaqueaban y al caminar mis pasos eran como los de un ebrio, creí en esos moments volverme loco, me sente en una silla pues no podia seguir caminando y comence a llorar como un demente.. Después de un rato algo de serenidad vino a mi y vi lleno de espanto y de horror a mi victima que ya sin vida estaba tendida a mis pies
Carta declaratoria de Alberto Gallegos a César Cervantes, tercera página
de verla en la tarde y, en la mañana de 9 a 11-. -Muchas gracias por su informe señora.-le dije-regresaré mas tarde y si no mejor mañana.-Pues si Ud. quiere esperarla pase a sentarse, puede ser que no tarde; yo le conozco a Ud. y a qué no se acuerda de mi?-. -Pues dejeme recordar... no... le confieso que no me acurdo donde la he conocido-. -Usted fué quien me vendió un cupón en el Estadio y por cierto que todavia no lo he utilizado, ¿qué todavía me servira?-. -Sí, señora pues la Photo Chic es una de las casas más serias de México, asi es que vaya con toda confianza el día que Ud. guste. Entré a la sastrería tome asiento y mientras esperaba la llegada de la Srta. Aznar, conversamos sobre fotografías y sobre el estado de su negocio, (pues ella y su esposo son los dueños de la sastrería) y sobre otras cosas pueriles. Tendría yo como un cuarto de hora de estar esperando a la Srta. Aznar, cunado se presentó en la sastrería un señor joven quien dirigiendose a mi interlocutora le preguntó si estaba su esposo en casa; ella le manifestó que no, pero si queria podia esperarlo, pues que no tardaría. Como yo viera que la Srta. Aznar tardaba en llegar, decidí no esperar más sino que regresar más tarde o a otro día. Así lo manifeste a la señora de la sastrería y me retire dirigiendome con rumbo a la Colonia Roma. Me fui por toda la Av. insurgentes hasta llegar a la calle de San Luis Potosí. Seguí por las calles de Chiapas en estas calles vendí dos o tres cupones y después de estar platicando un rato con una señorita que es encargada de un expendio de pan situado en estas calles, me regresé hasta llegar a la esquina que forman las calles de San Luis Potosí y Av. Insurgentes. En este lugar subi a un tranvia de Colonis del Valle que se dirigia al centro de la ciudad. Antes de que dicho vehículo diera vuelta por las calles de Liverpool me baje y me dirigi a casa de la Srta. Aznar con la esperanza de encontrarla, y así evitarme pérdida de tiempo para el día siguiente. En esta ocasión si fuí más afortunado, pues a la segunda llamada que hice al zaguán la Srta. Aznar asomo por el balcón izquierdo de su casa y me preguntó que se me ofrecía. Lerecorde que en la mañana y en el Edifico de Correos, me había dicho que acudiera a su casa, pues tenia unos retratos que quería que iluminara yo a colores. -¡Ah! si es Ud., no lo había reconocido, espere un momento. Instantes después ella personalmente me habrió la puerta invitándome a pasar. Subimos por la escalera que conducia al hall y una vez en este me indico que tomara asiento, ella hizo lo propio a una distancia conveniente de mi. A instancias de parte suya le volví a mostrar los retratos que ese mismo día había ella visto en el edificio de correos. Volvió a elogiarlos calurosamente y exclamó: ¡es Ud. un verdadero artista! quiero que los retratos que le voy a dar a Ud. queden lo mejor que Ud. pueda. Se retiro un momento regresando con dos fotografías, una del rey Alfonso XIII y otra en la que aparecian dos señoritas jóvenes como de unos quince años de edad. Después de recomendarme que hiciera con esas fotografías una verdadera obra de arte, tratamos sobre el precio. Yo le manifesté que un trabajo de primera como ella lo quería no podia hacerlo por menos de catorce pesos. Con ademanes y con palabras me expresó que eso le parecia sumamente caro, sin embargo, después de mucho discutir sobre el precio convino en pagarme lo que yo le pedía con la condición de que sería un trabajo de lo mejor. Le hice notar que como yo carecia de elementos me veía obligado a pedirle algo a cuenta. Me entrego ocho pesos y le extendí un recibo por dicha cantidad. Me despedi de ella y en los momentos que hiba a bajar la escalera me dijo: ¿Oiga, no sabe Ud. de alguna persona que quiera comprar un coche? -Pues señorita, por el momento no, pero por la indole de mi trabajo conozco a muchas personas y quizá alguna de ellas pudiera interesarse. Como le preguntara que clase de coche era, modelo, estado en que s
Man in audience addresses a panel, at Chicano Conference on Equal Opportunity, Salt Lake City, 1971
Photograph of a man standing near a wall, who is addressing a crowd with a panel of two women and three me
Remember Me A Novella about Finding Our Way to the Cross
Shades of Light.Cover -- Title Page -- Copyright -- Dedication Page -- Contents -- 1 The Word Became Flesh -- 2 The Gift of Myrrh -- 3 Taking the Cup -- 4 With a Kiss -- 5 Awakened -- 6 Accused -- 7 Bearing the Cross -- 8 Lament -- 9 Stripped -- 10 Pierced -- 11 It Is Finished -- 12 Into Your Hands -- 13 Buried -- 14 Risen -- Epilogue -- Journey to the Cross -- Acknowledgments -- Also Available -- Praise for Remember Me -- About the Author -- More Titles from InterVarsity PressShades of Light.Description based on publisher supplied metadata and other sources.Electronic reproduction. Ann Arbor, Michigan : ProQuest Ebook Central, YYYY. Available via World Wide Web. Access may be limited to ProQuest Ebook Central affiliated libraries
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